jueves, 22 de diciembre de 2016

Lo que me enseñan mis yeguas

Ahora que mis yeguas han echado el pelo de invierno y que no las puedo ver más que un par de días en semana, mientras repaso imágenes del verano pasado, el cual pasamos juntos, reflexiono sobre todo lo que me enseñaron en esos dos meses y pico de calor campero. Un verano en el que se pasaban el día pastando y viviendo una auténtica vida de caballo, excepto en las últimas horas de la tarde en las que tocaba entrenar.

Con los caballos creo que pasa como con los hijos: todos creemos que los nuestros son especiales. Pero en mi caso, puedo asegurarlo 😊


Algunas de las cosas que me dejan cada día más claro es que mientras más vida de caballo tengan, más y mejor querrán colaborar con su entrenador en su proyecto hípico. Ha habido días que les he exigido físicamente: entrenamientos de galope, saltos, cuestas… pero siempre a mayor exigencia por mi parte, más me cuido de que después tengan más recompensa, y nada mejor para un caballo que dejarle que pase el máximo de horas pastando en movimiento y en compañía.

Creo que ese es el gran problema al que se enfrentan la mayoría de jinetes. Exigen y exigen pero no corresponden con el mejor regalo que se le puede dar a un caballo: libertad, compañía, y forraje abundante.

Continuamente veo a caballos que siguen una rutina de entrenamiento aburrida y machacona, y al final de la misma, ducha y al box. El día que toca descanso, no salen de la cuadra…es imposible que así rinda un caballo al cien por cien.



Mucha gente me pregunta por técnicas de entrenamiento, dietas y en definitiva todo aquello que pueda incrementar el rendimiento y la fortaleza de su caballo. Y yo siempre respondo lo mismo: antes de ponerte a entrenarlo, pregúntate qué puedes hacer por darle una vida equina lo más plena posible. Porque ahí está la clave del éxito con cualquier caballo. De nada servirá la mejor rutina de entrenamiento si tenemos un caballo aburrido que apenas sale de su box. Poco efecto hará el pienso supercaro, las vitaminas o el suplemento si es un caballo desmotivado con su vida.
Y es ahí donde yo he notado la gran diferencia. Yo sí que me ocupo de dar a los caballos entrenamientos consistentes, de que coman piensos de calidad…pero eso es solo una parte. El resto del conjunto, lo forma la vida equina que le demos a nuestros caballos.

Y este verano, pude comprobarlo una vez más. Día a día, pude ir viendo cómo mis yeguas iban fortaleciéndose, cómo cuando, a pesar de estar sueltas en el campo y trabajar a diario, estaban dispuestas a darse una galopada resoplando si veían a la manada de ciervas que cada tarde venía a beber agua y a comer algunos higos del suelo de las viejas higueras que cada verano regalan su fruto. Cómo con la cola en trompa y los ollares bien abiertos se ponían a piafar, mostrando esas grupas y hombros de pura sangre rebosantes de fuerza que tan loco me vuelven.

Ese espectáculo del final de cada día, tras la jornada de trabajo, que contemplaba sentado mirándolas, satisfecho por saber que en esos capilares a flor de piel, esos glúteos llenos de músculo, y en ese carácter orgulloso, yo había puesto mi parte dándoles el entrenamiento, y la recompensa de una vida equina plena. Ellas a cambio, me regalan el espectáculo de verlas llenas de vida.
Sí, los entrenamientos que les doy a mis caballos, son duros. En verano, en el sur de Andalucía y en la sierra, donde todo son cuestas y riscos, yo además les complico las cosas añadiendo troncos y obstáculos. Cuando trabajo con ellas, no hago concesiones, igual que tampoco las he hecho conmigo cuando he afrontado retos deportivos serios.



Pero siempre me alegré después de haber levantado más peso en el gimnasio, de haber corrido un kilómetro más. Siempre tuve la satisfacción del entrenamiento bien hecho. Y con ello, sentía las endorfinas que se liberan después. Y el bienestar físico que te acompaña cada día. Pues eso mismo es lo que veo que en ellas cuando decido aislarme del mundo en el campo y encerrarme con mis yeguas.
Pero como decía al principio, el secreto está no solo en exigir, sino en dar. Lo primero, es aprender a darle el entrenamiento más adecuado. Cada caballo es un mundo. Hay que tener en cuenta su estado actual, su pasado y lo que queremos que sea en el futuro. Y hay que ir siempre con un margen, ir siempre un poco por detrás en exigencia. En cambio, ir siempre por delante en las concesiones de vida equina. Prefiero quedarme corto en un entrenamiento si no lo veo claro. Pero nunca privaré de horas en libertad y compañía.

Y así, os garantizo que vuestros caballos se harán cada día más fuertes y estarán más motivados. Hace ya tres años que mis yeguas y yo formamos una manada extraña. Un humano y dos yeguas purasangre, locos por el entrenamiento. En las fotos no se me ve, porque soy yo el que las hace, pero en esos días de verano, hay momentos en los que los tres nos ponemos a correr y a saltar por el campo. Es una sensación sobrecogedora, ya que tener a dos yeguas poderosas galopando al lado y botándose, hace que me sienta diminuto, aunque por otro lado, siento como si me protegieran. De repente paramos y se ponen a pastar con toda la tranquilidad del mundo. Y al final de la tarde, casi anocheciendo, cuando las llamo para ponerles su pienso, las veo venir a todo galope y relinchando y vuelvo a quedarme asombrado de cuanta belleza y cuanto poder hay en estos animales. Supongo que el hombre primitivo, al ver caballos galopando en libertad, quedó sublimado y empezó a maquinar en su mente: “yo quiero ser parte de eso”.

Y ahí empezó todo. Y ahora, siglos después, en un mundo en el que la electrónica lo inunda todo, aún podemos sentirnos como aquellas primeras personas que se atrevieron a relacionarse con caballos sin más vínculo que el que crean dos animales, un herbívoro y un depredador. Es una sensación tan primitiva como auténtica, y nada puede igualarse. Ahora, incluso me atrevería a decir que esta sensación es más potente que la que pudieron sentir nuestros antepasados, porque los caballos de ahora, son más rápidos, más fuertes y más bellos que nunca. Y quien prueba esta sensación, ya quiere otra cosa en su vida.


¿Puede haber otra cosa más grande en esta vida que hacer a tu caballo más fuerte, feliz y sano? Sinceramente, NO.






jueves, 8 de diciembre de 2016

Preparación de un potro de 3 años y medio

Esta belleza negra que sobrevuela a varios pies del suelo es Attack, un macho entero de tres años y medio con el que apenas llevo un mes.  Esta foto se ha hecho en el callejón de saltos, el cual hemos readaptado como pista de entrenamiento multifunción para fondo físico, cavalettis, etc. Con Attack he empezado desde cero, y eso me permite hacer las cosas a mi modo desde el primer minuto.  Es decir, lo que quiero es hacer de él unpotro tan fuerte que el día que me monte, físicamente esté como un auténtico toro y su dorso esté a prueba de bombas, para que mi peso encima no le suponga el menor problema.


Como siempre digo, para mí, los parámetros tradicionales de Equitación en los que se antepone la doma, son secundarios y están obsoletos, es decir, primo su puesta en forma y su fortaleza física, mientras que la doma básica viene como consecuencia de dicho entrenamiento.

