domingo, 25 de noviembre de 2018

Hípica,machismo y el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer


Ayer fue 25 de Noviembre. Y eso significa dos hitos importantes en mi vida. Uno, que es mi cumpleaños. Y otro, bastante más significativo: es el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Quizás os sorprendan estos datos con los que abro este artículo, pues en este caso no voy a hablar puramente de Entrenamiento Equino, como suelo hacer…o quizás sí, aunque no del modo habitual.


Rosalind Canter. Uno de mis grandes referentes actuales por su tesón, simpatía y buen hacer hípico.


Hasta hace unos 10 años más o menos, yo era uno de esos hombres simplones que apenas creía que la vida es algo más que coincidencias y por otro, era de esos tíos idiotas que creía que eso de la violencia machista era algo que pasaba solo en casos aislados de clases con pocos recursos.

Hasta que la vida me puso en mi sitio. De repente, me estalló en mi cara un caso de violencia machista extremo en el que no me quedó más remedio que intervenir. Y ahí me di cuenta de que no solo el problema existía y de que afectaba a muchas más mujeres de las que podamos imaginar, sino que pude ver como algunos hombres son auténticos seres despreciables y cobardes, y lo que es peor, hay otros de su misma calaña que están dispuestos a encubrirles. Basura humana masculina en toda regla que nunca imaginé podría existir a escasos centímetros de mi persona.

Desde entonces, mi  visión sobre este problema cambió radicalmente, y empecé a darme cuenta de la alarmante cantidad de micromachismos ( o sin el micro delante) que nos inundan sin que nos demos cuenta: el chiste fácil de la tía con poco cerebro, el prejuicio clásico hacia la mujer que ha tenido varios novios, pero que si es al revés, el tío es un todo un crack por haber estado con muchas mujeres, y toda esta porquería machista con la que aún hay una cierta parte de la sociedad en la que se regodea.


Ingrid Klimke. Me encantan sus libros y su concepto de entrenamiento.

Bien, pero esta es una página web sobre caballos, ¿qué tiene que ver todo esto con el entrenamiento equino? Mucho.

Como os decía anteriormente, ahora no creo en las simples casualidades y quizás el hecho de que mi cumpleaños sea el mismo día que se celebra el Día Internacional de la Eliminación de Violencia contra la mujer, después de lo que viví en mis carnes hace unos años, me lleva a querer aprovechar mi plataforma de comunicación para hablar de algo que creo de lo que en la hípica podemos ir vanagloriándonos, y es del papel preponderante de la mujer, aunque  yo concretamente quiero hablaros de un caso concreto que a mí me demuestra que eso que nos decían del “sexo débil” es una estupidez y una falacia, aunque ya sé por qué nos lo decían: es por el miedo. Miedo porque no hay nada que una mujer no pueda hacer por más que le duela a un hombre. Y en la hípica, en la que se supone que ciertas cosas son más patrimonio de los hombres por la supuesta necesidad de fuerza, yo puedo afirmar que hay mujeres que lo hacen mucho mejor que los hombres. Y os voy a contar de primera mano la suerte que he tenido yo de conocer un caso así, y que a día de hoy me inspira en mi trabajo diario. Y lo cuento porque creo que es necesario que seamos precisamente los hombres quienes más nos concienciemos de esto. Yo hablo desde mi campo, el hípico, pero estoy seguro que hay ejemplos extrapolables en todas las parcelas de la vida.

Ya sabéis que a menudo os hablo de mis referentes hípicos, que suelen ser en su mayoría, mujeres. Algunas de ellas además, son madres, y alucino cómo llevan el dedicarse a la competición y el criar a sus hijos, como si el oficio ecuestre no implicara suficiente trabajo.


Jonelle Price, ganadora del último Badminton. Pude conocer a Jonelle y su marido (también jinete) y comprobé como funcionan como un verdadero equipo de iguales.

Pero  tengo la suerte de tener referentes, a los que prácticamente considero ídolos a los que admirar, a los que no solo conozco personalmente, sino que mantengo una estrecha relación con ellos. Personas que no solo me han hecho crecer como jinete y en mi camino de preparación de caballos, sino que han aportado a mi vida una riqueza y una perspectiva por las que les estaré eternamente agradecido.

Sí, gracias a los caballos, he conocido y sigo conociendo a personas maravillosas. De esas que se dan una entre un millón. De mi maestro, el archiconocido Cura, os he hablado decenas de veces. Para muchos de sus alumnos no es solo nuestro gran maestro, sino nuestro padre hípico, al que acudimos para contarle nuestros éxitos ecuestres, y en cuyo hombro buscamos refugio cuando las dudas hípicas nos asolan. Pero hoy quiero hablaros de alguien que también centrifugó mi vida ecuestre, y en efecto, es una mujer. O bueno, debería decir MUJER, con mayúsculas.

Hace ahora precisamente un par de años, un amigo me habló de una amiga suya que se iba a instalar en Andalucía con sus caballos.  Venía con cuatro caballos y su intención era hacer el Sunshine Tour e iba a necesitar ayuda con el trabajo diario de los caballos, para el circuito, etc. Este amigo nos presentó y en poco tiempo cerramos los términos de nuestro acuerdo.

En pocos días me di cuenta de que por fin no tendría que salir cabizbajo por trabajar para otro propietario que no tiene en cuenta las necesidades básicas de sus caballos, sino que al fin, el cielo me compensaba y trabajaba con alguien que no es que se esforzara por darle a sus caballos el mejor heno, el mejor pienso, el mejor entrenamiento y el mejor manejo, sino que sabía lo importante que era dedicar tiempo al calentamiento y al enfriamiento, sacar los caballos a hacer pulmón por el campo, etc, etc.

