jueves, 22 de diciembre de 2016

Lo que me enseñan mis yeguas

Ahora que mis yeguas han echado el pelo de invierno y que no las puedo ver más que un par de días en semana, mientras repaso imágenes del verano pasado, el cual pasamos juntos, reflexiono sobre todo lo que me enseñaron en esos dos meses y pico de calor campero. Un verano en el que se pasaban el día pastando y viviendo una auténtica vida de caballo, excepto en las últimas horas de la tarde en las que tocaba entrenar.

Con los caballos creo que pasa como con los hijos: todos creemos que los nuestros son especiales. Pero en mi caso, puedo asegurarlo 😊


Algunas de las cosas que me dejan cada día más claro es que mientras más vida de caballo tengan, más y mejor querrán colaborar con su entrenador en su proyecto hípico. Ha habido días que les he exigido físicamente: entrenamientos de galope, saltos, cuestas… pero siempre a mayor exigencia por mi parte, más me cuido de que después tengan más recompensa, y nada mejor para un caballo que dejarle que pase el máximo de horas pastando en movimiento y en compañía.

Creo que ese es el gran problema al que se enfrentan la mayoría de jinetes. Exigen y exigen pero no corresponden con el mejor regalo que se le puede dar a un caballo: libertad, compañía, y forraje abundante.

Continuamente veo a caballos que siguen una rutina de entrenamiento aburrida y machacona, y al final de la misma, ducha y al box. El día que toca descanso, no salen de la cuadra…es imposible que así rinda un caballo al cien por cien.



Mucha gente me pregunta por técnicas de entrenamiento, dietas y en definitiva todo aquello que pueda incrementar el rendimiento y la fortaleza de su caballo. Y yo siempre respondo lo mismo: antes de ponerte a entrenarlo, pregúntate qué puedes hacer por darle una vida equina lo más plena posible. Porque ahí está la clave del éxito con cualquier caballo. De nada servirá la mejor rutina de entrenamiento si tenemos un caballo aburrido que apenas sale de su box. Poco efecto hará el pienso supercaro, las vitaminas o el suplemento si es un caballo desmotivado con su vida.
Y es ahí donde yo he notado la gran diferencia. Yo sí que me ocupo de dar a los caballos entrenamientos consistentes, de que coman piensos de calidad…pero eso es solo una parte. El resto del conjunto, lo forma la vida equina que le demos a nuestros caballos.

Y este verano, pude comprobarlo una vez más. Día a día, pude ir viendo cómo mis yeguas iban fortaleciéndose, cómo cuando, a pesar de estar sueltas en el campo y trabajar a diario, estaban dispuestas a darse una galopada resoplando si veían a la manada de ciervas que cada tarde venía a beber agua y a comer algunos higos del suelo de las viejas higueras que cada verano regalan su fruto. Cómo con la cola en trompa y los ollares bien abiertos se ponían a piafar, mostrando esas grupas y hombros de pura sangre rebosantes de fuerza que tan loco me vuelven.

Ese espectáculo del final de cada día, tras la jornada de trabajo, que contemplaba sentado mirándolas, satisfecho por saber que en esos capilares a flor de piel, esos glúteos llenos de músculo, y en ese carácter orgulloso, yo había puesto mi parte dándoles el entrenamiento, y la recompensa de una vida equina plena. Ellas a cambio, me regalan el espectáculo de verlas llenas de vida.
Sí, los entrenamientos que les doy a mis caballos, son duros. En verano, en el sur de Andalucía y en la sierra, donde todo son cuestas y riscos, yo además les complico las cosas añadiendo troncos y obstáculos. Cuando trabajo con ellas, no hago concesiones, igual que tampoco las he hecho conmigo cuando he afrontado retos deportivos serios.



Pero siempre me alegré después de haber levantado más peso en el gimnasio, de haber corrido un kilómetro más. Siempre tuve la satisfacción del entrenamiento bien hecho. Y con ello, sentía las endorfinas que se liberan después. Y el bienestar físico que te acompaña cada día. Pues eso mismo es lo que veo que en ellas cuando decido aislarme del mundo en el campo y encerrarme con mis yeguas.
Pero como decía al principio, el secreto está no solo en exigir, sino en dar. Lo primero, es aprender a darle el entrenamiento más adecuado. Cada caballo es un mundo. Hay que tener en cuenta su estado actual, su pasado y lo que queremos que sea en el futuro. Y hay que ir siempre con un margen, ir siempre un poco por detrás en exigencia. En cambio, ir siempre por delante en las concesiones de vida equina. Prefiero quedarme corto en un entrenamiento si no lo veo claro. Pero nunca privaré de horas en libertad y compañía.

Y así, os garantizo que vuestros caballos se harán cada día más fuertes y estarán más motivados. Hace ya tres años que mis yeguas y yo formamos una manada extraña. Un humano y dos yeguas purasangre, locos por el entrenamiento. En las fotos no se me ve, porque soy yo el que las hace, pero en esos días de verano, hay momentos en los que los tres nos ponemos a correr y a saltar por el campo. Es una sensación sobrecogedora, ya que tener a dos yeguas poderosas galopando al lado y botándose, hace que me sienta diminuto, aunque por otro lado, siento como si me protegieran. De repente paramos y se ponen a pastar con toda la tranquilidad del mundo. Y al final de la tarde, casi anocheciendo, cuando las llamo para ponerles su pienso, las veo venir a todo galope y relinchando y vuelvo a quedarme asombrado de cuanta belleza y cuanto poder hay en estos animales. Supongo que el hombre primitivo, al ver caballos galopando en libertad, quedó sublimado y empezó a maquinar en su mente: “yo quiero ser parte de eso”.

Y ahí empezó todo. Y ahora, siglos después, en un mundo en el que la electrónica lo inunda todo, aún podemos sentirnos como aquellas primeras personas que se atrevieron a relacionarse con caballos sin más vínculo que el que crean dos animales, un herbívoro y un depredador. Es una sensación tan primitiva como auténtica, y nada puede igualarse. Ahora, incluso me atrevería a decir que esta sensación es más potente que la que pudieron sentir nuestros antepasados, porque los caballos de ahora, son más rápidos, más fuertes y más bellos que nunca. Y quien prueba esta sensación, ya quiere otra cosa en su vida.


¿Puede haber otra cosa más grande en esta vida que hacer a tu caballo más fuerte, feliz y sano? Sinceramente, NO.






jueves, 8 de diciembre de 2016

Preparación de un potro de 3 años y medio

Esta belleza negra que sobrevuela a varios pies del suelo es Attack, un macho entero de tres años y medio con el que apenas llevo un mes.  Esta foto se ha hecho en el callejón de saltos, el cual hemos readaptado como pista de entrenamiento multifunción para fondo físico, cavalettis, etc. Con Attack he empezado desde cero, y eso me permite hacer las cosas a mi modo desde el primer minuto.  Es decir, lo que quiero es hacer de él unpotro tan fuerte que el día que me monte, físicamente esté como un auténtico toro y su dorso esté a prueba de bombas, para que mi peso encima no le suponga el menor problema.


Como siempre digo, para mí, los parámetros tradicionales de Equitación en los que se antepone la doma, son secundarios y están obsoletos, es decir, primo su puesta en forma y su fortaleza física, mientras que la doma básica viene como consecuencia de dicho entrenamiento.

