sábado, 9 de marzo de 2019

Equinistán, el país en el que querría vivir tu caballo.

Hace un par de años fui invitado a Equinistán para hablar de mis métodos de entrenamiento y me gustaría contaros algunas de las cosas que allí me sucedieron.

Me alojaron en una residencia especial para jinetes, y rápidamente hice amistad con, Minaya, mi vecino de habitación. Por las mañanas solía acompañarle a ver cómo entrenaba los caballos que tenía asignados, pero una noche me avisó de que al día siguiente no podría acudir a su rutina habitual puesto que había sido llamado para testificar en un juicio.
Minaya era jinete, como tantos otros habitantes de Equinistán, y había sido citado como testigo, puesto que fue él quien se encargó de la doma y la fase inicial de trabajo de Autumn, el caballo cuya historia había desembocado en el juicio más mediático de los últimos tiempos en todo el territorio que comprendía Equinistán
Para los que no conozcáis sus leyes, Equinistán, tiene una legislación muy específica que regula todo aquello que se hace con los caballos. Y si bien es cierto que sus habitantes rara vez quebrantan dichas leyes, pues la equinistánica es una sociedad muy concienciada en cuanto al civismo y el respeto al caballo, si alguien tiene la mala idea de quebrantar dichas leyes, la justicia actúa con rapidez y eficacia.
Más adelante, os hablaré más detalladamente de estas leyes, pero de momento, basta con saber que este juicio tan importante, tenía lugar porque varios ciudadanos de Equinistán pusieron en conocimiento de la Policía Equina lo que estaba sucediendo con Autumn. Según relataron los propios testigos, y de hecho alguno de ellos subió un vídeo a sus redes documentando de este modo lo sucedido, pudieron presenciar como el jinete y profesor de Equitación que había sido denunciado, obligó a Autumn a dar clase de Equitación con un alumno a pesar de que el caballo, mostraba signos de dolor y molestia. Dichos testigos comentaron al profesor lo que estaba sucediendo, pero aquel, ignorando los comentarios de quienes le avisaban, decidió seguir con la clase. Y según me comentaron, este profesor ya había sido visto anteriormente dando clase con caballos que no parecían estar bien del todo, e incluso montando, tenía fama de ser un jinete severo.
Los equinistanos, altamente sensibilizados con estas cuestiones, a la par que formados en nociones básicas de etología, están capacitados para detectar la mínima señal de molestia o dolor en un caballo, y es costumbre en ellos, sean jinetes profesionales o aficionados, tomar las medidas necesarias para que el caballo que pueda estar afectado deje de sufrir primero y posterioremente, sea evaluado por un veterinario, ya que además, estos, son pagados principalmente por el Estado.
Son muy raros los casos en los que se quebrantan las leyes con los caballos, ya que toda la población es bastante coherente con sus caballos – y hablamos de un país en la que hay casi tantos caballos como personas - , pero como en todas partes, a veces, suceden las excepciones.
El último juicio que se recordaba de estas características, según me dijeron, hacía ya casi cinco años, en el que se denunció un jinete al que detectaron ponía a sus caballos unos elásticos anclados al filete para obligarles a trabajar en posturas de supuesta reunión.
Según pude ir viendo en mi estancia allí, el uso de este tipo de artimañas, está terriblemente considerado en Equinistán, y la población mira con muy malos ojos a quien se le ocurra echar mano de estas trampas hípicas, que por nuestra tierra, tan comunes son. Al parecer, la sanción a este jinete, consistió en una importante multa económica, también se le condenó a trabajos sociales limpiando estiércol por un plazo similar al que se le suponía había obrado con mala praxis con sus caballos, y se le retiró la licencia de montar (en Equinistán para montar hay que sacarse una licencia de un modo parecido a lo que es nuestro carnet de conducir) por un plazo de diez años. Y todo este castigo, por si fuera poco, se veía empeorado por el arrinconamiento social de toda la población hacia este sujeto.
Yo, la verdad que me sentía un poco anonadado ante todo, pues si bien ya había oído cosas de este lugar tan especial, hasta que no lo vives de cerca, no te das cuenta de cómo la sociedad equinistánica, vive por y para el caballo. En este país, tal afirmación, era cierta. Sabéis tan bien como yo que en muchos lugares se vanaglorian de ser la tierra del caballo y repiten sin cesar esas frases manidas sobre su supuesto amor al caballo, pero se trata de lugares en los que el caballo, al final, como individuo, no es respetado ni tenido en cuenta. En Equinistán, en cambio, te das cuenta, que tal cosa, es tomada muy en serio.
Como invitado que era, me ofrecieron acudir al juicio para presenciarlo. Por supuesto, acepté la invitación pues la curiosidad que sentía por ver a un fiscal de asuntos equinos en acción, a un juez de Justicia Equina, y todo un Tribunal creado por y para la protección de los derechos de los caballos, me llamaba poderosamente la atención.
Continuará…


No hay comentarios:

Publicar un comentario