Yo alucinaba. Por fin podía dedicarme única y exclusivamente a lo que más me gusta y lo que mejor se me da: poner en forma un caballo combinando trabajo a la cuerda y montado. No solo me daba carta blanca sino que me invitaba a profundizar y a que fuera más allá. En aquellos días yo iba casi levitando: tenía unos supercaballos a los que trabajar, bien alimentados, bien manejados, con material y equipamiento de primer nivel y encima una propietaria que además de confiar en mí, se involucraba activamente en todo el quehacer de sus caballos.

¿Pero sabéis qué? Que en poco tiempo, fui yo el que empecé a darme cuenta que aquello iba a suponer una experiencia de aprendizaje enorme. Yo me entregaba en el trabajo diario de aquellos caballos y ponía lo mejor de mi parte, pero poco a poco, la que por entonces era “mi jefa” me empezaba a decir: “¿Por qué no pruebas a hacer tal cosa? Seguro que te funciona mejor”.
Y efectivamente, así era. Todo lo que yo hacía se vio implementado por sus consejos y hubo un momento en el que llegué a sentirme un verdadero ignorante. Pero lejos de empequeñecerme, asumí mi rol y sobre todo supe que tenía la oportunidad de que una mujer para la que en ese momento estaba trabajando, me enseñara una perspectiva del trabajo con caballos y de la hípica de competición que podía cambiar mi vida, como de hecho, así sucedió.

Llegó el Sunshine Tour y todo salió a las mil maravillas. Los caballos los compitió el hijo mayor de la que entonces era mi jefa y hoy amiga, jinete profesional en Alemania, y la experiencia fue, al menos para mí, imborrable. Después vinieron otros concursos en los que ella era quien montaba sus caballos y siempre terminábamos con buen sabor de boca porque la idea no era ganar, sino hacer buena Equitación, y a cuidar el caballo por encima de todo. Claro que a veces, este enfoque tenía su premio y hubo primeros puestos, por qué no decirlo.




Con su "obra de arte". Un caballo que compró en Francia de potro con 3 años. Es el caballo más delicado del mundo: traga aire, con cualquier cambio la flora intestinal se le va al garete, es querencioso a más no poder...pero con doce años aquel potro flacucho y por el que nadie apostaba se había convertido en un caballo con un nivel de forma descomunal.  Siempre pegada a su "Totó" como lo llama cariñosamente, siempre dispuesta a darle lo mejor, consiguió hacer de aquel potro un caballo de deporte de alta competición en toda regla. Una labor de años que muy pocos están dispuestos a asumir y que menos aun saben hacer. "Los caballos, son como lienzos", dice ella, "los coges en blanco, y has de ir completándolos poco a poco..."


En esos días de convivencia pude darme cuenta de que esa mujer de apariencia menuda y frágil tiene una cicatriz que le cruza media espalda tras una operación por una caída de un caballo. Los médicos le dijeron que no volviera a montar y del hospital salió directa a la cuadra…También tiene un dedo de una mano al que le falta la mitad porque una yegua con bastantes problemas a la que estaba “domesticando” se lo arrancó de un mordisco…y delante de mi vi como un Kwpn de 1,82 y 700 kilos de músculo le daba una patada y la lanzaba varios metros. Pudo ponerse la mano para protegerse el estómago y con la mano ensangrentada sin ni siquiera dar un grito solo me dijo: “creo que me la ha roto, llévame a urgencias”. Y ni en el coche ni en el rato que esperábamos a que la atendieran, la escuché protestar, cuando por cosas mucho menores he visto a tíos gritando a los cuatro vientos. Cuando íbamos de vuelta en el coche y con la mano ya vendada y curada, le pregunté cómo era posible que no hubiera chillado ni una sola vez y me dijo tan panchamente:

-         " Parir sí que duele, esto no es nada". 

       Porque efectivamente, es madre de dos hijos.

La he visto salir al campo montada en un caballo de 600 kilos al que se le cruzaban los cables y que le daba por chocarse con una pared o botarse como un loco. En todas esas escenas nunca la vi perder los papeles ni mostrar miedo…sinceramente no se cómo puede hacerlo. No solo lo sacaba al campo sino que lo sacó varias veces a concursar, a pesar de todos sus resabios, como podéis ver justo en esta foto de abajo. Os confieso que las pocas veces que monté ese caballo lo hice siempre "jiñao", pero ella se lo llevaba de concurso y lo sacaba por el campo y por donde hiciera falta.





A nivel puramente de entrenamiento aprendí que un caballo de salto puede estar mucho más domado que muchos de doma, tanto técnicamente, como en el mundo real de las salidas al campo. Nunca antes había visto hacer laboratorios de salto en los que el caballo va de un obstáculo al otro haciendo apoyos al galope...increíble. Trancos medidos y pausados, apoyando tanto a una mano como a la otra con toda la suavidad del mundo y llegando al salto cómodo y a volar. Y por supuesto, obligatorio salir al campo con los caballos de dos a tres veces por semana, lloviera, hiciera un sol infernal o un vendaval. Nunca la ví achicarse por un fenómeno meteorólógico, por más desagradable que fuera. Si ese día tocaba salir al campo a galopar, salíamos a galopar y punto, hubiera lluvia apocalíptica o vientos de levante y temporal.

