lunes, 24 de octubre de 2016

¿Por qué se lesionan tantos caballos? (2ª parte)

Este artículo es la continuación a la primera parte del mismo título, el cual puede leerse aquí: http://www.tomasmateo.com/2016/10/porque-se-lesionan-tantos-caballos-1.html

En el anterior, enumerábamos 6 posibles causas de lesiones, y en este, añadimos otras 7 más, que igualmente habremos de tener en cuenta a la hora de elegir, entrenar y en definitiva, cuidar en un caballo. Aunque antes de entrar en materia, me gustaría decir que sin duda es este un tema que parece interesar a mucha gente, ya que dicha primera parte, ha llegado a un nivel de lecturas record para mi página web, casi a las 40.000 en menos de cinco días, y ha sido enormemente difundido a través de diferentes redes sociales. Esperemos que todo esto sirva para que nos concienciemos de la cantidad de factores, la mayoría evitables, que pueden intervenir a la hora de provocar lesiones en caballos.




7_Mala conformación.

En cuanto a la conformación, hay una ecuación que debemos tener en cuenta: a peor conformación y mayor rendimiento se le exija, más posibilidades hay de lesión. Y si bien hay una serie de bases comunes conformacionales que son las adecuadas para todos los caballos (buenas extremidades, de cañas cortas y antebrazos robustos; corvejones potentes y bien formados; dorso fuerte y elástico, cuello armónico, etc.), según la disciplina que el caballo vaya a practicar, habrá ciertos detalles que deberán hacer que busquemos una determinada conformación determinada u otra.

Esto, que lo hemos descrito en un solo párrafo, es de vital importancia, y de no tenerlo en cuenta, estaremos jugando con fuego, ya que hay caballos que debido a ciertas limitaciones conformacionales, si tienen una vida tranquila como caballos de ocio, no presentarán mayor problema, pero si se les implica y a cierto nivel en una disciplina hípica para la que sus cuerpos no sean los más adecuados, los problemas vendrán tarde o temprano. Sobre todo, porque cómo hablábamos en la primera parte, en el apartado de entrenamientos, no todo el mundo suele tener ni los conocimientos para dar el entrenamiento más adecuado, ni sabe dar a los caballos el tiempo que realmente necesitan para practicar una disciplina hípica con solvencia y con el menor riesgo posible de lesiones.




8_Usar equipamientos no adecuados.

Aquí hay que distinguir dos clases de equipamiento no adecuado:

1_El que no lo es para ningún tipo de caballo, tales como cinchas rígidas y estrechas, monturas con los bastes en mal estado, determinados tipos de embocaduras, rendajes fijos que van a la boca, etc.

2_Y equipamientos que si pueden ser adecuados para ciertos caballos pero no lo son para otros. Es una cuestión de lógica y de tamaño, por los mismos motivos que un niño de 8 años no usa las mismas prendas que una persona de 35,  ni una persona de 1,65 y que pese 58 kilos usará las mismas prendas que alguien de 1,88 y 90 kilos de peso. En personas nos parece lógico. ¿Por qué entonces en caballos seguimos viendo que hay jinetes que usan la misma montura con todos los caballos que montan? ¿Es que un Hispanoárabe de 1,58m y de 475 kilos tiene el mismo cuerpo que un KWPN de 1,75 y de 575kilos de peso? “Es que es una montura muy cómoda y es la que uso con todos los caballos”, es la frase con la que por lo general me responden. ¿Pero cómoda para quién? ¿Para el caballo o para el que lo monta? Después no nos quejemos si aparecen lesiones de dorso (las cuales pueden ser creadas por una montura inadecuada en menos tiempo del que nos imaginamos), protestas al subirnos encima, y todos esos problemas que al final se suelen meter en el mismo saco, el que comúnmente se conoce como “dorso frío”, y que no es más que un cúmulo de problemas creados en su mayoría por los jinetes, tales como: haber empezado a montar al caballo con tres años o menos; no practicar rutinas de entrenamiento adecuadas pie a tierra para fortalecer dorso; no usar una montura adecuada a la conformación del dorso de ese caballo; abusar del trabajo montado y en posturas agresivas con el dorso, etc.

