lunes, 21 de noviembre de 2016

Cómo conseguir que un potro se convierta en un caballo sano

Artículo publicado en revista A la Vaquera nº66 con comentarios actualizados en la fecha de su publicación en la web

Este artículo lo escribí para la revista A la Vaquera, disciplina en la que muchos de sus practicantes aun tienen la pésima costumbre de comenzar a montar un potro con 30 meses (una edad de 2 años y medio), pero lo he readaptado para su publicación en mi página web y son factores aplicables a cualquier potro destinado a cualquier disciplina.




Con un caballo joven, no hay que buscar la reunión ni meterlo en ejercicios complicados, sino enfocarnos en que vayan con ganas adelante, que vean el trabajo como algo que no les machaca, y ayudarlos a fortalecerse, dejando siempre que vayan cómodos y relajados.


Los tiempos van cambiando, sobre todo, desde que la ciencia llegó para hacer nuestra vida mejor. Es por ello, que las tradiciones, deben ir adaptándose a los descubrimientos certeros e irrefutables que los diferentes sectores científicos, nos van legando. En nuestro caso en concreto, son aquellos preceptos dictados desde la medicina veterinaria equina, los que deben ir modificando ciertas pautas a la hora de trabajar nuestros caballos, ya que si seguimos dichas pautas, nuestros caballos rendirán mejor, con más salud y por más años. Imagino, que a esto, aspiramos todos, seamos profesionales o aficionados.
                                                        
En este artículo vamos a hablar de la importancia de seguir unas líneas de trabajo que mantengan una coherencia con la salud y fisiología del caballo, para lo cual es necesario en todo momento tener en cuenta la edad de dicho caballo, y nunca jamás, ir más allá de lo que su edad permita en ese momento. Ya sabemos que a caballo, ir lento, es sinónimo de llegar lejos. Por otro lado, contamos con una enorme ventaja: observar aquello que hacen los jinetes y cuadras de Doma Clásica, y que vemos les da buen resultado. En Europa, Estados Unidos, Australia o Nueva Zelanda, es habitual ver compitiendo al máximo nivel caballos con 14 o 16 años. En cambio, en vaquera, un caballo de diez o doce años, se empieza a considerar al límite de su vida de competición. ¿Qué hacen esos jinetes de Doma Clásica para tener caballos que incluso con más de 16 años puedan estar en óptima forma? ¿Y qué hacemos aquí para que no ocurra lo mismo?


1_Una mirada a la tradición.

La costumbre nos dictaba, que el potro se recogía del  campo con 30 meses por lo general, es decir, una edad real de dos años y medio. En algunos casos, los potros ya estaban “manoseados” y al menos tenían una doma básica de manejo con el ronzal, y en otros casos, venían totalmente cerreros y se empezaba desde cero. En cualquier caso, a partir de ahí, se comenzaba su trabajo a la cuerda hasta llegar a montarlo, sacarlo al campo con madrina y en poco tiempo, tenerlo trabajando en las faenas del campo.

Esta prontitud en la doma, viene del planteamiento que ya se daba en la época andalusí de la Península Ibérica, tradición que aun hoy es mantenida en ciertos lugares del Norte de África, donde muchos jinetes bereberes (emparentados con nuestra vaquera) tienen un dicho que rige su trabajo con los potros: “al caballo, como al árbol, hay que enderezarlo cuando es joven”. Claro que aunque estos refranes suenen muy bonitos, provienen de una tradición que obedecía a una necesidad (primero fue la guerra, y después, la faenas con ganado bravo), no a una realidad (la del cuerpo equino y demostrada por la ciencia). En nuestra vaquera, había que tener al caballo pronto preparado para unas faenas de campo muy exigentes, y sobre todo, no se tenía la menor idea sobre la edad óptima de maduración del esqueleto equino, que viene a partir de los 7 años. Lo cual quiere decir que lo recomendable es empezar a montar los caballos a una edad más cercana a los 4 que a los 3 años (nunca jamás por debajo de tres).

(¿Qué prefiero yo?: por mi parte, no tengo el menor inconveniente en esperar a los cinco años o incluso más antes de empezar el trabajo en serio montado)

2_Manejo del caballo joven

El potro, para que de adulto sea un caballo fuerte, elástico, con una mente limpia de manías y tenga un óptimo desarrollo, ha debido pasar su juventud en plena libertad, corriendo, saltando y jugando con otros potros. Ha debido ser alimentado correctamente, es decir, mucho forraje, y una cierta cantidad de pienso especial para potros, pero primando en el caso de los potros, más la calidad del pienso que la cantidad.


Esto es lo que debe hacer un potro hasta los 4 años. Si le privamos de esto, será un caballo con problemas mentales y físicos sin lugar a dudas.