Siguiendo mi principio de no montarme en un caballo menor de cuatro años, con este potro me estoy centrando en dos cosas básicamente: fortalecimiento de dorso y puesta en forma general (musculación y fondo físico), y todo ello, sin montarme.

Su entrenamiento, de cinco días a la semana, incluye las siguientes rutinas básicas:

-          Entrenamiento cardiovascular  (2 días a la semana, uno de más intensidad que el otro)
-          Trabajo específico de dorso (trabajo con rendajes pie a tierra 2 días a la semana)
-          Trabajo pie a tierra con cavalettis y cruzadas (1 día a la semana)

En breve iré intercalando trabajo de Gimnasia Hípica pie a tierra, para darle un entrenamiento más completo aun.

Todo esto se lo voy haciendo sin embocadura. Paralelamente a este entrenamiento físico, ya le he enseñado a trabajar en riendas largas (sin embocadura también). El trabajar con riendas largas me permite enseñarle las ayudas de riendas sin tener que montarme, y además, en estos meses de trabajo físico, me iré dedicando a moverlo un rato por todas partes llevándolo en riendas largas, lo cual hará que el día que decida montarme, ya haya caminado por todas partes yendo él delante, por lo que estará más que acostumbrado a pasar por charcos, caminos, cancelas, etc.  Attack está descalzo y se mueve con soltura por terrenos duros y blandos.

A la par, entre una cosa y otra, me subo y me bajo  a pelo, pero simplemente para que vaya acostumbrándose a tenerme encima, apenas estoy unos segundos encima. La idea es combinar todo este trabajo de preparación física, con el de educación básica.

Otro aspecto importante para mí en la educación y preparación de un potro, es respetar su personalidad y sus ganas de juego. Intento no coartarle nunca, y dejo que se exprese pero sin que por ello, deje de trabajar. Si en el futuro queremos un potro motivado, es importante que sientan el respeto por el trabajo pero sin que se anulen sus iniciativas propias. Botarse con el cinchuelo, ponerse a trotar piafando para impresionar a los otros potros…todo se le permite sin que haya castigo, simplemente le dejo que haga todo esto pero sin que por ello, deje el trabajo que le estoy pidiendo, y eso hace, que cada día, él solo se vaya centrando más en el trabajo. Si reprimiera cada impulso natural del potro, empezaría a ver el trabajo como algo tedioso y lo asociaría a malos momentos.
He de decir que en el escaso mes que llevo con él, está respondiendo a una velocidad increíble y con una predisposición cada día mejor, y su cuerpo está transformándose por días. Intercalo además todo esto, con ratos del ronzal en los que él pasta hierba del suelo, caricias, estiramientos, etc.


En resumen, todo el trabajo va encaminado a hacerlo fuerte físicamente, a que no pierda su personalidad ni sus ganas de juego, pero a la vez hacerlo un caballo confiado y con ganas de trabajar, a la vez que se le va educando en las cuestiones básicas de doma y manejo.

lunes, 21 de noviembre de 2016

Cómo conseguir que un potro se convierta en un caballo sano

Artículo publicado en revista A la Vaquera nº66 con comentarios actualizados en la fecha de su publicación en la web

Este artículo lo escribí para la revista A la Vaquera, disciplina en la que muchos de sus practicantes aun tienen la pésima costumbre de comenzar a montar un potro con 30 meses (una edad de 2 años y medio), pero lo he readaptado para su publicación en mi página web y son factores aplicables a cualquier potro destinado a cualquier disciplina.




Con un caballo joven, no hay que buscar la reunión ni meterlo en ejercicios complicados, sino enfocarnos en que vayan con ganas adelante, que vean el trabajo como algo que no les machaca, y ayudarlos a fortalecerse, dejando siempre que vayan cómodos y relajados.


Los tiempos van cambiando, sobre todo, desde que la ciencia llegó para hacer nuestra vida mejor. Es por ello, que las tradiciones, deben ir adaptándose a los descubrimientos certeros e irrefutables que los diferentes sectores científicos, nos van legando. En nuestro caso en concreto, son aquellos preceptos dictados desde la medicina veterinaria equina, los que deben ir modificando ciertas pautas a la hora de trabajar nuestros caballos, ya que si seguimos dichas pautas, nuestros caballos rendirán mejor, con más salud y por más años. Imagino, que a esto, aspiramos todos, seamos profesionales o aficionados.
                                                        
En este artículo vamos a hablar de la importancia de seguir unas líneas de trabajo que mantengan una coherencia con la salud y fisiología del caballo, para lo cual es necesario en todo momento tener en cuenta la edad de dicho caballo, y nunca jamás, ir más allá de lo que su edad permita en ese momento. Ya sabemos que a caballo, ir lento, es sinónimo de llegar lejos. Por otro lado, contamos con una enorme ventaja: observar aquello que hacen los jinetes y cuadras de Doma Clásica, y que vemos les da buen resultado. En Europa, Estados Unidos, Australia o Nueva Zelanda, es habitual ver compitiendo al máximo nivel caballos con 14 o 16 años. En cambio, en vaquera, un caballo de diez o doce años, se empieza a considerar al límite de su vida de competición. ¿Qué hacen esos jinetes de Doma Clásica para tener caballos que incluso con más de 16 años puedan estar en óptima forma? ¿Y qué hacemos aquí para que no ocurra lo mismo?


1_Una mirada a la tradición.

La costumbre nos dictaba, que el potro se recogía del  campo con 30 meses por lo general, es decir, una edad real de dos años y medio. En algunos casos, los potros ya estaban “manoseados” y al menos tenían una doma básica de manejo con el ronzal, y en otros casos, venían totalmente cerreros y se empezaba desde cero. En cualquier caso, a partir de ahí, se comenzaba su trabajo a la cuerda hasta llegar a montarlo, sacarlo al campo con madrina y en poco tiempo, tenerlo trabajando en las faenas del campo.

Esta prontitud en la doma, viene del planteamiento que ya se daba en la época andalusí de la Península Ibérica, tradición que aun hoy es mantenida en ciertos lugares del Norte de África, donde muchos jinetes bereberes (emparentados con nuestra vaquera) tienen un dicho que rige su trabajo con los potros: “al caballo, como al árbol, hay que enderezarlo cuando es joven”. Claro que aunque estos refranes suenen muy bonitos, provienen de una tradición que obedecía a una necesidad (primero fue la guerra, y después, la faenas con ganado bravo), no a una realidad (la del cuerpo equino y demostrada por la ciencia). En nuestra vaquera, había que tener al caballo pronto preparado para unas faenas de campo muy exigentes, y sobre todo, no se tenía la menor idea sobre la edad óptima de maduración del esqueleto equino, que viene a partir de los 7 años. Lo cual quiere decir que lo recomendable es empezar a montar los caballos a una edad más cercana a los 4 que a los 3 años (nunca jamás por debajo de tres).

(¿Qué prefiero yo?: por mi parte, no tengo el menor inconveniente en esperar a los cinco años o incluso más antes de empezar el trabajo en serio montado)

2_Manejo del caballo joven

El potro, para que de adulto sea un caballo fuerte, elástico, con una mente limpia de manías y tenga un óptimo desarrollo, ha debido pasar su juventud en plena libertad, corriendo, saltando y jugando con otros potros. Ha debido ser alimentado correctamente, es decir, mucho forraje, y una cierta cantidad de pienso especial para potros, pero primando en el caso de los potros, más la calidad del pienso que la cantidad.