Siguiendo mi principio de no montarme en un caballo menor de cuatro años, con este potro me estoy centrando en dos cosas básicamente: fortalecimiento de dorso y puesta en forma general (musculación y fondo físico), y todo ello, sin montarme.

Su entrenamiento, de cinco días a la semana, incluye las siguientes rutinas básicas:

-          Entrenamiento cardiovascular  (2 días a la semana, uno de más intensidad que el otro)
-          Trabajo específico de dorso (trabajo con rendajes pie a tierra 2 días a la semana)
-          Trabajo pie a tierra con cavalettis y cruzadas (1 día a la semana)

En breve iré intercalando trabajo de Gimnasia Hípica pie a tierra, para darle un entrenamiento más completo aun.

Todo esto se lo voy haciendo sin embocadura. Paralelamente a este entrenamiento físico, ya le he enseñado a trabajar en riendas largas (sin embocadura también). El trabajar con riendas largas me permite enseñarle las ayudas de riendas sin tener que montarme, y además, en estos meses de trabajo físico, me iré dedicando a moverlo un rato por todas partes llevándolo en riendas largas, lo cual hará que el día que decida montarme, ya haya caminado por todas partes yendo él delante, por lo que estará más que acostumbrado a pasar por charcos, caminos, cancelas, etc.  Attack está descalzo y se mueve con soltura por terrenos duros y blandos.

A la par, entre una cosa y otra, me subo y me bajo  a pelo, pero simplemente para que vaya acostumbrándose a tenerme encima, apenas estoy unos segundos encima. La idea es combinar todo este trabajo de preparación física, con el de educación básica.

Otro aspecto importante para mí en la educación y preparación de un potro, es respetar su personalidad y sus ganas de juego. Intento no coartarle nunca, y dejo que se exprese pero sin que por ello, deje de trabajar. Si en el futuro queremos un potro motivado, es importante que sientan el respeto por el trabajo pero sin que se anulen sus iniciativas propias. Botarse con el cinchuelo, ponerse a trotar piafando para impresionar a los otros potros…todo se le permite sin que haya castigo, simplemente le dejo que haga todo esto pero sin que por ello, deje el trabajo que le estoy pidiendo, y eso hace, que cada día, él solo se vaya centrando más en el trabajo. Si reprimiera cada impulso natural del potro, empezaría a ver el trabajo como algo tedioso y lo asociaría a malos momentos.
He de decir que en el escaso mes que llevo con él, está respondiendo a una velocidad increíble y con una predisposición cada día mejor, y su cuerpo está transformándose por días. Intercalo además todo esto, con ratos del ronzal en los que él pasta hierba del suelo, caricias, estiramientos, etc.


En resumen, todo el trabajo va encaminado a hacerlo fuerte físicamente, a que no pierda su personalidad ni sus ganas de juego, pero a la vez hacerlo un caballo confiado y con ganas de trabajar, a la vez que se le va educando en las cuestiones básicas de doma y manejo.

lunes, 21 de noviembre de 2016

Cómo conseguir que un potro se convierta en un caballo sano

Artículo publicado en revista A la Vaquera nº66 con comentarios actualizados en la fecha de su publicación en la web

Este artículo lo escribí para la revista A la Vaquera, disciplina en la que muchos de sus practicantes aun tienen la pésima costumbre de comenzar a montar un potro con 30 meses (una edad de 2 años y medio), pero lo he readaptado para su publicación en mi página web y son factores aplicables a cualquier potro destinado a cualquier disciplina.




Con un caballo joven, no hay que buscar la reunión ni meterlo en ejercicios complicados, sino enfocarnos en que vayan con ganas adelante, que vean el trabajo como algo que no les machaca, y ayudarlos a fortalecerse, dejando siempre que vayan cómodos y relajados.


Los tiempos van cambiando, sobre todo, desde que la ciencia llegó para hacer nuestra vida mejor. Es por ello, que las tradiciones, deben ir adaptándose a los descubrimientos certeros e irrefutables que los diferentes sectores científicos, nos van legando. En nuestro caso en concreto, son aquellos preceptos dictados desde la medicina veterinaria equina, los que deben ir modificando ciertas pautas a la hora de trabajar nuestros caballos, ya que si seguimos dichas pautas, nuestros caballos rendirán mejor, con más salud y por más años. Imagino, que a esto, aspiramos todos, seamos profesionales o aficionados.
                                                        
En este artículo vamos a hablar de la importancia de seguir unas líneas de trabajo que mantengan una coherencia con la salud y fisiología del caballo, para lo cual es necesario en todo momento tener en cuenta la edad de dicho caballo, y nunca jamás, ir más allá de lo que su edad permita en ese momento. Ya sabemos que a caballo, ir lento, es sinónimo de llegar lejos. Por otro lado, contamos con una enorme ventaja: observar aquello que hacen los jinetes y cuadras de Doma Clásica, y que vemos les da buen resultado. En Europa, Estados Unidos, Australia o Nueva Zelanda, es habitual ver compitiendo al máximo nivel caballos con 14 o 16 años. En cambio, en vaquera, un caballo de diez o doce años, se empieza a considerar al límite de su vida de competición. ¿Qué hacen esos jinetes de Doma Clásica para tener caballos que incluso con más de 16 años puedan estar en óptima forma? ¿Y qué hacemos aquí para que no ocurra lo mismo?


1_Una mirada a la tradición.

La costumbre nos dictaba, que el potro se recogía del  campo con 30 meses por lo general, es decir, una edad real de dos años y medio. En algunos casos, los potros ya estaban “manoseados” y al menos tenían una doma básica de manejo con el ronzal, y en otros casos, venían totalmente cerreros y se empezaba desde cero. En cualquier caso, a partir de ahí, se comenzaba su trabajo a la cuerda hasta llegar a montarlo, sacarlo al campo con madrina y en poco tiempo, tenerlo trabajando en las faenas del campo.

Esta prontitud en la doma, viene del planteamiento que ya se daba en la época andalusí de la Península Ibérica, tradición que aun hoy es mantenida en ciertos lugares del Norte de África, donde muchos jinetes bereberes (emparentados con nuestra vaquera) tienen un dicho que rige su trabajo con los potros: “al caballo, como al árbol, hay que enderezarlo cuando es joven”. Claro que aunque estos refranes suenen muy bonitos, provienen de una tradición que obedecía a una necesidad (primero fue la guerra, y después, la faenas con ganado bravo), no a una realidad (la del cuerpo equino y demostrada por la ciencia). En nuestra vaquera, había que tener al caballo pronto preparado para unas faenas de campo muy exigentes, y sobre todo, no se tenía la menor idea sobre la edad óptima de maduración del esqueleto equino, que viene a partir de los 7 años. Lo cual quiere decir que lo recomendable es empezar a montar los caballos a una edad más cercana a los 4 que a los 3 años (nunca jamás por debajo de tres).

(¿Qué prefiero yo?: por mi parte, no tengo el menor inconveniente en esperar a los cinco años o incluso más antes de empezar el trabajo en serio montado)

2_Manejo del caballo joven

El potro, para que de adulto sea un caballo fuerte, elástico, con una mente limpia de manías y tenga un óptimo desarrollo, ha debido pasar su juventud en plena libertad, corriendo, saltando y jugando con otros potros. Ha debido ser alimentado correctamente, es decir, mucho forraje, y una cierta cantidad de pienso especial para potros, pero primando en el caso de los potros, más la calidad del pienso que la cantidad.


