martes, 13 de marzo de 2018

Sobre el buen o mal uso de la fusta


Y algunos secretos para que tu caballo sea más colaborativo

Llevo un tiempo prudencial esperando a ver si con tanta difusión gratis del conocimiento y de la cantidad de artículos y vídeos que circulan por la red sobre cómo funciona la mente del caballo, ciertos jinetes y amazonas aprenden sobre cómo y cuándo usar la fusta – así como otros tantos elementos y cosas que hacemos con los caballos - , pero me temo que dicha materia sigue pasando inadvertida para una gran mayoría, y lo que es peor, para sus alumnos, hijos y seguidores, como si fuera una especie de secreto oculto, cuando es algo que ya es más que consabido. y que tiene relación directa en el funcionamiento de la mente del caballo.



Aunque antes de que sigas leyendo, te adelanto que como casi todos mis artículos, no gustarán ni al gremio ceporro extreme (los del “pues de toda la vida se ha hecho así”), ni al de los animalistos que consideran que todo lo que no sea tener al caballo obeso, maleducado y abandonado en medio de la Estepa Mongola, es maltrato. Pero si como yo, crees que el caballo debe vivir en libertad y compañía, y a la vez, puede ser un compañero que se beneficie del ejercicio físico, quizás te interesen las siguientes reflexiones en torno a una de las herramientas de trabajo que usamos con peor o mejor criterio jinetes y entrenadores.

La fusta, como muchos elementos auxiliares que se usan con el caballo, puede ejercer un efecto positivo o negativo en el trabajo y la relación que mantenemos con nuestro compañero de aventuras equinas.

Manolo Mendez, un buen ejemplo de uso de fusta, tanto pie a tierra como montado

Veamos entonces sin más dilación cuál es el MAL USO DE LA FUSTA: como castigo. El caballo no entiende el castigo. Es así de simple y no hay más vuelta. Sí en cambio, entiende, y muy fácil  y rápidamente, las correcciones. Pero en nada se parecen las correcciones al castigo. Para el caballo, las correcciones forman parte de su código de comunicación y entendimiento con respecto a sus congéneres e incluso con el resto de especies. Por ejemplo: un potro joven que se acerca a una yegua con ganas de jugar o de olerla, y esta, le da la grupa indicándole claramente que si no se aparta, se puede llevar una coz. El potro aprende que no puede ir haciendo lo que dé le gana y cuando le da la gana gracias a estas correcciones que le dan otros caballos justo en el momento indicado (de ahí la importancia de que un potro nunca se críe aislado, sino en compañía de otros potros y caballos).
Igual puede suceder cuando este mismo potro se acerca a un perro. Si el perro siente su espacio invadido por el potro, sacará los dientes, gruñirá e incluso ladrará. El potro entenderá rápido que a los otros animales también ha de respetarlos, y que sin invitación previa, mejor no acercarse. Como veis, la diferencia entre corrección y castigo, es clara. Veamos ahora un ejemplo de corrección equina con el humano, y que vivo en mis carnes continuamente cuando me toca trabajar un caballo de propietario que todo lo hace con su caballo a base de chuches. Este tipo de caballo por lo general ha desarrollado el hábito de lanzar mordiscos más o menos fuertes en busca de su chuche, y como yo no llevo chuches, empieza a darme mordisquitos en los brazos y hombros. Al  no conseguir su chuche, los mordiscos empiezan a hacer daño, y la experiencia nos dice que esta mala costumbre puede ser peligrosa. Lo que hago en estos casos es esperar a que el caballo inicie el movimiento de cabeza y abra su boca para lanzar el bocado y sin que se lo espere le planto mi mano abierta en el hocico. Se trata de que se lleven un susto más que un porrazo, y que sea totalmente inesperado. A la segunda ya se dan cuenta de que eso de los bocaditos, mejor dejarlo, ya que su modo de aprender, totalmente asociativo, les permite discernir que si abren la boca queriendo morder, de repente se pueden llevar un manotazo y un susto. Vamos, ni más ni menos que lo más parecido a una corrección similar a la que otro caballo le daría si el caballo maleducado quisiera estar dándole mordisquitos todo el rato. La gran diferencia, como puede observarse en estos tres tipos de relaciones equinas, entre corrección y castigo, es que la corrección se da justo en el momento en el que el comportamiento que queremos evitar o corregir, se está iniciando o produciendo, por lo que el caballo puede asimilar que dicho comportamiento, tiene consecuencias desagradables para él y que es inadecuado. En cambio, si recibiera el castigo, una vez ha desarrollado y terminado el comportamiento que no nos interesa, no podría inferir qué es lo que ha hecho mal y porqué recibe ese castigo, ya que su mente no se ha desarrollado para entender sobre algo después de que se haya producido, no puede crear conexiones neuronales que puedan desarrollarse de este modo.