Una vez el potro es recogido del campo – insistimos, donde ha de vivir hasta los 3 años como mínimo-  ha de pasar el máximo de horas en libertad, aunque ya hayamos comenzado su doma. Encerrar un potro de 30 meses en un box, y solo sacarlo de su cuadra para trabajarlo en la pista, es garantía segura de que pronto vendrán los problemas, tanto de comportamiento como de salud. Hemos de tener en cuenta, que encerrarlo en un box supone alterar su verdadera naturaleza bruscamente: herrarlo, cambiar la alimentación, hábitos de vida, etc. La vida en libertad es lo que da salud mental y física al caballo, por lo que mientras antes le privemos de esta, más posibilidades tendremos de tener problemas.

¿Mi consejo?: Dejar vivir al potro en total libertad y en manada hasta un mínimo de 4 años o más si se puede, y por supuesto, cuando empecemos los primeros entrenamientos, dejar que el potro siga viviendo en libertad, o en un ecosistema lo más parecido a la libertad: máximo movimiento posible lento pero contínuo, buen forraje y en cantidad y poco pienso pero bueno, presencia de otros caballos al lado, etc


3_Entrenamiento del caballo joven.

Si obsoleto está el planteamiento de empezar a domar un caballo con 30 meses, también lo están los métodos que se siguen empleando en no pocas cuadras de vaquera, sean de competición o no. Por supuesto, la costumbre de “hacerle la cara” al potro, a base de serretazos, debe quedar totalmente desterrada. Recomendamos la lectura del artículo firmado por Joaquín Olivera y titulado “La confianza”, publicado en la revista Trofeo a la Vaquera nº 51, en el que el 9 veces campeón de España decía claramente sobre esta horrible costumbre y otros métodos violentos: “cuando desterremos las malas prácticas de estas tradiciones, avanzaremos hacia la mejor doma del mundo”.

Lo adecuado es empezar con unas pautas de trabajo pie a tierra muy suaves y progresivas, de las que ya hablaremos más detalladamente más adelante, pero de las que podemos adelantar que van encaminadas a evitar la lucha en todo momento, y el sobrecargar y fatigar al potro. Primero, trabajar unos días con el cinchuelo hasta que el potro se habitúe, después ir colocando progresivamente una montura de doma de poco peso, y así sucesivamente. Deben quedar eliminadas el uso de las riendas de atar, tanto a la boca como a la nariz, que lo único que hacen es contribuir a que el caballo vaya encogido, en lugar de animarlo a ir hacia delante. No se trata de destruir ni el físico ni la moral del potro, sino de ganarnos su confianza, y ello se consigue haciéndolo cada día más fuerte y noble con nosotros. Llevándolo a los tiempos actuales, tenemos que actuar con el potro como su entrenador personal, como alguien que les ayuda a sacar lo mejor de si mismos como deportistas y como equinos, y no como un tratante de esclavos que explota sin compasión hasta el fin a todo aquel que cae bajo su mando.

¿Cómo lo hago yo? El caballo joven, tiene ganas y necesidad de juego hasta los 6-7 años (a veces incluso más), por lo que intento que el trabajo sea para él un juego divertido, pero que le vaya fortaleciendo física y mentalmente, que se sienta cada vez más fuerte y confiado en sí mismo, a la par que se de cuenta que su confianza en mí nunca se verá traicionada y es lo mejor para él. 
Para ello, nunca le pido más de lo que su cuerpo y su mente puedan dar, jamás abuso del trabajo montado, de los tiempos de entrenamiento, sobre todo de galope y trote, e intercalo sesiones de descanso abundantes, le dejo que paste, le rasco las zonas que le gustan, le dejo que mire y observe cuando ve que algo le llama la atención, etc. Es decir, le educo y le entreno, pero no coarto su personalidad ni sus ganas de divertirse, y para ello, intento que sus ratos conmigo sean lo más parecido a la vida que hace con otros potros: ahora corro, ahora como, ahora troto...

4_La edad de competir

Si tenemos en cuenta todos los puntos propuestos hasta ahora, es evidente que la edad a la que un caballo se debuta en la pista, será más tardía, pero ello, en lugar de ser un perjuicio, es una ventaja. En vaquera, un caballo de doce años es considerado por lo general un caballo “viejo”, mientras que en los circuitos de Doma Clásica europeos, dicha edad es óptima, ya que se sabe que es cuando el caballo podrá rendir a tope no solo físicamente, sino mentalmente, requisito este fundamental en una reprise. Esta diferencia de conceptos, indudablemente, viene marcada por el trato que se le da a los caballos en uno y otro círculo. En vaquera, el hecho de trabajar con los caballos desde muy jóvenes y obligarlos a llevar bocados grandes, monturas pesadas, exigirles mucha reunión desde el principio y tenerlos días y días en las cuadras, es lo que hace que muchos de ellos lleguen a la edad de 12 años machacados.