Esto es lo que debe hacer un potro hasta los 4 años. Si le privamos de esto, será un caballo con problemas mentales y físicos sin lugar a dudas.

Una vez el potro es recogido del campo – insistimos, donde ha de vivir hasta los 3 años como mínimo-  ha de pasar el máximo de horas en libertad, aunque ya hayamos comenzado su doma. Encerrar un potro de 30 meses en un box, y solo sacarlo de su cuadra para trabajarlo en la pista, es garantía segura de que pronto vendrán los problemas, tanto de comportamiento como de salud. Hemos de tener en cuenta, que encerrarlo en un box supone alterar su verdadera naturaleza bruscamente: herrarlo, cambiar la alimentación, hábitos de vida, etc. La vida en libertad es lo que da salud mental y física al caballo, por lo que mientras antes le privemos de esta, más posibilidades tendremos de tener problemas.

¿Mi consejo?: Dejar vivir al potro en total libertad y en manada hasta un mínimo de 4 años o más si se puede, y por supuesto, cuando empecemos los primeros entrenamientos, dejar que el potro siga viviendo en libertad, o en un ecosistema lo más parecido a la libertad: máximo movimiento posible lento pero contínuo, buen forraje y en cantidad y poco pienso pero bueno, presencia de otros caballos al lado, etc


3_Entrenamiento del caballo joven.

Si obsoleto está el planteamiento de empezar a domar un caballo con 30 meses, también lo están los métodos que se siguen empleando en no pocas cuadras de vaquera, sean de competición o no. Por supuesto, la costumbre de “hacerle la cara” al potro, a base de serretazos, debe quedar totalmente desterrada. Recomendamos la lectura del artículo firmado por Joaquín Olivera y titulado “La confianza”, publicado en la revista Trofeo a la Vaquera nº 51, en el que el 9 veces campeón de España decía claramente sobre esta horrible costumbre y otros métodos violentos: “cuando desterremos las malas prácticas de estas tradiciones, avanzaremos hacia la mejor doma del mundo”.

Lo adecuado es empezar con unas pautas de trabajo pie a tierra muy suaves y progresivas, de las que ya hablaremos más detalladamente más adelante, pero de las que podemos adelantar que van encaminadas a evitar la lucha en todo momento, y el sobrecargar y fatigar al potro. Primero, trabajar unos días con el cinchuelo hasta que el potro se habitúe, después ir colocando progresivamente una montura de doma de poco peso, y así sucesivamente. Deben quedar eliminadas el uso de las riendas de atar, tanto a la boca como a la nariz, que lo único que hacen es contribuir a que el caballo vaya encogido, en lugar de animarlo a ir hacia delante. No se trata de destruir ni el físico ni la moral del potro, sino de ganarnos su confianza, y ello se consigue haciéndolo cada día más fuerte y noble con nosotros. Llevándolo a los tiempos actuales, tenemos que actuar con el potro como su entrenador personal, como alguien que les ayuda a sacar lo mejor de si mismos como deportistas y como equinos, y no como un tratante de esclavos que explota sin compasión hasta el fin a todo aquel que cae bajo su mando.

¿Cómo lo hago yo? El caballo joven, tiene ganas y necesidad de juego hasta los 6-7 años (a veces incluso más), por lo que intento que el trabajo sea para él un juego divertido, pero que le vaya fortaleciendo física y mentalmente, que se sienta cada vez más fuerte y confiado en sí mismo, a la par que se de cuenta que su confianza en mí nunca se verá traicionada y es lo mejor para él. 
Para ello, nunca le pido más de lo que su cuerpo y su mente puedan dar, jamás abuso del trabajo montado, de los tiempos de entrenamiento, sobre todo de galope y trote, e intercalo sesiones de descanso abundantes, le dejo que paste, le rasco las zonas que le gustan, le dejo que mire y observe cuando ve que algo le llama la atención, etc. Es decir, le educo y le entreno, pero no coarto su personalidad ni sus ganas de divertirse, y para ello, intento que sus ratos conmigo sean lo más parecido a la vida que hace con otros potros: ahora corro, ahora como, ahora troto...

4_La edad de competir

Si tenemos en cuenta todos los puntos propuestos hasta ahora, es evidente que la edad a la que un caballo se debuta en la pista, será más tardía, pero ello, en lugar de ser un perjuicio, es una ventaja. En vaquera, un caballo de doce años es considerado por lo general un caballo “viejo”, mientras que en los circuitos de Doma Clásica europeos, dicha edad es óptima, ya que se sabe que es cuando el caballo podrá rendir a tope no solo físicamente, sino mentalmente, requisito este fundamental en una reprise. Esta diferencia de conceptos, indudablemente, viene marcada por el trato que se le da a los caballos en uno y otro círculo. En vaquera, el hecho de trabajar con los caballos desde muy jóvenes y obligarlos a llevar bocados grandes, monturas pesadas, exigirles mucha reunión desde el principio y tenerlos días y días en las cuadras, es lo que hace que muchos de ellos lleguen a la edad de 12 años machacados.

En cambio, los jinetes y entrenadores centroeuropeos de Doma Clásica, son mucho más progresivos y es por eso, que sus caballos, a la edad de 12 años, están en una forma óptima y es cuando empiezan a rendir de verdad. Estos jinetes, además, no solo dan un entrenamiento suave y progresivo, sino que sacan diariamente sus caballos durante varias horas al prado, para que corran, pasten y hagan en definitiva, vida de caballo. Un claro ejemplo de amazona de competición de Doma Clásica de alto nivel, es Uta Graf, amazona alemana que deja sueltos sus caballos en el campo varias horas al día. Esto le permite no solo tener unos caballos más sanos, sino que tienen una mente más predispuesta al trabajo, ya que están más felices y menos estresados.


Uta Gräf, una de mis amazonas de referencia en Doma Clásica, da a sus caballos un entrenamiento muy progresivo, y los suelta diariamente varias horas en el campo, les deja que se junten entre ellos, que se revuelquen...en definitiva, les deja que hagan vida de caballo. En este artículo, tienes más info sobre cómo mantiene motivados a sus caballos: http://dressagetoday.com/article/motivate-your-dressage-horse-with-uta-graf-12524



También en Doma Clásica, en nuestro país, si bien hablamos de una amazona de proyección internacional, contamos con el caso de Delgado, el Westfaliano de Beatriz Ferrer-Salat que ahora cuenta con 15 años y que está en su mejor momento, y que . También en España, y muy importante en las competiciones europeas, hemos tenido el caso de Painted Black, el Trakhener montando por Morgan Barbançon Mestre, que fue retirado recientemente con 18 años. 




Beatriz Ferrer-Salat montando a Delgado (nacido en 2001) en la Kur del Campeonato de Europa celebrado en Aachen el pasado Agosto. Foto: Hippo Foto - Dirk Caremans, FEI.


