lunes, 5 de noviembre de 2018

Si te han engañado, quizás pudiste evitarlo

Rara es la semana que no me llega un mail, un mensaje de Facebook, o una llamada porque un conocido le dio mi teléfono a alguien con un supuesto problema equino. En cualquier caso, se trata de una persona que se comunica conmigo porque cree que “tiene un problema con su caballo”. (Yo es que ya llevo grabado a fuego eso de Ud. no tiene un problema, Ud CREE que tiene un problema).

Suelo escuchar o leer a la persona para ver de qué se trata realmente, y una gran mayoría de casos, suele remitirse al mismo patrón:
“Llevé el caballo a que el profesional “x” me lo domara /trabajara /entrenara pero el caballo lejos de mejorar está empeorando…”
Y aquí, pues los males que acucian al caballo suelen ser variados, desde los básicos “está muy delgado y tiene las ranillas podridas” a “lo veo cada vez más irritable y no disfruto con él” hasta complicaciones mucho peores.
Tampoco se puede ser cruel con la persona que me consulta, ya que es cierto que esa persona está angustiada y lo que necesita es que le ayuden. Escribo esto con la esperanza de que nos mentalicemos a que todo aquello que aplicamos en el resto de campos de nuestra vida, es perfectamente usable – y de hecho altamente recomendable – con nuestro caballo.
Pongamos ejemplos significativos.
_Vas a apuntar a tus hijos a un colegio nuevo. ¿No preguntas a padres que ya tengan a sus hijos allí? ¿No buscas en cualquier caso referencias de ese cole? Y seguro que vas y visitas las aulas, y hablas con algunos profesores, etc.
_Decides contratar los servicios de un entrenador personal, o quizás ir a clases de pilates. ¿No acudirías primero a una clase de prueba para ver qué tal es el entrenador o profesor y para comprobar que sabe de qué habla? ¿Y no compruebas de paso que la sala es adecuada y cómoda para la práctica de ese deporte?
_Vas a elegir dónde pasar unos días de vacaciones. Antes de hacer la reserva, buscas opiniones en internet sobre ese hotel o ese alojamiento por el que te has decidido. Y si ves varias opiniones favorables, finalmente te decides a confirmar la reserva, pero si por el contrario ves opiniones de clientes poco satisfechos, por más que las fotos sean preciosas, seguro que vas a buscar otro alojamiento del que todo el mundo hable bien de él. ¿No?
_Necesitas ir a revisión dentista. ¿Vas al primero que te cruzas en la calle? No lo creo…Preguntarás a amigos y familiares antes. ¿Y si necesitas un abogado especialista en derecho fiscal? ¿Irás al primer abogado generalista que conozcas…? ¿O quizás te molestarás en buscar a los tres mejores abogados de tu ciudad en derecho fiscal para ver por cuál te decides? Así sabrás que tu elección es segura.
Bien, y así podríamos seguir poniendo más ejemplos. El mundo de hoy nos permite a través de nuestras redes de contactos, el teléfono e internet, buscar a profesionales cualificados y conocer de primera mano su experiencia, su aspecto, su especialidad, su talla de camisa y hasta su estado civil. ¿Quién no hace esto hoy día cada vez que necesita un profesional del cualquier campo de la vida?
Entonces, me puedes explicar – porque realmente no lo entiendo - ¿POR QUÉ DIABLOS A LA HORA DE ELEGIR UNA HÍPICA O UN JINETE PARA TU CABALLO, NO SIGUES EXACTAMENTE EL MISMO PROCEDIMIENTO?
Las respuestas que me suelen dar, son las siguientes:
_Bueno, es que es la hípica que más cerca me pillaba de casa (la cercanía como criterio es entendible, pero no implica profesionalidad ni buen hacer per se)
_Un amigo me dijo que es un jinete que lleva toda la vida en esto (la experiencia a secas no es garantía de nada)
_Es que el preparador tiene la titulación de Técnico Deportivo en Hípica (la titulación en sí tampoco es garantía de buen hacer hípico)
Y esta, la REINA de todas las respuestas:
_Bueno, yo que sé, es un caballo, tampoco pensé que fuera necesaria tanta historia… (la gente suele creer que se mete el caballo en el box, se le da de comer avena, y hala, listo)
Y así nos va… El sentido común, es en la hípica, el menor común de los sentidos en muchas ocasiones.

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