martes, 11 de julio de 2017

Historia breve del origen del caballo árabe (I parte)

Normalmente, las personas que quieren vincular su vida al caballo y deciden estudiar una carrera universitaria, suelen escoger veterinaria. En mi caso, inicié la carrera - inconclusa, a la sazón - de Estudios Árabes en la Universidad de Sevilla,  llevado por mi afán de querer saber más del caballo árabe y del artífice de su creación: el beduino.

Todo lo que leía sobre los orígenes del caballo árabe, estaba basado más en leyendas y mitos que en realidades de peso académico. Era pues la de los Estudios Árabes, mi opción más indicada para penetrar del modo más fiable en la verdadera historia del caballo árabe, que a fin de cuentas, corría paralela a la de la civilización que lo creó.
Fruto de esos estudios, escribí unos artículos sobre el caballo árabe y su influencia en otras razas, que se publicaron en la revista Galope hará unos cinco años. A lo largo del verano los iré publicando siguiendo el orden en el que se editaron.

*En no mucho tiempo, podremos gracias a los estudios que se van haciendo en materia genética, tener ideas más claras sobre los orígenes del caballo árabe, ya que este texto está elaborado desde una perspectiva historiológica (historia+filología).



Al hablar del caballo árabe, inevitablemente resuena el eco de la leyenda, y con tan solo pronunciar su nombre, el aroma del desierto hace acto de presencia. Caballos de una belleza atemporal, dotados de una resistencia extrema, famosos por su valentía en el combate y por la lealtad incondicional que profesan a su jinete.

¿Pero cuánto hay de cierto en estas aseveraciones?

Que el caballo árabe es una realidad, no cabe duda, y muestra de ello son las innumerables ganaderías y ejemplares que hoy en día encontramos a lo largo y ancho de todo el planeta. Las grandes razas europeas de hoy deben en buena medida su existencia a la sangre proveniente de los primeros caballos y yeguas árabes que unos pocos europeos, conocedores de las virtudes de los caballos del desierto, empezaron a traer, no sin gran dificultad, desde el Medio Oriente. España no fue ajena a esta tendencia, y gracias a ello, el Pure Spanish, ha sido una de las variedades de caballo árabe más valorada en el mundo.

Pero remontémonos a la Arabia de hace unos siglos, e intentemos hacer un viaje en el tiempo y situarnos en la Península Arábiga, donde el Heyaz, el desierto en el que los árabes sobrevivían a las temperaturas más extremas del planeta, acogían en sus tribus a dos animales excepcionales: el camello y el caballo. Para el beduino, este es el más maravilloso animal de la Creación, y de él se sienten especialmente orgullosos. Tanto es el amor que profesan al más bello de los animales, que no dudan en considerarlo, junto al hombre, como un ser elegido y privilegiado, al que Dios habría concedido el poder de "volar sin alas".

El camello, es el otro gran aliado del beduino y junto con el caballo, formaron la alianza perfecta para su modo de vida milenario

La selección natural a la que las condiciones más inhóspitas brinda el desierto, se vio implementada por un duro criterio selectivo que los beduinos llevaban a cabo, mediante el cual ponían a prueba la resistencia al calor, la sed y al ejercicio físico a sus caballos. Solo los que pasaban estas implacables prácticas, eran escogidos para la reproducción.

Nuestro aguerrido Capitán, Luis Azpeitia de Moros, que nos dejó un testimonio de incalculable valor en la narración de su expedición a Oriente Medio (En Busca del Caballo Árabe), vivió en primera persona algunas de estas prácticas centenarias, entendiendo entonces, porqué el caballo árabe, había llegado a ser el paradigma de la resistencia.


En este audio puedes saber más sobre el viaje del capitán Azpeitia y sus compañeros a Oriente

El caballo, era el animal que los árabes usaban en sus razias, perfecto compañero para el ataque en las distancias medias y cortas, en las que por medio de un asalto relámpago, pillaban desprevenidos al enemigo y con el que sobre todo, podían poner tierra de por medio a gran velocidad. Por lo tanto, en el caballo depositaban su total confianza, y era objeto de sus máximos cuidados. Al caballo, el jinete y el criador árabe le exigía mucho, pero le daba aún más. Esta metodología, permitió que la cabaña caballar arábiga fuera convirtiéndose en algo excepcional.