Esperemos que esta tónica se contagie a los jinetes vaqueros y que nuestras pistas de Vaquera vayan conservando lo que tienen de bueno y único, que es personal e intransferible de la Doma Vaquera, pero a la vez, sepan dejar atrás aquellas cosas que nos lastran e incorporen lo que ya se sabe que es bueno y que se está haciendo en Doma Clásica y otras disciplinas ecuestres. Al final, hay un baremo que es claro e irrefutable, y que está por encima de métodos y de personas: los caballos. Un caballo que llegue a una edad avanzada sano, compitiendo, confiado y con sus ganas intactas, es garantía inconfundible de que se le han hecho bien las cosas.

De nuevo nos remitimos a las palabras del maestro Olivera, hombre de campo, jinete vaquero donde los hubiera, pero a la vez estudioso de la Equitación y conocedor de nuestras carencias: “hemos estado atascados en el pasado demasiado tiempo…”, por lo desde aquí, invitamos a los lectores a que reflexionen sobre todo lo comentado aquí, e incorporen nuevos puntos de vista para con sus caballos. Ellos se lo agradecerán viviendo más y mejor, y rindiendo más y mejor cada día.


Esta foto la hice en un clinic impartido por el maestro Olivera al que acudí de oyente. Para mi, su mayor mérito, fue el esfuerzo que hizo para romper con ciertas tradiciones que perjudicaban a nuestra equitación y a nuestros caballos.



UN ERROR USUAL: Es muy frecuente creer que un potro menor de 4 años, por estar bien de peso, es lo suficientemente fuerte como para aguantarlo todo. Dos errores principales se suelen cometer en este sentido. Uno: el creer que por presentar un buen aspecto, con grupa ancha y buena musculación en general, es ya un caballo hecho y derecho al que poder exigirle todo tipo de ejercicios. Nada más contrario a la lógica equina. A un caballo de cuatro años, por más fuerte que parezca, hay que hacerle las cosas muy despacio, ya que a su aparato músculo-esquelético, aun le quedan varios años por delante para madurar óptimamente. 

Y segundo error: sobrealimentarlo con pienso. La sobrealimentación a base de concentrados, es un error gravísimo que irá mermando su salud. La concepción del caballo “gordo” es algo atávico y de otros tiempos, al igual que antes, un niño “gordito” se creía que tenía buena salud. Hoy día, tanto médicos como veterinarios, nos advierten respectivamente para niños, personas, potros y caballos, de los numerosos riesgos que tiene la obesidad. 

Recordemos la regla de oro de la alimentación equina: mucho forraje, y poco pienso, pero de mucha calidad. Esto además, nos servirá para eliminar muchos de los “problemas de comportamiento” de los caballos jóvenes, que no son tales problemas, sino que al estar todo el día en cuadras, y recibir una alimentación excesiva en energía, no solo ponemos en riesgo su sistema metabólico, sino que sus ganas de juego, de botarse, de estar pendiente de todo menos del trabajo, etc, se multiplican por varios enteros. Si le damos un buen pienso, no será necesario darle más de dos kilos del mismo, y el resto mínimo unos 8 kilos de heno y y si se quiere, un extra de alfalfa que le beneficiará en su desarrollo. Darle 6 o 7 kilos de pienso a un potro de 3-4 años, es una auténtica bomba de relojería.





viernes, 11 de noviembre de 2016

Nueva sección de tips fotográficos

Estreno sección con fotografías en alta resolución y hechas por mi, con breves consejos sobre entrenamiento y bienestar equino.


jueves, 3 de noviembre de 2016

¿Qué es realmente entrenar un caballo?

A medida que voy tratando con más caballos, más me voy dando cuenta de que es imposible entrenar de verdad a un caballo si no le dedicas una media de dos horas diarias como mínimo. Eso no quiere decir que sean dos horas de trabajo intenso. Pero se necesita tiempo para crear un vínculo, igual que a un amigo o a una pareja le tienes que dedicar tiempo para conocerlo, para afianzar la relación, y en definitiva, porque para recoger, hay que sembrar.

En el caso de esta yegua, he pasado mucho más tiempo afianzando nuestra relación que con el entrenamiento físico en sí. Actuar así ha sido fundamental para que cuando entrene, lo haga de un modo relajado y confiado. Si quieres conocer el proceso, visita este enlace


Tiempo DIARIO para revisar los cascos, para observar si va musculando bien y no hay asimetrías en los diferentes grupos musculares, para cerciorarte de que no hay puntos de tensión ni agarrotamientos. Tiempo también para acariciar al caballo – que no todo ha de ser trabajo en un entrenamiento - , hablarle suave y al oído, y que te vea como alguien que le va a ayudar a ser más fuerte, a ser mejor caballo en definitiva, igual que un maestro de artes marciales, enseña a sus alumnos a ser más fuertes, más elásticos, más inteligentes y previsores, y sobre todo, a ser mejores personas. Yo quiero ayudar a los caballos con los que trabajo, a que saquen lo mejor que llevan dentro, a que mejoren sus carencias, a que en definitiva, sean confiados y pacientes con los humanos, y a que sean los mejores caballos que pueden llegar a ser, y todo eso, lleva tiempo.

Tiempo para calentarlo como se debe, es decir, entre 20 y 30 minutos como mínimo y más si hablamos de caballos que viven en boxes. Tiempo para el entrenamiento que realmente necesite, no el que a nosotros nos guste más o el que solo sepamos hacer. Tiempo para enfriarlo, paseando del diestro sin mirar el reloj pensando en el siguiente caballo, porque entonces no lo enfrío como se debe y al día siguiente las agujetas le pasarán la factura. Y también para ducharlo, y secarlo.

Y para hacerle algún estiramiento o al menos dejarlo suelto en una pista para que se revuelque y se estire él solo, algo realmente beneficioso para su cuerpo. Y si vive en un box, llevarlo del ronzal a algún sitio a dónde crezca algo de forraje para que coma, que para eso es un herbívoro. Tiempo para observarlo cómo come, cómo mira, cómo se comporta, porque si vemos que cada día está más fuerte, relajado y confiado, es que estamos yendo por el buen camino.

Las cuentas están claras. En menos de dos horas al día es imposible hacer esto. Yo hay días que incluso les dedico más a según qué caballos, si creo que lo necesitan, y sobre todo, para darle aquello de lo que más carecen para que tengan una vida equina plena, y que a priori, no forma parte de un entrenamiento físico. Son esos detalles de los que hablo antes: sacarlos a que pasten, a que vean campo, a que sientan la presencia de otros caballos. Estos pequeños detalles, son los que harán que un caballo rinda cada vez mejor en su entrenamiento, y esté más feliz en definitiva. Los caballos son nuestros amigos, nuestros compañeros de aventuras hípicas, no gladiadores a los que tener enjaulados y que solo salen de su calabozo para entrenar o darlo todo el día de competición.

Aquí no hay atajos ni trampas posibles. Todo lo demás se podrá llamar como se quiera, pero entrenar un caballo de verdad, es lo que requiere. En el caballo, yo prefiero la calidad a la cantidad, es decir, trabajar menos caballos pero dándoles mi mayor dedicación. Y creo que los caballos, también.


lunes, 5 de septiembre de 2016

Obesidad humana y obesidad equina

Reflexiones fisiológicas y filosóficas del porqué aún seguimos viendo caballos obesos.