Manolo Mendez, a caballo y con la fusta como ayuda

Llevemos ahora este patrón de conducta por el que se rige el caballo  al uso de la fusta. El ejemplo clásico del uso de la fusta como castigo, por ejemplo como hacen algunos jinetes en un salto cuando el caballo rehúsa. Llegan al salto, el caballo no salta, se para, o duda o se desvía…el jinete intenta corregir como puede y cuando ve que finalmente no pasan, es cuando empieza a soltar los fustazos a modo de castigo y como queriendo decirle al caballo: “si me lo vuelves a hacer, te doy más fustazos aun”. En total, han pasado varios segundos desde que el caballo en su mente decidió que no saltaba ¿Y qué entiende el caballo cuando le llegan los fustazos? ABSOLUTAMENTE NADA. Como mucho, lo que puede es empezar a asociar que al lado de los saltos, llueven los fustazos. Recordemos de nuevo que los caballos poseen un aprendizaje enormemente asociativo, por lo que este tipo de castigo es totalmente contraproducente. Y sencillamente, porque la mente equina no entiende el castigo. Este es un concepto totalmente humano, deducible única y exclusivamente para seres cuyos cerebros posean un neocortex avanzado, o sea, solo las personas.

Que por cierto, el castigo está demostrado que sirve muy poco, y que su eficacia es muy limitada incluso en humanos. Que seamos capaces de plantear el concepto castigo en nuestra mente y que lo entendamos, no significa que su objetivo funcione. De hecho, ya hay numerosos estudios que muestran que los niños funcionan mucho mejor con ciertos estímulos que no con castigos y amenazas. También sucede lo mismo con los empleados de las empresas, que funcionan mejor con estímulos e incentivos que no a base de castigos. ¿Por qué a fin de cuentas, que es un castigo sino una amenaza? “Si no haces esto que quiero…te espera eso que no te gusta”. El castigo es además, propio de los predadores. ¿Qué puede hacer un perro cuando gana la pelea a otro? Mientras el “perdedor” está tumbado, patas arriba, el “vencedor” está encima, gruñéndole y mostrándole los dientes, como diciéndole: “si vuelves a tocarme las narices, ya sabes lo que hay”.

Y esto, desgraciadamente, lo vemos a menudo en humanos. Y creemos, que como las amenazas y el castigo nos han funcionado a veces - seguro que no siempre - con otros humanos, con los caballos nos servirán. Pero es un ERROR DESCOMUNAL, ya que el caballo es incapaz de entender este tipo de mensaje.

La ayuda de la fusta ante el salto puede ser muy interesante, pero hay que saber cómo y cuándo usarla, ya que un error de segundos y de intensidad, puede hacer que se convierta en todo lo contrario


Lo difícil y lo que nadie hace, es plantearnos porqué el caballo está cometiendo el acto en cuestión que consideramos  desobediencia (en esta caso no saltar el obstáculo) y encontrar la causa en nosotros mismos, averiguarla y ponerle remedio. Y ya que estamos ahondando en este tema del rehúse, a estos jinetes que gustan de castigar a sus caballos con la fusta cuando no dan el salto, les pediría que además de que estudiasen aunque fuera de pasada la mente del caballo, se plantearan porqué el caballo ha rehusado. Los motivos pueden ser muchos, y ninguno de ellos se arregla a base de fustazos:

Mala aproximación al salto. Un clásico. La mayoría de jinetes (no top), se empeñan en meter al caballo debajo del salto, creyendo que por batir más cerca les será más fácil. Pero es justo lo contrario.

Entrenamientos inadecuados y sobre-entrenamientos. Hay jinetes que entrenan poco, o que no trabajan la forma cardiovascular y de repente un día colocan un laboratorio infernal y como es lógico el caballo rehúsa porque o no puede físicamente con el esfuerzo o porque técnicamente no está preparado. A veces sucede que el caballo salta tantas veces a la semana que llega un momento que no puede más y decide rehusar.

