lunes, 10 de diciembre de 2018

Ahora entiendo por qué te rompiste

Mi carta a un caballo que fue víctima de su enorme corazón


Fragmentos del Diario de Recuperación de Atómico (noviembre/diciembre 2018)

La lluvia no nos ha permitido tener continuidad en estas últimas semanas. Y si te soy sincero, tampoco me importa mucho. Ver cómo has ido recuperando tus ganas de vivir, observar cómo no solo tu cuerpo sino tu expresión ha ido cambiando a la que hoy tienes, ya merece la pena. No se me borrará de la memoria fácilmente esos primeros días tras tu llegada, en los que parecías una especie de fantasma…entre lo blanco que eres, y que te arrastrabas con dificultad para ir a beber y para comer la hierba que la primavera te tenía preparada…sinceramente, aquellos días mi moral bajó a los mínimos porque al verte tan rígido y tan apagado, pensé que ya era tarde para ti.

En aquellos días maldecí una y mil a veces a todos los que contribuyeron a que a un caballo como tú se le fuera apagando la vida poco a poco y sin ningún motivo. Sentado en mi risco favorito, en esas tardes de primavera en las que el sol empieza a esconderse cada vez más tarde, te contemplaba triste, y veía como no eras capaz de seguir a mi yegua (o quizás debería decir ya “tu yegua”) por más que no quisieras despegarte de ella.

Mi yegua… ¿le debemos tanto, verdad? Ella fue la que te sacó de ese agujero oscuro en el que te habías encerrado. La que te hizo darte cuenta de que aún había cosas por las que merecía la pena vivir. La que no solo te devolvió las ganas de relinchar, sino la que te hizo sacar fuerzas de donde no las había para ir aquí y allá para cortejarla y estar a su lado y empezar a rejuvenecer ese cuerpo oxidado por las injusticias humanas. Sí, el veterinario con la quiro, los estiramientos, el revolcarte tantas veces como quieras ahora que nadie te lo prohíbe, el trabajo a la cuerda, la buena comida… ya sé que todo eso te ha ayudado también, pero sin la yegua, hoy no estarías como estás, y sé que tú, lo sabes mejor que nadie.

Inseparables desde la primavera, Athenea y Atómico. Ambos saben lo que es resurgir del infierno de la ineptitud humana. Quizás eso es lo que les ha unido tanto.

Y ahora, en este punto en el que estamos, en el que aún quedan muchas cosas que mejorar, y si bien hemos podido dejar atrás el desánimo y la desmotivación, las lluvias incesantes de este otoño no nos han permitido mantener un programa de trabajo continuado.

Y ya sabes que no me gusta montarte si no estamos unos días antes trabajando a la cuerda para tonificar bien ese dorso que tan mal te trataron estos años atrás. Y cuando llega el día de subirme, a pesar de que paso pocos minutos sobre ti, y de que en total no creo que ni en estos siete meses me haya subido más de doce veces, ese día, esos pocos minutos en los que te monto, entiendo perfectamente porqué te rompiste.



¿Sabes? No llevo la cuenta de los caballos que he trabajado a la cuerda o he montado en estos últimos años, pero hay algo que puedo decirte con total seguridad: si bien eres el caballo más pequeño que he montado en este tiempo, no he conocido a ninguno que tenga el corazón más grande que tú.  Y eso, sin que tú lo sepas, es lo que ha llevado a que tu cuerpo se rompiera.
En estas poquitas veces que te he montado, he podido sentir claramente que tú eres de esos caballos que das mucho más de lo que tienes realmente para ofrecer. Y eso, amigo mío, es un peligro si te topas con cierto tipo de personajes, que por desgracia abundan en este mundo hípico en el que a ti a y mi nos ha tocado vivir.

A ti tu corazón te lleva a hacer más kilómetros de los que tu cuerpo está preparado para hacer. Tu espíritu colaborativo te lleva a dejar de lado el posible dolor que puedas sentir si tu jinete te pide más. Y por eso, te rompiste. Te fueron pidiendo y tú fuiste dando y entregando. Pero lo que tú entregabas era tu salud. Eran no solo los latidos de tu corazón bombeando sangre a todos los músculos de tu cuerpo para hacer más y más kilómetros, sino tus tendones, tus articulaciones y todo aquello que hiciera falta para seguir propulsando tu cuerpo y el de la persona que llevaras encima. Y para colmo, cuando te rompiste y no seguiste como caballo de raid, tuviste la mala fortuna de pasar a ser un caballo de clases.