El equipamiento no adecuado es una causa de lesión tan importante como desconocida. Para saber más de cómo las monturas pueden lesionar un caballo, puedes visitar la web de Julia Field: http://www.saddlefit101.com/

 Así que este es uno de los puntos con los que más choco con propietarios, jinetes, etc. Igualmente cinchas que aprietan y no dejan respirar al caballo por ser muy estrechas y carecer de elásticos a ambos lados; monturas que aunque presenten buen estado no se ajusten a la conformación del caballo; y me quiero detener un momento, en el uso excesivo de protectores y sobre todo de vendas, en esa afición desmesurada de vendar a los caballos de Doma Clásica como si fueran auténticas momias del Egipto más misterioso.

Lo primero que hay que tener en cuenta es que los vendajes, hay que saber muy bien cómo ponerlos, ya que de apretar lo más mínimo, impiden el correcto riego sanguíneo de una zona tremendamente importante, puesto que por las cañas pasa la sangre que sube y baja hacia los cascos. Pero lo peor no es eso, sino que en cuanto el caballo empieza a moverse, las cañas, no solo por el propio movimiento del caballo, sino por estar tan cerca del suelo y de los impactos del casco, suben de temperatura. Ese aumento de temperatura lógico y necesario en la actividad y ejercicio del caballo, sube más de la cuenta por las vendas, por lo que se produce una hipertermia y el sistema de refrigeración natural del caballo, no puede enfriar una zona que nunca nos interesa que suba más grados de lo recomendable, pues es un proceso que puede causar destrucción de células si sube más grados de la cuenta y por una cierta duración de tiempo. Esto, que en invierno y en determinados países centroeuropeos no puede ser un gran problema por el frío, en nuestro país, que no se caracteriza por el frío, y mucho menos en primavera y en verano, puede llevar a un sobrecalentamiento muy peligroso de los tendones que se encuentran totalmente tapados por las vendas.

Como toda sobreprotección, causa más perjuicio que beneficio. No solo sobrecalentamos una zona que es vital que se mantenga fresca, sino que obstruimos la capacidad psicomotriz del caballo. ¿Hay algún ser humano que se vende brazos y piernas de esta manera para hacer ejercicio? 


En resumen,  y con respecto al equipamiento inadecuado, hemos de tener en cuenta que el caballo siempre tratará de adoptar posturas que sean menos dolorosas para él cuando le coloquemos cosas que le provoquen dolor o molestias, y esto, en poco tiempo, puede crear una serie de hábitos que más tarde van a ser muy complicados de eliminar, los cuales pueden desembocar en resabios, en posturas causantes de lesiones, o ambas cosas.Por otro lado, como ocurre con al abuso de las vendas, hay elementos que si bien no causan dolor propiamente, si que pueden desembocar en determinadas lesiones.

9_El jinete como causa de la lesión

Este es otro factor causante de lesiones, si bien lo es un modo inconsciente. Es decir, hablamos de los jinetes que con su modo de montar o sus propias asimetrías o tensiones, terminan provocando lo mismo en el caballo que monten habitualmente.

En España es un tema que aún suena a chino, pero en otros países, el jinete trabaja su cuerpo como lo hace cualquier deportista, ya que son conscientes de lo que puede llegar a influir, tanto para bien, como para mal en el caballo.

No incluyo aquí ni el daño que pueda causar el jinete por el uso de determinados rendajes abusivos, ni el sobre-entrenamiento, etc. En este apartado nos ceñimos exclusivamente a lo que el jinete traslada al caballo a través del empleo de su cuerpo en su monta diaria. Es algo que se menciona en determinados tratados de veterinaria y rehabilitación, y no como causa poco común precisamente, pero lo cierto es que estos manuales mencionan el hecho de que hay jinetes que se quejan de que sus caballos se lesionan siempre de lo mismo. En tales casos, la causa suele ser siempre el propio jinete, y repito, de un modo inconsciente. Esto es provocado por nosotros, ya que al igual que los caballos, tenemos un lado más rígido que el otro, podemos tener desviaciones, posturas compensatorias, etc. Todo esto, una vez estamos montados a caballo, nosotros puede que no lo notemos, pero ellos si que sienten cualquier irregularidad de nuestra distribución del peso, a la hora de apretar más o menos con según que piernas, tirar más de una rienda que de otra, etc.

