miércoles, 26 de julio de 2017

Historia del caballo árabe, II parte.

Segunda parte del viaje que hacemos por territorios medievales buscando el origen del caballo árabe y su posible llegada a Europa en el medievo:


En el artículo anterior trazábamos una línea sobre aquello que podemos asegurar con ciertos niveles de acierto sobre el origen del caballo árabe, a la par que planeábamos sobre la leyenda que en torno al mejor caballo del mundo siempre fluye inexorablemente.

Mameluco descansando, de Carle Vernet

Nos encontramos en los siglos VII-VIII con una civilización arábiga que se ha bifurcado en dos caminos, pues una parte de esta se asentará en las grandes ciudades, como Damasco, Bagdad y Córdoba, y otra escisión, que sigue – y hoy en claro riesgo de extinción – viviendo el modo de vida beduino. En ambos casos, el caballo sigue siendo un pilar fundamental. El caballo es para el árabe beduino modo de vida, y para los árabes de las urbes, elemento fundamental en la caballería militar, además de un orgullo y elemento de exhibición. Los emires, califas y personajes principales de ciudades y castillos se rodearán de los mejores caballos posibles. Pero hasta llegar a este punto, aún sucedieron algunos hechos con anterioridad.

Cuando en el siglo VII, Mahoma inicia la predicación de su mensaje, el caballo es un pilar fundamental en la sociedad árabe del momento (aunque la cabaña arábiga no era tan extensa como pudiera pensarse). El Corán y la tradición islámica (esto es, frases, dichos y hechos de Mahoma así como de sus compañeros y seguidores más inmediatos y que fueron recogidos para que siempre fueran una referencia), están plagados de referencias al caballo, de cómo ha de cuidarse, de la bendición que suponen, y en definitiva, de la importancia que conlleva en la vida del hombre. Y algo así no se construye de la noche a la mañana, por lo que podemos aventurarnos a pensar, que entre aquellos relieves del palacio de Nínive de los que hablábamos en el artículo anterior – y que nos mostraban a unos árabes que aun montaban camellos y no caballos -, datados en el siglo VII a.C., y el nacimiento de Mahoma, a mediados del sigo VI d.C., los árabes habían hecho suyo al caballo y se habían convertido en los criadores del que iba a ser el mejor caballo del mundo durante siglos.

La fecha exacta, por lo tanto, queda en un abanico demasiado amplio: mil años, pero probablemente, no pasaría mucho tiempo desde aquellas derrotas que los beduinos sufrían en sus combates a lomos de camellos, hasta que observaron que para ciertos menesteres, el caballo era el mejor compañero posible.

Ahora bien, si queremos seguir afinando, estudios recientes nos dicen que una civilización situada en Arabia y de reciente descubrimiento, cuyo origen se remontaría a 9.000 años a.C., y a la que han bautizado como al-Maqar, ya tenía caballos domesticados, lo cual, contradice a la teoría propuesta por zoólogos de la universidad de Cambridge, que mantienen que las primeras domesticaciones tuvieron lugar en las estepas occidentales de Eurasia, lugar desde el que más tarde, los mongoles se lanzaron a la conquista de un vastísimo territorio, llegando hasta las puertas de Europa, y todo ello, gracias al sabio manejo de sus caballos, recios animales sobre los que cabalgaban varias horas al día. La controversia sobre donde tuvo lugar esta domesticación primigenia no nos llevaría a ningún buen puerto, y los posibles intereses que puedan subyacer - como intereses turísticos y similares - nos conducen a no decantarnos más que por lo que de momento, parece seguro, y son estos breves apuntes que hemos aportado aquí. No obstante, conviene además diferenciar, entre lo que supone una domesticación en sí del caballo, y el empleo del mismo como elemento avanzado de caballería, lo cual, no cabe duda, ya era patrimonio de los asirios.


Por otra parte, se han encontrado en diferentes zonas de Oriente Medio, restos óseos de caballos, datados en diferentes épocas, que se asimilan bastante a la tipología del PRÁ de hoy. En cualquier caso, no cabe duda de que antes de la expansión del Islam, el caballo es un elemento indisoluble en todas las diferentes tribus árabes. Lo crían y lo usan para numerosos cometidos, y de ello nos dan buena prueba los abundantes documentos religiosos que hablan sobre como ha de cuidarse al caballo, criarlo, y la bendición que suponen. El árabe ya ha hecho suyo al caballo y aplicará con él los conocimientos de cría – no olvidemos que el pueblo árabe lleva siglos criando y entrenando camellos -  que maneja desde hace siglos, adaptándolo a su modo de vida, lo cual le convierte en ese ansiado caballo veloz, resistente y además, bello y noble, que tantos pueblos irán buscando a lo largo del tiempo a los desiertos de Oriente Medio.