En cambio, los jinetes y entrenadores centroeuropeos de Doma Clásica, son mucho más progresivos y es por eso, que sus caballos, a la edad de 12 años, están en una forma óptima y es cuando empiezan a rendir de verdad. Estos jinetes, además, no solo dan un entrenamiento suave y progresivo, sino que sacan diariamente sus caballos durante varias horas al prado, para que corran, pasten y hagan en definitiva, vida de caballo. Un claro ejemplo de amazona de competición de Doma Clásica de alto nivel, es Uta Graf, amazona alemana que deja sueltos sus caballos en el campo varias horas al día. Esto le permite no solo tener unos caballos más sanos, sino que tienen una mente más predispuesta al trabajo, ya que están más felices y menos estresados.


Uta Gräf, una de mis amazonas de referencia en Doma Clásica, da a sus caballos un entrenamiento muy progresivo, y los suelta diariamente varias horas en el campo, les deja que se junten entre ellos, que se revuelquen...en definitiva, les deja que hagan vida de caballo. En este artículo, tienes más info sobre cómo mantiene motivados a sus caballos: http://dressagetoday.com/article/motivate-your-dressage-horse-with-uta-graf-12524



También en Doma Clásica, en nuestro país, si bien hablamos de una amazona de proyección internacional, contamos con el caso de Delgado, el Westfaliano de Beatriz Ferrer-Salat que ahora cuenta con 15 años y que está en su mejor momento, y que . También en España, y muy importante en las competiciones europeas, hemos tenido el caso de Painted Black, el Trakhener montando por Morgan Barbançon Mestre, que fue retirado recientemente con 18 años. 




Beatriz Ferrer-Salat montando a Delgado (nacido en 2001) en la Kur del Campeonato de Europa celebrado en Aachen el pasado Agosto. Foto: Hippo Foto - Dirk Caremans, FEI.


Esperemos que esta tónica se contagie a los jinetes vaqueros y que nuestras pistas de Vaquera vayan conservando lo que tienen de bueno y único, que es personal e intransferible de la Doma Vaquera, pero a la vez, sepan dejar atrás aquellas cosas que nos lastran e incorporen lo que ya se sabe que es bueno y que se está haciendo en Doma Clásica y otras disciplinas ecuestres. Al final, hay un baremo que es claro e irrefutable, y que está por encima de métodos y de personas: los caballos. Un caballo que llegue a una edad avanzada sano, compitiendo, confiado y con sus ganas intactas, es garantía inconfundible de que se le han hecho bien las cosas.

De nuevo nos remitimos a las palabras del maestro Olivera, hombre de campo, jinete vaquero donde los hubiera, pero a la vez estudioso de la Equitación y conocedor de nuestras carencias: “hemos estado atascados en el pasado demasiado tiempo…”, por lo desde aquí, invitamos a los lectores a que reflexionen sobre todo lo comentado aquí, e incorporen nuevos puntos de vista para con sus caballos. Ellos se lo agradecerán viviendo más y mejor, y rindiendo más y mejor cada día.


Esta foto la hice en un clinic impartido por el maestro Olivera al que acudí de oyente. Para mi, su mayor mérito, fue el esfuerzo que hizo para romper con ciertas tradiciones que perjudicaban a nuestra equitación y a nuestros caballos.



UN ERROR USUAL: Es muy frecuente creer que un potro menor de 4 años, por estar bien de peso, es lo suficientemente fuerte como para aguantarlo todo. Dos errores principales se suelen cometer en este sentido. Uno: el creer que por presentar un buen aspecto, con grupa ancha y buena musculación en general, es ya un caballo hecho y derecho al que poder exigirle todo tipo de ejercicios. Nada más contrario a la lógica equina. A un caballo de cuatro años, por más fuerte que parezca, hay que hacerle las cosas muy despacio, ya que a su aparato músculo-esquelético, aun le quedan varios años por delante para madurar óptimamente. 

Y segundo error: sobrealimentarlo con pienso. La sobrealimentación a base de concentrados, es un error gravísimo que irá mermando su salud. La concepción del caballo “gordo” es algo atávico y de otros tiempos, al igual que antes, un niño “gordito” se creía que tenía buena salud. Hoy día, tanto médicos como veterinarios, nos advierten respectivamente para niños, personas, potros y caballos, de los numerosos riesgos que tiene la obesidad. 