También aprendí que los caballos no solo pueden adaptarse perfectamente a viajar con frecuencia, a cambiar de hábitat continuamente sino que además, pueden encontrarse muy a gusto en competición, y crecerse en ella e ir a más. Cuando ves que un caballo con el que convives, va a más en cada concurso y sale a pista con la clara intención de volar sobre los saltos, te das cuenta de lo importante que es cuidar al caballo más aun para devolverle el favor que él te da con su entrega. Y aprendí que ellos te lo agradecen yendo a más en el siguiente concurso. Y entonces es cuando se produce una sinergia en la que tú cuidas al caballo y él te da a tí más aun de lo que esperas de él.

Pude ver que los caballos si los tratas de este modo, no tienen límites. Nada que ver con lo que hasta ahora me había encontrado: caballos a los que se les exigía cada vez más sin darle nada a cambio, y que por eso, machacados y explotados, iban de mano en mano y se vendían por mucho menos de lo que habían costado. Pero a mi una mujer me enseñó a que se puede conseguir la mejor versión de un caballo compitiendo y entrenando y respetando al caballo e involucrarlo en el proyecto. Esa es una de las grandes enseñanzas que me llevo: lo bien que sabe hacer que los caballos se sientan motivados con su trabajo. Hasta diría que parecían sentirse realizados. 

En definitiva, os podría contar muchas más cosas que he aprendido gracias a una mujer, pero entonces esto más que un artículo, sería un tratado. 

Creo que el hecho de que un hombre admire la fortaleza y la destreza de una mujer no es signo de debilidad sino de todo lo contrario. Y de hecho, creo que debemos vanagloriarnos de que en la hípica cada vez hay más mujeres presentes en todos sus ámbitos.  

Con este artículo pretendo por un lado rendir homenaje a esta mujer de caballos que tanto me ha enseñado, y que probablemente se enfadará al ver esto publicado porque nunca quiere aparecer de un modo público. Es por eso que no pongo su nombre. Le he dicho miles de veces que debería estar dando clinics y ofreciendo formación porque lo hace mil veces mejor que la mayoría de profesionales que conozco. Pero ella dice que no, que solo quiere estar con los caballos. 

Con este artículo pretendo también pedir perdón por lo cenutrio que fui en su día al pensar que eso del machismo no es para tanto, porque el que calla otorga y yo, en mi ignorancia, callé, sin darme cuenta de que mirar para otro lado te hace cómplice.

Y por último, con este artículo quiero congratularme por la cada vez mayor presencia femenina en la hípica. Es lo mejor que nos puede haber pasado. A día de hoy, ver fórmula 1 o tenis me resulta aburrido, pues no hay mujeres y hombres compitiendo en igualdad de condiciones y en las mismas categorías. También cada vez son más las veterinarias, mozas, etc. 

Para cerrar el artículo os dejo con algunas imágenes de los momentos vividos en este periodo de aprendizaje y que certifican lo que os cuento con palabras. 

Entrenando con uno de los caballos más tozudos que he visto en mi vida. Me di cuenta de que si a una mujer se le mete algo entre ceja y ceja, no hay caballo tozudo que se resista. Lo más sorprendente es que aquel caballo que solo quería rehusar delante del salto, empezó a disfrutar con cada salto y no hacía más que crecerse. Ese día subimos los palos bastante...

Abajo, varias imágenes de concurso 












Un clásico en todos los concursos: ducha y a buscar un sitio para que los caballos se revuelquen. Todos nos miraban con cara rara, pero la prioridad siempre estaba clara: caballo revuelto=caballo estirado=caballo sano y feliz.


 Nunca íbamos a ganar...pero a veces caía el primer puesto. Este en concreto en una prueba con más de 60 inscritos y caballos de mucho mayor presupuesto y más experiencia. El segundo clasificado quedó a 10 segundos...Poderosa lección de Equitación la que aprendí ese fin de semana.






miércoles, 21 de noviembre de 2018

Falsos mitos ecuestres: el caballo joven y el ahora o nunca


Uno de los mitos/tradiciones que más salud equina se ha llevado por delante es el de que los caballos han de empezar a montarse muy jóvenes, ya que de lo contrario, “será tarde”.

Sabéis que yo defiendo el deporte hípico, pero de un modo coherente con su salud y su bienestar. Estar en esta postura intermedia no está bien visto por el sector perroflaútico equino que considera maltrato desde dar una simple Ivermectina hasta poner un filete, pero también, le toca las narices a esa parte del sector hípico profesional que basa su economía en romper y machacar caballos. El primer bando sustenta sus argumentos en el manido rollo de “lo natural” y el segundo en el de “esto es así y punto”.

Foto  © Gillian Higgins & Horses Inside Out


Vamos nosotros – los que estamos en medio -  entonces a echar mano, una vez más, de CASOS REALES y que prueban que este camino intermedio es posible y que caballo y humano pueden caminar juntos de un modo en el que ambos puedan coexistir sin que el caballo sea el que salga perdiendo y llevar la esencia de la domesticación a los tiempos actuales, que por más que estemos en el 2018 y hagamos deporte con nuestros caballos, la domesticación en esencia es lo que ha sido siempre: “Yo-humano te cuido y tú-caballo me ayudas en mis propósitos”. 

Como digo, a los pobres caballos siempre les ha acuciado la falsa creencia de que si no son empezados a montar jóvenes, ya será imposible poder hacerlo en el futuro puesto que se convertirán en una especie de ser diabólico ingobernable física y mentalmente. Eso ha llevado a que los caballos, en su mayoría, hasta hace poco, empezaran a ser montados con 30 meses, la friolera cifra de dos años y medio. A esa edad, a pesar de que puedan estar grandes y musculados, SU ESQUELETO ESTÁ AÚN MUY LEJOS DE MADURAR.