Te obligaron no solo a vivir durante años en un espacio en el que un ser humano no aguantaría ni un par de horas, sino que cuando te sacaban te obligaban a trabajar con un elástico a la boca para forzarte a adoptar una postura que esta pandilla de ignorantes no sabe conseguir de otra manera más que a base de basura hípica mal usada.

En resumen, toda tu vida diste y diste, primero en carrera, y después en las clases, y a cambio, a ti, cada vez te daban menos. Menos libertad, menos calidad de vida, menos alimento…Y claro, hasta que te fuiste rompiendo, no solo físicamente, sino mentalmente. Probablemente, otros caballos no habrían aguantado ni la mitad de lo que tú has aguantado tantos años. Y probablemente, otros caballos no habrían respondido tan positivamente a los estímulos que a mí, el destino, me ha permitido ofrecerte.



Pero tengo que serte sincero, compañero: hemos llegado hasta aquí y ni yo mismo me creo que hayas alcanzado este nivel de musculación y que hayas recuperado las ganas de vivir, pero hay ciertas limitaciones que no se si podremos superar.  Te agradezco que hayas confiado en mí y que cada vez que te pido que trabajemos, lo hagas de tan buena gana. Pero no sé hasta qué punto podremos llegar, porque desgraciadamente, hay ciertas secuelas físicas que ya tienes ahí y que son producto de aquellos abusos a los que te sometieron y que nadie supo prever, ni siquiera tú, con tu gran corazón.

Pero no te preocupes, que una cosa te puedo garantizar: yo, a pesar de que se que tu enorme corazón me daría mucho más de lo que tu cuerpo puede dar, no voy a pedirte tal cosa, sino que con todo lo que ya me das, no solo me conformo sino que me haces enormemente feliz, y el simple hecho de verte pastar con esa expresión de caballo pleno, el ver que ya puedes seguir al galope a mi/tu yegua cuando le da por hacer la cabra, me reconforta y me hace saber que ha merecido la pena.


Y al igual que arrancaste mis lágrimas aquel día que nos conocimos, en el que me hiciste sacar lo mejor de mí para poder hacer trabajarte a la cuerda cuando eras aun un caballo de clases lleno de achaques, hoy, que al fin eres un caballo libre, y con el que comparto mi día a día, me has hecho llorar de alegría cuando te vi dar las primeras galopadas a tu antojo. Y eso, compañero, no tiene precio y no se cómo devolverte el favor, tan solo espero poder estar a tu altura y no defraudarte.

Y antes de terminar, déjame que te pida perdón en nombre de mi especie y de la que me avergüenzo por no ser dignos de ti y de otros muchos caballos,  pero yo te pido perdón por todos aquellos que abusaron de tu enorme corazón, y te doy las gracias, por darme un trocito de ese corazón tan grande que tienes, y del que has demostrado, no tiene fin. Tendrían que aprender tanto de ti muchos seres humanos…


Si te interesa conocer la historia de este caballo en profundidad, visita este artículo: http://www.tomasmateo.com/2018/08/atomico-o-todo-lo-que-no-hay-que-hacer.html

Si te gusta practicar el deporte hípico con tu caballo pero siendo fiel a unos valores de respeto total al caballo, te recomiendo que escuches este podcast: 

sábado, 1 de diciembre de 2018

De caballo de carreras a caballo de Doma

No te lo parecerá, pero es el mismo caballo en ambas fotos. Las diferencias físicas son varias, pero la principal es la que más salta a la vista y en cambio, es la menos tenida en cuenta por la gran mayoría de propietarios y jinetes con sus caballos: EL TIEMPO. 7 AÑOS han transcurrido desde la foto en el hipódromo a la de la pista de doma.


La semana pasada os hablaba en un artículo de la importancia de no empezar a montar los caballos tan jóvenes como se suele hacer y os traigo este formidable ejemplo de cómo hemos de dejar las prisas de lado si queremos, como siempre digo, que el entrenamiento haga del caballo que esté más fuerte y sano, y no, todo lo contrario.
Sabéis que soy un enamorado del Pura Sangre Inglés y también un seguidor de los numerosos proyectos que hay en Inglaterra, Francia y Estados Unidos por ejemplo, para recuperar a estos caballos y darle una oportunidad en diferentes campos. Esta en concreto se llama Thoroughbred Dressage, y es una iniciativa liderada y gestionada por Louise Robson. Os dejo su página web por si queréis saber más de ella y sus purasangres que cambian los hipódromos por los cuadrilongos.