martes, 30 de mayo de 2017

Reflexiones sobre vaquera y La Caza del León


En el número 1 de Endurance Magazine hemos incluido un reportaje titulado Los Caballos del Sáhara, en el cual hablamos del libro del mismo título y de la interesante historia del emir Abdel-Kader y el Coronel Eugene Daumas.

Dicho artículo viene ilustrado con obras de Horace Vernet, un verdadero genio que retrató como nadie a los caballos y caballeros del Sáhara argelino. Pues bien, de entre todas esas obras hay un cuadro que me tiene totalmente cautivado (páginas 68-69, La caza del león). Su colorido, la expresiones de los rostros de los caballos y del resto de animales son un espectáculo para la vista. De la plasticidad de este cuadro podríamos estar hablando durante días, pero mi intención aquí es la de comentar al personaje del caballo blanco que aunque se encuentra en el tercio izquierdo, centra sobre él todas las miradas.



Sus ropajes, sus brazos, su caballo...todo en él rezuma elegancia y poderío, aunque vamos a centrarnos en lo que me sugiere el binomio en conjunto: estoy viendo a un jinete vaquero de tiempos pretéritos.
Vamos primero con los atalajes: los estribos y la concha de la montura son muy parecidos a los de nuestros albardones actuales, y más similares a los de las monturas vaqueras más antiguas (como algunas que he visto, ya en desuso). Sigamos con el jinete: riendas en la mano izquierda con el pulgar hacia arriba, monta a la jineta en estado puro. Y entrando con el caballo, obsérvese la remetida de posteriores con el remo anterior derecho estirado. La cara del caballo, aunque probablemente sea aquí una licencia del autor, nos muestra junto con la colocación del cuello, que el caballo trabaja en una línea muy similar a la de la doma de campo española. Aquí, en lugar de enfrentarse a toros, están cazando leones, lo cual requeriría una doma de pronta y resuelta respuesta, situaciones para los que la monta a la jineta es la más indicada. Si a todo esto, le añadimos la lanza del jinete, que bien podría ser sustituida por una garrocha, no se me ocurre mayor semejanza.

La tradición vaquera española aún tiene muchos puntos por atar, pero está claro que ocho siglos de historia de al-Andalus, reino en el que el caballo y las diferentes formas de caballería eran de suma importancia, dejaron una profunda huella en nuestra doma. Y la tradición ecuestre andalusí, tiene su continuación y reflejo en el norte de África, donde siglos después, como vemos en este impresionante cuadro, se mantenía fiel a sus principales líneas.

A la sazón de estas breves reflexiones, que bien darían para mucho más, dejo un par de intervenciones que hice en el blog de mi amigo El Cura, a raíz de unos escritos suyos sobre el tema.

Enlace al blog de José Manuel, en el que habla sobre las monturas vaqueras y tártaras: http://www.ocurrenciashipicas.com/2011/09/acerca-de-las-antiguas-monturas.html

Mis comentarios al respecto:

Estimado José Manuel:

Recojo el guante, aunque no garantizo conclusiones definitivas.
Ante todo, me gustaría aclarar que hablo más desde el punto de vista investigador que el de jinete, ya que los avatares de la vida me llevan a estar más tiempo rodeado de libros que de caballos, y además, hay que tener en cuenta, que aunque los jinetes vaqueros están muy orgullosos de su tradición, al ser esta eminentemente oral, carecemos de fuentes solventes con las que poder elaborar una teoría sólida, al menos en cuanto al origen y evolución de los atalajes.

A mi particularmente, el estudio de la guarnición del caballo, e incluso el atuendo del jinete, es algo que me apasiona, ya que ambas cosas nos dirán mucho acerca de la sociedad del momento, puesto que hasta hace un siglo, en torno al caballo giraban muchas de las actividades principales del ser humano.
Por lo tanto, con respecto a los puntos que comentas:

- En efecto, las monturas vaqueras de hace algunas décadas, eran extremadamente altas y cortas. He visto algunas en diferentes guadarneses, y no tienen nada que ver con las que se hacen hoy. Supongo que aquí, la dimensión general del caballo, ahora mucho mayor y sobre todo desde que los cruzados llegaron para quedarse en la doma vaquera, ha influido mucho.

- De la montura de los rejoneadores, aunque a algunos puristas de la vaquera les horrorice, es como dices una mezcla de la vaquera con la portuguesa, hasta a lo que se ha llegado hoy, que se conoce como “mixta”.

- Con respecto a que la vaquera carece de teóricos y jinetes que nos hayan legado sus escritos, es cierto, aunque aquí ya hemos hablado de D.Álvaro Domecq, y yéndonos unas décadas más atrás, D. Antonio Miura escribió Doma, Acozo y Derribo, en el que, entre otras cosas, nos cuenta como le influenció la obra de James Fillis. Creo que estos jinetes, junto a algunos otros, marcaron la evolución de la vaquera. Este es un tema para hablarlo largo y tendido, y que suscitaría muchas polémicas, pues es cierto que incluso aún hoy, muchos jinetes de vaquera siguen anclados en el “esto lo hago así porque se ha hecho de toda la vida”, aunque por otro lado, tenemos jinetes en la actualidad, como Joaquín Olivera o Antonio Quinta, que han llevado la doma vaquera a un nivel excelso, verdaderos  amantes de la Equitación por encima de todo, sea con montura clásica o albardón.

