jueves, 23 de junio de 2016

Cómo afrontar con éxito el entrenamiento de nuestros caballos: el calentamiento y el enfriamiento

Una gran mayoría, tiene ya claro que antes de trabajar un caballo, es necesario dedicar un tiempo al calentamiento, aunque en no pocos casos, este tiempo es insuficiente y las pautas, inadecuadas. A la par, el enfriamiento, sigue siendo el gran olvidado, cuando es igual de importante que el primero, y fundamental para evitar molestias y dolores en el caballo, que de hacerse crónicas, podrían lesionarlo.




Voy a exponer paso a paso el método que sigo yo, que requiere de un tiempo mínimo necesario tanto para calentar como para enfriar, y es para mí el ideal y al que debemos aspirar, y más aún cuando se trate de caballos estabulados. En mi caso, empleo este método y eso que mis caballos se encuentran en libertad 24 horas al día. Si voy a trabajar con caballos que viven en boxes, llevo estas prácticas con mucha más precisión si cabe, y por más tiempo incluso. Por la sencilla razón de que un caballo que vive en libertad, estará en movimiento continuo, mientras que un caballo que pasa sus horas en cuadra, requerirá de mayor tiempo y progresión, para que sus miembros empiecen a recibir el flujo sanguíneo que posibilitará que los músculos funcionen bien, y que el cuerpo en general coja una temperatura de trabajo adecuada (en invierno y con frío en general, esto es todavía más importante y jamás deberemos escatimar tiempo ni al calentamiento ni al enfriamiento)

También, con respecto a los caballos estabulados, si sabemos que van a salir con sobredosis de energía, podemos meterlos en el caminador un tiempo prudencial antes de montarlos, dejarlos que se estiren y se muevan sueltos en una pista, o trabajarlos un rato a la cuerda. Si nos decantamos por esta opción, hemos de tener en cuenta ciertas pautas, ya que se trata de trabajo pie a tierra, no de un simple desfogue alocado. Lo primero es dar cuerda con el máximo diámetro posible, y avanzar nosotros con el caballo, no quedarnos quietos y dejar que el caballo gire tontamente a nuestro alrededor. Y segundo, dejaremos que el caballo suelte  energía, pero siempre bajo una cierta disciplina, y sobre todo, no deberemos azuzarlo para que se vuelva loco galopando y estresándose. 

Hay mucha gente que tiene a su caballo sin sacar del box toda la semana y después el día que va a montarlo, lo tiene a la cuerda hasta reventarlo. Eso no es calentar ni desfogar a un caballo, es simplemente agotarlo, así nunca conseguiremos tenerlo en forma. Tengamos en cuenta que para tener un caballo en buena forma ha de salir de su box todos los días, y eso además hará, que nunca tenga acumulada más energía de la cuenta. Para esto, es también de mucha utilidad el dar dietas bajas en avena y cereal en general, y ricas en forraje. En cualquiera de las opciones anteriores, no debemos colocar ni embocaduras ni monturas en el caballo, para dejar que su cuerpo se mueva y estire con total libertad.

1_ Cepillado y aparejado del caballo. Una vez he colocado la montura, aprieto la cincha sin apenas presión, dejándola que quede ceñida simplemente y dejándola a igual altura en un lado y en otro (recordemos la importancia de una buena cincha, ancha para que no oprima la región torácica y con elásticos a ambos lados para que no se convierta en un simple cinturón de cuero que oprime sin ceder al expandirse los pulmones). Lo normal es que el caballo (si ya tiene esta manía) algo se hinche, pero como digo, se la dejo simplemente ajustada. En ese momento, dedico 5 minutos a calentar los músculos de mi propio cuerpo. Una vez he calentado, compruebo si el caballo ha cedido algo y puedo apretar más la cincha. Lo normal es que podamos apretarle un punto más (aunque solo sea en un lado) ya que en esos 5 minutos habrá adoptado su respiración normal. Insisto en que no debemos cincharlo fuerte ni exceso.