Entonces, con la fulgurante expansión del Islam, se producirá la de la civilización árabe, que a su vez se nutrirá de la tradición griega del Imperio Bizantino, e igualmente se irá alimentando y fundiendo con  las de los diferentes países a los que va llegando, como Persia, India, e incluso la Península Ibérica. Y por supuesto, el árabe llevará consigo su amado caballo, pero es este uno de los puntos más peliagudos de la historia ecuestre y la historia en general, ya que en lugar de observar las pruebas, puesto que apenas las hay, hemos de dar paso al análisis pausado y racional, ya que la lógica nos dice que era imposible que existiese una cabaña caballar arábiga en Arabia tan grande como para seguir criando y reproduciéndose en la Península Arábiga, y a la vez, abastecer a los inmensos territorios de todos los dominios islámicos, que iban desde las costas del Atlántico en el norte de África y sur de Europa, hasta cada vez zonas más lejanas de Asia. Por lo tanto, es indudable que algunos caballos árabes saldrían, pero no serían muchos, y por supuesto, no siempre serían los mejores, que siempre serían los preferidos para seguir contribuyendo a la mejora de la raza.



En este punto, es donde han patinado la mayoría  de libros de caballos árabes que he leído, los cuales no dudan, en lo referente a la Península Ibérica, afirmar que en el tan traído y llevado 711 – fecha de llegada del Islam a Iberia – llegan los árabes montados en sus caballos. Ni eran tan árabes los que llegaron, sino norteafricanos en su mayoría – árabes más bien pocos – ni tampoco eran árabes los caballos que montaban, sino que, en caso de que montasen caballos traídos con ellos, serían también africanos, y no árabes.

Razones:

1-    Como digo, las primeras – y las siguientes - poblaciones islamizadas en llegar a la España visigoda, eran más norteafricanas que árabiga – éstas serían minorías en general- . En ese momento, la población árabe “pura”, era escasa, lo cual imposibilita su presencia simultánea en el sur de Europa, Norte de África, zonas del actual Egipto, Somalia, etc, India, China, etc, etc. La expansión del Islam en sus comienzos es fulgurante, así como la arabización (imitación de costumbres de lo árabe) de los lugares en los que se establecía, pero la escasa población árabe que salía de las zonas árabes originales, pertenecían a élites que ocupaban cargos en la administración y similares. Son los islamizados, los que llevan el islam cada vez más lejos, y en nuestro caso, son nuestros vecinos del norte de África quienes traen el mensaje del desierto. 

Por otra parte, no son pocos los historiadores que otorgan a Mahoma una caballería, en su momento más álgido, de un máximo de 200 caballos. Con exactitud, esto no lo podremos saber, pero está claro que miles de caballos no debía poseer la caballería de los fieles a Mahoma. Eran tiempos duros, y el caballo no era un animal asequible. Por otro lado, los ratios de población de la época, nada tienen que ver a los que manejamos hoy. En lo referente a la Península Ibérica del sigo VII, los historiadores hablan de una población de dos millones de personas, mientras que los más optimistas, de cuatro. Todo esto desmonta el relato, más leyenda que otra cosa, que los árabes cogieron sus maravillosos caballos, salieron del desierto y colonizaron más de la mitad del mundo conocido por entonces.

2-    No hay que entender mucho de caballos además, para ser consciente de que no puedes montarte en un caballo en Arabia y llegar a la Península Ibérica o a China poco tiempo después, y encima arrasar a la caballería enemiga, por más árabe que sea un caballo.


3-    Con respecto a lo sucedido en la Península Ibérica, aun otro dato más nos impide admitir la teoría de la llegada de la caballería árabe desde el desierto del Heyaz en el 711: los vientos reinantes en el Estrecho de Gibraltar. incluso hoy, con ferrys rápidos y de avanzada construcción, no son pocos los días a lo largo del año que es imposible cruzar el Estrecho debido a los temporales de Levante y en menor medida los de Poniente. Las precarias embarcaciones de la época, no serían capaces ni mucho menos de transportar en un entorno tan hostil, cientos de caballos, ni árabes, ni norteafricanos. Por desgracia, aun no sabemos muy bien que pasó para que en dicha fecha se produjeran cambios tan señalados, pero que llegaron caballos árabes, es altamente improbable. Alguno norteafricano pudo cruzar, pero pocos debido al problema del Estrecho y de las embarcaciones que ya hemos señalado. Si ya en el siglo XX, el capitán Azpeitia tuvo dificultades para traer a España los caballos y yeguas que compró en Oriente, imaginemos trece siglos antes. Pero probablemente, desde hacía tiempo, habría trasiego de caballos entre el norte de África y la Península, ya que ambos territorios formaron parte del Imperio Romano.  Esto debe hacernos reflexionar sobre el tema de la pureza de la raza, no solo la árabe, sino de las Ibéricas, es decir, el PRE y el Lusitano, y su hermano de sangre, el caballo Berberisco. Durante siglos, se cruzarían caballos de uno y otro lugar, como es lógico entender.



