jueves, 22 de diciembre de 2016

Lo que me enseñan mis yeguas

Ahora que mis yeguas han echado el pelo de invierno y que no las puedo ver más que un par de días en semana, mientras repaso imágenes del verano pasado, el cual pasamos juntos, reflexiono sobre todo lo que me enseñaron en esos dos meses y pico de calor campero. Un verano en el que se pasaban el día pastando y viviendo una auténtica vida de caballo, excepto en las últimas horas de la tarde en las que tocaba entrenar.

Con los caballos creo que pasa como con los hijos: todos creemos que los nuestros son especiales. Pero en mi caso, puedo asegurarlo 😊


Algunas de las cosas que me dejan cada día más claro es que mientras más vida de caballo tengan, más y mejor querrán colaborar con su entrenador en su proyecto hípico. Ha habido días que les he exigido físicamente: entrenamientos de galope, saltos, cuestas… pero siempre a mayor exigencia por mi parte, más me cuido de que después tengan más recompensa, y nada mejor para un caballo que dejarle que pase el máximo de horas pastando en movimiento y en compañía.

Creo que ese es el gran problema al que se enfrentan la mayoría de jinetes. Exigen y exigen pero no corresponden con el mejor regalo que se le puede dar a un caballo: libertad, compañía, y forraje abundante.

Continuamente veo a caballos que siguen una rutina de entrenamiento aburrida y machacona, y al final de la misma, ducha y al box. El día que toca descanso, no salen de la cuadra…es imposible que así rinda un caballo al cien por cien.



Mucha gente me pregunta por técnicas de entrenamiento, dietas y en definitiva todo aquello que pueda incrementar el rendimiento y la fortaleza de su caballo. Y yo siempre respondo lo mismo: antes de ponerte a entrenarlo, pregúntate qué puedes hacer por darle una vida equina lo más plena posible. Porque ahí está la clave del éxito con cualquier caballo. De nada servirá la mejor rutina de entrenamiento si tenemos un caballo aburrido que apenas sale de su box. Poco efecto hará el pienso supercaro, las vitaminas o el suplemento si es un caballo desmotivado con su vida.
Y es ahí donde yo he notado la gran diferencia. Yo sí que me ocupo de dar a los caballos entrenamientos consistentes, de que coman piensos de calidad…pero eso es solo una parte. El resto del conjunto, lo forma la vida equina que le demos a nuestros caballos.

Y este verano, pude comprobarlo una vez más. Día a día, pude ir viendo cómo mis yeguas iban fortaleciéndose, cómo cuando, a pesar de estar sueltas en el campo y trabajar a diario, estaban dispuestas a darse una galopada resoplando si veían a la manada de ciervas que cada tarde venía a beber agua y a comer algunos higos del suelo de las viejas higueras que cada verano regalan su fruto. Cómo con la cola en trompa y los ollares bien abiertos se ponían a piafar, mostrando esas grupas y hombros de pura sangre rebosantes de fuerza que tan loco me vuelven.

Ese espectáculo del final de cada día, tras la jornada de trabajo, que contemplaba sentado mirándolas, satisfecho por saber que en esos capilares a flor de piel, esos glúteos llenos de músculo, y en ese carácter orgulloso, yo había puesto mi parte dándoles el entrenamiento, y la recompensa de una vida equina plena. Ellas a cambio, me regalan el espectáculo de verlas llenas de vida.
Sí, los entrenamientos que les doy a mis caballos, son duros. En verano, en el sur de Andalucía y en la sierra, donde todo son cuestas y riscos, yo además les complico las cosas añadiendo troncos y obstáculos. Cuando trabajo con ellas, no hago concesiones, igual que tampoco las he hecho conmigo cuando he afrontado retos deportivos serios.



Pero siempre me alegré después de haber levantado más peso en el gimnasio, de haber corrido un kilómetro más. Siempre tuve la satisfacción del entrenamiento bien hecho. Y con ello, sentía las endorfinas que se liberan después. Y el bienestar físico que te acompaña cada día. Pues eso mismo es lo que veo que en ellas cuando decido aislarme del mundo en el campo y encerrarme con mis yeguas.
Pero como decía al principio, el secreto está no solo en exigir, sino en dar. Lo primero, es aprender a darle el entrenamiento más adecuado. Cada caballo es un mundo. Hay que tener en cuenta su estado actual, su pasado y lo que queremos que sea en el futuro. Y hay que ir siempre con un margen, ir siempre un poco por detrás en exigencia. En cambio, ir siempre por delante en las concesiones de vida equina. Prefiero quedarme corto en un entrenamiento si no lo veo claro. Pero nunca privaré de horas en libertad y compañía.

Y así, os garantizo que vuestros caballos se harán cada día más fuertes y estarán más motivados. Hace ya tres años que mis yeguas y yo formamos una manada extraña. Un humano y dos yeguas purasangre, locos por el entrenamiento. En las fotos no se me ve, porque soy yo el que las hace, pero en esos días de verano, hay momentos en los que los tres nos ponemos a correr y a saltar por el campo. Es una sensación sobrecogedora, ya que tener a dos yeguas poderosas galopando al lado y botándose, hace que me sienta diminuto, aunque por otro lado, siento como si me protegieran. De repente paramos y se ponen a pastar con toda la tranquilidad del mundo. Y al final de la tarde, casi anocheciendo, cuando las llamo para ponerles su pienso, las veo venir a todo galope y relinchando y vuelvo a quedarme asombrado de cuanta belleza y cuanto poder hay en estos animales. Supongo que el hombre primitivo, al ver caballos galopando en libertad, quedó sublimado y empezó a maquinar en su mente: “yo quiero ser parte de eso”.

Y ahí empezó todo. Y ahora, siglos después, en un mundo en el que la electrónica lo inunda todo, aún podemos sentirnos como aquellas primeras personas que se atrevieron a relacionarse con caballos sin más vínculo que el que crean dos animales, un herbívoro y un depredador. Es una sensación tan primitiva como auténtica, y nada puede igualarse. Ahora, incluso me atrevería a decir que esta sensación es más potente que la que pudieron sentir nuestros antepasados, porque los caballos de ahora, son más rápidos, más fuertes y más bellos que nunca. Y quien prueba esta sensación, ya quiere otra cosa en su vida.


¿Puede haber otra cosa más grande en esta vida que hacer a tu caballo más fuerte, feliz y sano? Sinceramente, NO.






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