sábado, 4 de febrero de 2017

Beneficios de galopar fuerte a tu caballo

A raíz de un vídeo que subí recientemente en mi muro de Facebook  de una chica galopando por el campo con un PSI,  se han suscitado ciertas opiniones sobre la conveniencia de entrenar a un caballo galopando fuerte, así como su tendencia natural de galopar. Curiosamente, dos extremos a priori irreconciliables, como son el sector domero acérrimo y el mundillo del caballo “natural”, coinciden en que ninguno de los dos galopan fuerte a sus caballos.



Buena parte del sector hípico domero, sobre todo los que aún se empeñan en seguir con técnicas rompenucas como el rollkur, nunca dejan que el caballo galope amplio, con la cara adelante y el cuello estirado, y si bien buena parte de su “entrenamiento” lo hacen diariamente al galope, se trata de un galope constreñido, en el que el caballo va totalmente sometido y no se le permite ni un solo tranco amplio y con algo de libertad, con los enormes perjuicios que ello conlleva no solo de salud física, sino mental, ya que al caballo se le anula por completo la voluntad, y sobre todo cuando se hace uso y abuso de rendajes que impiden al caballo llevar la cara mínimamente cerca de la vertical. Para ellos, el galope a cuatro tiempos es una herejía total, cuando se sabe de sobra que es un ejercicio magnífico, ya que “suelta” el dorso de los caballos a la par que les mejora la forma física en general. Por otro lado, he aquí que buena parte de los propietarios de caballos que se han subido al carro de los métodos “naturales”, tampoco galopan (ni saltan…) ni hacen nada medianamente exigente con sus caballos pues creen que es maltratarlos.

En la siguiente secuencia de imágenes, vemos como Edward Gal convierte el galope en lugar de ser algo sano en un modo rápido y efectivo de destruir el físico y la moral de un supercaballo.








Así que curiosamente, tanto domeros que pasan olímpicamente de los métodos naturales, como los defensores de esos métodos supuestamente naturales, que critican continuamente el rollkur y otras barrabasadas de cierto sector de la Doma Clásica, no les dan a sus caballos el enorme regalo de galoparlos como se debe. Y es una pena, porque es un ejercicio magnífico que otorga enormes beneficios. Ciertas voces dicen que el caballo en libertad no galopa por propia voluntad, pero estoy en total desacuerdo. He pasado mucho más tiempo con caballos en el campo, en libertad, que en cuadras o hípicas, y sobre todo desde que decidí que iba a dedicarme a entrenar caballos, he pasado muchas horas observándolos para aprender qué puedo aprender de lo que hacen en su vida diaria cuando el hombre no interviene, y así poder darles entrenamientos más coherentes con su verdadera naturaleza. Y una cosa está clara: el caballo vive su vida en un 85-90% del tiempo al paso. Un pequeño porcentaje lo dedica al trote, y el resto, al galope. Y veo en no pocas ocasiones galopar a caballos en libertad.

El trote es según he observado en los últimos años, el aire menos empleado por los caballos a su libre albedrío, y cuando trotan, es un aire de transición, para ir de paso a galope o viceversa. Y también, usan trotes excepcionales para piafar o hacer passage cuando algo les asusta o vienen caballos nuevos a los que quieren impresionar. Es por eso que cada vez uso menos el trote en mis entrenamientos, y ya prácticamente, las sesiones más largas de trote, las dejo solo para el trabajo pie a tierra en las que me centro en el trabajo de dorso, cierto trabajo con cavalettis, y otras cosas muy concretas. También debemos saber que determinados tipos de trote, pueden subir más las pulsaciones de un caballo que un galope amplio y cadenciado.

Un ejemplo claro del galope en 4 tiempos, un ejercicio extraordinario para cualquier caballo si se hace con mesura.


Claro que, como todo aquello de lo que se abusa o es llevado al extremo, puede ser contraproducente, como ocurre con una gran parte de los caballos de carreras, que sufren unos elevados niveles de estrés y úlceras estomacales, además de ciertas lesiones propias de unos entrenamientos muy duros y a edades muy tempranas.

