domingo, 3 de marzo de 2019

¿Te enseñan a montar o a sufrir?


Llevas tiempo montando y puede que además sigas dando clases, pero algo falla. No disfrutas, montas con tensión, o puede que incluso te bajes con dolor y notas que no fluyes con tu caballo.

Es un contrasentido: estamos deseando ir a pasar tiempo con nuestro caballo y montar, pero poco antes de subirnos ya empezamos a sentir esa sensación amarga, que se viene repitiendo en las últimas sesiones.


Mi camino hípico se basa en una máxima: que caballo y jinete se vean beneficiados por la práctica de la Equitación. Si una de las dos partes no se beneficia, no me interesa.



Yo pasé por lo mismo durante un tiempo. Di clases con “profesores” que se limitaban a repetir lo mismo que a ellos les habían enseñado y para los que ofrecer una alternativa divertida y eficaz era la última de sus prioridades. “Es lo que hay si quieres aprender a montar bien”, me decían algunos de estos profesores cuando les comentaba mi sensación de frustración al finalizar sus clases. Había muchas personas que se resignaban, pero yo, que a la par que la Equitación, había practicado y practico distintos deportes, me negaba a admitir tal despropósito.

Está claro que en cualquier deporte hay que asumir ciertos sacrificios y esfuerzos para mejorar, pero el disfrute y la evolución son precisamente la principal recompensa, y con este tipo de profesores, no había ni disfrute ni evolución, solo sufrimiento, y para colmo, los caballos con los que dabas la clase, y como es lógico, estaban de todo, menos motivados.

Así que ni los caballos ni yo estábamos contentos y ni sentía que avanzaba. ¿Qué hacer? Sencillo: buscar mi propio camino. Siempre me he considerado un buscador. No sé si de la verdad, pero al menos sí de lo que creo es lo que más se ajusta a unos valores básicos de respeto a uno mismo,  y a los seres que se involucren en aquello que yo esté haciendo. Y pagar para que te den una clase que no solo es aburrida, sino que es nefasta hípicamente hablando y en ocasiones, teniendo que aguantar ciertas frases más propias del adiestramiento militar que de una clase de Equitación, no es respetarse a uno mismo.

Así que decidí trazar un camino hípico en el que el caballo y yo estuviéramos disfrutando con lo que hacíamos, a la par que notábamos que nuestra evolución física y técnica fuera realCuriosamente, y debido a lo que yo llamo “karma equino”, apareció justo en ese momento de mi vida el Gran Maestro de la Equitación española actual (aunque a él no le guste que le llamen tal cosa): José Manuel Sales Pons, conocido por todos como El Cura.

“El maestro aparece cuando el alumno está preparado”, reza un viejo dicho oriental. Pero se trata, más que de una preparación puramente técnica y física, de un estado de preparación mental. Y mi mente, no solo estaba abierta a nuevas perspectivas hípicas, fuera de dogmas y manidas frases repetidas de rancios profesores de hípica unos a otros, sino que realmente, las necesitaba.

Veía a mis grandes jinetes de referencia de Concurso Completo, para mí la disciplina más pura y real que se puede practicar a caballo, y la que mejor Equitación requiere, pero me parecía que había un puente insalvable entre lo que me habían enseñado aquellos rancios profesores hasta entonces y lo que observaba en aquellos jinetes, que fluían con sus caballos, volando sobre el cross, y realizando una doma real, sin artificios ni manotazos equinos forzados, con un asiento sereno y eficaz como ningún otro.


               
Andrew Nicholson y Quimbo volando y fluyendo sobre el cross de Lexington, uno de los más difíciles del mundo. Un hombre sobre un caballo galopando sin el menor atisbo de lucha, sin tirones ni brusquedades. Un caballo motivado, con ganas de ir adelante a pesar de las dificultades. Si  algo tan enormemente complicado puede hacerse con esa fluidez, ¿cómo es que nos han querido vender durante años que un simple trabajo en pista debe hacerse a base de lucha y enfrentamiento?


Así que el primer gran cambio vino propiciado por el que fue y es mi gran maestro en las cosas de a caballo, y en algunas otras.

Por primera vez – y eso que es el más mayor de todos los profesores que he tenido – tenía un profesor que me animaba a incorporar todo lo que las Artes Marciales, el Yoga y los deportes de deslizamiento me habían enseñado, a mi manera de montar. Así que animado por sus consejos, unido a todo lo que aprendía montando con él, le añadía todo aquello que mis deportes me habían enseñado a lo largo de los años.

Y empecé a desarrollar mi propio método de entrenamiento, siguiendo una declaración de principios a la que siempre me he prometido ser fiel:

 Tomarme la Equitación como un verdadero deporte.

Y eso implicaba cuidar, entrenar y desarrollar mi:

_Elasticidad: para fluir en todo aquello que hago a caballo

_Reflejos: para intentar estar lo más cerca posible de la velocidad de reacción del caballo, mucho más rápida que la nuestra

_Precisión: para ser preciso en el más mínimo gesto que hagamos con los caballos y seguir la máxima de “que el caballo lo sienta sin que nadie lo vea”

_Resistencia: para poder montar y trabajar a la cuerda y todo lo que requiere un caballo sin fatiga ni cansancio, es decir, poder montar no solo más sino mejor

_Equilibrio: para ser lo más neutro posible en la montura y sin rigidez

Y ahora la pregunta es,  ¿cómo entrenar todo esto?

Por supuesto, esto no se entrena exclusivamente a caballo. Y aquí es donde viene la enorme complejidad de la Equitación, puesto que hemos de coger horas de monta, pero hemos de ser capaces de sacar tiempo para entrenar todas estas cuestiones sin el caballo.

A caballo se confirman estas materias y se practican otras muchas cosas, pero entrenarlas, se entrenan mucho mejor sin caballo, puesto que cuando montamos, nuestra capacidad de concentración se diluye como un terrón de azúcar en agua hirviendo, ya que tenemos que estar pendientes de tantas cosas que es imposible entrenar con un mínimo de concentración todo lo enumerado anteriormente.
 Y ahí es donde me distancio de los métodos tradicionales de enseñanza hípica y hago acopio de todo lo que he aprendido en mis otros deportes.

En mi día a día saco una hora y media para entrenar todo esto en una habitación que he preparado expresamente y que para mí es tan importante como las horas que monto y todos aquellos aspectos que además necesitamos dar a los caballos para que vivan plenos. Así que cada mañana, tras ponerles el desayuno y terminar las faenas propias de la mañana, me encierro en mi habitación a preparar mi cuerpo para ser mejor jinete.

Lo bueno es que tú no necesitas tanto tiempo ni tanta dedicación, pero sí que podrás aprovechar todo aquello en lo que llevo trabajando los últimos años y que podrás encontrar condensado en el curso online que iniciaremos el 18 marzo:

“TÉCNICAS PARA MONTAR MEJOR Y DISFRUTAR MÁS A CABALLO”

Si quieres conocer este método que he ido desarrollando en los últimos años, super progresivo, eficaz y además divertido para ti y para tu caballo, tienes toda la información clickando sobre la imagen de abajo o en este enlace.




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