Si hay una parte de nuestro cuerpo que no está lo suficientemente flexibilizada y funcional, será imposible que obtengamos del caballo lo mismo en el trabajo en círculos, en cesiones a la pierna y otros trabajos, lo cual impide que pidamos dicho movimiento con total corrección, o bien si el caballo nos lo da, debido a nuestra propia rigidez o tensión, no percibiremos que el caballo lo ha hecho correctamente, por lo que le pediremos más y al final terminamos volviendo rígido al caballo de tanto forzarlo.

En España sobre todo, seguimos creyendo que un jinete no debe entrenar su cuerpo en el gimnasio, estirar, fortalecerse, equilibrarse,etc., por lo que los jinetes se pasan horas y horas a caballo, y si tienen asimetrías o costumbres físicas que pueden perjudicar al caballo, cada vez irán a peor. Es curioso: le pedimos a los caballos, sobre todo en el ámbito domero, los grandes preceptos de la doma más tradicional: flexibilidad, elasticidad, equilibrio, coordinación¿Pero cuántos de esos jinetes que exigen todos esos factores en un caballo, se preparan físicamente para ellos también implementarlos en su propio cuerpo?

Pocos, muy pocos. La gran mayoría de jinetes, creen que basta con pedírselo al caballo, pero que ellos no necesitan un entrenador personal ni un programa de ejercicios que les haga equilibrados, elásticos y flexibles. Es como si ya lo tuvieran genéticamente, gracias a un milagro sobrenatural. Pues siento decirles que no, que ningún ser humano nace con el equilibrio y la flexibilidad ideal, y que si queremos conseguirla, hay que trabajarla. Es más, si el único ejercicio que han hecho en los últimos años, ha sido simplemente montar a caballo, tienen un 100% de probabilidades de que esas asimetrías corporales que poseen, hayan aumentado mucho, ya que si no se arreglan, con el tiempo aumentan. De un modo inconsciente, pero aumentan. Y todo eso, se traslada al caballo, lo queramos o no.

Eso en el caso de jinetes profesionales, pero si nos vamos a los jinetes amateurs, hay que tener en cuenta que un jinete poco hábil, o sin unos conocimientos mínimos de biomecánica, con un cuerpo que emplea de modo asimétrico y en tensión (cosa de la que él no se dará cuenta),  que da culadas, que no es capaz de diferenciar la tensión continua en las riendas del contacto suave, etc., cada vez que trabaje un caballo, en lugar de hacerlo más fuerte y elástico, lo estará acercando cada vez más a una posible lesión, máxime si es un caballo que reúne uno o más de los factores enumerados en estos dos artículos: dorso pobre, cuello invertido, equipamiento inadecuado, muchas horas en un box, etc.

Es el jinete por lo general, nos guste o no, el responsable de muchas de las lesiones del caballo, a veces de un modo inconsciente debido a lo que su cuerpo transmite, y en otras, debido a entrenamientos incorrectos en tiempo, pautas o uso de equipamientos.


10_Problemas dentales.

Este es otro elemento que para una gran mayoría, permanece inadvertido y es de extrema importancia, pero todo el mundo debe saber que un caballo que tenga desde simples molestias hasta dolores en su boca, hará todo lo que esté a su alcance para evitar ese dolor o molestias, lo cual, a la hora de ser montado con embocadura, pasa por no aceptar el contacto, directamente huir del mismo o en última instancia, defenderse del hierro, con aculamientos, poniéndose de manos o yéndose de cañas sin responder a nada.

En muchos casos, cuando esto ocurre, mucha gente, en lugar de llamar a un veterinario especialista en odontología equina, empieza a colocar bocados más grandes o de más castigo, aprieta el cierrabocas sin compasión o añade riendas o extraños amarres que obligan al caballo a adoptar la postura deseada por el jinete, pero lo único que consiguen, es empeorar la situación, hasta el punto de que pueden dejar un caballo totalmente inservible. Puede que consigan que el caballo deje de mover la lengua o los labios, pero la causa del dolor, no desaparece. De estos casos, he visto varios ya. Caballos a los que les han puesto bocados que directamente no deberían ni fabricarse por ser una salvajada, o que han sido amarrados sin piedad con rendajes de tortura y que en poco tiempo han dejado a los caballos destrozados.