Esto es lo que debe hacer un potro hasta los 4 años. Si le privamos de esto, será un caballo con problemas mentales y físicos sin lugar a dudas.

Una vez el potro es recogido del campo – insistimos, donde ha de vivir hasta los 3 años como mínimo-  ha de pasar el máximo de horas en libertad, aunque ya hayamos comenzado su doma. Encerrar un potro de 30 meses en un box, y solo sacarlo de su cuadra para trabajarlo en la pista, es garantía segura de que pronto vendrán los problemas, tanto de comportamiento como de salud. Hemos de tener en cuenta, que encerrarlo en un box supone alterar su verdadera naturaleza bruscamente: herrarlo, cambiar la alimentación, hábitos de vida, etc. La vida en libertad es lo que da salud mental y física al caballo, por lo que mientras antes le privemos de esta, más posibilidades tendremos de tener problemas.

¿Mi consejo?: Dejar vivir al potro en total libertad y en manada hasta un mínimo de 4 años o más si se puede, y por supuesto, cuando empecemos los primeros entrenamientos, dejar que el potro siga viviendo en libertad, o en un ecosistema lo más parecido a la libertad: máximo movimiento posible lento pero contínuo, buen forraje y en cantidad y poco pienso pero bueno, presencia de otros caballos al lado, etc


3_Entrenamiento del caballo joven.

Si obsoleto está el planteamiento de empezar a domar un caballo con 30 meses, también lo están los métodos que se siguen empleando en no pocas cuadras de vaquera, sean de competición o no. Por supuesto, la costumbre de “hacerle la cara” al potro, a base de serretazos, debe quedar totalmente desterrada. Recomendamos la lectura del artículo firmado por Joaquín Olivera y titulado “La confianza”, publicado en la revista Trofeo a la Vaquera nº 51, en el que el 9 veces campeón de España decía claramente sobre esta horrible costumbre y otros métodos violentos: “cuando desterremos las malas prácticas de estas tradiciones, avanzaremos hacia la mejor doma del mundo”.

Lo adecuado es empezar con unas pautas de trabajo pie a tierra muy suaves y progresivas, de las que ya hablaremos más detalladamente más adelante, pero de las que podemos adelantar que van encaminadas a evitar la lucha en todo momento, y el sobrecargar y fatigar al potro. Primero, trabajar unos días con el cinchuelo hasta que el potro se habitúe, después ir colocando progresivamente una montura de doma de poco peso, y así sucesivamente. Deben quedar eliminadas el uso de las riendas de atar, tanto a la boca como a la nariz, que lo único que hacen es contribuir a que el caballo vaya encogido, en lugar de animarlo a ir hacia delante. No se trata de destruir ni el físico ni la moral del potro, sino de ganarnos su confianza, y ello se consigue haciéndolo cada día más fuerte y noble con nosotros. Llevándolo a los tiempos actuales, tenemos que actuar con el potro como su entrenador personal, como alguien que les ayuda a sacar lo mejor de si mismos como deportistas y como equinos, y no como un tratante de esclavos que explota sin compasión hasta el fin a todo aquel que cae bajo su mando.

¿Cómo lo hago yo? El caballo joven, tiene ganas y necesidad de juego hasta los 6-7 años (a veces incluso más), por lo que intento que el trabajo sea para él un juego divertido, pero que le vaya fortaleciendo física y mentalmente, que se sienta cada vez más fuerte y confiado en sí mismo, a la par que se de cuenta que su confianza en mí nunca se verá traicionada y es lo mejor para él. 
Para ello, nunca le pido más de lo que su cuerpo y su mente puedan dar, jamás abuso del trabajo montado, de los tiempos de entrenamiento, sobre todo de galope y trote, e intercalo sesiones de descanso abundantes, le dejo que paste, le rasco las zonas que le gustan, le dejo que mire y observe cuando ve que algo le llama la atención, etc. Es decir, le educo y le entreno, pero no coarto su personalidad ni sus ganas de divertirse, y para ello, intento que sus ratos conmigo sean lo más parecido a la vida que hace con otros potros: ahora corro, ahora como, ahora troto...

4_La edad de competir

Si tenemos en cuenta todos los puntos propuestos hasta ahora, es evidente que la edad a la que un caballo se debuta en la pista, será más tardía, pero ello, en lugar de ser un perjuicio, es una ventaja. En vaquera, un caballo de doce años es considerado por lo general un caballo “viejo”, mientras que en los circuitos de Doma Clásica europeos, dicha edad es óptima, ya que se sabe que es cuando el caballo podrá rendir a tope no solo físicamente, sino mentalmente, requisito este fundamental en una reprise. Esta diferencia de conceptos, indudablemente, viene marcada por el trato que se le da a los caballos en uno y otro círculo. En vaquera, el hecho de trabajar con los caballos desde muy jóvenes y obligarlos a llevar bocados grandes, monturas pesadas, exigirles mucha reunión desde el principio y tenerlos días y días en las cuadras, es lo que hace que muchos de ellos lleguen a la edad de 12 años machacados.

En cambio, los jinetes y entrenadores centroeuropeos de Doma Clásica, son mucho más progresivos y es por eso, que sus caballos, a la edad de 12 años, están en una forma óptima y es cuando empiezan a rendir de verdad. Estos jinetes, además, no solo dan un entrenamiento suave y progresivo, sino que sacan diariamente sus caballos durante varias horas al prado, para que corran, pasten y hagan en definitiva, vida de caballo. Un claro ejemplo de amazona de competición de Doma Clásica de alto nivel, es Uta Graf, amazona alemana que deja sueltos sus caballos en el campo varias horas al día. Esto le permite no solo tener unos caballos más sanos, sino que tienen una mente más predispuesta al trabajo, ya que están más felices y menos estresados.


Uta Gräf, una de mis amazonas de referencia en Doma Clásica, da a sus caballos un entrenamiento muy progresivo, y los suelta diariamente varias horas en el campo, les deja que se junten entre ellos, que se revuelquen...en definitiva, les deja que hagan vida de caballo. En este artículo, tienes más info sobre cómo mantiene motivados a sus caballos: http://dressagetoday.com/article/motivate-your-dressage-horse-with-uta-graf-12524



También en Doma Clásica, en nuestro país, si bien hablamos de una amazona de proyección internacional, contamos con el caso de Delgado, el Westfaliano de Beatriz Ferrer-Salat que ahora cuenta con 15 años y que está en su mejor momento, y que . También en España, y muy importante en las competiciones europeas, hemos tenido el caso de Painted Black, el Trakhener montando por Morgan Barbançon Mestre, que fue retirado recientemente con 18 años. 




Beatriz Ferrer-Salat montando a Delgado (nacido en 2001) en la Kur del Campeonato de Europa celebrado en Aachen el pasado Agosto. Foto: Hippo Foto - Dirk Caremans, FEI.


Esperemos que esta tónica se contagie a los jinetes vaqueros y que nuestras pistas de Vaquera vayan conservando lo que tienen de bueno y único, que es personal e intransferible de la Doma Vaquera, pero a la vez, sepan dejar atrás aquellas cosas que nos lastran e incorporen lo que ya se sabe que es bueno y que se está haciendo en Doma Clásica y otras disciplinas ecuestres. Al final, hay un baremo que es claro e irrefutable, y que está por encima de métodos y de personas: los caballos. Un caballo que llegue a una edad avanzada sano, compitiendo, confiado y con sus ganas intactas, es garantía inconfundible de que se le han hecho bien las cosas.