Yo, por ejemplo, a mi yegua, no le puse mis posaderas encima hasta que tuvo bien entrados los 5 años. Eso sí, llevábamos trabajando Pie a Tierra desde mucho tiempo antes.  Y si bien ya es cada vez menos común la práctica de montar caballos con dos años y medio, aun se sigue creyendo por buena parte del ámbito profesional que el caballo debe empezar a ser montado muy joven, puesto que si no, será complicado hacer de él un caballo obediente, flexible, etc. Y en realidad, es justo lo contrario, y mientras más esperemos para subirnos, mejor, puesto que estaremos dejando que el cuerpo del caballo vaya madurando y fortaleciéndose de un modo natural. Siempre y cuando, viva en libertad y tenga además una buena alimentación, claro.

Justo debajo de este párrafo, veis a César Mañanes, del Centro Ecuestre Los Rosales de San Cristóbal. Conocí a César hace unos tres años y es desde luego uno de los jinetes nacionales que para mí indudablemente más mérito tiene. Me gustan los jinetes que ponen tanto tesón como ilusión y a César en esto no hay quien le gane. Prueba de ello es que es el único jinete español que actualmente se atreve a competir en salto, en pruebas importantes con un PRE, su inseparable Vilorto Damasco.

 César Mañanes y Épica, yegua empezada a domar con casi 7 años

Hace un par de años, más o menos por estas fechas, estaba yo trabajando los caballos de Yeguada Arenas de Adriano, y César vino un día con El Cura, nuestro maestro, pues estaba buscando un caballo o yegua para competir en completo. Vimos todos los potros y potras de las distintas edades, de los que por encima de todo, destaco en el recuerdo su buen carácter y sus ganas de agradar siempre.  Pero curiosamente – aunque yo ya me lo olía – se fijaron en una yegua que en ese momento ya estaba más cerca de los 7 años que de los 6. La única doma de la yegua consistía en ponerle la cabezada de cuadra e ir del ramal. Lo único que había hecho en su vida era vivir en el campo. La yegua, de nombre Épica, se marchó con César, y cómo podéis ver en las fotos, está rindiendo perfectamente en competición, y con respecto a su carácter, la yegua siempre ha mostrado sus ganas de colaborar. En el cuadro de abajo podéis ver la fecha de nacimiento de la yegua.



Os podría poner más ejemplos, algunos de incluso caballos que se empezaron a domar con más años y que rindieron perfectamente en competición. Precisamente, nuestro maestro, El Cura, repitió este proceso varias veces a lo largo de su vida deportiva, y en una ocasión, según me contó, incluso con una yegua de 11 años.

Para mí, la Equitación y los dogmas son totalmente incompatibles. Creo que la Hípica combina mucho mejor con la mente abierta y con estudios contrastados, como en este caso, ya que sabemos hoy sobradamente que la maduración del sistema músculo-esquelético del caballo es muy posterior a los tres años, y que además, no hay criterio etológico alguno al afirmar, que el caballo se vuelve indomable si no se le doma joven.

En breve seguiremos rompiendo otros dogmas y mitos falsos de la hípica…aunque hay tantos, que no sé por dónde empezar. ¿Alguna sugerencia?

¿Te interesa saber cómo Conseguir que un potro se convierta en un caballo sano?: Este artículo te puede dar algunas claves: http://www.tomasmateo.com/2016/11/como-conseguir-que-un-potro-se.html


La alimentación adecuada es fundamental para el fortalecimiento del sistema músculo-esquelético de tu caballo. Comprueba en la nueva web de St Hippolyt cuál es el pienso que mejor se adapta a las necesidades de tu caballo:  https://www.st-hippolyt.es/

lunes, 12 de noviembre de 2018

PODCAST: Claves para montar mejor y pautas para dar frutas a los caballos

En el episodio número 5 del Podcast os lanzo una pregunta clara: ¿Queréis montar mejor? ¿Quizás os bajáis con cansancio o con rigidez de vuestro caballo? ¿Hace tiempo que quizás notáis que ya no disfrutáis montando? Pues espero que con un sencillo truco que os explico en el podcast, podáis reencontraros con una Equitación no solo más estable sino en la que podáis disfrutar más y que también sea más agradable para vuestro caballo.

También hablaremos sobre las frutas que pueden comer los caballos y en qué cantidades, algo sobre lo que parece que hay dudas según veo por las consultas que me han llegado en relación a esta materia.

Aunque antes de entrar en materia, justo al principio del Podcast, os dejo con una sorpresa algo peliculera...

¡Espero que te guste!


miércoles, 7 de noviembre de 2018

La redonditis, el peligroso virus que te obliga a llevar el caballo redondo


“Hay que llevar el caballo redondo”

“ponlo redondo que si no, no vale”

“¡Oblígalo a que se ponga redondo!”





Son frases que se oyen sin cesar por las hípicas de toda España. La redonditis es un auténtico virus que se extiende por todas las hípicas y clubes de este país y que una vez contagia a la persona, esta se obsesiona hasta la locura con la idea de que su caballo vaya “redondo” en todo momento, y es su caballo precisamente el que más duramente padece las secuelas de este virus, ya que su propietario no dudará en echar mano del rendaje o lo que sea para que su caballo esté redondo continuamente, sea trabajando a la cuerda o montados.

Ante la fiereza de la plaga, me pregunto: ¿Por qué la repiten sin cesar profesores y jinetes especialmente del ámbito domero? Y lo que más me preocupa, ¿Por qué esa obsesión en inculcar a sus alumnos la idea del caballo redondo? ¿Y hasta cuándo van a seguir obsesionados con “poner” a sus caballos redondos? ¿Hasta que de verdad parezcan circunferencias? Y el colmo, y que lleva a destrozar (sí, has leído bien y no exagero, destrozar) a no pocos caballos, es el uso de rendajes auxiliares (gogues, chambones, elásticos, etc.) para obligar al caballo a través de dolor en la boca, a colocarse “redondo”.