Muchos caballos, padecen sobrepeso, pero eso no quiere decir ni mucho menos, que sus necesidades nutricionales estén satisfechas. Excepto en los casos de caballos que viven sueltos en grandes extensiones de terreno con pasto abundante a su disposición, que probablemente estén obesos por falta de ejercicio y exceso de calorías, son muchos los caballos que viven en boxes y están con un peso superior al que sería recomendable para su buena salud.

 William Fox-Pitt y Chilli Morning. Este caballo es un auténtico atleta equino. Por desgracia, para muchos jinetes y criadores españoles, este caballo no es un caballo sano, sino un caballo "al que le faltan kilos".


 Como ocurre con tantos campos de la salud relacionados con la ciencia y la investigación humana, llegan con décadas de retraso a buena parte del orbe ecuestre. Concretamente hoy, vamos a referirnos a la visión que aun impera en no pocos propietarios, jinetes y domadores, por la que los caballos deben estar “gordos” o cuando menos, rellenitos (que es muy diferente a que tengan un buen grado de desarrollo muscular)

Para las personas, ya sabemos de sobra que la obesidad es fuente de problemas de todo tipo. No hay que detallarlos aquí porque daré por sabido – y si no basta con hacer una rápida búsqueda en Google – lo perjudicial que es para la salud, siendo además muy alarmante que el problema se ha extendido a buena parte de la población infantil. En Estados Unidos es un verdadero problema, y países como Dinamarca, han puesto en marcha costosos programas para erradicar esta lacra, ya que un niño obeso, será un adulto con problemas de salud graves, desde cardiovasculares, articulares, musculares, cerebrales, y como no, de autoestima, por no hablar de que su esperanza de vida se reduce drásticamente.

Y este ejemplo de la obesidad infantil, me sirve perfectamente para enlazar con los problemas de salud equina de los que voy a hablar hoy. Y el porqué es bien sencillo: LAS CAUSAS DE LA OBESIDAD INFANTIL, SON PRÁCTICAMENTE LAS MISMAS QUE LAS DE LA MALA SALUD EQUINA.

Comparemos este caballo con Chilli Morning: panza, cuello y grupa con sobrepeso...y si viéramos sus cascos, seguro que estarían llenos de surcos. Este caballo tiene y tendrá problemas si no pierde peso.


Hagamos un repaso a todo lo que provoca la obesidad en niños (y en personas adultas) y veremos que son causas totalmente extrapolables al caballo:

-          Alimentación inadecuada, en la que se prima la cantidad en lugar de la calidad. Los niños abusan de los hidratos de carbono de mala calidad (bollería, pizzas, hamburguesas, etc.) y grasas perjudiciales (fritos, cremas de relleno de pasteles, etc.) Igual ocurre con los caballos, ya que se les da un exceso de hidratos de carbono (el almidón de la avena, cebada, maíz, pellets baratos, etc.) y grasas de dudosa calidad (piensos de melazas muy azucaradas y aceites de mala calidad). A su vez, se les priva de lo que más necesitan: forraje de calidad y vitaminas, minerales y aminoácidos, así como un correcto balance de proteínas, hidratos de carbono de cadena larga y grasas de buena calidad.

-          Falta de ejercicio. Los niños no caminan ya que sus padres los llevan en coche hasta la puerta del cole, cuando llegan a casa se sientan a ver la tele o juegan a la consola, etc. Los caballos en su mayoría, se pasan horas y horas en un box. Y cuando se les saca, no se les da el entrenamiento más adecuado.

-          Falta de socialización. Como los niños cada vez pasan más horas frente a las tablets, móviles y ordenadores, es tiempo que dejan de jugar y relacionarse con otros niños. Eso no solo les impide tener un desarrollo cognitivo pleno, sino que una vez más, se mueven y se ejercitan menos, por lo que no solo queman menos calorías, sino que su desarrollo psicomotriz nunca es el adecuado. Exactamente igual pasa con los caballos, ya que se pasan la vida en sus boxes y no se relacionan con sus congéneres, algo de vital importancia para un caballo. La mayoría de hípicas, se construyen para satisfacer los intereses de los humanos, pero no de los caballos. En cambio, unos sencillos prados en los que soltar los caballos unas horas, boxes que en lugar de estar totalmente cerrados tengan rejas a media altura para que puedan olerse y verse, caminadores, etc. Todas estas medidas harán que los caballos estén más felices, no desarrollen vicios de cuadra, y al interactuar y moverse y relacionarse, también queman calorías de un modo sano.

-          Genética. En las personas, al igual que en equinos, hay varios tipos de metabolismo. A grandes rasgos, están los metabolismos rápidos (los que queman la energía de los alimentos muy rápidamente), y los lentos (tardan más en quemar la energía y por ello tiende a transformarla en grasa). Los primeros son las personas a las que les es más fácil estar delgado y los segundos los que engordan con más facilidad. Pues bien, en CABALLOS PASA EXACTAMENTE IGUAL. Por lo tanto, la costumbre de dar de comer lo mismo a un Hannoveriano que a un Árabe, es absurda e incoherente. Igualmente, los PRE y cruzados de PRE, son caballos de metabolismo lento, es decir, caballos que suelen engordar con mucha facilidad, y con tendencia a problemas metabólicos derivados del sobrepeso, como el cuello de gato, la infosura, etc.
-          Individuo. También hemos de tener en cuenta la edad, ya que nunca tendrá las mismas necesidades el caballo de 4 años que el de 20. Igual pasa con un niño. ¿O es que un adolescente en pleno crecimiento tiene las mismas demandas nutricionales que las de una persona de 70 años?

-          Exigencias nutricionales según actividad. El niño que practica deporte diariamente, juega con otros niños, va al cole andando o en bici y no se está quieto nunca tendrá las mismas demandas nutricionales que aquel que no acomete ninguna actividad. Con los caballos, ocurre igual. ¿Cómo vamos a dar de comer lo mismo a un caballo que entrena fuerte y con regularidad que a uno que solo se usa para paseos tranquilos o lo que es peor, al que nunca sale de su box?


En esta foto, vemos diferentes tipos de deportistas, con diferentes constituciones y peso. Es evidente cuál de los personajes de la foto está más predispuesto a sufrir lesiones, problemas cardiovasculares, atrosis, etc. ¿Por qué entonces sigue habiendo caballos en el mismo estado y se pretende que hagan alguna disciplina hípica o simplemente estén sanos?



Y ahora, seamos sinceros. ¿Cuántos caballos conocemos a los que les afecten estos factores? A una inmensa mayoría. Y el paradigma, lo tenemos en el SICAB cada año. No hay más que darse una vuelta por los diferentes pabellones, para ver caballos, potros y yeguas con unos porcentajes de grasa corporal descomunales. Hace poco hablaba con un juez de PRE, y me decía: “algunos caballos o yeguas llegan tan gordos que es muy difícil evaluar la morfología porque hay partes del cuerpo que están totalmente tapadas por la grasa”. Y es así, por desgracia. ¿Cómo evaluar una yegua o un caballo cuya musculatura es casi inexistente y su lugar está ocupado por acumulaciones de grasa? A lo mejor esto responde a porqué el PRE, una raza con siglos de historia, no ocupa el lugar que le corresponde en el panorama hípico internacional, mientras que razas creadas hace menos de cien años, son líderes mundiales en la hípica deportiva y de ocio.

