viernes, 6 de enero de 2017

Si no haces cosas diferentes, obtendrás lo mismo de siempre

Estamos en el siglo XXI, y los entrenamientos de los deportistas humanos han variado ostensiblemente en estas últimas dos décadas. En cambio, la mayoría de jinetes, siguen entrenando a sus caballos de un modo muy tradicional, enfocándose exclusivamente en el trabajo en pista y solo montados.
Observad ahora al caballo de esta foto. Mirad cómo está empleando su cuello, cómo lleva activos los músculos de la línea superior. Esa posición y el empleo de los músculos que vemos trabajando en la foto, no solo son positivos para la zona concreta del cuello, sino que condicionan el empleo del resto del cuerpo del caballo.

Un cuello bien empleado, conlleva un cuerpo entero entrando en acción del modo correcto, mientras que un cuello mal colocado, implica un empleo del cuerpo inadecuado y que lejos de fortalecer, puede incluso a la larga provocar lesiones.
Todo esto además se le está pidiendo al caballo sin presión, sin tensión, al paso, sin fatiga, sin sudor y dejando que él decida, dentro de la dificultad del ejercicio, cuál es la mejor opción para él. Es un ejercicio sencillo, pero que le otorga al caballo fuerza, agilidad, coordinación, propiocepción, poder de decisión...y todo sin el uso de riendas auxiliares ni amarres cohercitivos. Este tipo de ejercicios lo hago pie a tierra y montado y creedme que ir con un caballo sobre un circuito de neumáticos es una sensación espectacular, ya que emplean su cuerpo de un modo único, ya que notas como usan su cuello de un modo impecable y alargan y levantan los brazos, calculando al milímetro donde ponen las manos, y se coordinan con los pies de un modo que nunca jamás notarás en un entrenamiento clásico en plano.
Si vais a hacer este ejercicio, que os recomiendo encarecidamente, empezad pie a tierra, y con dos o tres neumáticos, siempre poco a poco, y sin forzar, dejando siempre que el caballo se anime a meter las manos en el interior de la rueda o en el espacio que queda entre rueda y rueda por su propia voluntad y vea que no le pasa nada. Progresivamente se puede ir aumentando el número de ruedas y cuando las pase con seguridad, entonces lo hacemos montado, y por supuesto dándoles libertad de riendas (que no es lo mismo que perder el contacto totalmente), les dejamos que coloquen la cabeza donde quieran.
Los entrenamientos clásicos de pista, no solo son incompletos a nivel de forma física y de preparación mental de un caballo, sino que no previenen lesiones de igual forma que un entrenamiento combinado potente y variado realizado con progresión, respetando las pautas de calentamiento y enfriamiento. Es por eso que saber aprovechar cualquier elemento que tengamos a nuestro alcance, permitirá a nuestro caballo estar cada día más fuerte física y mentalmente.
SI NO NOS SALIMOS DE LAS RUTINAS DE SIEMPRE, NUNCA TENDREMOS RESULTADOS DIFERENTES.

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