domingo, 25 de noviembre de 2018

Hípica,machismo y el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer


Ayer fue 25 de Noviembre. Y eso significa dos hitos importantes en mi vida. Uno, que es mi cumpleaños. Y otro, bastante más significativo: es el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Quizás os sorprendan estos datos con los que abro este artículo, pues en este caso no voy a hablar puramente de Entrenamiento Equino, como suelo hacer…o quizás sí, aunque no del modo habitual.


Rosalind Canter. Uno de mis grandes referentes actuales por su tesón, simpatía y buen hacer hípico.


Hasta hace unos 10 años más o menos, yo era uno de esos hombres simplones que apenas creía que la vida es algo más que coincidencias y por otro, era de esos tíos idiotas que creía que eso de la violencia machista era algo que pasaba solo en casos aislados de clases con pocos recursos.

Hasta que la vida me puso en mi sitio. De repente, me estalló en mi cara un caso de violencia machista extremo en el que no me quedó más remedio que intervenir. Y ahí me di cuenta de que no solo el problema existía y de que afectaba a muchas más mujeres de las que podamos imaginar, sino que pude ver como algunos hombres son auténticos seres despreciables y cobardes, y lo que es peor, hay otros de su misma calaña que están dispuestos a encubrirles. Basura humana masculina en toda regla que nunca imaginé podría existir a escasos centímetros de mi persona.

Desde entonces, mi  visión sobre este problema cambió radicalmente, y empecé a darme cuenta de la alarmante cantidad de micromachismos ( o sin el micro delante) que nos inundan sin que nos demos cuenta: el chiste fácil de la tía con poco cerebro, el prejuicio clásico hacia la mujer que ha tenido varios novios, pero que si es al revés, el tío es un todo un crack por haber estado con muchas mujeres, y toda esta porquería machista con la que aún hay una cierta parte de la sociedad en la que se regodea.


Ingrid Klimke. Me encantan sus libros y su concepto de entrenamiento.

Bien, pero esta es una página web sobre caballos, ¿qué tiene que ver todo esto con el entrenamiento equino? Mucho.

Como os decía anteriormente, ahora no creo en las simples casualidades y quizás el hecho de que mi cumpleaños sea el mismo día que se celebra el Día Internacional de la Eliminación de Violencia contra la mujer, después de lo que viví en mis carnes hace unos años, me lleva a querer aprovechar mi plataforma de comunicación para hablar de algo que creo de lo que en la hípica podemos ir vanagloriándonos, y es del papel preponderante de la mujer, aunque  yo concretamente quiero hablaros de un caso concreto que a mí me demuestra que eso que nos decían del “sexo débil” es una estupidez y una falacia, aunque ya sé por qué nos lo decían: es por el miedo. Miedo porque no hay nada que una mujer no pueda hacer por más que le duela a un hombre. Y en la hípica, en la que se supone que ciertas cosas son más patrimonio de los hombres por la supuesta necesidad de fuerza, yo puedo afirmar que hay mujeres que lo hacen mucho mejor que los hombres. Y os voy a contar de primera mano la suerte que he tenido yo de conocer un caso así, y que a día de hoy me inspira en mi trabajo diario. Y lo cuento porque creo que es necesario que seamos precisamente los hombres quienes más nos concienciemos de esto. Yo hablo desde mi campo, el hípico, pero estoy seguro que hay ejemplos extrapolables en todas las parcelas de la vida.

Ya sabéis que a menudo os hablo de mis referentes hípicos, que suelen ser en su mayoría, mujeres. Algunas de ellas además, son madres, y alucino cómo llevan el dedicarse a la competición y el criar a sus hijos, como si el oficio ecuestre no implicara suficiente trabajo.


Jonelle Price, ganadora del último Badminton. Pude conocer a Jonelle y su marido (también jinete) y comprobé como funcionan como un verdadero equipo de iguales.

Pero  tengo la suerte de tener referentes, a los que prácticamente considero ídolos a los que admirar, a los que no solo conozco personalmente, sino que mantengo una estrecha relación con ellos. Personas que no solo me han hecho crecer como jinete y en mi camino de preparación de caballos, sino que han aportado a mi vida una riqueza y una perspectiva por las que les estaré eternamente agradecido.

Sí, gracias a los caballos, he conocido y sigo conociendo a personas maravillosas. De esas que se dan una entre un millón. De mi maestro, el archiconocido Cura, os he hablado decenas de veces. Para muchos de sus alumnos no es solo nuestro gran maestro, sino nuestro padre hípico, al que acudimos para contarle nuestros éxitos ecuestres, y en cuyo hombro buscamos refugio cuando las dudas hípicas nos asolan. Pero hoy quiero hablaros de alguien que también centrifugó mi vida ecuestre, y en efecto, es una mujer. O bueno, debería decir MUJER, con mayúsculas.

Hace ahora precisamente un par de años, un amigo me habló de una amiga suya que se iba a instalar en Andalucía con sus caballos.  Venía con cuatro caballos y su intención era hacer el Sunshine Tour e iba a necesitar ayuda con el trabajo diario de los caballos, para el circuito, etc. Este amigo nos presentó y en poco tiempo cerramos los términos de nuestro acuerdo.

