miércoles, 31 de octubre de 2018

Saber cuándo parar

Saber cuándo parar, confesiones del Diario de Tomás MC.
Desde que me levanté esta mañana supe que hoy tenía que tomarme el día con algo de calma, lo cual confirmé una vez puse el desayuno a los caballos.


La rutina de cada mañana, marca que una vez he puesto el desayuno equino, perruno y gatuno, empiezo con mi entrenamiento de Yoga y Karate. Llevaba unos días entrenándome fuerte sobre el tatami y trabajando con intensidad posteriormente cada caballo, a lo que hay que sumar las clásicas tareas de la semana: ir a por un remolque de forraje, descargarlo y apilarlo; cambiar los elementos del gimnasio hípico y reordenarlos, repasar y escofinar los cascos de los caballos, cambiar los riegos de los prados, etc.
Las jornadas empiezan muy temprano y acaban con los últimos rayos de luz. Mucha actividad física cada día, siete días a la semana, y con mucha entrega. La verdad es que no concibo otro modo de hacer las cosas sino poniendo el alma en cada asunto que me traiga entre manos, pero claro, a veces, el cuerpo necesita bajar el ritmo y estar al menos durante un día, al ralentí para recuperar y recobrar energías.
La ventaja de llevar haciendo deporte desde hace tantos años es que conozco bien las señales que me envía el cuerpo y el día que me levanto con estas sensaciones, en vez de entrenar fuerte me dedico simplemente a hacer una sesión de estiramientos y de relajación muscular, a respirar bien y a hacer una serie de asanas de yoga y unos katas de Karate que son regeneradores y trabajan mucho con el prana/ki, es decir, la energía interior. Después, el trabajo que me toque con los caballos lo bajo también de intensidad, y así con todo lo que me toque hacer en el día.
Normalmente, cuando sigo este procedimiento, al día siguiente suelo despertarme con unas ganas tremendas de comerme el mundo “a bocaos” y vuelvo a la carga con la intensidad de siempre. Otros amigos míos, que también llevan muchos años haciendo ejercicio y distintos tipos de deporte, suelen obrar del mismo modo y con los mismos resultados.
Bien, ahora la pregunta es ¿sabemos detectar esto mismo en un caballo? Es decir, ¿sabemos leer las señales sutiles que nos enviará cuando él necesite un día para tomarse el entrenamiento con más calma? Para mí, saber detectar esto es una de las grandes claves del éxito en el entrenamiento de un caballo.
De mucha ayuda nos será evidentemente el saber detectarlo en nosotros mismos primero, y a partir de ahí, el conocer a nuestro caballo y aprender a conocer su estado de forma, su disposición, etc.
Algunas claves que nos pueden ayudar de todos modos a ser eficaces en esta cuestión:
Combina siempre después de un día intenso, un día de trabajo más light (ojo, nunca dejar parado del todo aun caballo si este vive en un box o un minipaddock, eso es lo peor que le puedes hacer). En mis planes de entrenamiento, siempre tengo en cuenta esta máxima, y siempre a un día de trabajo intenso le sigue uno suave. Si tu caballo vive en el campo y goza de las condiciones para que aunque no trabaje contigo, se mueva y ejercite, no pasa nada por no trabajarlo ese día, pero insisto, ha de poder ejercitarse REALMENTE: hacer varios kilómetros, subir y bajar cuestas, etc. Todo lo que no sea eso, no es ejercicio.
Nunca repitas lo mismo dos días seguidos, ni tres, claro.

Y sobre todo, y lo que más funciona, haz ejercicio tú y aprende a conocer bien tu cuerpo. Eso te ayudará a conocer mejor el de tu caballo. Si has llegado hasta aquí gracias por tu tiempo, espero que te haya sido de ayuda para el entrenamiento de tu caballo, y en breve volveré con alguna confesión de mi diario de entrenamiento con la esperanza de que te sea de provecho.

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