El origen del caballo árabe, como tal raza, es algo que de momento, no podemos situar con exactitud en el tiempo ni en un lugar concreto, aunque hay ciertos indicios que nos pueden ayudar a establecer una aproximación a tales coordenadas, y de los que hablaremos más adelante. Pero claro, estas son cuestiones a las que los occidentales, nos empeñamos en llegar, en nuestro afán continuo de conocimiento intelectual, pues para la tradición arábiga, la cosa no tiene mayor misterio. Los caballos, según cuentan las historias beduinas, tienen su origen en el mismo origen del mundo.

En la historia de la tradición árabe, podemos encontrar tres tipos de textos que nos hablan sobre el nacimiento del caballo:

- La poesía preislámica. Estas composiciones, genuinamente beduinas, son un claro reflejo de la sociedad tribal tradicional del desierto, en la que los caballos y sus caballeros eran sumamente venerados. En muchos de estos poemas se habla de los caballos más importantes de la historia, los cuales provendrían de un semental que Salomón regaló a la tribu de los Azdíes de Yemen.

- Los textos y tradiciones religiosas. El caballo es un tema recurrente aquí, de gran importancia, y por lo tanto, de gran interés para el estudioso de la historia de la equitación y del caballo, pero se tratan de textos elaborados en cronologías muy posteriores a las épocas a las que hacen referencia, por lo que no podemos hacernos eco de ellos para establecer una datación concreta y del relato de esos linajes equinos.

- Tratados de contenido histórico. Como es sabido, el legado de la Grecia Clásica, fue continuado y evolucionado por la pujante ciencia árabe del medievo. Ahora bien, ello provocó que estos tratados, estuviesen demasiado influenciados por muchas de esas obras griegas, por lo que sus teorías tampoco nos sirven para llegar a ese ansiado punto inicial del caballo árabe como raza específica.

Si no prestamos atención a los rifles, el resto de la escena es probablemente muy similar a la que tuvo durante siglos en los desiertos arábigos, donde el caballo era omnipresente en la vida del beduino

Por lo tanto, de entre estas tres posibilidades, la que más garantías nos ofrece, teniendo en cuenta que nunca podremos a través de ella, determinar con criterio científico nuestro propósito, es la de la tradición poética preislámica, pues tales poemas, son los más fieles garantes de la tradición árabe más antigua. Estas composiciones poéticas nos transportan a un mundo fascinante, en el que el beduino vive en un entorno terriblemente hostil, en el que la naturaleza no es una madre acogedora que cobija y que ofrece verdor y frondosidad, sino que es una severa madrastra que cada día pone a prueba a los habitantes de sus tierras con sequías y calores extremos. Aún así, estos hombres y mujeres sacarán lo mejor de si mismos y se sentirán íntimamente ligados a ese entorno que los hostiga, y como parte indisoluble de esa naturaleza, está el caballo, el animal "más noble y bello" que pueda existir, y con el que escribirán su historia.

Según las leyendas transmitidas en tales poemas, el primer caballo fue Zad al-Rakíb (Viático del Caballero), el cual sería el origen de la primera familia equina conocida. Ahora bien, con el nacimiento y difusión del islam, esta versión primigenia se vería alterada, y se le atribuye a Ismail haber domado a Zad al-Rakíb, aunque también encontramos otra versión que cuenta que fue Matusalén quien primero se subió a los lomos de tan especial caballo. Según se dice, una presa del Yemen se rompió y con sus aguas esparcidas provocó la huida de todos los caballos que allí pastaban. De entre tales caballos, cinco de ellos serían capturados más tarde, y de los cuales nacieron cinco familias. En una de ellas, se crió una yegua llamada Kuhaylat, y cuyo nombre sería usado desde entonces para todo aquel caballo considerado pura raza.