Lo primero que debemos tener en cuenta es que EL IR REDONDO ES UNA CONSECUENCIA, es decir, una postura que el caballo podrá adoptar libremente y siendo estimulado, que no forzado, cuando su cuerpo se lo permita a través del entrenamiento correcto a lo largo de un determinado tiempo. NO ES ALGO QUE PUEDA CONSEGUIRSE A BASE DE FUERZA O RENDAJES Y DE UN MODO INSTANTÁNEO, es decir, el caballo ha de ser capaz de colocarse en esa supuesta redondez como resultado de un entrenamiento y una preparación, pero si se le coloca a base de obligarlo con presiones en la boca, de nada servirá, excepto para dejarlo detrás de la mano como mínimo y con el tiempo, le provocaremos consecuencias desastrosas en su cuello, dorso, etc.

Cuando pregunto a estos jinetes por qué quieren llevar a su caballo redondo, escucho respuestas como:
-          "No se…mi profesor siempre dice que es como tiene que ir el caballo"
-          "Es para hacer el dorso… ¿no?"
-         " Bueno, es que van más guapos"
-          "Es como tienen que ir"

Etc, etc. Todos grandes argumentos de peso (entiéndase la ironía). Efectivamente, trabajar un caballo en cierta postura le beneficiara, pero lo que suelo ver por ahí y que la gente tiene como redondo, no es ni mucho menos, una postura optima, y más si se hace con gogues, gomas, alemanas y el amarre o rendaje de turno. Ante estas respuestas tan dudosas, siempre les contesto yo con:

-          ¿Y no te dice tu profe también que es igual de importante (o más) salir al campo con el caballo y darle sesiones de paso con el cuello bien estirado? ¿y de galopar en cuesta nada?
-          ¿Sabes que saltar o un buen trabajo pie a tierra puede ser mucho más beneficioso que el llevar al caballo redondo de principio a fin.
-        Etc, etc

 EN LUGAR DE BUSCAR LA REDONDEZ CONTINUA, ES MUCHO MÁS BENEFICIOSO ENTRENAR LOS CABALLOS FUERA DE LA PISTA, PERMITIRLES POSTURAS MUCHO MÁS ÓPTIMAS, SUBIR CUESTAS Y COMBINAR DIFERENTES EJERCICIOS. 

Este mundo domeril siempre tiene frases icónicas que sus adeptos repiten sin cesar, pero que ni ellos mismos saben por qué…las oyen a sus referentes y las repiten, y sus referentes tampoco es que se paren mucho a examinar argumentos biomecánicos que las sustenten. Podríamos repasar los grandes hits del panorama domeril y con los que nos machacaron durante décadas, aunque me temo que estos preceptos tan carentes de fundamento se han hecho populares en casi todas las disciplinas hípicas y en las de puramente ocio. Algunos de estos "greatest hits" son:

“Pasar por el dorso” (aun no he conseguido que nadie me explique bien este concepto)

“Talones abajo” (nada recomendable para un buen asiento)

“Las manos siempre bajas” (las manos hay que adaptarlas a cada caballo y situación)

“Las manos nunca deben pasar al otro lado de la cruz” (muy bonito, pero carente de fundamento si queremos hacer un uso correcto de la rienda exterior)

“Hay que incurvar de verdad al caballo” (algo fisiológicamente imposible)

“Hay que sentir las caderas del caballo” (tan difícil de entender como lo de pasar por el dorso)

Etc. etc.
.
Todas estas aseveraciones repetidas hasta la saciedad, fácilmente desmontables no ya por un mínimo de Equitación lógica, sino por leyes físicas que rigen el mundo conocido, y que aunque a muchos cueste creerlo, esas leyes también afectan al caballo y al que lleve encima, por más que se empeñe en ignorarlas. La cuestión es que muchas de estas frases se vienen oyendo durante décadas, se repiten sin cesar de profesores a alumnos y han ido degenerando con el tiempo y sin que como digo, la mayoría de los que las proclaman, no saben muy bien de que están hablando.

EL TRABAJO A LA CUERDA BIEN REALIZADO Y MANTENIDO EN EL TIEMPO ES UNO DE LOS MODOS MÁS SANOS Y EFICACES DE PREPARAR AL CABALLO PARA QUE ADQUIERA LAS POSTURAS QUE MÁS LE BENEFICIAN


Pero ahondando en la cuestión del “redondismo”. La idea de base, es cierto que a priori es buena: se trata de colocar al caballo en una posición que no solo sea bella sino que le muscule de un modo adecuado. Ahora bien, yo me pregunto:

1 ¿Esto ha de hacerse todo el tiempo que trabajamos al caballo?

CLARAMENTE NO. Por la misma razón que ningún deportista entrena en la misma postura todo el tiempo. En cambio, estamos hartos de ver caballos que desde que se monta el jinete hasta que se baja, está forzado a ir encogido, más que redondo incluso. Insisto, en muchos casos forzando con el rendaje de turno o con riendas de atar porque igual vale para el trabajo a la cuerda.

El remate viene con los caballos de clase o aquellos que en definitiva se montan con las dichosas “gomas” en la boca. La excusa de siempre: se usan para que vaya redondo. ¿Y si se las quitamos y no va redondo?. Pues entonces es que algo pasa, y no bueno precisamente. El caballo que no se pone “redondo” sin cachivaches es que:

1_ O bien el jinete no sabe como pedir dicha postura
2_O bien el caballo no puede, no está preparado, tiene lesión de dorso o de cualquier otro sitio
3_Y lo más común: se unen ambas causas


2 ¿Con tal de poner al caballo redondo todo vale?