Entonces lo saco de reata y le voy dando un paseo. Si hay posibilidad, busco un terreno en cuesta, que le hará soltar más aire y desinflarse ya que tendrá que ir haciendo un pequeño esfuerzo y empezará a adoptar una respiración más regular. Dependiendo del caballo (unos se hinchan más y durante más tiempo que otros) y del terreno donde vayamos haciendo este pre-calentamiento, puedo estar entre 3 y 5 minutos. Compruebo la cincha de nuevo y lo más seguro es que podamos apretar un punto más. Intento que la cincha esté tensada por igual a ambos lados, en el mismo número de agujero, y ahí ya me subo. Seguir estas pautas es fundamental por varios motivos:

-          Si se trata de potros en fase inicial de doma y caballos jóvenes, con este hábito no aprenderán la manía de hincharse (pues aunque leve, es un resabio), o al menos, no lo harán en demasía, porque se darán cuenta que el cinchado no es algo agresivo con ellos, ya que adoptan el hábito de hincharse cuando de repente y en frío notan que algo les aprieta y les impide respirar con normalidad.
-          Nos servirá para erradicar en la medida de lo posible, esta manía a caballos que ya tengan muy arraigada esta práctica.

-          Un caballo que aprenda a hincharse, está coartando su respiración natural (hagamos la prueba con nosotros mismos e intentemos hacer ejercicio manteniendo los pulmones llenos). Y esto, es empezar un entrenamiento de modo deficitario, ya que impedirá desde el primer momento el objetivo que justo perseguimos con el calentamiento: mandar oxígeno a los músculos.



2_Ya montado, empiezo con un trabajo de paso de unos diez minutos. Ya son varios los estudios que demuestran que un calentamiento rápido y apresurado de 5 minutos escasos, no son suficientes, no consiguen elevar la temperatura de los músculos adecuadamente, y a la larga, provocan lesiones. Lo ideal es comenzar con un paso suave, riendas largas para que el caballo lleve la cara adelantada y el cuello estirado. Poco a poco le voy pidiendo un paso más activo, y si hay posibilidad, hago esta fase buscando alguna cuestecita arriba y abajo ya que así tienen que emplearse más. En los dos o tres últimos minutos les voy ya pidiendo que vayan poniendo la cara más recogida durante unos segundos y les vuelvo a dejar que la adelanten, a la par que voy pidiendo un paso más activo. Al final de estos diez minutos, y desde arriba, vuelvo a comprobar la cincha, y lo normal es que pueda apretar un punto más por cada lado, y ese será ya el cinchado normal para toda la fase de trabajo que viene a continuación.

3_Lo que haga en este momento, va a depender mucho del trabajo que me toque hacer con ese caballo ese día. Ya comenté en el artículo anterior que los entrenamientos deben ser combinados, y no hacer lo mismo un día tras otro. Yo últimamente, y con notable éxito, empleo un tipo de calentamiento de segunda fase, y antes de poner al caballo a trotar o galopar, hacemos un recorrido al paso, de obstáculos pequeños. Es algo que combino hago tanto pie a tierra, como montado, según ese día vaya a entrenar el caballo desde arriba o desde abajo. El caballo se ve obligado a emplear toda su fuerza (no hay inercia como en el trote  o galope) y coordinación para pasar estos pequeños obstáculos, y emplea de un modo inmejorable, y sin fatigarse a nivel cardiovascular, los músculos de cuello, dorso y posteriores que vamos a necesitar para doma, salto y la Equitación en general. Los planteamientos generales, a partir de esa segunda fase de calentamiento, serían los siguientes, según toque ese día:

-          Salto: me pondré al trote durante unos diez minutos, y pasaré primero unas barras en el suelo, cavalettis o cruzadas puestas a una altura baja.
-          Doma: seguiría al paso y empezaría con trabajo en círculo, serpentinas y todo aquello destinado a preparar el cuerpo a los ejercicios de doma, que suelen ser bastante exigentes para el caballo
-          Resistencia: fase de trote con la cara suelta de diez minutos, y según el caballo y las aspiraciones deportivas, alternaría después con galope, fartleks, etc.



4_Fase intensa del entrenamiento. Aquí entraríamos en el punto álgido del entrenamiento del día, que como digo, nunca será igual al del día anterior ni al del día siguiente. Lo ideal es cada día de la semana entrenar algo diferente. Más adelante hablaremos de cómo organizar entrenamientos combinados para nuestros caballos, ya que aunque nuestra especialidad sea la doma, el salto o cualquier otra, para tener un caballo en verdadera forma, deberemos darle entrenamientos diferentes cada día. Esto además tiene dos ventajas. La primera es mental, ya que el caballo no se aburre y no ejecuta los ejercicios de una manera mecánica, como les ocurre a muchos caballos de doma. Y otra, puramente física, ya que si trabajamos un grupo muscular un día, al día siguiente no debemos implicarlo de manera intensa en el entrenamiento, para permitir su recuperación y fortalecimiento.