En pocos días me di cuenta de que por fin no tendría que salir cabizbajo por trabajar para otro propietario que no tiene en cuenta las necesidades básicas de sus caballos, sino que al fin, el cielo me compensaba y trabajaba con alguien que no es que se esforzara por darle a sus caballos el mejor heno, el mejor pienso, el mejor entrenamiento y el mejor manejo, sino que sabía lo importante que era dedicar tiempo al calentamiento y al enfriamiento, sacar los caballos a hacer pulmón por el campo, etc, etc.

Yo alucinaba. Por fin podía dedicarme única y exclusivamente a lo que más me gusta y lo que mejor se me da: poner en forma un caballo combinando trabajo a la cuerda y montado. No solo me daba carta blanca sino que me invitaba a profundizar y a que fuera más allá. En aquellos días yo iba casi levitando: tenía unos supercaballos a los que trabajar, bien alimentados, bien manejados, con material y equipamiento de primer nivel y encima una propietaria que además de confiar en mí, se involucraba activamente en todo el quehacer de sus caballos.

¿Pero sabéis qué? Que en poco tiempo, fui yo el que empecé a darme cuenta que aquello iba a suponer una experiencia de aprendizaje enorme. Yo me entregaba en el trabajo diario de aquellos caballos y ponía lo mejor de mi parte, pero poco a poco, la que por entonces era “mi jefa” me empezaba a decir: “¿Por qué no pruebas a hacer tal cosa? Seguro que te funciona mejor”.
Y efectivamente, así era. Todo lo que yo hacía se vio implementado por sus consejos y hubo un momento en el que llegué a sentirme un verdadero ignorante. Pero lejos de empequeñecerme, asumí mi rol y sobre todo supe que tenía la oportunidad de que una mujer para la que en ese momento estaba trabajando, me enseñara una perspectiva del trabajo con caballos y de la hípica de competición que podía cambiar mi vida, como de hecho, así sucedió.

Llegó el Sunshine Tour y todo salió a las mil maravillas. Los caballos los compitió el hijo mayor de la que entonces era mi jefa y hoy amiga, jinete profesional en Alemania, y la experiencia fue, al menos para mí, imborrable. Después vinieron otros concursos en los que ella era quien montaba sus caballos y siempre terminábamos con buen sabor de boca porque la idea no era ganar, sino hacer buena Equitación, y a cuidar el caballo por encima de todo. Claro que a veces, este enfoque tenía su premio y hubo primeros puestos, por qué no decirlo.




Con su "obra de arte". Un caballo que compró en Francia de potro con 3 años. Es el caballo más delicado del mundo: traga aire, con cualquier cambio la flora intestinal se le va al garete, es querencioso a más no poder...pero con doce años aquel potro flacucho y por el que nadie apostaba se había convertido en un caballo con un nivel de forma descomunal.  Siempre pegada a su "Totó" como lo llama cariñosamente, siempre dispuesta a darle lo mejor, consiguió hacer de aquel potro un caballo de deporte de alta competición en toda regla. Una labor de años que muy pocos están dispuestos a asumir y que menos aun saben hacer. "Los caballos, son como lienzos", dice ella, "los coges en blanco, y has de ir completándolos poco a poco..."


En esos días de convivencia pude darme cuenta de que esa mujer de apariencia menuda y frágil tiene una cicatriz que le cruza media espalda tras una operación por una caída de un caballo. Los médicos le dijeron que no volviera a montar y del hospital salió directa a la cuadra…También tiene un dedo de una mano al que le falta la mitad porque una yegua con bastantes problemas a la que estaba “domesticando” se lo arrancó de un mordisco…y delante de mi vi como un Kwpn de 1,82 y 700 kilos de músculo le daba una patada y la lanzaba varios metros. Pudo ponerse la mano para protegerse el estómago y con la mano ensangrentada sin ni siquiera dar un grito solo me dijo: “creo que me la ha roto, llévame a urgencias”. Y ni en el coche ni en el rato que esperábamos a que la atendieran, la escuché protestar, cuando por cosas mucho menores he visto a tíos gritando a los cuatro vientos. Cuando íbamos de vuelta en el coche y con la mano ya vendada y curada, le pregunté cómo era posible que no hubiera chillado ni una sola vez y me dijo tan panchamente:

-         " Parir sí que duele, esto no es nada". 

       Porque efectivamente, es madre de dos hijos.

La he visto salir al campo montada en un caballo de 600 kilos al que se le cruzaban los cables y que le daba por chocarse con una pared o botarse como un loco. En todas esas escenas nunca la vi perder los papeles ni mostrar miedo…sinceramente no se cómo puede hacerlo. No solo lo sacaba al campo sino que lo sacó varias veces a concursar, a pesar de todos sus resabios, como podéis ver justo en esta foto de abajo. Os confieso que las pocas veces que monté ese caballo lo hice siempre "jiñao", pero ella se lo llevaba de concurso y lo sacaba por el campo y por donde hiciera falta.