Pero antes de entrar en los detalles técnicos de lo que ocurre a nivel físico y mental en un caballo cuando galopa fuerte, me gustaría contaros algo que me sucedió con un caballo hace ahora tres años justo, y es que una de las cosas más gratificantes de haber decidido que quiero pasarme la vida entrenando caballos, es ver cómo el entrenamiento da resultado y caballos enclencles y apagados, o aquellos que salen de una lesión, se convierten en caballos fuertes, orgullosos y sanos.

Aquellos que seguís mi página web o me conocéis en persona, sabéis que lo que hago es básicamente entrenar a los caballos del modo que hacen los deportistas humanos actuales, es decir, entrenamientos combinados: un día entrenamos potencia, otro resistencia, otro elasticidad…Pues hace unos tres años, con un caballo que unos meses antes había sufrido una lesión que pudo ser muy grave y que lo dejó parado varios meses, el día que me tocaba salir al campo a trabajar el fondo físico, me ocurrió una de las cosas más bonitas que he vivido con caballos.

El plan del día consistía en salir de la hípica paseando tranquilamente hasta llegar a una cuesta para trabajar galope, lo que suponía una media hora de paso que me servía de calentamiento, después trotaba unos minutos y a continuación trabajaba fartleks al galope en cuesta arriba. Como ya llevábamos varias semanas entrenando, la forma del caballo había mejorado ostensiblemente.
Pues una vez terminó la parte dura del entrenamiento (las series de galope), hacía lo de siempre: riendas largas al paso y paseo de vuelta a la cuadra, lo cual suponía unos 30-40 minutos, y que le servían de enfriamiento. Ese día, como cada semana en la jornada correspondiente al cardio, había subido un poco el listón de exigencia con respecto a la semana anterior, para que el caballo siguiera mejorando su condición física. Su dueño lo necesitaba a tope en unas semanas, y si no lo llevaba a su punto de forma óptimo, el caballo lo pasaría mal porque estuviese como estuviese, le iban a exigir un rendimiento alto, así que lo mejor era garantizarme de que llegaba en la mejor forma posible.

Así que como digo, ya habíamos trabajado el galope en cuestas e íbamos de vuelta. El caballo, iba montado con riendas a la cabezada de cuadra, sin hierro ninguno en la boca, descalzo, y las riendas, al ir de vuelta, se las llevaba muy largas para que fuera cómodo, con el cuello estirado y con paso amplio y relajado.

Y en esas estábamos, yo feliz y contento por la progresión y las ganas que estaba notando en el caballo y por lo divertido que es una buena sesión de galope en el campo, cuando de repente, noto que el caballo empieza a animarse y antes de que pudiera darme cuenta, levanta la nunca, da un par de trancos de trote y se arranca a galopar de nuevo…
Como para este tipo de trabajo llevo los estribos muy cortos, me vuelvo a poner en suspensión y tomo contacto con las riendas sin saber muy bien que está pasando. No entendía nada, el caballo había galopado ya un buen rato y era imposible que estuviera con el típico exceso de fuerza. Pero de repente, veo que a mi izquierda, que había una cerca de madera que pertenece a una yeguada, vienen galopando un par de potros hacia nosotros.

En efecto, a veces, para volver a la hípica, pasaba por un camino que está rodeado por las vallas de madera que cierran los prados de una yeguada que hay en la zona cercana a la hípica, y se ve que aquellos dos potros, tenían ganas de juego y vinieron corriendo a curiosear al caballo que yo iba montando. Claro que éste, al sentir a los potros galopando de lejos, se animó y empezó a galopar también.

Así que a la izquierda iban los dos potros galopando pegados a la valla y nosotros por la pista corriendo en paralelo en una especia de carrera improvisada. Yo, viendo que mi caballo no tenía la menor intención de dejarse perder la carrera, me puse lo más parecido que pude a un jockey de carreras, totalmente en suspensión, sin estorbarle nada con las riendas y dejándole a él que decidiera la velocidad a la que quería correr, ni le apreté ni le frené. Así estuvimos durante varios maravillosos trancos en los que ni los potros ni el caballo que yo montaba, daban su brazo a torcer, hasta que los potros fueron doblando a su izquierda porque se iban aproximando al fin de la valla y mientras ellos seguían galopando mientras se alejaban de nosotros, soltaron algún relincho que mi caballo, ya cediendo velocidad, no dudó en replicar con voz autoritaria.