Un clásico: ¿caballo que empieza a mover la lengua o los labios? Le aprieto el cierrabocas a muerte sin importarme si hay algo que le esté provocando dolor. Las consecuencias son nefastas, porque impedimos una buena respiración, y creamos mucha tensión en toda la zona de la boca y que se trasladará a todo el cuerpo del caballo. Y lo peor, no buscamos la causa de la molestia y además forzamos al caballo. Es un camino seguro para provocar una lesión. Además ¿alguien cree que un caballo así puede trabajar relajado y de  buena gana? 


Debemos saber que en el momento que un caballo sufre molestias en su boca, en su huida del dolor empieza a colocar posturas que no son adecuadas para el correcto funcionamiento de su biomecánica y su fisiología en definitiva, y que en poco tiempo, pueden provocar lesiones de cuello, dorso e incluso cojeras, ya que la colocación asimétrica o doblada de la cabeza influye en todo el cuerpo del caballo, creando graves desequilibrios y descompensaciones.
Recordemos además, que una boca en mal estado, también influye a la hora de la masticación, por lo que puede que un caballo no mastique su pienso todo lo que debería, y eso hará que lo desperdicie por no poder ser asimilado correctamente.

11_Cascos en mal estado

Yo ya hace tiempo que tengo mis caballos descalzos, y no puedo estar más contento con el resultado, ya que hago absolutamente todo (saltar, galopar, salir de ruta por toda clase de pavimentos, etc.) lo que he hecho antes con caballos herrados, pero de un modo mejor, más sano y seguro (evito resbalones, etc). Para mí ha supuesto todo un reto el tener los caballos en barefoot, ya que les dedico a los cascos un cuidado continuo y con visitas regulares de profesionales cualificados. Pero eso no significa que esté en contra del herraje.

Si hay propietarios que quieren tener a sus caballos herrados me parece perfecto, pero lo que sí han de tener en cuenta, si quieren evitar lesiones, es que estén herrados bien, periódicamente y con condiciones de higiene óptimas. El casco del caballo es determinante a la hora de desempeñar cualquier actividad hípica. Tampoco creo que digo nada nuevo con esto. Todo el mundo conoce la famosa frase: “sin pie no hay caballo”. Pues bien, aun veo, incluso caballos en competición, con herrajes demoníacos, con los cascos largos, herraduras mal colocadas, aplomos demenciales…En resumen, este tipo de caballos, tienen muchas papeletas para lesionarse, puesto que sus cuatro patas se están sustentando sobre pilares muy dudosos.

Ni hablemos de cascos pobres o blandos debido a que se encuentran en boxes o paddocks que se limpian poco, o de herrajes que se alargan en el tiempo, etc. Esos cascos, reblandecidos, putrefactos, con unas ranillas penosas, condenan al caballo a padecer una mala calidad de vida, y tienen muchísimas papeletas para sufrir cualquier tipo de lesión, no solo las propias de las que sufren los cascos debidas a la falta de higiene, sino a  otras muchas, ya que sus cascos no son un lugar seguro sobre el que apoyarse.

Yo, desde que empecé a interesarme por los cascos, puesto que es pieza fundamental del puzzle equino, es lo primero que veo al llegar a una cuadra. ¿Cómo tienen los cascos los caballos? Su estado, nos va a dar una información de gran valor: qué y cómo come, cuánto trabaja, qué higiene se sigue en la cuadra… y sobre todo, el estado de los cascos de un caballo, nos dará una información clara y nítida de su propietario. Y ojo, el casco no hay que verlo solo desde fuera, sino que hay que levantarlo y ver la palma y la ranilla. La línea blanca también proporciona gran información, pero en el caso de los caballos herrados es casi imposible poder verla. Y son pocos, muy pocos, los cascos que al ser levantados, aguantan un examen rápido. Pues he aquí una causa de lesión muy importante, y que apenas es tenida en cuenta.


12_No llamar al veterinario con suficiente antelación

En no pocos casos, ante un determinado problema, el propietario decide esperar unos días (o meses) a ver si el problema en concreto se esfuma como por arte de magia. Por lo general, sucede todo lo contrario, y cuando el veterinario llega, se encuentra un cuadro difícil de recomponer. También he visto casos en los que ni siquiera se llama al veterinario, y la crueldad del propietario obliga al caballo a trabajar y convivir con una lesión grave. Yo en estos casos ya no me callo y si hace falta, denuncio el caso ante la autoridad competente.