De nuevo nos remitimos a las palabras del maestro Olivera, hombre de campo, jinete vaquero donde los hubiera, pero a la vez estudioso de la Equitación y conocedor de nuestras carencias: “hemos estado atascados en el pasado demasiado tiempo…”, por lo desde aquí, invitamos a los lectores a que reflexionen sobre todo lo comentado aquí, e incorporen nuevos puntos de vista para con sus caballos. Ellos se lo agradecerán viviendo más y mejor, y rindiendo más y mejor cada día.


Esta foto la hice en un clinic impartido por el maestro Olivera al que acudí de oyente. Para mi, su mayor mérito, fue el esfuerzo que hizo para romper con ciertas tradiciones que perjudicaban a nuestra equitación y a nuestros caballos.



UN ERROR USUAL: Es muy frecuente creer que un potro menor de 4 años, por estar bien de peso, es lo suficientemente fuerte como para aguantarlo todo. Dos errores principales se suelen cometer en este sentido. Uno: el creer que por presentar un buen aspecto, con grupa ancha y buena musculación en general, es ya un caballo hecho y derecho al que poder exigirle todo tipo de ejercicios. Nada más contrario a la lógica equina. A un caballo de cuatro años, por más fuerte que parezca, hay que hacerle las cosas muy despacio, ya que a su aparato músculo-esquelético, aun le quedan varios años por delante para madurar óptimamente. 

Y segundo error: sobrealimentarlo con pienso. La sobrealimentación a base de concentrados, es un error gravísimo que irá mermando su salud. La concepción del caballo “gordo” es algo atávico y de otros tiempos, al igual que antes, un niño “gordito” se creía que tenía buena salud. Hoy día, tanto médicos como veterinarios, nos advierten respectivamente para niños, personas, potros y caballos, de los numerosos riesgos que tiene la obesidad. 

Recordemos la regla de oro de la alimentación equina: mucho forraje, y poco pienso, pero de mucha calidad. Esto además, nos servirá para eliminar muchos de los “problemas de comportamiento” de los caballos jóvenes, que no son tales problemas, sino que al estar todo el día en cuadras, y recibir una alimentación excesiva en energía, no solo ponemos en riesgo su sistema metabólico, sino que sus ganas de juego, de botarse, de estar pendiente de todo menos del trabajo, etc, se multiplican por varios enteros. Si le damos un buen pienso, no será necesario darle más de dos kilos del mismo, y el resto mínimo unos 8 kilos de heno y y si se quiere, un extra de alfalfa que le beneficiará en su desarrollo. Darle 6 o 7 kilos de pienso a un potro de 3-4 años, es una auténtica bomba de relojería.





viernes, 11 de noviembre de 2016

Nueva sección de tips fotográficos

Estreno sección con fotografías en alta resolución y hechas por mi, con breves consejos sobre entrenamiento y bienestar equino.


jueves, 3 de noviembre de 2016

¿Qué es realmente entrenar un caballo?

A medida que voy tratando con más caballos, más me voy dando cuenta de que es imposible entrenar de verdad a un caballo si no le dedicas una media de dos horas diarias como mínimo. Eso no quiere decir que sean dos horas de trabajo intenso. Pero se necesita tiempo para crear un vínculo, igual que a un amigo o a una pareja le tienes que dedicar tiempo para conocerlo, para afianzar la relación, y en definitiva, porque para recoger, hay que sembrar.

En el caso de esta yegua, he pasado mucho más tiempo afianzando nuestra relación que con el entrenamiento físico en sí. Actuar así ha sido fundamental para que cuando entrene, lo haga de un modo relajado y confiado. Si quieres conocer el proceso, visita este enlace


Tiempo DIARIO para revisar los cascos, para observar si va musculando bien y no hay asimetrías en los diferentes grupos musculares, para cerciorarte de que no hay puntos de tensión ni agarrotamientos. Tiempo también para acariciar al caballo – que no todo ha de ser trabajo en un entrenamiento - , hablarle suave y al oído, y que te vea como alguien que le va a ayudar a ser más fuerte, a ser mejor caballo en definitiva, igual que un maestro de artes marciales, enseña a sus alumnos a ser más fuertes, más elásticos, más inteligentes y previsores, y sobre todo, a ser mejores personas. Yo quiero ayudar a los caballos con los que trabajo, a que saquen lo mejor que llevan dentro, a que mejoren sus carencias, a que en definitiva, sean confiados y pacientes con los humanos, y a que sean los mejores caballos que pueden llegar a ser, y todo eso, lleva tiempo.

Tiempo para calentarlo como se debe, es decir, entre 20 y 30 minutos como mínimo y más si hablamos de caballos que viven en boxes. Tiempo para el entrenamiento que realmente necesite, no el que a nosotros nos guste más o el que solo sepamos hacer. Tiempo para enfriarlo, paseando del diestro sin mirar el reloj pensando en el siguiente caballo, porque entonces no lo enfrío como se debe y al día siguiente las agujetas le pasarán la factura. Y también para ducharlo, y secarlo.

Y para hacerle algún estiramiento o al menos dejarlo suelto en una pista para que se revuelque y se estire él solo, algo realmente beneficioso para su cuerpo. Y si vive en un box, llevarlo del ronzal a algún sitio a dónde crezca algo de forraje para que coma, que para eso es un herbívoro. Tiempo para observarlo cómo come, cómo mira, cómo se comporta, porque si vemos que cada día está más fuerte, relajado y confiado, es que estamos yendo por el buen camino.

Las cuentas están claras. En menos de dos horas al día es imposible hacer esto. Yo hay días que incluso les dedico más a según qué caballos, si creo que lo necesitan, y sobre todo, para darle aquello de lo que más carecen para que tengan una vida equina plena, y que a priori, no forma parte de un entrenamiento físico. Son esos detalles de los que hablo antes: sacarlos a que pasten, a que vean campo, a que sientan la presencia de otros caballos. Estos pequeños detalles, son los que harán que un caballo rinda cada vez mejor en su entrenamiento, y esté más feliz en definitiva. Los caballos son nuestros amigos, nuestros compañeros de aventuras hípicas, no gladiadores a los que tener enjaulados y que solo salen de su calabozo para entrenar o darlo todo el día de competición.

Aquí no hay atajos ni trampas posibles. Todo lo demás se podrá llamar como se quiera, pero entrenar un caballo de verdad, es lo que requiere. En el caballo, yo prefiero la calidad a la cantidad, es decir, trabajar menos caballos pero dándoles mi mayor dedicación. Y creo que los caballos, también.