Cuando terminó aquella maravillosa experiencia, lo único que pude hacer fue abrazar desde arriba el cuello de mi buen amigo. No estaba emocionado por la situación en concreto, que fue maravillosa, sino por la intrahistoria de ese caballo. Primero, por ver cómo un caballo al que le dediqué muchas horas para salir de su lesión y que ni el vet ni el dueño tenían claro si le daban la oportunidad, me acababa de dar uno de los mejores regalos de mi vida.

Pero nuestra historia en común iba más allá. Dos años antes, cuando fui a sacarlo por encargo de su propietario de la cuadra en la que estaba, el “jinete” (me cuesta llamarlo así) que lo montaba me dijo literalmente: “ten cuidado que este te mata”. Su método para meterlo en el van golpeándolo con una goma de riego si que casi me mata cuando lo llevaba del ramal y casi me aplasta cuando el pobre entró en el remolque aterrorizado por la que los bestias estos le estaban dando desde atrás. Me ahorraré el resto de detalles para que no me hierva la sangre. Pero desde ese día, me propuse hacer de él un caballo fuerte, feliz y sano. No fue fácil al principio porque se había castrado muy tarde y llevaba encerrado en un box los últimos años de su vida. Pero unos meses después, era el caballo perfecto: noble y paciente para un niño, o valiente y fiel para quien quisiese saltar, galopar o hacer excursiones fuertes al campo, e incluso sirvió de modelo fotográfico, y se portó con una nobleza extrema. Y todo eso, descalzo y sin hierro alguno en la boca.


En la foto, aquel caballo que meses atrás sufrió una grave lesión que pudo haberlo dejado fuera de combate, posaba fuerte y orgulloso, y brindaba su total complicidad sin necesidad de hierro alguno en la boca. Los entrenamientos al galope, fueron fundamentales para lograr el buen estado de forma que presentó meses después.



Pero retomando la experiencia de aquel día con el caballo y los potros, estoy en situación de afirmar de que a los caballos no solo es que les guste galopar, sino que les pone en una inmejorable condición física y les da una gran fuerza mental. Aquel caballo que yo montaba, no era ni un Pura Sangre ni un centroeuropeo, era un PRE, y os puedo garantizar que en excursiones que hice con otros caballos a priori de mejor condición física, estaba muy por encima del resto en capacidad de aguante y velocidad, y eso que su físico natural, tirando a obeso, no era precisamente el de un caballo velocista.

El hecho de que aquel día, el caballo rompiera a galopar por propia iniciativa, y habiendo ya trabajado fuerte con anterioridad, demuestra que por un lado, el galope es algo totalmente natural, y que bien entrenado, no tiene por qué ser ninguna crueldad, sino todo lo contrario y que puede partir de ellos por propia voluntad.

Os podría contar algunas experiencias más, relativas a la facilidad con la que la mayoría de caballos que trabajo se ponen al galope sin que les obligue, simplemente animándoles un poco, y casi siempre, tengo que pararles porque suelo ser bastante estricto con el control de los tiempos y como tampoco son caballos de carreras ni de raid, no me gusta tampoco abusar de los entrenamientos al galope. En la foto principal de este artículo, estoy galopando con una de mis yeguas, a la que apenas tengo que indicar levemente con la boca un sonido, para que galope, y nunca le he dado un espolazo o un fustazo, y eso que además vive en libertad y no come ningún pienso que contenga almidón. Quiere decirse, que ni está sobrada de energías debido a vivir en cautividad ni a que coma cereales o piensos energéticos, ni está forzada en ningún momento, o sea, galopa porque quiere, está en forma y no le supone ningún esfuerzo adicional, y es más, tengo que ir suavizándola porque empieza  a apretar y sube y sube de intensidad si la dejo.