POR SUPUESTO QUE NO. Como hemos dicho, el ponerse redondo debe ser una consecuencia que se produzca con el paso del tiempo y debido a un entrenamiento coherente, no a base de colocar al caballo forzándolo. Si el caballo está debidamente preparado, se colocará redondo con apenas una leve indicación de nuestros dedos y la ayuda de las piernas. Pero sin forzarlo en ningún momento, es algo que él hará de buena gana y empleando su cuerpo de verdad en el ejercicio.

Se confunde el encoger el cuello de cualquier manera, con el verdadero “redondeo” del cuerpo, es decir una colocación óptima de la línea superiorEl cuello es consecuencia de lo que sucede con los pies. Si los pies van cómo deben, sea al aire que sea, el cuello y la cabeza del caballo se colocan de un modo óptimo. Por lo tanto, no se trata de encoger y mucho menos de poner cacharros en la boca, sino de poner en orden y en funcionamiento todo el cuerpo del caballo. Pero para eso, se requieren dos cosas:


-          Saber hacerlo sin trastos en la boca ni rendajes (pocos jinetes saben como hacerlo o lo que es peor, no tienen la paciencia para conseguirlo sin chismes a la boca)

-          Ayudarse de estímulos como cuestas, saltos, etc.


3 ¿Ir redondo debe ser un fin en sí mismo y el cual hay que perseguir a toda costa y que obligue al caballo o por el contrario debe ser la consecuencia de un trabajo progresivo y dilatado en el tiempo y que así consiga que el caballo adopte la postura por sí mismo?

CLARAMENTE debemos decantarnos por la SEGUNDA OPCIÓN. ¿Motivos? Tu caballo se fortalecerá con el entrenamiento en lugar de deteriorarse, estará motivado con su trabajo y cada vez querrá involucrarse más en todo lo que hagáis juntos.


¿Te gustaría conseguir esto último del modo más sano? El Trabajo a la cuerda bien realizado es el mejor método de conseguir un caballo fuerte pero además tiene otros muchos beneficios, y en el curso online que he preparado y que iniciamos el 19 de noviembre podrás aprender cómo:

_Poner el dorso de tu caballo fuerte de verdad

_Hacer que tu caballo esté más ágil y coordinado

_Cuáles son los rendajes más adecuados para tu caballo y cómo y cuándo usarlos

_Planificar entrenamientos coherentes y que te permitan que tu caballo esté motivado con su trabajo

Y otras muchas cosas. Son 8 lecciones con cantidad de material que he preparado exhaustivamente para este curso, y que estoy tan seguro que va a transformar el modo que tienes de trabajar tu caballo, que si no quedas content@ con el conocimiento aportado, TE DEVUELVO LOS 75 € del coste del curso. ¿Te interesa saber más de este curso único en España? Haz click aquí o en la imagen de abajo.




lunes, 5 de noviembre de 2018

Claves para ganar masa muscular en un caballo

Cuando pasas tantas horas junto a los caballos, es difícil apreciar sus ganancias musculares y otros aspectos que buscamos en su evolución para poder valorar a nivel externo. A veces las fotos nos ayudan, pero hay otros detalles que son rotundos, en este caso, una simple manta de caballo.


Atómico llegó el pasado mayo, y aunque ya era primavera, las noches eran frescas, por lo que al ser un caballo que venía de pasar los últimos años en box, le ponía una manta para pasar las primeras noches hasta que ya el tiempo se fue tornando más cálido.
El problema era que Atómico es pequeñín y todas las mantas que tengo son de caballos bastante más grandes, y las más pequeñas, las de mi yegua, que si bien no es una yegua grande, pero al estar muy musculada, son mantas de una talla más de la que le corresponde por medida de largo.
A Atómico, le ponía las mantas más pequeñas de mi yegua y aun así, le sobraba manta por todos lados. Bien, pues ahora, esas mismas mantas en las que cabían dos Atómicos, ahora le quedan prácticamente como un guante. Y esto sirve para comprobar, mejor que ninguna foto, que el caballo ha ganado bastante peso, y por supuesto, del que nos interesa, es decir, del muscular, porque no tiene ni un solo "átomo" de grasa.
¿Las claves? Sencillo: buen pienso (en mi caso, St Hyppolit), que no le falte el forraje, buen entrenamiento, revisión veterinaria quiropracta, estiramientos periódicos, y muy importante: vida en libertad y PAZ, mucha paz.
Puedes estar dándole a un caballo el mejor pienso y entrenarlo a tope que si vive estresado, no ganará músculo y su cuerpo no responderá igual. Los caballos pueden segregar mucho cortisol si sus condiciones de vida no son las apropiadas, y el exceso del mismo se puede comer el tejido muscular y en general, provoca desajustes metabólicos que harán que un caballo se debilite en general.
En resumen: entrena bien, alimenta mejor, proporciona buen descanso, y sobre todo, no repares en hacer de tu caballo un CABALLO FELIZ, y verás como cada vez está más fuerte y sano.

Si te han engañado, quizás pudiste evitarlo

Rara es la semana que no me llega un mail, un mensaje de Facebook, o una llamada porque un conocido le dio mi teléfono a alguien con un supuesto problema equino. En cualquier caso, se trata de una persona que se comunica conmigo porque cree que “tiene un problema con su caballo”. (Yo es que ya llevo grabado a fuego eso de Ud. no tiene un problema, Ud CREE que tiene un problema).

