jueves, 18 de abril de 2019

La importancia del lenguaje


En los centros de enseñanza, en las empresas y en prácticamente todos los ámbitos, cada vez tenemos más presencia de nuevas tecnologías, que sin duda, nos hacen la vida mejor y nos permiten llegar cada vez más lejos y en menos tiempo. Ahora bien, no confundamos: eso son herramientas, la base de todo, sigue siendo el lenguaje.


Sobre el lenguaje construimos todo: nuestras acciones, nuestro pensamiento, nuestras ilusiones y frustraciones… “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”, dijo Wittgenstein, y que razón tenía. Todo aquello que no sepas expresar con palabras, no lo puedes concebir ni imaginar. Por eso, leer libros buenos, hablar con personas que te aportan, asistir o ver conferencias interesantes, hace nuestro mundo más rico, más abierto, y nos hace aflorar nuestras ganas de explorar lo ignoto.

En cambio, rodearte de personas con un lenguaje pobre y negativo, ver basura televisiva, dejar de hacerte preguntas y conformarte con lo primero que la gente te pone por delante, te empobrece, te hace ser más plano mentalmente, y por lo tanto, más manipulable, aunque tú, en tu ignorancia, creas saberlo todo. Curiosamente, muchas de estas personas, empobrecidas intelectualmente, están enganchadas a las nuevas tecnologías. Mucho detalle, pero poca esencia.

Bien, y ahora, vamos a  nuestro terreno, el del caballo. Estoy con un caballo frente a frente y a priori no hablamos el mismo idioma y mucho menos el mismo lenguaje, de hecho, ni siquiera podría decirse que compartimos bases comunicativas, puesto que él es un herbívoro, y nosotros, predadores.

Pero he aquí que la naturaleza nos permite crear un entendimiento mutuo, y esto es sin duda lo que nos maravilla de la Equitación. Mucho se ha escrito y hablado sobre la comunicación entre humano y caballo y no creo que yo pueda aportar gran cosa a lo dicho ya. Pero sí que me gustaría añadir algún punto de vista, del que creo no se está hablando.

He de reconocer que soy un fanático de ciertas aplicaciones y de inventos que van saliendo ahora que nos permiten conocer cantidad de parámetros muy importantes en el entrenamiento de un caballo. Hasta hace no mucho, los pulsímetros de Polar eran la única opción para tener constancia de las pulsaciones de los caballos y muchas de las funciones que prometían no eran muy consistentes porque eran una adaptación algo chapucera de los pulsímetros de  humanos. Hoy día, ya hay dispositivos que van conectados a tu Smartphone y te arrojan datos en tiempo real que hace unos años solo podían conocerse si llevabas tu caballo a hacer una prueba de esfuerzo a un centro de alto rendimiento. 

Como os digo, soy un freak de estas aplicaciones, así como de otro tipo de accesorios que igualmente hasta hace no mucho era impensable que pudiésemos tener los propietarios de caballos, como mantas ionizadas, protectores que dan masajes articulares, etc.
Pero que sea superfan de estos productos, no me hace perder de vista, lo verdaderamente importante: mi lenguaje con el caballo.

Y al igual que cuido mi lenguaje conmigo mismo y con las personas con las que hablo, cuido mi lenguaje con los caballos. Los que me conocen y me tratan saben que nunca me oirán decir que estoy en contra de algo, y que siempre diré que estoy a favor de justo lo contrario. Por ejemplo, nunca diré que estoy en contra de la guerra, siempre diré: “estoy a favor de la paz”. Y quizás diréis que es lo mismo, pero no lo es: hablar en positivo implica pensar en positivo, y eso acciona mecanismos cerebrales que nos permiten ver más posibilidades, esperanza y oportunidades donde otros ven un futuro negro y todo caótico. Tampoco me oiréis decir que odio tal o cual cosa, sino que me escucharéis pronunciar: “me encanta…” lo contrario. Por ejemplo, nunca diré: odio madrugar, sino que prefiero decir, “me encanta cuando puedo quedarme un poco más en la cama”.

Y ese cuidar el lenguaje, hasta en el mínimo detalle, lo llevo a mi comunicación con el caballo. Quiero que mi comunicación con los caballos esté limpia de artificios y no se deje llevar por el detalle tecnológico, y a la vez, que se base en argumentos positivos, no negativos.

El caballo es probablemente el animal más puro que existe en la tierra, por eso es tan bonito iniciar un potro, pero a la vez, tan peligroso, porque si en esas primeras fases mantenemos “conversaciones” basadas en ideas negativas, podemos dejar una impronta que después será difícil de erradicar.
Y si estoy pie a tierra, frente a él y con una cuerda como canal de comunicación, me cuidaré muy mucho de mantener esa comunicación limpia y positiva. E igualmente, si estoy montado, mis riendas, mis piernas y mis isquiones, serán los encargados de decirle: “yo seré aquel en el que siempre puedas confiar”.



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