También os puedo contar como muchas veces, cuando estoy en el campo, veo a mis yeguas que se alegran de buenas a primeras y se dan sus galopadas, jugando, botándose y saltando ellas solas. O también recuerdo cuando me trajeron un caballo castrado para unas semanas, y lo solté con mis yeguas, la que se formó. Al pobre caballo, mis yeguas le hicieron galopar campo arriba y abajo durante toda la mañana. Mis yeguas, en un estado de forma impecable y viviendo en libertad y descalzas, eran auténticas cabras montesas con la velocidad de un felino, y jugaron con el pobre caballo a su antojo, hasta que ya decidí meterme en medio y llevarme al caballo a un corral, porque no le daban tregua. La facilidad con la que mis yeguas adelantaban y acorralaban a aquel caballo (que no era ningún penco, hijo de caballo Pura Raza Árabe y madre Aá), saltando - o quizás deba decir volando -  además por zanjas, riscos y todo lo que se encontraran por el camino, me hizo darme cuenta del enorme poder que tiene la combinación de un buen entrenamiento sumado a una vida en libertad en una finca de sierra y sin hierro en los pies. Y he de añadir, que mis yeguas llegaron a mis manos desnutridas, sin músculo, y en un estado mental de total autismo y de falta de voluntad para cualquier cosa. Si simplemente las hubiera dejado vivir en libertad y no las hubiera entrenado, habrían mejorado, por supuesto, pero no habían podrido mejorar tanto su físico. El deporte, igual que ha mejorado la vida de millones de personas, puede mejorar también la vida física y mental de los caballos. Y el galope, es un aliado fundamental en ese entrenamiento que podemos darle a los caballos.

Y en definitiva, os podría contar muchas más anécdotas sobre galopes, tanto montado como en libertad, pero creo que basta para hacernos una idea. Mi experiencia sacando caballos adelante que venían de situaciones complicadas, me dicen que es un ejercicio magnifico y que les pone la cabeza muy bien amueblada, sobre todo, les da ánimos y se van sintiendo fuertes. De hecho, los caballos que nunca galopan amplio, están frustrados (cuantas veces he tenido esta discusión con domeros o jinetes que se niegan a galopar fuerte y amplio a sus caballos).

Es cierto que un caballo, cuando vive en libertad (entendiendo por libertad una finca de muchas hectáreas y en la que no interviene el ser humano) no decide por sí mismo ponerse a galopar durante una serie de minutos al día para estar en forma. Al igual que los niños de hoy en día tampoco deciden correr, hacer ejercicio, y encima están todo el día comiendo cosas con azúcar…por lo que tenemos que apuntarlos a actividades deportivas y fomentar que se muevan al máximo en su día a día y que no estén todo el día sentados viendo tele o jugando a la Play Station. Parece que hay mucha gente que no es consciente de que el 90% o más de la población equina vive en cuadras, o en minipaddocks, y si no les damos a esos caballos el ejercicio adecuado, no solo tendrán mala calidad de vida, sino que cada vez que se les pida algo, sus cuerpos no estarán preparados y será un sufrimiento para ellos, tanto físico como mental.







Por otro lado, sabemos que el deporte produce en la mente de los humanos numerosos beneficios, liberando determinadas sustancias que nos hacen no solo más felices, sino que al ver que vamos progresando en nuestros ejercicios y deportes, aumenta la confianza en nosotros mismos. Esto mismo, sucede en los caballos. Ignoro – no he encontrado estudios serios al respecto – qué clase de sustancias libera el cerebro equino con el ejercicio, pero he notado cambios mentales y de actitud en caballos que venían de situaciones muy radicales o de hambre o de cautividad en boxes y de atrofias musculares o sobrepeso, con el entrenamiento, y sobre todo, con el trabajo al galope.

