jueves, 25 de abril de 2019

Firmeza vs violencia


Creo que uno de los grandes males que acucian al caballo es la confusión que los humanos que los tratan tienen al confundir firmeza con violencia, y esto lo he visto en ambos extremos:

. personas que se niegan o son incapaces de dar una corrección a un caballo porque creen que les inferirían castigo o daño. Resultado: caballos maleducados que con el tiempo pueden volverse incluso peligrosos.

. jinetes que creen que el sometimiento y la violencia es la única manera de tratarlos, el clásico “que sepan quién es el que manda”. Resultado: caballos acobardados, humillados y heridos en su dignidad. Con el tiempo, pueden volverse también peligrosos.



Y ahora salgamos del campo hípico y vayamos al canino. Este mismo problema se da en muchos perros, que maleducados por sus dueños, que nunca han sabido ponerles límites, son como mínimo insoportables, y por supuesto, algunos, pueden ser peligrosos. Igualmente, y por desgracia, son muchos los casos de perros maltratados violentamente.

Y extrapolémoslo al campo humano y pensemos en chicos y chicas adolescentes. ¿Qué será de ellos si han sido educados de un modo en el que no han conocido la firmeza de unos límites? Pues que creen que el mundo debe estar a sus pies y en no mucho serán unos jóvenes frustrados, puesto que se toparán con la cruda realidad de un mundo que no tiene la menor intención de plegarse a sus exigencias, por más rabietas que se pillen. Igualmente, también, en los casos de jóvenes que desgraciadamente han sido educados de un modo violento, es bastante probable que en su vida desarrollen comportamientos y hábitos nocivos para ellos mismos y los que le rodean.

El problema como vemos, es extensible a todo aquello que abarca la educación de los seres, sean humanos o equinos, que están a cargo de otras personas. Por lo tanto, es una cuestión de educación. Saber educar no es fácil, pero tampoco imposible. Es saber encontrar el equilibrio entre el amor y la firmeza.

Y si consigues eso con un caballo, habrás conseguido mucho, casi todo. Evidentemente, mientras mejor técnica poseamos, más refinada podrá ser nuestra Equitación, pero si en la base de todo no subyace un convencimiento claro, una creencia sólida de que el amor y la firmeza no están reñidos, y que muy al contrario, se necesitan mutuamente para crear una balanza equilibrada, nada firme podremos construir junto a un caballo.

Y este, es el favor más grande que le podemos hacer a un caballo. Él se sentirá mucho más estable emocionalmente, y un caballo bien educado, colaborativo y amoroso, siempre tendrá un futuro halagüeño.

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