Otro factor importante, es saber en manos de qué profesionales ponemos la salud de nuestros caballos. En lo referente a medicina deportiva, no hay que jugársela, puesto que es una materia en la que los veterinarios buenos están continuamente formándose para poder ofrecer lo mejor a sus clientes. 

13_Y por último, si bien no es una causa física como tal que pueda provocar una lesión, si que es una visión de buena parte de la hípica, y que provoca que existan todas las anteriores, y que no es ni más ni menos que: “LA COSIFICACIÓN” DEL CABALLO”.

Muchas personas prefieren seguir haciendo lo mismo de siempre, en lugar de replantearse sus métodos a la hora de actuar sobre los aspectos aquí descritos, y si se les siguen lesionando caballos, optan por venderlos, regalarlos, cederlos, cambiarlos o incluso mandarlos a un matadero por cuatro perras. También hay algunos jinetes y algunas hípicas que ven al caballo no como un ser que nos regala lo mejor de sí mismo y que nos permite cumplir nuestros sueños y metas, sino como un simple medio de ganar dinero, sin tener en cuenta su salud. Aquí podemos meter a todas las hípicas que dan varias clases seguidas con un mismo caballo de tanda, jinetes que obligan a sus caballos a competir cuando no están en condiciones, tratantes que no tienen el menor reparo en comerciar con vidas equinas como si fueran tornillos…etc. Por supuesto, que ganar dinero con la hípica y con los caballos es totalmente lícito y moral, pero siempre y cuando no pongamos por encima el beneficio económico a costa de la salud del caballo. Se puede ganar dinero sin perjudicar al caballo. Pero hay personas que no ponen freno a sus ansias de llenarse el bolsillo y el caballo no es más que moneda de cambio para su enriquecimiento económico.

Dentro de los diferentes colectivos ecuestres hay personajes que cosifican al caballo como si fuera un coche, un teléfono móvil o una lavadora. ¿Qué pasa cuando se avería más de la cuenta? Pues que me busco uno nuevo para seguir exprimiéndolo y me deshago del que tenía antes, sin importarme lo que ocurra con él.

Pero en este proceso, los jinetes, entrenadores y propietarios no se han hecho las preguntas adecuadas, no han reflexionado si ellos y sus entrenamientos y manejo han podido ser causa en la lesión, no se han formado un mínimo en biomecánica, fisiología o etología equina y seguirán haciendo las cosas de igual modo, por lo que este círculo, nunca tendrá fin.

Preguntémonos si no: ¿qué es de tanto caballo con magníficos orígenes? ¿Qué es de esos caballos que brillaron en alguna competición puntual y apuntaban maneras pero de ellos nunca más se supo? ¿Y qué es de esos caballos jóvenes que llegan de Holanda o Alemania con orígenes de superclase y de los que solo vemos fotos de su llegada, de su debut y poco más? ¿O es que nadie ha visto como muchos de estos caballos supercracks acaban cedidos, regalados o vendidos por cuatro duros “solo para paseo” o “para niños” porque sus lesiones les impiden dar para más? Yo de estos, ya he visto unos pocos. Demasiados. Algunos de ellos no han llegado a nada simplemente porque sus jinetes no han estado a su altura, pero otros muchos, acaban sus días en cuadras inmundas porque tienen resabios y lesiones que hacen que casi nadie los quiera ya. Lesiones y resabios provocados por la ignorancia de quienes los han trabajado. Pero que a la hora de la verdad, quienes lo pagan, son los caballos.

Es triste y lamentable. Esos caballos fueron potros en los que un día el criador depositó muchas esperanzas. En esos días, todo son fotos, cariños e ilusiones en ese “futuro crack”. A los tres años empieza su desbrave. Ya las fotos y las esperanzas pasan a ser “el entrenamiento del nuevo campeón”. Pero en pocos años… ¿Qué es de ellos? Nacen cada año miles de potros. Pero solo unos pocos, muy pocos, llegan a una cierta edad sanos y sin resabios. Ni siquiera me refiero ya a los éxitos en competición. Simplemente pediría que llegasen a adultos sin lesiones ni resabios provocados por la mediocridad, la falta de conocimiento y las prisas, que solo responden al ego de quienes los montan y trabajan. Pero la realidad es que acaban muchos de ellos en cuadras lúgubres y penosas, saliendo poco de ellas y cuando lo hacen es para ser trabajados de un modo demencial.