Ya puedes comprar en España la gama de piensos Siglhorse, desarrollada en Austria y con unos precios muy accesibles con una calidad de primer nivel. Visita https://www.piensoyforraje.es/

lunes, 24 de octubre de 2016

¿Por qué se lesionan tantos caballos? (2ª parte)

Este artículo es la continuación a la primera parte del mismo título, el cual puede leerse aquí: http://www.tomasmateo.com/2016/10/porque-se-lesionan-tantos-caballos-1.html

En el anterior, enumerábamos 6 posibles causas de lesiones, y en este, añadimos otras 7 más, que igualmente habremos de tener en cuenta a la hora de elegir, entrenar y en definitiva, cuidar en un caballo. Aunque antes de entrar en materia, me gustaría decir que sin duda es este un tema que parece interesar a mucha gente, ya que dicha primera parte, ha llegado a un nivel de lecturas record para mi página web, casi a las 40.000 en menos de cinco días, y ha sido enormemente difundido a través de diferentes redes sociales. Esperemos que todo esto sirva para que nos concienciemos de la cantidad de factores, la mayoría evitables, que pueden intervenir a la hora de provocar lesiones en caballos.




7_Mala conformación.

En cuanto a la conformación, hay una ecuación que debemos tener en cuenta: a peor conformación y mayor rendimiento se le exija, más posibilidades hay de lesión. Y si bien hay una serie de bases comunes conformacionales que son las adecuadas para todos los caballos (buenas extremidades, de cañas cortas y antebrazos robustos; corvejones potentes y bien formados; dorso fuerte y elástico, cuello armónico, etc.), según la disciplina que el caballo vaya a practicar, habrá ciertos detalles que deberán hacer que busquemos una determinada conformación determinada u otra.

Esto, que lo hemos descrito en un solo párrafo, es de vital importancia, y de no tenerlo en cuenta, estaremos jugando con fuego, ya que hay caballos que debido a ciertas limitaciones conformacionales, si tienen una vida tranquila como caballos de ocio, no presentarán mayor problema, pero si se les implica y a cierto nivel en una disciplina hípica para la que sus cuerpos no sean los más adecuados, los problemas vendrán tarde o temprano. Sobre todo, porque cómo hablábamos en la primera parte, en el apartado de entrenamientos, no todo el mundo suele tener ni los conocimientos para dar el entrenamiento más adecuado, ni sabe dar a los caballos el tiempo que realmente necesitan para practicar una disciplina hípica con solvencia y con el menor riesgo posible de lesiones.




8_Usar equipamientos no adecuados.

Aquí hay que distinguir dos clases de equipamiento no adecuado:

1_El que no lo es para ningún tipo de caballo, tales como cinchas rígidas y estrechas, monturas con los bastes en mal estado, determinados tipos de embocaduras, rendajes fijos que van a la boca, etc.

2_Y equipamientos que si pueden ser adecuados para ciertos caballos pero no lo son para otros. Es una cuestión de lógica y de tamaño, por los mismos motivos que un niño de 8 años no usa las mismas prendas que una persona de 35,  ni una persona de 1,65 y que pese 58 kilos usará las mismas prendas que alguien de 1,88 y 90 kilos de peso. En personas nos parece lógico. ¿Por qué entonces en caballos seguimos viendo que hay jinetes que usan la misma montura con todos los caballos que montan? ¿Es que un Hispanoárabe de 1,58m y de 475 kilos tiene el mismo cuerpo que un KWPN de 1,75 y de 575kilos de peso? “Es que es una montura muy cómoda y es la que uso con todos los caballos”, es la frase con la que por lo general me responden. ¿Pero cómoda para quién? ¿Para el caballo o para el que lo monta? Después no nos quejemos si aparecen lesiones de dorso (las cuales pueden ser creadas por una montura inadecuada en menos tiempo del que nos imaginamos), protestas al subirnos encima, y todos esos problemas que al final se suelen meter en el mismo saco, el que comúnmente se conoce como “dorso frío”, y que no es más que un cúmulo de problemas creados en su mayoría por los jinetes, tales como: haber empezado a montar al caballo con tres años o menos; no practicar rutinas de entrenamiento adecuadas pie a tierra para fortalecer dorso; no usar una montura adecuada a la conformación del dorso de ese caballo; abusar del trabajo montado y en posturas agresivas con el dorso, etc.

El equipamiento no adecuado es una causa de lesión tan importante como desconocida. Para saber más de cómo las monturas pueden lesionar un caballo, puedes visitar la web de Julia Field: http://www.saddlefit101.com/

 Así que este es uno de los puntos con los que más choco con propietarios, jinetes, etc. Igualmente cinchas que aprietan y no dejan respirar al caballo por ser muy estrechas y carecer de elásticos a ambos lados; monturas que aunque presenten buen estado no se ajusten a la conformación del caballo; y me quiero detener un momento, en el uso excesivo de protectores y sobre todo de vendas, en esa afición desmesurada de vendar a los caballos de Doma Clásica como si fueran auténticas momias del Egipto más misterioso.

Lo primero que hay que tener en cuenta es que los vendajes, hay que saber muy bien cómo ponerlos, ya que de apretar lo más mínimo, impiden el correcto riego sanguíneo de una zona tremendamente importante, puesto que por las cañas pasa la sangre que sube y baja hacia los cascos. Pero lo peor no es eso, sino que en cuanto el caballo empieza a moverse, las cañas, no solo por el propio movimiento del caballo, sino por estar tan cerca del suelo y de los impactos del casco, suben de temperatura. Ese aumento de temperatura lógico y necesario en la actividad y ejercicio del caballo, sube más de la cuenta por las vendas, por lo que se produce una hipertermia y el sistema de refrigeración natural del caballo, no puede enfriar una zona que nunca nos interesa que suba más grados de lo recomendable, pues es un proceso que puede causar destrucción de células si sube más grados de la cuenta y por una cierta duración de tiempo. Esto, que en invierno y en determinados países centroeuropeos no puede ser un gran problema por el frío, en nuestro país, que no se caracteriza por el frío, y mucho menos en primavera y en verano, puede llevar a un sobrecalentamiento muy peligroso de los tendones que se encuentran totalmente tapados por las vendas.

Como toda sobreprotección, causa más perjuicio que beneficio. No solo sobrecalentamos una zona que es vital que se mantenga fresca, sino que obstruimos la capacidad psicomotriz del caballo. ¿Hay algún ser humano que se vende brazos y piernas de esta manera para hacer ejercicio? 


En resumen,  y con respecto al equipamiento inadecuado, hemos de tener en cuenta que el caballo siempre tratará de adoptar posturas que sean menos dolorosas para él cuando le coloquemos cosas que le provoquen dolor o molestias, y esto, en poco tiempo, puede crear una serie de hábitos que más tarde van a ser muy complicados de eliminar, los cuales pueden desembocar en resabios, en posturas causantes de lesiones, o ambas cosas.Por otro lado, como ocurre con al abuso de las vendas, hay elementos que si bien no causan dolor propiamente, si que pueden desembocar en determinadas lesiones.

9_El jinete como causa de la lesión

Este es otro factor causante de lesiones, si bien lo es un modo inconsciente. Es decir, hablamos de los jinetes que con su modo de montar o sus propias asimetrías o tensiones, terminan provocando lo mismo en el caballo que monten habitualmente.

En España es un tema que aún suena a chino, pero en otros países, el jinete trabaja su cuerpo como lo hace cualquier deportista, ya que son conscientes de lo que puede llegar a influir, tanto para bien, como para mal en el caballo.