Suelo escuchar o leer a la persona para ver de qué se trata realmente, y una gran mayoría de casos, suele remitirse al mismo patrón:
“Llevé el caballo a que el profesional “x” me lo domara /trabajara /entrenara pero el caballo lejos de mejorar está empeorando…”
Y aquí, pues los males que acucian al caballo suelen ser variados, desde los básicos “está muy delgado y tiene las ranillas podridas” a “lo veo cada vez más irritable y no disfruto con él” hasta complicaciones mucho peores.
Tampoco se puede ser cruel con la persona que me consulta, ya que es cierto que esa persona está angustiada y lo que necesita es que le ayuden. Escribo esto con la esperanza de que nos mentalicemos a que todo aquello que aplicamos en el resto de campos de nuestra vida, es perfectamente usable – y de hecho altamente recomendable – con nuestro caballo.
Pongamos ejemplos significativos.
_Vas a apuntar a tus hijos a un colegio nuevo. ¿No preguntas a padres que ya tengan a sus hijos allí? ¿No buscas en cualquier caso referencias de ese cole? Y seguro que vas y visitas las aulas, y hablas con algunos profesores, etc.
_Decides contratar los servicios de un entrenador personal, o quizás ir a clases de pilates. ¿No acudirías primero a una clase de prueba para ver qué tal es el entrenador o profesor y para comprobar que sabe de qué habla? ¿Y no compruebas de paso que la sala es adecuada y cómoda para la práctica de ese deporte?
_Vas a elegir dónde pasar unos días de vacaciones. Antes de hacer la reserva, buscas opiniones en internet sobre ese hotel o ese alojamiento por el que te has decidido. Y si ves varias opiniones favorables, finalmente te decides a confirmar la reserva, pero si por el contrario ves opiniones de clientes poco satisfechos, por más que las fotos sean preciosas, seguro que vas a buscar otro alojamiento del que todo el mundo hable bien de él. ¿No?
_Necesitas ir a revisión dentista. ¿Vas al primero que te cruzas en la calle? No lo creo…Preguntarás a amigos y familiares antes. ¿Y si necesitas un abogado especialista en derecho fiscal? ¿Irás al primer abogado generalista que conozcas…? ¿O quizás te molestarás en buscar a los tres mejores abogados de tu ciudad en derecho fiscal para ver por cuál te decides? Así sabrás que tu elección es segura.
Bien, y así podríamos seguir poniendo más ejemplos. El mundo de hoy nos permite a través de nuestras redes de contactos, el teléfono e internet, buscar a profesionales cualificados y conocer de primera mano su experiencia, su aspecto, su especialidad, su talla de camisa y hasta su estado civil. ¿Quién no hace esto hoy día cada vez que necesita un profesional del cualquier campo de la vida?
Entonces, me puedes explicar – porque realmente no lo entiendo - ¿POR QUÉ DIABLOS A LA HORA DE ELEGIR UNA HÍPICA O UN JINETE PARA TU CABALLO, NO SIGUES EXACTAMENTE EL MISMO PROCEDIMIENTO?
Las respuestas que me suelen dar, son las siguientes:
_Bueno, es que es la hípica que más cerca me pillaba de casa (la cercanía como criterio es entendible, pero no implica profesionalidad ni buen hacer per se)
_Un amigo me dijo que es un jinete que lleva toda la vida en esto (la experiencia a secas no es garantía de nada)
_Es que el preparador tiene la titulación de Técnico Deportivo en Hípica (la titulación en sí tampoco es garantía de buen hacer hípico)
Y esta, la REINA de todas las respuestas:
_Bueno, yo que sé, es un caballo, tampoco pensé que fuera necesaria tanta historia… (la gente suele creer que se mete el caballo en el box, se le da de comer avena, y hala, listo)
Y así nos va… El sentido común, es en la hípica, el menor común de los sentidos en muchas ocasiones.

¿Comidas equinas divertidas?

Por supuesto, y coloridas, y variadas según la época del año. Una de las cosas que más llama la atención de las personas que me visitan, son las "risas" y las alegrías de mis caballos cada vez que llega la hora de alguna comida. Son una especie de relinchos que suenan literalmente a carcajada, o al menos, a que se ponen muy felices.
Los que me venís leyendo desde hace tiempo, sabéis la importancia que le doy a la nutrición de los caballos, por lo que siempre insisto en una buena base de forraje, piensos de calidad, etc. Bien, ¿Pero y si además de esto añadimos detalles que además de ser sanos les gusten?
Como digo, la base primaria ha de ser el forraje, que tenga siempre sus necesidades cubiertas en ese sentido. Después, un buen pienso. Yo ya llevo tiempo con piensos St Hyppolit, y cada caballo, come su tipo de pienso y la cantidad indicada. Después, lo que hago, es según la época del año, añadirle frutas y otros elementos, troceados y siempre sin pasarnos. También dependerá de qué caballo, qué tipo de fruta y la cantidad. De esta manera, añadimos algunos nutrientes extra y que les encantan, y tendremos caballos contentos y motivados con su comida.
En las fotos podéis ver las comidas de Atómico, Athenea y Copito de nieve, los cuales tienen aderezado su ración de pienso St Hyppolit con trozos de membrillo, granos de granada, ajos troceados y los últimos y pequeños higos que van dando las higueras. Todo es fruta fresca y recién cogida de los árboles. Es cierto que se pasa uno un buen rato "cocinando" estos platos equinos, pero merece la pena verlos después disfrutar tanto mientras se los comen.



EL DILEMA

Ya apenas mantengo contacto con ciertos jinetes con los que en su día sí que tenía un roce más asiduo. Nuestros caminos se separaron hace tiempo, desde el momento en que empecé a estudiar a fondo las necesidades reales del caballo, y la mayoría de estos jinetes, no solo no entendieron mi camino, sino que lo desaprobaban abiertamente.

