domingo, 2 de febrero de 2020

La Hípica, la maldad y la crítica

En este post me gustaría hablarte sobre la “maldad”, la crítica despiadada y la hípica.

Me entenderás mejor si te cuento algo que me sucedió hace justo ahora unos años.






Al principio, fue como un sueño hecho realidad.

Me llamaron para trabajar en una hípica que era como el paraíso: instalaciones fantásticas, salidas al campo espectaculares, cerca del mar, prados verdes…

Mi cometido sería diseñar una zona de trabajo para poner caballos en forma y encargarme de aquellos casos más especiales de caballos cuyos propietarios no tenían tiempo para trabajar regularmente así como de aquellos casos de caballos que salían de lesiones y habían estado descansando en el prado.

Es lo que más me gusta hacer y lo que mejor se me da. 

Así que me trasladaba a dichas instalaciones con mis caballos y empezaba con aquel proyecto del que aún saboreo aquellas sensaciones ilusionantes de los primeros días.

Tuve acceso a una serie de caballos de auténtico ensueño. 

Y los días pasaban, dedicando muchas horas a trabajar. Pero cuando algo te gusta y sientes que además te encuentras en el sitio perfecto, te cansas porque le dedicas muchas horas, pero la ilusión te corre por las venas.

Y te acuestas agotado, pero tu última energía del día y tus últimos pensamientos antes de cerrar los ojos se centran en los ejercicios que vas a hacer al día siguiente con los caballos que te toca trabajar.

Pero en poco tiempo, empezaron los problemas. La persona encargada de la gerencia de la hípica, que al principio me dio todas las facilidades, en poco tiempo, empezó a hacerme la vida tan difícil, que llegó un día en el que incluso temí por la seguridad de mis caballos. 

Las cosas que empezaron a suceder en aquel paraíso, se tornaron infernales. Hasta que no pude más y me marché. 

Por aquel entonces, solo encontraba dos posibles explicaciones a lo sucedido: o aquella persona había enloquecido, o era realmente una mala persona. Y como loca no parecía estar, pues para otra cosas demostró gran cordura, me quedé con que era una mala persona.

Tiempo después, reflexionando sobre aquello, he encontrado otra perspectiva. Aquella persona no era una mala persona, sino que simplemente, probablemente nadie le enseñó otras maneras de hacer las cosas, de expresarse, de relacionarse con los demás, y eso le llevó a cometer malas obras sin dudas, pero creo que eso no le convierte en una mala persona.

¿Quienes somos nosotros para decir si una persona es mala?

Creo que ahí radica la diferencia. 

Censurar el uso de un determinado hierro, de un método de trabajo como el rollkur, etc, creo que es totalmente legítimo si se hace con respeto y aportando una alternativa más coherente.

Pero decir a las bravas que la persona que hace uso de ese método, es una mala persona, y meter a ciertos jinetes y preparadores en el mismo saco de las "malas personas", como se está haciendo desde muchos perfiles y por parte de los seguidores de estos, es tan infantil como erróneo.

No es más que una manera de querer afirmar: "sois muy malos, estáis equivocados. Nosotros somos los buenos, y lo hacemos todo bien".

Pero ya sabemos aquello de: "dime de qué presumes, y te diré de qué careces".

A mi la vida me va enseñando que aquello que más repetimos de cara a los otros es precisamente lo que más necesitamos creernos porque en nuestro interior, no estamos seguros.

Yo hace ya tiempo que en mis publicaciones invito siempre a hacer comentarios con decoro, a no atacar insultando, y en aquellos temas que pueden ser polémicos, advierto que los comentarios fuera de tono, serán eliminados. 

Pero aun así, siempre hay alguien que se erige en justiciero del universo y suelta fuego por sus palabras. 

Cuidado: “lo que del corazón rebosa, sale por la boca”.

Podemos creernos ser los más fieles guardianes del mundo del caballo, pero si nuestras palabras exudan rabia y odio, es porque muy convencidos no estaremos de que lo que hacemos en nuestra vida real (no delante de la pantalla), sea lo correcto. 

Y esa rabia que poseemos por nuestras incoherencias, la soltamos atacando a otros.

Es muy cómodo pensar que "aquel jinete" es muy malo, porque eso me convierte en muy bueno a mi.

Lo difícil es mirar adentro todos los días, y ver qué puedo hacer por mejorar yo. 

El caballo, es como un gran maestro de Yoga o de Artes Marciales que te puede ayudar a sacar lo mejor de ti mismo. 

El caballo nunca juzga. Evalúa las situaciones, pero no juzga. 

Y por eso me cuesta entender que desde tantos ámbitos de un enfoque supuestamente “natural” o animalista, se lancen ataques tan furibundos hacia ciertos jinetes, preparadores, etc.

Esa actitud es muy poco equina.

Cambiar la crítica agresiva y rabiosa por una propuesta diferente y más coherente con el caballo, compartirla con quien creamos conveniente, y seguir nuestro camino sin atacar, creo que es algo mucho más beneficioso para todos, y por supuesto, para el caballo.

La lucha y el enfrentamiento nunca llevaron a nada bueno.

El etiquetar a personas de malas y buenas, tampoco.

Malas acciones no equivalen a malas personas.

Buenas acciones inspiran al resto de personas.

Haz de tu trabajo con tu caballo un ejemplo tan inspirador que todo aquel que lo vea se sienta atraído y quiera hacer lo mismo con el suyo. Creo que así logramos más que con el enfrentamiento.

Si no sabes por dónde empezar, déjame llevarte de la mano por un viaje que transformará todo aquello que hacías hasta ahora con tu caballo. Hemos empezado en enero, pero el viaje continua hasta mayo.

¿Te interesa? visita CABALLO SALVAJE.

Tienes mi palabra de que voy a sorprenderte con conceptos y planteamientos sobre el caballo que nadie hasta ahora ni te ha mencionado. 

2 comentarios:

  1. Eres tan buen profesional como buena persona. Tú, que podrías juzgar pq sabes de lo que hablas, pq tienes experiencia... No lo haces ni quieres que lo hagan.
    Dando lecciones de sabiduría, profesionalidad y humildad.
    Eres grande... Muy muy grande.

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  2. Es curioso, soy mucho más tolerante con los caballos que con las personas. Me digo muchas veces a mi misma que los humanos también han sufrido y son como son por alguna razón. Es cierto, juzgamos a los jinetes cuando no nos gusta lo que hacen con sus caballos. Interiormente o charlando con algún amigo... y deberíamos guardarnos lo que pensamos y parar a pensar en NOSOTROS. Gracias Tomás

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