El pabellón de yeguas de SICAB, lugar donde podemos ver una enorme concentración de yeguas con sobrepeso.


Pero dejando de lado a la locura de los criadores de PRE, y volviendo a una gran mayoría de caballos normales y estabulados, es que a pesar de que están gordos (y para mí en un caballo, esta palabra tiene una connotación negativa), lo más sorprendente de esto, es que encima después, le pedimos a esos caballos que cuando los montemos, vayan relajados y no tengan exceso de energía, se concentren en su trabajo, hagan una buena doma, salten sin rehusar, sean flexibles y elásticos en la doma, o hagan una ruta sin cansarse.

Y eso es porque seguimos creyendo que el caballo es un ser para el que las leyes universales que afectan a la fisiología de los seres vivos, no sirven, es decir: queremos que todo funcione pero nos da igual que esté gordo, dolorido por el sobrepeso, sin resistencia física y otros tantos hándicaps, que son IMPOSIBLES DE VER EN UN HUMANO QUE HAGA EJERCICIO. ¿Y POR QUÉ AL CABALLO SÍ SE LO EXIGIMOS?


Un niño con sobrepeso, es un niño con problemas de salud. El caballo, IGUAL.

Veamos algunas de las consecuencias, NEFASTAS TODAS, que tiene el sobrepeso en un caballo:

-          La primera y más evidente: LA FALTA DE FORMA FÍSICA. Un caballo gordo u obeso, no está sano, por lo que todo le costará más trabajo, se cansará antes, tendrá menos elasticidad y capacidad de movimiento y de reacción, respira peor, su corazón no rinde bien, etc. Exactamente igual que una persona con sobrepeso, pero con el inconveniente de que el caballo depende de su propietario, por lo que si este no repara en estos factores, el caballo quedará condenado de por vida a sufrir problemas de toda clase.

-          Riesgo de sufrir lesiones en tendones y articulaciones, desde las tendinitis o artritis más leves, hasta artrosis graves. ¿Por qué? Muy sencillo: porque el cuerpo está cargando continuamente con más peso del que debe, y si a eso sumamos que se trata de un caballo que vive en un box, la falta de movimiento hará que los tendones y articulaciones sufran sobrecargas continuas.

-          Problemas cardiovasculares, es decir, de corazón. Lo primero que se recomienda para evitar problemas de corazón en humanos, es el sobrepeso. Pues en caballos sabemos que un exceso de peso puede provocar desde problemas leves como reducción en el rendimiento, hasta otros muy graves como hipertensión o sobrecarga del sistema cardíaco.

-          El riesgo de sufrir laminitis y otros graves problemas metabólicos, aumenta de manera exponencial, ya que el caballo que es alimentado con grano (o pastos muy ricos en azúcar) continuamente y va acumulando grasa, llega un momento en que se ve imposibilitado para asimilar tanto almidón y esto desemboca en una infosura o laminitis.



-          Disminución de la capacidad pulmonar: a mayor peso, mayor fatiga, y mientras más peso tenga que mover el caballo, mayor demanda de oxígeno tendrá, no solo para llenar sus pulmones, sino para mandar oxígeno a todo su sistema músculo-esquelético. Si a eso le sumamos que los caballos obesos no suelen estar bien entrenados, cada vez que sacamos a un caballo obeso de su cuadra para trabajarlo, le estamos pidiendo que sus pulmones trabajen bajo un sobre-esfuerzo, que no llegue suficiente oxígeno a sus músculos, y en definitiva, si lo seguimos manteniendo obeso por exceso de grano y apenas lo sacamos de su cuadra, cada vez irá a peor.

Y ahora, sabiendo cuáles son los problemas que el sobrepeso genera en un caballo, veamos de qué modo podemos evitarlas.

1-      Reducir o eliminar el grano, y sustituirlo por un buen forraje, o poco pienso pero de muy buena calidad.

2-      Adaptar las raciones de pienso a la actividad del caballo, a su edad, su disciplina, etc. Básicamente, que consuma las mismas calorías que queme.

3-      Nunca dejar más de un día un caballo en un box o en un minipaddock sin que pueda moverse libremente.

4-      Ejercicio diario, aunque sea moderado. Estos jinetes que tienen a sus caballos obesos, y de repente un día los sacan y los trabajan hasta que no pueden más, y después los dejan una semana o más días en la cuadra, están literalmente DESTRUYENDO SU CABALLO.

5-      Reaccionar en cuanto veamos que el caballo va ganando peso del “malo”, es decir, no muscular, sino en forma de acumulaciones de grasa o barrigas excesivamente gordas, por lo que debemos eliminar el grano y aumentar el ejercicio. Una grupa musculada está firme a la vista y al tacto, no tensa ni abrupta ni flácida, y veremos en los glúteos los capilares y las venas. Igualmente el caballo que en cuanto se trabaja empieza a resoplar, suda mucho y pronto, notamos que tenemos que impulsarlo continuamente, si además le sobran kilos, es que padece sobrepeso y todos sus males derivados, por lo que hay que actuar.



Recordemos las pautas generales de la buena vida del caballo:

Nutrición: forraje de la mejor calidad posible en un mínimo del 80% de la dieta del caballo. Si el caballo no está trabajando a un ritmo alto, no es necesario ningún pienso, o a lo sumo medio kilo o un kilo como mucho.

Ejercicio: moderado con continuidad es mejor que mucho un día y tres sin hacer nada

Socialización: que el caballo vea, huela y toque otros caballos

Manejo y modo de vida: si el caballo no vive en libertad, debe salir todos los días  de su cuadra


¿Y por qué se ven tantos caballos gordos aún?

Es una concepción atávica, asociada a que el caballo gordo, es muestra de caballo sano (cosa que ocurre aun en los pueblos y ciertos lugares de España, en los que un bebé o un niño obeso se considera sano), y por otro, porque da a entender, que su propietario “le da muy bien de comer”, es decir, un caballo gordo es señal de un propietario espléndido con su caballo. Insisto en que el paradigma de esta visión tan retrógrada la tenemos en el SICAB cada año. He hablado con varios ganaderos y jinetes de los riesgos de tener a sus animales en tan penoso estado, pero a pesar de que las conversaciones se producen en castellano, es como si no nos entendiéramos, como si hablásemos lenguas totalmente incomprensibles entre ellas. Ellos no contemplan otra posibilidad que la de llegar al SICAB con sus yeguas y caballos bien gordos, incluso muchas yeguadas, un mes antes aumentan las raciones de pienso para que las posibles pérdidas de peso que puedan tener los caballos durante el viaje hacia el SICAB, no se noten. Creo que es una visión muy egoísta por parte de esta serie de criadores, ya que van minando la salud de sus caballos simplemente para dar una imagen de ellos como ganaderos “que no escatiman en pienso y tienen a sus caballos bien gordos”. Pero eso no significa que los tengan sanos. A poco que les mires los cascos les ves surcos profundos, evidencia de los trastornos metabólicos que sufren, por no hablar de las acumulaciones de grasa en grupa, cuello, etc. La obesidad, no es buena ni en humanos ni en equinos. Esperemos que todas estas cuestiones, vayan siendo aceptadas por jinetes, criadores y domadores en general, por el bien y la salud de los caballos.





lunes, 22 de agosto de 2016

¿Quieres saber si tu caballo está en buena forma?