Dolor, lesiones…Está demostrado que lesiones leves o dolor en ciertas partes del cuerpo llevan al caballo a rehusar.

Equipo inadecuado (montura, cincha, hierro…) que dificulta al caballo ejecutar la parábola del salto cómoda y correctamente hasta que llega un momento que se niega a saltar.

Mala Equitación del jinete, que con las riendas y su asiento, lejos de ayudar al caballo a que pase los saltos, se lo pone difícil, hasta que el caballo se harta.

Y por lo general, se suelen dar varios de estos elementos a la vez, por lo que lo lógico, es que el caballo, cansado ya de hacer sobre-esfuerzos, empieza a mostrar su rechazo al salto. Y cuando rehúsa, encima viene la lluvia de fustazos, y así, queridos lectores, es como conseguimos crear caballos “desertores”, de los que el mercado está desgraciadamente lleno.

GRACIAS A LA FUSTA Y OTROS CASTIGOS, ES COMO CONSEGUIMOS CREAR CABALLOS “DESERTORES”

La fusta puede ser un elemento de apoyo, o una herramienta con la que fastidiar nuestra relación con el caballo

De mal uso de la fusta, al nefasto uso de la fusta.

Otro uso pésimo que veo de la fusta, si bien  no es de castigo, sino cuya intención digamos es la de “animar” al caballo frente al salto, creo que es un gran error a nivel de Equitación, ya que implica abandonar el contacto por dar dos o tres fustazos, en un momento en el que lo peor que podemos hacer es abandonar contacto, ya que eso provoca indecisión al caballo, es decir, justo lo contrario de lo que queríamos. Y esto, lo veo en niños continuamente, tanto en salto como en completo, que claro, digo yo que lo habrán aprendido de sus profesores. “Cuando estés llegando al obstáculos, un buen par de fustazos para que se entere…”

En todos los años que llevo montando y trabajando con mi maestro, ni una sola vez, le he visto dar un fustazo delante de un salto, ni que me lo pida a mí ni a ninguno de sus alumnos, y le he visto trabajar con caballos desde los niveles más básicos hasta jinetes olímpicos, y por supuesto, jamás le he visto castigar a un caballo, ni con fusta ni con nada. La fusta puede ser también una ayuda delante del salto, pero siempre y cuando no abandonemos el contacto con las riendas y por supuesto menos aun para dar varios fustazos.

Un buen ejemplo de ayuda de fusta en el salto

En Doma Clásica, el uso que se hace de las fustas para “enseñar” al caballo sobre todo desde abajo ciertos aires reunidos como el piaffe y el passage me parecen inadecuados. Estos aires deben provenir de un trabajo de base y de un entrenamiento largo, progresivo y REAL. Enseñar al caballo a que mueva sus miembros a base de incordiarlo y molestarlo con fustas creo que no puede considerarse una Equitación Real. Una fusta nunca sustituirá un verdadero trabajo de cambiar el equilibrio de un caballo y llevarlo a su tercio posterior al máximo y que a partir de ahí libere las espaldas y pueda desarrollar ciertos movimientos. Claro que esto requiere no solo años de trabajo, sino, saber hacerlo y querer hacerlo bien. Pocos hay dispuestos a ello.

Algunos jockeys se pasan bastante con la fusta...

En carreras, ya ha un debate abierto sobre el uso de la fusta en carrera. A mí me parecería una medida fantástica. Algunos jockeys se pasan veinte pueblos pegando fustazos, no solo en carrera, sino en los entrenamientos. Esto estresa enormemente a los caballos de carreras, ya que son enormemente sensibles, y por eso, son los caballos con más niveles de estrés y de úlceras estomacales.

Ahora bien, después de todo esto, os digo que yo aquí tengo varias fustas de diferentes tamaños ¿Y cómo la uso yo? Pues de antemano os digo que muy poco, la verdad, y lo poco que la uso, intento que sea preciso y en el momento necesario y ya únicamente las uso en el trabajo pie a tierra. Como manera de marcar el espacio, para animar al caballo a ir adelante, etc. Es decir, como una auténtica AYUDA y extensión de mi cuerpo, que es para lo que deben usarse todas las ayudas artificiales. Pero nunca como un castigo y un medio de exprimir al caballo o exigirle más allá de sus posibilidades.