viernes, 13 de diciembre de 2019

AHORA SÍ

El secreto de saber cuándo y cómo pedir a un caballo.

Hace ahora casi unos seis años, el destino unía nuestros caminos. Ella, una yegua que apenas se tenía en pie. Yo, alguien que no quería en ese momento tener caballo propio para  que nada me coartara la libertad. Pero fue imposible mirar para otro lado.





La habían elegido para ser yegua de cría, pero no se quedaba preñada, así que decidieron ir dejándola pasar cada vez más hambre.  En aquel momento, mi idea era simplemente sacarla de aquel infierno e intentar darle una vida digna.

El primer año solo fue para que recuperara salud, no hicimos nada de ejercicio más que el que ella hacía a su aire en el prado. Poco a poco, la yegua iba ganando peso y confianza. Y cuando ya tuvo unos mínimos de masa muscular y de salud, empezamos con trabajo a la cuerda.

Y así, seguimos muy paulatinamente. Sin prisas por montar, enfocándonos en que ganara todo aquello que había perdido: desde la musculatura, el equilibrio, la coordinación, etc. Han sido varios años de trabajo lento, pero continuo. Incontables horas de trabajo a la cuerda, de atención al más mínimo detalle, de salidas al campo a hacer cuestas...horas y horas con un solo objetivo: fortalecer a todos los niveles.

La yegua tiene ahora once años, y después de tanto tiempo de preparación, podemos empezar a trabajar con ejercicios exigentes de verdad. En el vídeo, comparto la primera vez que le hemos pedido a la yegua un trabajo así. Y lo hizo tal y como veís en las imágenes. Sin dudar, casi con la perfección de un caballo que lo llevara haciendo años. Y no es un ejercicio fácil. Es técnico y exigente físicamente.

En un panorama ecuestre en el que lo normal es ver los caballos rotos a edades muy jóvenes, yo defiendo un deporte hípico en el que se manejen otros tiempos y se trabaje sobre entrenamientos coherentes con la mente y la fisiología del caballo.

En la primera parte del vídeo podéis ver la yegua a día de hoy (diciembre 2019). En la segunda parte, teneís los primeros trabajos con los que empezamos pie a tierra hace unos cinco años. Por entonces ya llevaba conmigo un año, y aunque distaba mucho de estar en buena forma, al menos ya estaba mucho mejor de cómo se encontraba al principio y a pesar de llevar un año de buenos cuidados y viviendo en libertad, aún se movía torpemente, debido a los años de mala vida.

En todos estos años he tenido que oir que eso de que trabajar a la cuerda como yo lo hago son pamplinas, que lo que tenía que hacer era poner unas riendas de atar y trabajar en pista. Otros me dijeron que una yegua con una manera de andar tan horrible nunca podría hacer nada sin herraduras. En sus once años, sus pies no han tocado un hierro y a día de hoy tiene la agilidad de un gato montés. He tenido que oir que si esperaba tanto para montarla, después sería indomable. Se le puso un filete por primera vez con siete años y salgo con ella al campo con y sin hierro indistintamente. También me dijeron que nunca ganaría músculo, que ya era irrecuperable. Todas y cada una de las teorías de los supuestos entendidos, las he oído, pero a ninguna hice caso.

A mi me gusta ayudar a los caballos a ser más fuertes, felices y sanos, y por eso, me alejo de los métodos que tantos y tantos caballos han roto, y me centro en lo que claramente, funciona y hace que con cada año que cumple, el caballo esté más fuerte y motivado.

Y seguimos trabajando. Gracias a todos los que me apoyáis realizando mis cursos online, a los que me escribís mensajes de ánimo y en general a todos los que priorizáis la salud de vuestro caballo frente a cualquier otra cosa. Cada vez somos más y pronto seremos una mayoría, estoy seguro.

Y gracias infinitas a la amazona que monta la yegua en el vídeo, quien está sabiendo darle a la yegua eso que yo no le doy y que nos está permitiendo crecer sin ver el techo.

¡¡Gracias de verdad a todos!!

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