No incluyo aquí ni el daño que pueda causar el jinete por el uso de determinados rendajes abusivos, ni el sobre-entrenamiento, etc. En este apartado nos ceñimos exclusivamente a lo que el jinete traslada al caballo a través del empleo de su cuerpo en su monta diaria. Es algo que se menciona en determinados tratados de veterinaria y rehabilitación, y no como causa poco común precisamente, pero lo cierto es que estos manuales mencionan el hecho de que hay jinetes que se quejan de que sus caballos se lesionan siempre de lo mismo. En tales casos, la causa suele ser siempre el propio jinete, y repito, de un modo inconsciente. Esto es provocado por nosotros, ya que al igual que los caballos, tenemos un lado más rígido que el otro, podemos tener desviaciones, posturas compensatorias, etc. Todo esto, una vez estamos montados a caballo, nosotros puede que no lo notemos, pero ellos si que sienten cualquier irregularidad de nuestra distribución del peso, a la hora de apretar más o menos con según que piernas, tirar más de una rienda que de otra, etc.

Si hay una parte de nuestro cuerpo que no está lo suficientemente flexibilizada y funcional, será imposible que obtengamos del caballo lo mismo en el trabajo en círculos, en cesiones a la pierna y otros trabajos, lo cual impide que pidamos dicho movimiento con total corrección, o bien si el caballo nos lo da, debido a nuestra propia rigidez o tensión, no percibiremos que el caballo lo ha hecho correctamente, por lo que le pediremos más y al final terminamos volviendo rígido al caballo de tanto forzarlo.

En España sobre todo, seguimos creyendo que un jinete no debe entrenar su cuerpo en el gimnasio, estirar, fortalecerse, equilibrarse,etc., por lo que los jinetes se pasan horas y horas a caballo, y si tienen asimetrías o costumbres físicas que pueden perjudicar al caballo, cada vez irán a peor. Es curioso: le pedimos a los caballos, sobre todo en el ámbito domero, los grandes preceptos de la doma más tradicional: flexibilidad, elasticidad, equilibrio, coordinación¿Pero cuántos de esos jinetes que exigen todos esos factores en un caballo, se preparan físicamente para ellos también implementarlos en su propio cuerpo?

Pocos, muy pocos. La gran mayoría de jinetes, creen que basta con pedírselo al caballo, pero que ellos no necesitan un entrenador personal ni un programa de ejercicios que les haga equilibrados, elásticos y flexibles. Es como si ya lo tuvieran genéticamente, gracias a un milagro sobrenatural. Pues siento decirles que no, que ningún ser humano nace con el equilibrio y la flexibilidad ideal, y que si queremos conseguirla, hay que trabajarla. Es más, si el único ejercicio que han hecho en los últimos años, ha sido simplemente montar a caballo, tienen un 100% de probabilidades de que esas asimetrías corporales que poseen, hayan aumentado mucho, ya que si no se arreglan, con el tiempo aumentan. De un modo inconsciente, pero aumentan. Y todo eso, se traslada al caballo, lo queramos o no.

Eso en el caso de jinetes profesionales, pero si nos vamos a los jinetes amateurs, hay que tener en cuenta que un jinete poco hábil, o sin unos conocimientos mínimos de biomecánica, con un cuerpo que emplea de modo asimétrico y en tensión (cosa de la que él no se dará cuenta),  que da culadas, que no es capaz de diferenciar la tensión continua en las riendas del contacto suave, etc., cada vez que trabaje un caballo, en lugar de hacerlo más fuerte y elástico, lo estará acercando cada vez más a una posible lesión, máxime si es un caballo que reúne uno o más de los factores enumerados en estos dos artículos: dorso pobre, cuello invertido, equipamiento inadecuado, muchas horas en un box, etc.

Es el jinete por lo general, nos guste o no, el responsable de muchas de las lesiones del caballo, a veces de un modo inconsciente debido a lo que su cuerpo transmite, y en otras, debido a entrenamientos incorrectos en tiempo, pautas o uso de equipamientos.


10_Problemas dentales.

Este es otro elemento que para una gran mayoría, permanece inadvertido y es de extrema importancia, pero todo el mundo debe saber que un caballo que tenga desde simples molestias hasta dolores en su boca, hará todo lo que esté a su alcance para evitar ese dolor o molestias, lo cual, a la hora de ser montado con embocadura, pasa por no aceptar el contacto, directamente huir del mismo o en última instancia, defenderse del hierro, con aculamientos, poniéndose de manos o yéndose de cañas sin responder a nada.

En muchos casos, cuando esto ocurre, mucha gente, en lugar de llamar a un veterinario especialista en odontología equina, empieza a colocar bocados más grandes o de más castigo, aprieta el cierrabocas sin compasión o añade riendas o extraños amarres que obligan al caballo a adoptar la postura deseada por el jinete, pero lo único que consiguen, es empeorar la situación, hasta el punto de que pueden dejar un caballo totalmente inservible. Puede que consigan que el caballo deje de mover la lengua o los labios, pero la causa del dolor, no desaparece. De estos casos, he visto varios ya. Caballos a los que les han puesto bocados que directamente no deberían ni fabricarse por ser una salvajada, o que han sido amarrados sin piedad con rendajes de tortura y que en poco tiempo han dejado a los caballos destrozados.

Un clásico: ¿caballo que empieza a mover la lengua o los labios? Le aprieto el cierrabocas a muerte sin importarme si hay algo que le esté provocando dolor. Las consecuencias son nefastas, porque impedimos una buena respiración, y creamos mucha tensión en toda la zona de la boca y que se trasladará a todo el cuerpo del caballo. Y lo peor, no buscamos la causa de la molestia y además forzamos al caballo. Es un camino seguro para provocar una lesión. Además ¿alguien cree que un caballo así puede trabajar relajado y de  buena gana? 


Debemos saber que en el momento que un caballo sufre molestias en su boca, en su huida del dolor empieza a colocar posturas que no son adecuadas para el correcto funcionamiento de su biomecánica y su fisiología en definitiva, y que en poco tiempo, pueden provocar lesiones de cuello, dorso e incluso cojeras, ya que la colocación asimétrica o doblada de la cabeza influye en todo el cuerpo del caballo, creando graves desequilibrios y descompensaciones.
Recordemos además, que una boca en mal estado, también influye a la hora de la masticación, por lo que puede que un caballo no mastique su pienso todo lo que debería, y eso hará que lo desperdicie por no poder ser asimilado correctamente.

11_Cascos en mal estado

Yo ya hace tiempo que tengo mis caballos descalzos, y no puedo estar más contento con el resultado, ya que hago absolutamente todo (saltar, galopar, salir de ruta por toda clase de pavimentos, etc.) lo que he hecho antes con caballos herrados, pero de un modo mejor, más sano y seguro (evito resbalones, etc). Para mí ha supuesto todo un reto el tener los caballos en barefoot, ya que les dedico a los cascos un cuidado continuo y con visitas regulares de profesionales cualificados. Pero eso no significa que esté en contra del herraje.

Si hay propietarios que quieren tener a sus caballos herrados me parece perfecto, pero lo que sí han de tener en cuenta, si quieren evitar lesiones, es que estén herrados bien, periódicamente y con condiciones de higiene óptimas. El casco del caballo es determinante a la hora de desempeñar cualquier actividad hípica. Tampoco creo que digo nada nuevo con esto. Todo el mundo conoce la famosa frase: “sin pie no hay caballo”. Pues bien, aun veo, incluso caballos en competición, con herrajes demoníacos, con los cascos largos, herraduras mal colocadas, aplomos demenciales…En resumen, este tipo de caballos, tienen muchas papeletas para lesionarse, puesto que sus cuatro patas se están sustentando sobre pilares muy dudosos.