5_Enfriamiento. Tras la fase intensa del entrenamiento, debe empezar el enfriamiento, el cual debe hacerse de un modo progresivo y descendente, y sin escatimar en tiempo. La importancia del enfriamiento es vital. Por un lado, nos permite devolver el cuerpo a una temperatura normal a un ritmo suave, a la par que garantizamos el suministro correcto de sangre a los músculos que más hayan trabajado, que son los que demandarán esa sangre. Esa demanda de sangre se produce para que con el aporte extra de circulación que llega a esos músculos, se limpien los desechos producidos por el esfuerzo y el músculo se repare. Si este proceso de oxigenado del músculo no se produce, los desechos metabólicos se quedan en los músculos, y es cuando tienen lugar las agujetas. Es el famoso ácido láctico, que si no tenemos en cuenta, no solo provoca dolores en el caballo, sino que a larga puede desembocar en lesiones, ya que los músculos no se fortalecerán debidamente. Por lo tanto, si terminamos el entrenamiento bruscamente, y de ahí vamos a la ducha o al box, le estaremos causando un grave perjuicio al caballo. El problema como siempre, es que los caballos no tienen modo alguno de hacernos expresar su dolor, a diferencia de las personas, que pueden decir abiertamente que les duele esto o aquello. Es por eso fundamental que hagamos un enfriamiento suave y largo, con mucho paso, dejando estirar el cuello en toda su extensión, y por supuesto, nunca, pero nunca jamás, dejar al día siguiente el caballo metido en el box. Solo con una buena circulación activa (la cual se consigue con el movimiento) el caballo podrá reparar los tejidos que haya implicado en el entrenamiento anterior, y ese movimiento es vital justo al terminar el entrenamiento, y en las 24 y 36 horas siguientes.

MUY IMPORTANTE: Tanto el calentamiento como el enfriamiento deben ser proporcionales a la intensidad y la duración del entrenamiento correspondiente. Es decir, para por ejemplo, una sesión de trabajo de 45 minutos de doma o salto, el calentamiento no debe ser inferior a 15 minutos, y el enfriamiento, de 15-20 minutos.

EL TIEMPO: Cuando hablo con propietarios sobre estas pautas de entrenamiento, me responden que para ellos es muchas veces muy complicado poder llevar a cabo todos estos pasos, que apenas tienen tiempo para llegar, sacar el caballo de la cuadra y darle una montada rápida. Bien, no dudo de su escaso tiempo libre. Pero entonces, hemos de saber que no estaremos dando al caballo lo que necesita. Insistí mucho en el artículo anterior y vuelvo a hacerlo: no solo debemos proporcionar al caballo entrenamientos lógicos y coherentes con su fisiología como el que propongo en este artículo, sino que habremos de darle pautas de vida acordes a su naturaleza equina, y sacarlo de la cuadra para que esté en contacto con otros caballos, paste, se revuelque, etc. Si no se tienen en cuenta estas pautas, un caballo nunca estará sano, jamás se entrenará de verdad ni nos dará todo su potencial, y sobre todo, si no se entrena coherentemente, se terminará lesionando.


EL CABALLO Y LAS AGUJETAS. Uno de los grandes problemas que tenemos siempre a la hora de tratar con caballos, es su manera de mostrar el dolor. El caballo, por su condición de animal herbívoro y de presa, tiende a ocultar todo lo que pueda los dolores y molestias que pueda padecer. Esto, que es un gran problema para detectar las causas de posibles cojeras, es igualmente problemático para con las agujetas. Una persona que tenga agujetas, puede decir que no va a hacer tal esfuerzo o movimiento porque las agujetas se lo impiden, y los que le oigan sabrán qué su cuerpo está limitado por ese dolor concreto. En cambio, un caballo, no tiene un medio claro para decirnos que le duele el cuerpo por las agujetas producidas por el trabajo del día anterior.  Su modo de decirlo será: menor rendimiento, protestas al pedirle determinados ejercicios, etc. Es por eso necesario saber de qué modo podemos prevenir que las agujetas se ceben con un caballo. Y hemos de tener en cuenta, que si un caballo sufre agujetas y le seguimos entrenando con continuidad, podremos lesionarle o como mínimo, predisponerle negativamente al trabajo.


No hay comentarios:

Publicar un comentario