Igualmente, yo por mi parte, viendo que era imposible sacarlos de sus métodos de manejo demencial, y de sus sistemas de doma arcaicos y poco eficaces, decidí apartarme para no ver cómo seguían arruinando la vida de tantos caballos, ya que además, no estaban dispuestos a tomar en consideración ni una sola de mis recomendaciones, en pro especialmente, de que no se les estropearan tantos caballos. El ego por desgracia, les podía más que las ganas de mejorar sus caballos.
Han pasado muchos años desde que dejé aquellos ambientes. Y han sucedido muchas cosas, o al menos, en ese camino que yo elegí, han ocurrido tantas historias, que a veces tengo la sensación de que he estirado al máximo todo este periodo, llenándolo de vivencias y experiencias asombrosas. Echo un vistazo a los últimos años y a veces me cuesta creer la de gente que he conocido y que me han aportado un precioso contenido a esa mochila que todos llevamos, y que mientras más se llena, menos pesa. Quizás, lo que más me asombra, y a la vez me resulta más gratificante, es que haya gente dispuesta a venir desde lejos a dar unas clases conmigo, o que simplemente haya profesionales a los que yo he admirado desde hace tiempo, que me escriban y me digan que les encantaría pasarse a verme trabajar con mis caballos.
Estas cosas, y sobre todo, el ver el cambio en los caballos con los que trabajo, es lo que me permite mirar con orgullo al enorme esfuerzo que supone precisamente esta elección que hice, y que como cuento, me apartó del camino que tomé en su día, y con ello, de la gente que transitaba por aquel camino.
Y en ciertas ocasiones, me encuentro con algunos de aquellos jinetes con los que en su día tuve más contacto. Me llama la atención siempre que me encuentro a alguno de estos profesionales, que su apariencia sigue siendo la misma, y su manera de vestir no ha variado un ápice. Esto no pasaría de una anécdota simpática, si no fuera porque es sintomático de que nada ha cambiado tampoco en su manera de manejar y domar los caballos: los siguen teniendo en los mismos boxes diminutos de hace años, les siguen dando de comer lo mismo y los siguen trabajando igual. Al encontrarnos, estrechamos las manos, y nos contamos cuántos caballos tenemos y cómo los tenemos, y ahí puedo comprobar, como se estancaron en algo, que ya en su momento, estaba anticuado.
Es increíble, pero hay personas para las que el progreso, al menos en lo ecuestre (y en la moda, por lo que se ve), es inexistente. Bien, es su elección, y por lo general, cuando me encuentro a estas personas, después de unas palabras amables, cada uno vuelve a lo suyo, y Dios sabe si alguna vez volveremos a vernos.
Pero el otro día me sucedió algo diferente, y desde entonces estoy con un dilema, y es si llamar a la persona que me encontré para intentar ofrecerle alternativas a lo que me contó, cosa que hasta ahora, nunca me había planteado.
El encuentro con esta persona fue calcado a otros encuentros similares, en los que nos saludamos y hacemos el típico intercambio de información caballar. Solo que este jinete me contaba que no vendía ninguno de los potros que criaba cada año.
- Pero entonces tendrás un montón, ¿no? – Le decía yo algo asombrado.
- Que va – me respondía él resignado – si se me mueren muchos
- ¿Y eso? ¿De qué?
- De cólicos y de yo qué sé…
- Vaya – le decía yo con asombro - ¿Pero qué les das de comer?
Y ahí, pude comprobar, que se trataba de otro caso de estancamiento temporal: el mismo manejo, la misma alimentación…es decir, caballos en boxes 24 horas, mucho cereal en la alimentación, etc. Y como resultado, el mismo resultado pobre de siempre.
Cuando aún no había finalizado nuestra escueta conversación ecuestre, tuve la tentación de decirle que era normal lo que le ocurría, aquello de “si haces lo mismo de siempre, obtendrás los resultados de siempre”, pero mi voz interior echaba el freno y me recordaba: “no digas nada que se ofenderá como sucedía siempre antes que intentabas dar un consejo”.
Bien, todo transcurrió dentro de lo normal, le deseé lo mejor – y en verdad que se lo deseo - y nos despedimos amablemente. Pero no había recorrido ni cien metros y empecé a pensar en qué quizás debería darme la vuelta y hablar con él, y ofrecerle algunas perspectivas de manejo que podrían ayudarle.
Es cierto que frente a los cólicos, nadie está cien por cien a salvo, pero lo que es indudable es que ya sabemos que ciertas prácticas y cierto tipo de alimentación predisponen claramente a problemas. Caballos mucho tiempo parados en box, con mucho cereal y poco forraje, tienen indudablemente más papeletas de sufrir no solo ya problemas como cólicos, sino otros muchos.
Algo había en este jinete, en su expresión, en su manera de contarme los problemas que acuciaban a sus caballos, que evidenciaba preocupación y hasta cariño por ellos, cosa, que en muchos otros, nunca he visto. Hay otros a los que solo les fastidia la pérdida económica. En este en cambio, creí percibir dolor por aquella situación. Y eso es lo que me hizo dudar, y dejar abierta la posibilidad a intentar echarle un cable y explicarle que hay cuatro o cinco cosas que podría hacer por sus caballos y que a ciencia cierta ya sabemos que les benefician. Pequeños cambios en la alimentación y en el manejo que no solo ayudan a evitar problemas, sino que harán que sus caballos están más salubres y predispuestos al trabajo.
Aún sigo con el dilema sobre qué hacer.