Recordemos la regla de oro de la alimentación equina: mucho forraje, y poco pienso, pero de mucha calidad. Esto además, nos servirá para eliminar muchos de los “problemas de comportamiento” de los caballos jóvenes, que no son tales problemas, sino que al estar todo el día en cuadras, y recibir una alimentación excesiva en energía, no solo ponemos en riesgo su sistema metabólico, sino que sus ganas de juego, de botarse, de estar pendiente de todo menos del trabajo, etc, se multiplican por varios enteros. Si le damos un buen pienso, no será necesario darle más de dos kilos del mismo, y el resto mínimo unos 8 kilos de heno y y si se quiere, un extra de alfalfa que le beneficiará en su desarrollo. Darle 6 o 7 kilos de pienso a un potro de 3-4 años, es una auténtica bomba de relojería.





viernes, 11 de noviembre de 2016

Nueva sección de tips fotográficos

Estreno sección con fotografías en alta resolución y hechas por mi, con breves consejos sobre entrenamiento y bienestar equino.


jueves, 3 de noviembre de 2016

¿Qué es realmente entrenar un caballo?

A medida que voy tratando con más caballos, más me voy dando cuenta de que es imposible entrenar de verdad a un caballo si no le dedicas una media de dos horas diarias como mínimo. Eso no quiere decir que sean dos horas de trabajo intenso. Pero se necesita tiempo para crear un vínculo, igual que a un amigo o a una pareja le tienes que dedicar tiempo para conocerlo, para afianzar la relación, y en definitiva, porque para recoger, hay que sembrar.

En el caso de esta yegua, he pasado mucho más tiempo afianzando nuestra relación que con el entrenamiento físico en sí. Actuar así ha sido fundamental para que cuando entrene, lo haga de un modo relajado y confiado. Si quieres conocer el proceso, visita este enlace


Tiempo DIARIO para revisar los cascos, para observar si va musculando bien y no hay asimetrías en los diferentes grupos musculares, para cerciorarte de que no hay puntos de tensión ni agarrotamientos. Tiempo también para acariciar al caballo – que no todo ha de ser trabajo en un entrenamiento - , hablarle suave y al oído, y que te vea como alguien que le va a ayudar a ser más fuerte, a ser mejor caballo en definitiva, igual que un maestro de artes marciales, enseña a sus alumnos a ser más fuertes, más elásticos, más inteligentes y previsores, y sobre todo, a ser mejores personas. Yo quiero ayudar a los caballos con los que trabajo, a que saquen lo mejor que llevan dentro, a que mejoren sus carencias, a que en definitiva, sean confiados y pacientes con los humanos, y a que sean los mejores caballos que pueden llegar a ser, y todo eso, lleva tiempo.

Tiempo para calentarlo como se debe, es decir, entre 20 y 30 minutos como mínimo y más si hablamos de caballos que viven en boxes. Tiempo para el entrenamiento que realmente necesite, no el que a nosotros nos guste más o el que solo sepamos hacer. Tiempo para enfriarlo, paseando del diestro sin mirar el reloj pensando en el siguiente caballo, porque entonces no lo enfrío como se debe y al día siguiente las agujetas le pasarán la factura. Y también para ducharlo, y secarlo.

Y para hacerle algún estiramiento o al menos dejarlo suelto en una pista para que se revuelque y se estire él solo, algo realmente beneficioso para su cuerpo. Y si vive en un box, llevarlo del ronzal a algún sitio a dónde crezca algo de forraje para que coma, que para eso es un herbívoro. Tiempo para observarlo cómo come, cómo mira, cómo se comporta, porque si vemos que cada día está más fuerte, relajado y confiado, es que estamos yendo por el buen camino.

Las cuentas están claras. En menos de dos horas al día es imposible hacer esto. Yo hay días que incluso les dedico más a según qué caballos, si creo que lo necesitan, y sobre todo, para darle aquello de lo que más carecen para que tengan una vida equina plena, y que a priori, no forma parte de un entrenamiento físico. Son esos detalles de los que hablo antes: sacarlos a que pasten, a que vean campo, a que sientan la presencia de otros caballos. Estos pequeños detalles, son los que harán que un caballo rinda cada vez mejor en su entrenamiento, y esté más feliz en definitiva. Los caballos son nuestros amigos, nuestros compañeros de aventuras hípicas, no gladiadores a los que tener enjaulados y que solo salen de su calabozo para entrenar o darlo todo el día de competición.

Aquí no hay atajos ni trampas posibles. Todo lo demás se podrá llamar como se quiera, pero entrenar un caballo de verdad, es lo que requiere. En el caballo, yo prefiero la calidad a la cantidad, es decir, trabajar menos caballos pero dándoles mi mayor dedicación. Y creo que los caballos, también.


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