Si su entrenamiento incluye estos 7 factores tu caballo estará en inmejorables condiciones.

¿Tú caballo no rinde al 100% o hace tiempo que lo notas estancado? La respuesta en muchos casos, suele estar en la puesta en forma. Una buena forma física es mucho más importante que la doma y la Equitación en general. Con este artículo podrás examinar 7 aspectos clave de la forma física de tu caballo que van a determinar si está en óptimas condiciones para desempeñar su trabajo en Doma, salto, raid o simplemente, como caballo de ocio.

(todas las fotos de este artículo pertenecen a Godolphin Stud)

Incluir entrenamientos al galope, con un tranco amplio y la cara adelante y el jinete en suspensión, es beneficioso para cualquier caballo

Intro: Forma física equina vs salto o doma

Creo que antes que nada es necesario explicar bien el concepto de Forma Física Equina, ya que en nuestro país, aún sigue siendo común, en según qué disciplinas hípicas se trate, que nos encontremos con que propietarios y jinetes se vanaglorien de un caballo “muy bien domado”, en el caso de DC o DV, o que salta grande si es el caso de un caballo de salto, y por lo general, esas suelen ser las máximas aspiraciones en ambos ámbitos. “Lo tengo ya haciendo piruetas” o “ya le estoy metiendo verticales de 1,20” suelen ser frases que oigo refiriéndose a caballos de menos de 4 años…
Pero antes de llegar a eso, creo que hay que esforzarse por algo mucho más importante: QUE EL CABALLO ADQUIERA UNA BUENA FORMA FÍSICA. Y eso, indudablemente, le capacitará para cuando llegue el momento, si se destina a la doma, la ejecute con precisión y elasticidad, y si salta, que lo haga de buena gana y por muchos años sin lesionarse.

Yo ya hace tiempo que considero secundarios los parámetros tipo “muy bien domado” o “saltando grande”, y antepongo preguntas y principios básicos cómo: “¿Está en la adecuada forma como para ejecutar con seguridad y sin riesgo de lesión los ejercicios que se le piden a ese caballo cada semana?”; “¿Está el caballo cada día más feliz con el entrenamiento que se le está dando?”;   “¿Finaliza su entrenamiento con buena disposición y la sensación de que aun le quedan fuerzas, o por el contrario acaba exhausto y apagado?”. Etc., etc.

Observa el aspecto general de tu caballo, su mirada, su actitud, su disposición...todos esos factores son claros indicativos de su buena forma y salud en general

La respuesta a estas cuestiones, son mucho más importantes que el hecho de que un caballo ejecute una espalda adentro de libro o salte 1,45 limpiamente. Tanto la doma como el salto, y la Equitación en general, si no tienen en cuenta que la premisa básica es la buena forma física del caballo, serán pilares frágiles sobre los que ese proyecto hípico se sustentará y se desmoronará en poco tiempo.

 ¿Por qué no se ven brillar y de un modo continuado la mayoría de caballos con buenos orígenes que ya hay en todas las hípicas de España? Muy sencillo: porque la mayoría de jinetes y preparadores se precipitan en sus entrenamientos, y los caballos se terminan lesionando o predisponiendo contra el trabajo. Si la primera premisa fuera la de hacer física y mentalmente fuerte al caballo, no habría tanto caballo bueno con lesiones que los inhabilitan para una vida deportiva plena.

¿Y qué es la Forma física equina?

Independientemente de la disciplina a la que cada propietario destine su caballo, todo caballo debe contar con un mínimo de forma física, que es el que le garantizará que podrá desempeñar aquella de un modo óptimo. Por supuesto, las exigencias mínimas de esa forma física variarán según se trate de un caballo de ocio o deporte, y de la disciplina y el nivel de exigencia de esta. Para conseguir esa forma mínima, no basta con practicar un día tras otro las mismas rutinas de siempre de dicha disciplina hípica. Eso nunca permitirá llegar de un modo óptimo a la puesta en forma, aburrirá al caballo, y en ciertos casos, incluso puede llegar a lesionarlo.

Sacar al caballo de su cuadra para moverlo pie a tierra, que camine y trote por diferentes firmes, y en definitiva, ofrecerle alternativas al entrenamiento montado, es siempre muy beneficioso para él

Los planteamientos clásicos que dicen que un caballo de doma no debe saltar, que un caballo de raid o de salto no haga doma, y similares, están totalmente obsoletos. Todos los caballos, sean de la disciplina que sean, pueden beneficiarse de trabajar rutinas de ejercicios propias de las otras disciplinas, así como de ejercicios de gimnasiahípica, que muy pocos llevan a cabo, pero con enormes beneficios para todo el caballo.

Esto es especialmente importante en el caso de los caballos jóvenes, ya que desgraciadamente, según a la disciplina a la que se le vaya a destinar, desde sus primeras montadas prácticamente se les empieza a machacar en doma o en salto,  y en caballos jóvenes, es fundamental que primero nos centremos en otorgarle una buena forma física (muscular, cardiovascular), y fortalecimiento de dorso y tejidos duros en general.

Por lo tanto, la Puesta en Forma Equina consiste en llegar a ciertos niveles de:

1_Fuerza y desarrollo muscular. Hay que andar con ojo en este aspecto. Un desarrollo muscular visible puede alcanzarse en tres meses de entrenamiento y buena nutrición, sobre todo en caballos purasangre y sus cruces. Ahora bien, eso no quiere decir, que el resto de tejidos estén igual de fuertes. Por lo tanto, este es un asunto fundamental, ya que los músculos deben desarrollarse a medida que vamos entrenando, pero no debemos dejarnos engañar por un físico equino bien musculado. Los ejemplos más frecuentes los tenemos en muchos caballos de carreras. Su físico es impresionante, pero se lesionan a menudo los tendones y otros tejidos, ya que tanto tendones, articulaciones y huesos, tardan años en fortalecerse.

Por otra parte, este tipo de lesiones tempranas, que antes era casi patrimonio exclusivo de los caballos de carreras, ahora ya sucede en caballos de salto, de completo y de raid, y todo, por abusar de entrenamientos machacones desde temprana edad. Otro aspecto importante en este sentido, es el de observar posibles asimetrías en el desarrollo de los músculos de un caballo. Zonas muy musculadas en detrimento de otras, pueden indicarnos que el trabajo que se está haciendo no es el adecuado, que hay una lesión, o que como mínimo, el caballo adopta posturas de compensación, provocando hipertrofias y/o atrofias musculares según el caso.

El secreto para disfrutar de un caballo sano y por muchos años, viene dado por un lado por la cría en libertad del potro hasta un mínimo de sus tres años, una buena alimentación en todo momento que permita fortalecer todo su cuerpo, y entrenamientos suaves y progresivos que nunca vayan por delante de la edad del caballo, y permanecer atentos a su desarrollo físico y muscular en general.

Observemos cada día el desarrollo de los grupos musculares para detectar posibles asimetrías. La grupa es uno de los elementos clave en este sentido

2_Peso ideal. Tanto el sobrepeso como la falta de kilos son claros indicativos de la ausencia de una buena puesta en forma. Evidentemente, un PRE nunca tendrá el mismo aspecto de un PRá de raid o que el de un PSI de carreras, pero dentro de las características propias del individuo y su raza, así como de las necesidades de su disciplina, hay que huir especialmente del sobrepeso, tan propio de los PRE’s de concursos morfológicos (estoy preparando un artículo sobre la obsesión de muchos criadores de PRE con la obesidad de sus caballos, término que es confundido con la fortaleza física).