Ni hablemos de cascos pobres o blandos debido a que se encuentran en boxes o paddocks que se limpian poco, o de herrajes que se alargan en el tiempo, etc. Esos cascos, reblandecidos, putrefactos, con unas ranillas penosas, condenan al caballo a padecer una mala calidad de vida, y tienen muchísimas papeletas para sufrir cualquier tipo de lesión, no solo las propias de las que sufren los cascos debidas a la falta de higiene, sino a  otras muchas, ya que sus cascos no son un lugar seguro sobre el que apoyarse.

Yo, desde que empecé a interesarme por los cascos, puesto que es pieza fundamental del puzzle equino, es lo primero que veo al llegar a una cuadra. ¿Cómo tienen los cascos los caballos? Su estado, nos va a dar una información de gran valor: qué y cómo come, cuánto trabaja, qué higiene se sigue en la cuadra… y sobre todo, el estado de los cascos de un caballo, nos dará una información clara y nítida de su propietario. Y ojo, el casco no hay que verlo solo desde fuera, sino que hay que levantarlo y ver la palma y la ranilla. La línea blanca también proporciona gran información, pero en el caso de los caballos herrados es casi imposible poder verla. Y son pocos, muy pocos, los cascos que al ser levantados, aguantan un examen rápido. Pues he aquí una causa de lesión muy importante, y que apenas es tenida en cuenta.


12_No llamar al veterinario con suficiente antelación

En no pocos casos, ante un determinado problema, el propietario decide esperar unos días (o meses) a ver si el problema en concreto se esfuma como por arte de magia. Por lo general, sucede todo lo contrario, y cuando el veterinario llega, se encuentra un cuadro difícil de recomponer. También he visto casos en los que ni siquiera se llama al veterinario, y la crueldad del propietario obliga al caballo a trabajar y convivir con una lesión grave. Yo en estos casos ya no me callo y si hace falta, denuncio el caso ante la autoridad competente.

Otro factor importante, es saber en manos de qué profesionales ponemos la salud de nuestros caballos. En lo referente a medicina deportiva, no hay que jugársela, puesto que es una materia en la que los veterinarios buenos están continuamente formándose para poder ofrecer lo mejor a sus clientes. 

13_Y por último, si bien no es una causa física como tal que pueda provocar una lesión, si que es una visión de buena parte de la hípica, y que provoca que existan todas las anteriores, y que no es ni más ni menos que: “LA COSIFICACIÓN” DEL CABALLO”.

Muchas personas prefieren seguir haciendo lo mismo de siempre, en lugar de replantearse sus métodos a la hora de actuar sobre los aspectos aquí descritos, y si se les siguen lesionando caballos, optan por venderlos, regalarlos, cederlos, cambiarlos o incluso mandarlos a un matadero por cuatro perras. También hay algunos jinetes y algunas hípicas que ven al caballo no como un ser que nos regala lo mejor de sí mismo y que nos permite cumplir nuestros sueños y metas, sino como un simple medio de ganar dinero, sin tener en cuenta su salud. Aquí podemos meter a todas las hípicas que dan varias clases seguidas con un mismo caballo de tanda, jinetes que obligan a sus caballos a competir cuando no están en condiciones, tratantes que no tienen el menor reparo en comerciar con vidas equinas como si fueran tornillos…etc. Por supuesto, que ganar dinero con la hípica y con los caballos es totalmente lícito y moral, pero siempre y cuando no pongamos por encima el beneficio económico a costa de la salud del caballo. Se puede ganar dinero sin perjudicar al caballo. Pero hay personas que no ponen freno a sus ansias de llenarse el bolsillo y el caballo no es más que moneda de cambio para su enriquecimiento económico.

Dentro de los diferentes colectivos ecuestres hay personajes que cosifican al caballo como si fuera un coche, un teléfono móvil o una lavadora. ¿Qué pasa cuando se avería más de la cuenta? Pues que me busco uno nuevo para seguir exprimiéndolo y me deshago del que tenía antes, sin importarme lo que ocurra con él.

Pero en este proceso, los jinetes, entrenadores y propietarios no se han hecho las preguntas adecuadas, no han reflexionado si ellos y sus entrenamientos y manejo han podido ser causa en la lesión, no se han formado un mínimo en biomecánica, fisiología o etología equina y seguirán haciendo las cosas de igual modo, por lo que este círculo, nunca tendrá fin.

Preguntémonos si no: ¿qué es de tanto caballo con magníficos orígenes? ¿Qué es de esos caballos que brillaron en alguna competición puntual y apuntaban maneras pero de ellos nunca más se supo? ¿Y qué es de esos caballos jóvenes que llegan de Holanda o Alemania con orígenes de superclase y de los que solo vemos fotos de su llegada, de su debut y poco más? ¿O es que nadie ha visto como muchos de estos caballos supercracks acaban cedidos, regalados o vendidos por cuatro duros “solo para paseo” o “para niños” porque sus lesiones les impiden dar para más? Yo de estos, ya he visto unos pocos. Demasiados. Algunos de ellos no han llegado a nada simplemente porque sus jinetes no han estado a su altura, pero otros muchos, acaban sus días en cuadras inmundas porque tienen resabios y lesiones que hacen que casi nadie los quiera ya. Lesiones y resabios provocados por la ignorancia de quienes los han trabajado. Pero que a la hora de la verdad, quienes lo pagan, son los caballos.

Es triste y lamentable. Esos caballos fueron potros en los que un día el criador depositó muchas esperanzas. En esos días, todo son fotos, cariños e ilusiones en ese “futuro crack”. A los tres años empieza su desbrave. Ya las fotos y las esperanzas pasan a ser “el entrenamiento del nuevo campeón”. Pero en pocos años… ¿Qué es de ellos? Nacen cada año miles de potros. Pero solo unos pocos, muy pocos, llegan a una cierta edad sanos y sin resabios. Ni siquiera me refiero ya a los éxitos en competición. Simplemente pediría que llegasen a adultos sin lesiones ni resabios provocados por la mediocridad, la falta de conocimiento y las prisas, que solo responden al ego de quienes los montan y trabajan. Pero la realidad es que acaban muchos de ellos en cuadras lúgubres y penosas, saliendo poco de ellas y cuando lo hacen es para ser trabajados de un modo demencial.

Es un tema de conversación recurrente con los propietarios de las yeguadas. Han criado caballos con esfuerzo e ilusión, potros que empezaron a mostrar buenas cualidades, pero que en poco tiempo, van desapareciendo del panorama hípico debido a las lesiones y los resabios. Conozco yeguadas en las que cambian de jinetes cada dos por tres porque se dan cuenta que estos jinetes son auténticos especialistas en destrozar la salud de los caballos. Otras veces, se echan las manos a la cabeza cuando les digo que he visto un caballo suyo en una cuadra inmunda de un pueblo perdido. Un caballo de deporte, de buenos orígenes, que va pasando de mano en mano hasta que se pierde su rastro totalmente. 

El potro que de pequeño recibió toda clase de mimos, en el que se depositaron tantas ilusiones...¿qué es de él años después? La ineptitud de muchos de los seres humanos que se crucen en su camino, puede llevarle a un futuro oscuro e incierto, muy alejado de todo lo que se pensó para él.