Por último, con respecto al origen del manejo de toros y vacas con caballos en España, no puedo aún pronunciarme con exactitud puesto que es un tema del que por una parte hemos oído diferentes teorías, y por otro, porque sigo ahondando en el tema – no todo lo que me gustaría – . Pero si puedo enumerar algunos datos, muchos de ellos conocidos por vosotros, sin duda.

La doma vaquera “moderna” surge en el XVIII cuando el trasiego de ganado adquiere una gran importancia debido al auge de los espectáculos taurinos en nuestro país. La vigilancia del ganado a diario, y el llevarlo hasta las plazas, así como las tientas y otras faenas camperas, exigían jinetes y caballos especializados, junto a una serie de herramientas y arreos adecuados.
Ahora bien, esto no es algo que surge de la nada. Ya en época romana hubo juegos públicos con toros (y con otros animales como sabemos). Las “arenas” romanas de hecho son el más claro precedente de la plaza de toros que pueda conservarse. Ahora bien, el culto y el juego con los toros, probablemente ya lo hicieron culturas anteriores, aunque la civilización romana, con sus magníficos edificios, “profesionalizó” el espectáculo y marcó un antes y un después. Seguro que se ayudaron de caballos.

Por lo tanto, siguiendo en la Península Ibérica, los visigodos, que tantos aspectos de la cultura romana prolongaron, probablemente mantuvieron este legado, aunque ya no con la grandeza de los grandes espectáculos romanos. Pero si debió permanecer la ganadería (aunque no como la conocemos hoy día), y de hecho, sabemos que había grandes explotaciones agrícolas y ganaderas, los “latifundia”.
Y cuando al-Andalus se consolida como estado, los espectáculos ecuestres eran importantísimos. Por un lado tenemos los desfiles y exhibiciones que se llevaban a cabo tras la entronización de los emires y más tarde de los califas, y los que se producían también con motivo de las victorias en batalla. Los juegos ecuestres eran muy comunes.
Aquí en Sevilla, por ejemplo, en la explanada de Tablada, se hacían desde carreras de caballos hasta juegos con toros.
En época califal, las monturas de lujo eran monopolio de una “fábrica” que era propiedad del califa, y se manufacturaban en Córdoba.

Y esto me lleva a terminar enlazando con la posible herencia de todo el período andalusí en la montura vaquera. Por un lado, el estilo: la monta a la jineta. Pero con respecto a la forma y componentes, pues aunque hay piezas claras, como el estribo, en otras cosas, yo al menos no me atrevo a aseverar nada, ya que he visto en grabados monturas francesas del siglo XVIII que en su armazón no se distanciaban mucho de una montura vaquera de las antiguas. Aunque vaya a saber si no es influencia “de aquí para allá” (que lo dudo), como ya ocurriera con el estribo en el siglo VIII en la batalla de Poitiers. Y si vemos el grabado que John Frederick Lewis, que vivió en España de 1832 a 1834, le hizo a José María el Tempranillo, poca diferencia notaremos en los arreos con los que lleve un jinete bereber de hoy día. Nótese la generosa zalea, y algo que me llama la atención son los estribos, probablemente fruto de la fuerza que la equitación francesa tenía en esos momentos:



También, en el nombre de la montura vaquera, la herencia árabe es innegable:

Definición de la RAE de albardón.
Definición de albarda

Así, que en mi opinión, todavía quedan algunos puntos que amarrar en cuanto al origen de la montura vaquera, pero sin duda, la montura y guarnición vaquera, son fruto de la mezcla de una serie de elementos e influencias, y que le confieren esa identidad única.

Posteriormente, El Cura escribía un artículo titulado Pluvinel, La Guerniere y nuestra vaquera, en el que hice esta aportación:

Estimado José Manuel:

Interesante tema, aunque por otra parte espinoso en lo concerniente a la serreta. Por aquí abajo, por desgracia, más que un uso a veces se ha hecho de ella un abuso, destrozando la nariz de muchos caballos, dejando cicatrices vitalicias en el exterior...y lo que es peor, en la mente del noble bruto. Pero en esto, como en todo, parece que vamos a mejor.
Con respecto a las ilustraciones de La escuela de a caballo, a mi también me llamaron la atención las larguísimas camas de los bocados, y la extensión total de las piernas de los jinetes, aunque esto último lo hemos podido ver en muchos cuadros de épocas algo posteriores.
Con respecto a la monta a la jineta, preciso un par de datos que seguro conoces, pero que me permito añadir como complemento a tu texto:.

- La monta a la jineta se extendió por toda España en el inicio de la era moderna, pero su llegada a la península corre a cargo de los cenetes, tribu beréber de los Benimerines, quienes llegan a finales del siglo XIII para entrar al servicio de Muhammad I, rey de Granada (tomado de: José Aguilera Pleguezuelo: El caballo español e hispano-árabe, Ed. Almuzara, Córdoba, 2006, pág. 167.)

- Las técnicas, armas, caballos y tacticas de los hispano-árabes ejercieron una influencia continua en sus vecinos reinos cristianos, hasta el punto de que en 1390, se promulga el Ordenamiento de Lanzas, que mandaba a todos los vasallos del rey residentes desde Villa Real hasta el Sur, estuviesen armados a la jineta (Francisco Rivas Rivas, Omnia Equi, Ed.Almuzara, Córdoba, 2005, Capítulo III: Combatientes de frontera).

Tomás Mateo Cubero.

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