Recordemos que el sobrepeso afecta al correcto funcionamiento del metabolismo, sobrecarga las articulaciones, no es bueno para la salud cardiovascular, y en casos de caballos con panza, ese sobrepeso va debilitando el dorso ya que lo sobrecarga descolgándolo por el peso de la barriga, a la par que incapacita a la zona abdominal, ambas de fundamental importancia a la hora de ser montados.

Recordemos también que las raciones de pienso deben ajustarse a las necesidades del caballo en cada momento, y dar de comer lo mismo a caballos que están una semana sin trabajar que cuando se pasan una semana trabajando a diario, es una locura. En unos casos estaremos sobrealimentando y en otros, infra-alimentando (siempre mejor calidad que cantidad en cuanto a piensos concentrados).

Un auténtico atleta equino en plena forma. Para muchos jinetes y criadores españoles, este caballo está delgado, ¿pero alguien ha visto algún deportista humano profesional con sobrepeso?


3_Consistencia de tejidos duros. Los grandes olvidados del entrenamiento. El desarrollo muscular es apreciable a simple vista, en cambio, el estado de tendones, huesos, articulaciones…no. Por lo tanto, el trabajo para fortalecer dichos tejidos suele ser obviado, pero es tan importante o incluso más, porque es el que previene las lesiones y convierte a un caballo en sano y fuerte de verdad por muchos años.

Este trabajo es lento y requiere de constancia. En este artículo no me puedo extender en esta materia, pero básicamente, requerirá mucho trabajo de paso, caminar por firmes duros, saber calentar y enfriar en cada entrenamiento, y como siempre, una buena nutrición que es la que construye con buenos materiales esos tejidos duros realmente duros.

Mucho caminar al paso por terrenos duros permiten al caballo fortalecer sus tendones y sus cascos

4_Resistencia y estado cardiovascular en general. Aunque se trate de caballos de doma o de paseo ligero, es bueno que incluyamos rutinas de entrenamiento destinadas a ganar resistencia, ya que el bienestar general del caballo aumenta con su mejora cardiovascular. Al igual que ocurre con las personas, que todas mejoran su calidad de vida si salen a caminar por el campo diariamente o corren dos o tres veces por semana.

Este tipo de entrenamiento, no solo mejorará la salud cardiovascular del caballo, sino que le servirá para desconectar de su rutina mental de pista, y que tanto aburre a todos los caballos.

5_Equilibrio físico. El caballo bien equilibrado empleará mucho mejor su cuerpo, por lo que con cada entrenamiento, irá mejorando en el desarrollo de sus capacidades. Al caballo mal equilibrado, si no le damos un entrenamiento adecuado para que vaya mejorando su equilibrio, no se desarrollará de igual modo, o puede que incluso vaya a peor, sobre todo si sufre una monta inadecuada (cuellos invertidos, dorsos huecos, etc.)

En este apartado, es fundamental el buen estado de los cascos y que estos tengan el largo adecuado, ya que de estar largos, o excesivamente cortos, se someterá al caballo a sobre-esfuerzos y posturas inadecuadas que a la largas provocarán lesiones.

No todos podemos brindar a nuestros caballos los increíbles entrenamientos que pueden hacerse en el agua, pero si que podemos, siendo creativos y constantes, ofrecerles un entrenamiento muy completo a nuestros caballos para que estén contentos y sanos

6_Coordinación. Otro gran olvidado en el entrenamiento equino. En cambio, no hay futbolista ni deportista humano de alto rendimiento que no la trabaje a conciencia. La coordinación hace al caballo más ágil, más rápido y le da un mayor rendimiento neurológico, lo cual se traduce en una mejora piscomotriz global.

7_Capacidad mental de asumir el trabajo. La capacidad mental de un atleta es tan importante (o más) como la física, y al igual que esta, puede trabajarse y aumentarse. Lo ideal, con cada sesión de entrenamiento, es dejar siempre al caballo con una reserva de energía mental extra, que nunca se nos desinfle moralmente, para lo cual, nunca deberemos dejarlo agotado físicamente ni pedirle continuamente cosas nuevas que para él son imposibles de entender y lo terminan agobiando y haciendo sudar y resoplar sin que le demos tregua.

Si bien es cierto que para progresar en el estado de forma física equina, debemos ir progresivamente aumentando la intensidad o la carga de los ejercicios, nunca hay que obligar al caballo a ir más allá de lo que realmente puede soportar, ya que ese desgaste físico, le predispondrá mentalmente a rechazar el trabajo en futuras sesiones y puede desmoralizarle. Recordemos que tenemos que ponerlo en forma, y para ello, el caballo debe confiar en nosotros, y que tenga la tranquilidad de que no le vamos a pedir ni esfuerzos ni ejercicios para los que no está preparado. Se trata de entrenarlo, de hacerlo fuerte, de que él mismo vaya confiando en su capacidad y se sienta cada día más fuerte, no de machacarlo.

Tengamos siempre en cuenta que a caballo, más lento es sinónimo de llegar más lejos. Una vez más, los que tenemos experiencia haciendo deportes duros tenemos una gran ventaja aquí, porque sabemos encontrar el término medio entre saber exigirnos la intensidad suficiente como para ir mejorando en nuestros objetivos, pero sin machacarnos  ni dejarnos destrozados física y moralmente. Después de la ducha tras el entrenamiento, el atleta, siente en su cuerpo que ha trabajado duro, pero se le dibuja una sonrisa en el rostro y su mente libera endorfinas, lo que le hace más feliz y siente ganas de seguir con ese ritmo de vida. Eso es lo que hay que buscar con nuestro caballo con cada entrenamiento.

Ahora, una vez tenemos claro qué factores son los que implican una buena puesta en forma equina, hay que preguntarse: ¿incluye el entrenamiento de mi caballo todos estos aspectos? Si es así, el resultado inapelable será el propio caballo: estará fuerte, feliz y sano y siempre querrá colaborar en cualquiera que sea tu disciplina por muchos años.




Si por el contrario, notas que tu caballo no está al 100%, pregúntate cuál o cuáles de los factores aquí enumerados pueden estar fallándote. Con un caballo, cuando vamos para atrás o no avanzamos, hay que hacerse las preguntas adecuadas, y en la puesta en forma siempre tendremos un aliado. Es de pura lógica, como en los seres humanos. Si nos duele la espalda, los ejercicios de fortalecimiento adecuados nos harán sentirnos mejor. Si tenemos sobrepeso, ejercicio y dieta y estaremos mejor. El caballo igual. La mayoría de sus reacciones defensivas – siempre y cuando no se deban a una lesión – se producen porque física y mentalmente no está preparado para asumir el ejercicio del que se defiende o no quiere ejecutar. En ese caso, y una vez has descartado con un buen veterinario posibles lesiones,  empieza poco a poco y trabaja una buena base de forma física. A medida que se vaya haciendo un atleta fuerte irá ganando confianza en sí mismo y en tí. Y llegará un momento, en que no habrá límites. Pero para eso, hay que tener claro que primero, la forma física, y después, el resto.