Es un tema de conversación recurrente con los propietarios de las yeguadas. Han criado caballos con esfuerzo e ilusión, potros que empezaron a mostrar buenas cualidades, pero que en poco tiempo, van desapareciendo del panorama hípico debido a las lesiones y los resabios. Conozco yeguadas en las que cambian de jinetes cada dos por tres porque se dan cuenta que estos jinetes son auténticos especialistas en destrozar la salud de los caballos. Otras veces, se echan las manos a la cabeza cuando les digo que he visto un caballo suyo en una cuadra inmunda de un pueblo perdido. Un caballo de deporte, de buenos orígenes, que va pasando de mano en mano hasta que se pierde su rastro totalmente. 

El potro que de pequeño recibió toda clase de mimos, en el que se depositaron tantas ilusiones...¿qué es de él años después? La ineptitud de muchos de los seres humanos que se crucen en su camino, puede llevarle a un futuro oscuro e incierto, muy alejado de todo lo que se pensó para él.

Esta es la realidad de muchos caballos. No de todos, pero sí de muchos. Demasiados. Y aunque cada vez hay más gente sensible y no está dispuesta a dejar que sus caballos acaben de este modo, lo cierto es que aún hay una inmensa mayoría que piensa que si el caballo no es lo que ellos quieren que sea, lo quitamos de en medio. Muchas personas se desprenden con una facilidad pasmosa de su caballo porque ya, “no les sirve”, cuando además, han sido ellos mismos los que han creado los problemas de ese caballo. Y ese caballo que un día fue las esperanzas y la ilusión de alguien, acaba muriendo lentamente en un box oscuro, pasando sus días sin saber por qué de potro todo eran caricias y vida en libertad, y de repente, poco a poco, le fueron llevando a sitios cada vez más lóbregos, a la par que le pedían cosas cada vez más incomprensibles para él. El caballo, no entiende nada. Ha hecho todo lo que le han pedido…pero claro, si los que le han trabajado, no han sabido cómo y cuándo pedirle las cosas, y el caballo ha terminado mostrando su desacuerdo o su dolor, al final, le han echado la culpa a él mismo. La responsabilidad no es del caballo, nunca, pero es precisamente quien lo paga.

Otros en cambio, ven truncada su vida de un modo mucho más drástico: el matadero. El último caso de estos, lo conocí la semana pasada, aunque por desgracia, cuando ya no podía hacerse nada porque me enteré cuando la yegua ya había ido al lugar del que no se vuelve jamás. Una yegua que venía de un conocido jinete de salto, de inmejorables orígenes, había sido vendida al matadero por el precio de 50 €. Ese es el precio de una vida equina hoy día para muchas personas. ¿Y qué llevó a su último propietario tomar esta decisión? Los resabios que la pobre yegua tenía. Ni siquiera se plantearon dejarla como madre, “para que no transmitiera el mal carácter a los hijos”. Pero por más que les explicaba que ese mal carácter, era con casi total seguridad, producto del maltrato humano y no era transmisible genéticamente, no lo entendían. Como digo, no pude ver la yegua, pero estoy seguro que muchos de esos resabios estaban provocados por un mal manejo y un entrenamiento que crearon dolores y lesiones en la yegua y que la condujeron a crear esos resabios.

Casos como este, veo continuamente. Os podría contar algunos que os dejarían la sangre helada. Ciertos criadores, jinetes y propietarios que deciden acabar con la vida de yeguas, potros y caballos por las razones más peregrinas que os podáis imaginar, y ninguna de ellas es la eutanasia para evitarle el sufrimiento.

Y esto, mis queridos lectores, es la cosificación del caballo en su máxima expresión. A esto me enfrento cada cierto tiempo desde que decidí que me dedicaría a ser un entrenador de caballos. Me cuesta entenderlo porque yo tan solo pretendo hacer con los caballos lo que conmigo han hecho mis maestros de artes marciales: ayudarme a ser mejor de lo que soy, más fuerte, más rápido, más amable con los demás, y sobre todo, a ser la mejor versión de mí mismo. Eso es lo que a mí me gusta transmitirle a un caballo. No tengo la menor intención de mostrarle a un caballo quién manda aquí. Yo le ayudo a ser más fuerte y él me ayuda a ser feliz dejando que lo entrene, y enseñándome cada día más sobre que le sienta bien y qué no. Pero muchas veces me llaman para ir a ayudar en casos de caballos que ya vienen rebotados tras pasar por las manos de los rompecaballos de turno. Y me piden que si se de algún ejercicio o método que ponga al caballo en forma, sano y mentalmente a tope en un rato, cuando los que le han tocado antes, se han encargado durante años de destruirlo física y mentalmente. Quieren la pócima mágica, el truco de la chistera, y lo quieren ya. Si no, mal futuro espera al caballo.