 Todo esto desmonta el relato, más leyenda que otra cosa, que los árabes cogieron sus maravillosos caballos, salieron del desierto y colonizaron más de la mitad del mundo conocido por entonces.

Volviendo al PRá, hemos de tener en cuenta, que a lo largo de la Historia, se han considerado como Pura Raza Árabe a otros caballos que no son propiamente pura raza, pero ello no significa que fuesen animales de poca calidad. El caballo árabe de Persia, por ejemplo, es un extraordinario caballo, de alzada algo mayor que la del PRÁ, y de formas más redondeadas. También en La India se criaron excelentes caballos árabes, ya que cada año, el milenario país importaba de dos a tres mil ejemplares provenientes de Arabia Central, de la tribu Chommars en la antigua Mesopotamia, y desde Omán. Igualmente, en las estepas más orientales de Asia se criaron buenos caballos descendientes de árabes, y como no, en Turquía.

Hacia el Oeste, la expansión del islam conllevó la llegada de caballos árabes, pero mucho menos de los que la historiografía tradicional creyó. Los ejemplares más bellos y puros que llegasen desde Oriente serían algo excepcional, en su mayoría en calidad de regalos para reyes y embajadores y asuntos similares.

Para la expansión del islam desde Egipto hasta el sur de Francia, los caballos empleados, al igual que sus jinetes y el resto de soldados, serían más africanos que árabes. Cosa lógica, pues como decimos, en el siglo VII, la población de Arabia, no podía producir ni tantas personas ni caballos como para repoblar media Asia, todo Oriente Medio, y todo el Norte de África y el Sur de Europa. En este sentido, el veterinario E.J. Roux, en su libro El Caballo Berberisco, dice lo siguiente: "la conquista árabe fue, en el Magreb, realizada más particularmente con el concurso del caballo de África y no con los venidos de Oriente". Se trata del famoso caballo númida, y del cual los romanos hicieron ferviente uso. Ahora bien, el caballo númida, y que hoy conocemos como bereber o berberisco, lleva en sus venas un gran porcentaje de sangre árabe, y aunque su aspecto sea algo más rudo, no por ello deja de ser un animal excepcional y de grandes cualidades. 



Cabe suponer que los escasos sementales que salieran de Arabia, se cruzasen con las mejores yeguas de los lugares que el Islam fuera controlando, aunque nunca hay que dejar de olvidar que los árabes fueron muy reticentes a cruzar sus caballos con yeguas que no fueran de pura raza arábiga .Es por ello que en ese porcentaje de sangre árabe, más que los caballos llegados a partir de la expansión islámica, influyeron en un periodo muy anterior, los caballos que desde las rutas comerciales que, provenientes de la Península Arábiga, iban hasta Zanzíbar, de donde posteriormente se encaminaban hacia el norte, por Libia. También desde Sudán, partían mercancías y animales que arribaban hasta Tánger y hasta Sevilla por el Guadalquivir.

El númida fue el caballo que cartagineses, romanos, bizantinos, y finalmente árabes, usaron en sus movimientos por todo el Norte de África.  Así que, resumiendo, podemos trazar, a grandes rasgos, las siguientes líneas y períodos de influencia de la sangre caballar árabe en Europa:

- Roma. Cuando el Imperio fue avanzando hacia Oriente, empezó a traer caballos y yeguas que cruzarían con los caballos que ya tendrían en sus diferentes territorios europeos.
- Cartago. Los cartagineses, cuyos caballos númidas ya traían un alto grado de sangre árabe, llegaron a España con un cierto número de estos caballos. Más tarde, cuando Roma conquista y toma posesión de Cartago, lleva caballos númidas a Italia, desde donde a su vez se expanden hacia otros lugares del Imperio.
-Al-Andalus. Las crónicas andalusíes nos hablan de caballos de pura raza que o bien salían de España hacia Oriente, y viceversa. Este punto lo analizaremos detalladamente más adelante.

- Las Cruzadas. A lo largo de las diferentes cruzadas, fueron llegando a Europa caballos de sangre árabe que irían cruzándose con las razas autóctonas. Recordemos, que en cuanto a lo ecuestre, las Cruzadas suponen la confrontación de dos sistemas de equitación marcial totalmente distintos: Los europeos, que siguiendo la tradición de sus órdenes de caballería iban pertrechados con gruesas y pesadas armaduras y equipados con grandes lanzas y espadas, iban montando caballos de gran alzada y peso, y estos, a su vez, también iban protegidos con armaduras, y tuvieron que enfrentarse a la caballería oriental, de caballos medianos y sin apenas más protección que sus monturas, pero que irrumpían a una velocidad asombrosa y con la que sus jinetes hacían gala de un consumado manejo del arco y la espada. Con la creación de los Reinos Cristianos en Oriente, se fue creando un tráfico de mercancías que venían de dichos territorios hasta Europa, y los caballos, no fueron ajenos a este movimiento, pues los europeos pronto fueron conscientes de la calidad de estos caballos y yeguas.

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