La cuestión es que hay que saber qué clase de entrenamiento dar, ya que tenemos dos grandes bandos, los que entrenan a sus caballos, sean salto, doma, etc, pero no tienen mucha idea de fisiología equina, y los machacan y los aburren obsesionándose con entrenamientos que solo se enfocan en ejercicios de su disciplina, y los que no hacen nada con su caballo porque creen que ejercitar a un caballo es maltratarlo. Ambos extremos caen en el mismo error a fin de cuentas: ignorar las necesidades mínimas o concretas de ejercicio de un caballo. Hay que valorar qué edad tiene el caballo, qué condición física, etc y adaptarlo a la situación concreta. Y el galope será siempre un aliado magnífico en el entrenamiento de cualquier caballo. Físicamente, los beneficios son:

-          _Incremento de la potencia y la fuerza
-          _Mejora general de los músculos de casi todo el cuerpo
-          _Desarrollo específico de los músculos abdominales, pélvicos y dorsales (para que el dorso se suelte hay que galopar en suspensión, sin dar culadas y con una montura adecuada que no dañe ni estorbe al caballo, y una cincha amplia y elástica que no impida a los abdominales trabajar ni una respiración amplia para el caballo)
-          _Aumento de la capacidad cardiovascular
-         __ Mejora de la capacidad pulmonar
-         _ Elasticidad de las articulaciones vertebrales y de la cadera
-      _  Incremento de la capacidad de reacción/contracción muscular

Queda ya fuera de este artículo por su extensión el hablar sobre el modo de entrenar un galope fuerte o el galope de cuatro tiempos, y de lo cual hablaré más adelante, pero para quienes no lo hayan hecho nunca y quieran empezar a probar, aquí van unos consejos:

-        0 Tener confianza total en el caballo con el que se va a galopar y en el entorno para practicarlo (nunca jamás en el asfalto ni pisos empedrados, etc.)

-          _Hacerlo mejor las primeras veces en una pista conocida para el caballo y el jinete, y que dicha pista no tenga boquetes ni sea demasiado profunda o pesada, y a su vez que sea amplia.

-          _Que tengamos la pista para nosotros o con poca gente (esto más que nada es porque hay gente que tiene miedo de que su caballo se “alegre” al sentir a otro galopando amplio a su lado y se enfadan)

-          _Si no se tiene montura de salto, con la de doma, acortar un par de puntos las acciones y practicar el asiento en suspensión al paso y luego al trote hasta que nos mantengamos estables sin colgarnos de las riendas.

-         _ Hacer un buen calentamiento de paso activo (20-30 min) a ambas manos, un par de minutos de trote a cada mano y después ya pasar al galope, y poco a poco ir dejando que el caballo vaya ampliando a base de ir cediendo riendas pero sin perder el contacto. Hacer por ejemplo un par de vueltas a una mano y otras dos a la otra. Si es un caballo que vive en box y no sale a estirar en paddock estar prevenidos por si al galopar quiere dar algunos botes.

-          Nunca abusar de este ejercicio y ser siempre progresivos, y una vez estamos seguros, ya podemos hacerlo por el campo, una o dos veces por semana, y siempre dejando dos o tres días entre una sesión de galope y otra, pero ojo, nunca dejar al día siguiente de un trabajo de galope al caballo totalmente parado en un box, ya que las agujetas se cebarán con sus músculos. El mejor modo de limpiar el ácido láctico es dándole movimiento al caballo y no repetir los ejercicios que hayamos hecho el día anterior, así como enfriar con una buena sesión de paso tras el trabajo de galope.

*Nota extra: galopar en una pista grande o salir a galopar al campo es en mi opinión un ejercicio perfecto para hacerlo sin embocadura de ningún tipo y llevar al caballo bitless. Ya que pretendemos con este ejercicio que el caballo estire y amplíe su cabeza y su cuello todo lo que quiera y pueda, el no llevar nada dentro de la boca le permitirá soltarse con total libertad y sobre todo, que si en algún momento nos colgamos de las riendas, el no llevar nada en la boca no le causará daño alguno y no le impedirá seguir galopando con comodidad. Eso sí, debemos estar familiarizados con este sistema tanto nosotros como el caballo.

Como siempre, para la elaboración de este artículo, me he basado en mi propia experiencia pero además me he apoyado en bibliografía específica sobre entrenamiento equino, con libros y artículos de Hillary Clayton, Jec A. Ballou o Gillian Higgins. Recibiré con agrado cualquier sugerencia o comentario sobre este artículo, lo único que pido es que esté sustentado en bibligrafía y en experiencia sólida.





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