En la literatura y tratados posteriores en las que se trató el origen del caballo, la influencia religiosa era ya innegable. Como hemos dicho, no podemos otorgarle valor científico, aunque no es poco ni mucho menos el que tiene. Merece la pena, pues, que citemos, aunque sea someramente, el que según un andalusí que vivió entre los siglos XI y XII, Abu Hámid el Granadino, es el origen del más bello animal del mundo: "cuando Dios quiso crear al caballo le dijo al Viento del Sur: “voy a crear a partir de ti una criatura que será la gloria de mis seguidores, la ruina de mis enemigos y el adorno de los que me obedecen”. Luego creó al caballo y dijo: “Te llamo caballo y te hago de raza árabe, a tu crin anudo el bien, y se conseguirán botines cabalgando sobre tu lomo, la honra estará contigo dondequiera que estés, y te hago señor de los animales”[...]. Luego lo envió a la tierra y el caballo se puso a relinchar [...]. Y reuniendo todo lo que había creado se lo mostró a Adán y dijo: “¡Adán!, escoge de lo que he creado lo que quieras”, y Adán escogió al caballo."

Maravillosa historia que, contada a la luz de la hoguera bajo el techo de una noche estrellada en el desierto, desataría las emociones más auténticas de quienes la escuchasen, y que redundaban sin duda, en ese amor y devoción que los árabes sentían por sus caballos.



Intentando llegar más allá de lo que estas tradiciones nos cuentan, hemos de hablar de aproximación, ya que como hemos comentado, aseverar categóricamente sobre el origen del pura raza árabe, es, al menos de momento, imposible. Según el arabista y letrado, José Aguilera Pleguezuelo, consumado investigador del caballo árabe, "la patria del caballo árabe es el Nejd, Asir y el Yemen", a la vez que nos advierte que se han tenido por PRÁ muchos caballos que en su linaje llevaban otras sangres. El genuino caballo árabe, proviene de las zonas del Nejd y de Amezah, lo cual es confirmado por William Gifford Palgrave (1826-1888), si bien Mr. Palgrave se decanta más por el Nejd, zona en la que pasó varios años, llegando a clasificar hasta trece clases de caballos nedjíes.

William Gifford Palgrave

Pero inevitablemente, hemos de enlazar de nuevo con la tradición religiosa. Esta nos cuenta que el rey David era un gran aficionado a los caballos, y llegó a reunir mil de ellos. Salomón, su hijo, heredó los mil caballos y los tuvo como el más preciado de sus bienes de entre todos los de la herencia que recibió de su padre. De esos mil, solo conservó cien, de los cuales provendrían todos los caballos posteriores. Ahora bien, esta leyenda - como otras muchas - puede tener un cierto origen real, pues recientes investigaciones han demostrado que en las excavaciones de la antigua ciudad de Meggido, hay unas construcciones, conocidas como Establos de Salomón, para lo cual, aquellos afortunados que tengan pensado viajar a Tierra Santa, pueden consultar la Guía de Arqueología de Tierra Santa, publicada en el 2006 por Fabio Bourbon y Enrico Lavagno.

Estrechando el círculo, nos ceñiremos a la Península Arábiga y a lo que en árabe se conoce como Bilad al-Sham, la zona que comprende los estados de Siria, Líbano, Israel, Jordania y los Territorios Palestinos, es decir, donde tuvieron lugar las grandes civilizaciones de la antigüedad. Entre ellas, los asirios, parece que fueron los primeros en hacer uso del caballo como elemento de caballería, lo cual les otorgó clara superioridad en el combate durante largo tiempo, hasta que los medos, perfeccionaron y superaron este arte ecuestre. Ello nos acerca aún más a la relación de los beduinos con los caballos, y en los impresionantes relieves del palacio de Nínive, podemos observar unas escenas ecuestres muy valiosas, entre las que podemos ver a Asurbanipal cazando a lomos de un espléndido caballo, y otra, en la que la invencible caballería asiria, derrota a un grupo de árabes montados sobre camellos, lo cual nos da a entender que los beduinos por entonces aún montaban más camellos que caballos. No sabemos, pues, en qué momento exacto, los árabes se rendirían a las ventajas y encantos de los caballos, pero al menos podemos observar, que se trataba de una tradición que fue pasando de una civilización a otra, y presumiblemente, mejorando y depurándose. Con estas bases, podremos al menos, hacernos una idea de cómo la tradición ecuestre árabe fue cobrando forma, hasta que en el siglo VI d.C, ya era de una consistencia enorme, y sobre la que ya si tenemos más información.

Los grabados de Nínive, son muy reveladores en cuanto al uso del caballo y el camello por parte de los asirios y los árabes respectivamente

Asurbanipal cazando con arco a caballo, relieves del Palacio de Nínive



Continuará en la II parte

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