A nivel puramente de entrenamiento aprendí que un caballo de salto puede estar mucho más domado que muchos de doma, tanto técnicamente, como en el mundo real de las salidas al campo. Nunca antes había visto hacer laboratorios de salto en los que el caballo va de un obstáculo al otro haciendo apoyos al galope...increíble. Trancos medidos y pausados, apoyando tanto a una mano como a la otra con toda la suavidad del mundo y llegando al salto cómodo y a volar. Y por supuesto, obligatorio salir al campo con los caballos de dos a tres veces por semana, lloviera, hiciera un sol infernal o un vendaval. Nunca la ví achicarse por un fenómeno meteorólógico, por más desagradable que fuera. Si ese día tocaba salir al campo a galopar, salíamos a galopar y punto, hubiera lluvia apocalíptica o vientos de levante y temporal.

También aprendí que los caballos no solo pueden adaptarse perfectamente a viajar con frecuencia, a cambiar de hábitat continuamente sino que además, pueden encontrarse muy a gusto en competición, y crecerse en ella e ir a más. Cuando ves que un caballo con el que convives, va a más en cada concurso y sale a pista con la clara intención de volar sobre los saltos, te das cuenta de lo importante que es cuidar al caballo más aun para devolverle el favor que él te da con su entrega. Y aprendí que ellos te lo agradecen yendo a más en el siguiente concurso. Y entonces es cuando se produce una sinergia en la que tú cuidas al caballo y él te da a tí más aun de lo que esperas de él.

Pude ver que los caballos si los tratas de este modo, no tienen límites. Nada que ver con lo que hasta ahora me había encontrado: caballos a los que se les exigía cada vez más sin darle nada a cambio, y que por eso, machacados y explotados, iban de mano en mano y se vendían por mucho menos de lo que habían costado. Pero a mi una mujer me enseñó a que se puede conseguir la mejor versión de un caballo compitiendo y entrenando y respetando al caballo e involucrarlo en el proyecto. Esa es una de las grandes enseñanzas que me llevo: lo bien que sabe hacer que los caballos se sientan motivados con su trabajo. Hasta diría que parecían sentirse realizados. 

En definitiva, os podría contar muchas más cosas que he aprendido gracias a una mujer, pero entonces esto más que un artículo, sería un tratado. 

Creo que el hecho de que un hombre admire la fortaleza y la destreza de una mujer no es signo de debilidad sino de todo lo contrario. Y de hecho, creo que debemos vanagloriarnos de que en la hípica cada vez hay más mujeres presentes en todos sus ámbitos.  

Con este artículo pretendo por un lado rendir homenaje a esta mujer de caballos que tanto me ha enseñado, y que probablemente se enfadará al ver esto publicado porque nunca quiere aparecer de un modo público. Es por eso que no pongo su nombre. Le he dicho miles de veces que debería estar dando clinics y ofreciendo formación porque lo hace mil veces mejor que la mayoría de profesionales que conozco. Pero ella dice que no, que solo quiere estar con los caballos. 

Con este artículo pretendo también pedir perdón por lo cenutrio que fui en su día al pensar que eso del machismo no es para tanto, porque el que calla otorga y yo, en mi ignorancia, callé, sin darme cuenta de que mirar para otro lado te hace cómplice.

Y por último, con este artículo quiero congratularme por la cada vez mayor presencia femenina en la hípica. Es lo mejor que nos puede haber pasado. A día de hoy, ver fórmula 1 o tenis me resulta aburrido, pues no hay mujeres y hombres compitiendo en igualdad de condiciones y en las mismas categorías. También cada vez son más las veterinarias, mozas, etc. 

Para cerrar el artículo os dejo con algunas imágenes de los momentos vividos en este periodo de aprendizaje y que certifican lo que os cuento con palabras. 

Entrenando con uno de los caballos más tozudos que he visto en mi vida. Me di cuenta de que si a una mujer se le mete algo entre ceja y ceja, no hay caballo tozudo que se resista. Lo más sorprendente es que aquel caballo que solo quería rehusar delante del salto, empezó a disfrutar con cada salto y no hacía más que crecerse. Ese día subimos los palos bastante...

Abajo, varias imágenes de concurso 












Un clásico en todos los concursos: ducha y a buscar un sitio para que los caballos se revuelquen. Todos nos miraban con cara rara, pero la prioridad siempre estaba clara: caballo revuelto=caballo estirado=caballo sano y feliz.


 Nunca íbamos a ganar...pero a veces caía el primer puesto. Este en concreto en una prueba con más de 60 inscritos y caballos de mucho mayor presupuesto y más experiencia. El segundo clasificado quedó a 10 segundos...Poderosa lección de Equitación la que aprendí ese fin de semana.






4 comentarios:

  1. Eres valiente por escribir así, el machismo está generado por el miedo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias. La de años que he tardado yo en darme cuenta de esto...esperemos que las próximas generaciones lo tengan claro desde el primer momento.

      Eliminar
  2. Gran artículo. Grandes palabras. Grandes sentimientos. Eres una gran persona.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias. No se si tanto, pero al menos intento constatar la realidad lo más fielmente posible.

      Eliminar