A día de hoy, he asumido que no puedo actuar para mejorar la vida de todos los caballos. Intento predicar con el ejemplo, entrenando mis caballos con métodos que los hacen más fuertes, felices y sanos. Ese es el baremo por el que me rijo al trabajar un caballo. ¿Está feliz y sano con este entrenamiento y se va fortaleciendo cada día? Entonces es que vamos por el buen camino. Y a través de mi web, comparto todo aquello que voy aprendiendo para que lejos de cosificar al caballo, lo tratemos como el ser extremadamente sensible que es. Un ser que nos lo da todo pidiendo muy poco a cambio.

Así que volviendo a las causas de las lesiones, y para terminar, creo que podemos decir a modo de conclusión que está claro que hay un porcentaje de lesiones que no se pueden evitar, pero muchas de las lesiones que se producen actualmente en los caballos, si son totalmente evitables si un caballo goza del entrenamiento adecuado a su genética, disciplina, edad, su manejo y  nutrición y en definitiva su calidad de vida (y esto no es estar todo el día en un box) son buenas. Por otro lado, es necesario constatar que hay caballos que si bien no tienen lesiones que les incapaciten para hacer doma, saltar, correr un raid, o simplemente pasear, sí que padecen lesiones provenientes de rigideces, problemas de dorso derivados de mala monta por parte del jinete o montura inadecuada, cascos en mal estado por herrajes o recortes defectuosos, por mala alimentación o falta de higiene en el box, etc. Pero el caballo aguanta el dolor muchísimo, y eso hace que a pesar de ciertas lesiones, siga moviéndose sin que seamos conscientes de esos daños que sufre. Hay caballos que se pasan la vida entera con estas lesiones. Algunas no llegan a ser lesiones incapacitantes, mientras que otras se van agravando hasta llegar a incapacitar al caballo del todo.

Yo estoy estudiando ahora cuanto puedo sobre asimetrías, atrofias e hipertrofias musculares, agarrotamientos, etc. Y estoy descubriendo que la gran mayoría de caballos las padecen en mayor o menor medida. Todas estas cosas las podía tener antes frente a mí en un caballo que pasaban totalmente desapercibidas. Y muchas de estas asimetrías y rigideces, así como las lesiones que enumeraba antes, pueden desembocar en  una lesión grande con el paso del tiempo. En nuestra mano está el evitarlas. Por eso, ante la duda, cuando un caballo se niegue a hacer algo, preguntémonos: ¿No quiere o es que no está capacitado para hacerlo? ¿Puede haber algo que le esté produciendo dolor? ¿Realmente merece la pena obligarlo? ¿Está feliz con el entrenamiento que le doy? Ten en cuenta, que tú eres el entrenador personal de tu caballo. Si se lesiona, es tu responsabilidad.


Como decía en la introducción de la primera parte, este artículo ha sido redactado en base a mi propia experiencia, pero me he apoyado en cierta bibliografía y webliografía para darle el mayor sustento científico posible. Dejo una lista de algunos (no todos porque son muchos) de los libros y artículos que además de consultar, tengo en papel con anotaciones y resúmenes, ya que se han vuelto parte fundamental de mi trabajo.

Artículos en la red:


Are HorsesReally Made for Riding?; de KATJA BREDLAU-MORICH




Libros:

Lesiones del caballo, tratamiento y rehabilitación; de Mary Bromiley. Este si está disponible en español, y puedes comprarlo en este enlace: http://www.agapea.com/libros/Lesiones-del-caballo-tratamiento-y-rehabilitacion-9788420011073-i.htm



Conditioning Sport Horses, de Hillary Clayton. No lo hay en español, en Amazon puede conseguirse: https://www.amazon.es/Conditioning-Sport-Horses-Hilary-Clayton/dp/096957200X







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