Esta es la realidad de muchos caballos. No de todos, pero sí de muchos. Demasiados. Y aunque cada vez hay más gente sensible y no está dispuesta a dejar que sus caballos acaben de este modo, lo cierto es que aún hay una inmensa mayoría que piensa que si el caballo no es lo que ellos quieren que sea, lo quitamos de en medio. Muchas personas se desprenden con una facilidad pasmosa de su caballo porque ya, “no les sirve”, cuando además, han sido ellos mismos los que han creado los problemas de ese caballo. Y ese caballo que un día fue las esperanzas y la ilusión de alguien, acaba muriendo lentamente en un box oscuro, pasando sus días sin saber por qué de potro todo eran caricias y vida en libertad, y de repente, poco a poco, le fueron llevando a sitios cada vez más lóbregos, a la par que le pedían cosas cada vez más incomprensibles para él. El caballo, no entiende nada. Ha hecho todo lo que le han pedido…pero claro, si los que le han trabajado, no han sabido cómo y cuándo pedirle las cosas, y el caballo ha terminado mostrando su desacuerdo o su dolor, al final, le han echado la culpa a él mismo. La responsabilidad no es del caballo, nunca, pero es precisamente quien lo paga.

Otros en cambio, ven truncada su vida de un modo mucho más drástico: el matadero. El último caso de estos, lo conocí la semana pasada, aunque por desgracia, cuando ya no podía hacerse nada porque me enteré cuando la yegua ya había ido al lugar del que no se vuelve jamás. Una yegua que venía de un conocido jinete de salto, de inmejorables orígenes, había sido vendida al matadero por el precio de 50 €. Ese es el precio de una vida equina hoy día para muchas personas. ¿Y qué llevó a su último propietario tomar esta decisión? Los resabios que la pobre yegua tenía. Ni siquiera se plantearon dejarla como madre, “para que no transmitiera el mal carácter a los hijos”. Pero por más que les explicaba que ese mal carácter, era con casi total seguridad, producto del maltrato humano y no era transmisible genéticamente, no lo entendían. Como digo, no pude ver la yegua, pero estoy seguro que muchos de esos resabios estaban provocados por un mal manejo y un entrenamiento que crearon dolores y lesiones en la yegua y que la condujeron a crear esos resabios.

Casos como este, veo continuamente. Os podría contar algunos que os dejarían la sangre helada. Ciertos criadores, jinetes y propietarios que deciden acabar con la vida de yeguas, potros y caballos por las razones más peregrinas que os podáis imaginar, y ninguna de ellas es la eutanasia para evitarle el sufrimiento.

Y esto, mis queridos lectores, es la cosificación del caballo en su máxima expresión. A esto me enfrento cada cierto tiempo desde que decidí que me dedicaría a ser un entrenador de caballos. Me cuesta entenderlo porque yo tan solo pretendo hacer con los caballos lo que conmigo han hecho mis maestros de artes marciales: ayudarme a ser mejor de lo que soy, más fuerte, más rápido, más amable con los demás, y sobre todo, a ser la mejor versión de mí mismo. Eso es lo que a mí me gusta transmitirle a un caballo. No tengo la menor intención de mostrarle a un caballo quién manda aquí. Yo le ayudo a ser más fuerte y él me ayuda a ser feliz dejando que lo entrene, y enseñándome cada día más sobre que le sienta bien y qué no. Pero muchas veces me llaman para ir a ayudar en casos de caballos que ya vienen rebotados tras pasar por las manos de los rompecaballos de turno. Y me piden que si se de algún ejercicio o método que ponga al caballo en forma, sano y mentalmente a tope en un rato, cuando los que le han tocado antes, se han encargado durante años de destruirlo física y mentalmente. Quieren la pócima mágica, el truco de la chistera, y lo quieren ya. Si no, mal futuro espera al caballo.

A día de hoy, he asumido que no puedo actuar para mejorar la vida de todos los caballos. Intento predicar con el ejemplo, entrenando mis caballos con métodos que los hacen más fuertes, felices y sanos. Ese es el baremo por el que me rijo al trabajar un caballo. ¿Está feliz y sano con este entrenamiento y se va fortaleciendo cada día? Entonces es que vamos por el buen camino. Y a través de mi web, comparto todo aquello que voy aprendiendo para que lejos de cosificar al caballo, lo tratemos como el ser extremadamente sensible que es. Un ser que nos lo da todo pidiendo muy poco a cambio.

Así que volviendo a las causas de las lesiones, y para terminar, creo que podemos decir a modo de conclusión que está claro que hay un porcentaje de lesiones que no se pueden evitar, pero muchas de las lesiones que se producen actualmente en los caballos, si son totalmente evitables si un caballo goza del entrenamiento adecuado a su genética, disciplina, edad, su manejo y  nutrición y en definitiva su calidad de vida (y esto no es estar todo el día en un box) son buenas. Por otro lado, es necesario constatar que hay caballos que si bien no tienen lesiones que les incapaciten para hacer doma, saltar, correr un raid, o simplemente pasear, sí que padecen lesiones provenientes de rigideces, problemas de dorso derivados de mala monta por parte del jinete o montura inadecuada, cascos en mal estado por herrajes o recortes defectuosos, por mala alimentación o falta de higiene en el box, etc. Pero el caballo aguanta el dolor muchísimo, y eso hace que a pesar de ciertas lesiones, siga moviéndose sin que seamos conscientes de esos daños que sufre. Hay caballos que se pasan la vida entera con estas lesiones. Algunas no llegan a ser lesiones incapacitantes, mientras que otras se van agravando hasta llegar a incapacitar al caballo del todo.

Yo estoy estudiando ahora cuanto puedo sobre asimetrías, atrofias e hipertrofias musculares, agarrotamientos, etc. Y estoy descubriendo que la gran mayoría de caballos las padecen en mayor o menor medida. Todas estas cosas las podía tener antes frente a mí en un caballo que pasaban totalmente desapercibidas. Y muchas de estas asimetrías y rigideces, así como las lesiones que enumeraba antes, pueden desembocar en  una lesión grande con el paso del tiempo. En nuestra mano está el evitarlas. Por eso, ante la duda, cuando un caballo se niegue a hacer algo, preguntémonos: ¿No quiere o es que no está capacitado para hacerlo? ¿Puede haber algo que le esté produciendo dolor? ¿Realmente merece la pena obligarlo? ¿Está feliz con el entrenamiento que le doy? Ten en cuenta, que tú eres el entrenador personal de tu caballo. Si se lesiona, es tu responsabilidad.


Como decía en la introducción de la primera parte, este artículo ha sido redactado en base a mi propia experiencia, pero me he apoyado en cierta bibliografía y webliografía para darle el mayor sustento científico posible. Dejo una lista de algunos (no todos porque son muchos) de los libros y artículos que además de consultar, tengo en papel con anotaciones y resúmenes, ya que se han vuelto parte fundamental de mi trabajo.

Artículos en la red:


Are HorsesReally Made for Riding?; de KATJA BREDLAU-MORICH




Libros:

Lesiones del caballo, tratamiento y rehabilitación; de Mary Bromiley. Este si está disponible en español, y puedes comprarlo en este enlace: http://www.agapea.com/libros/Lesiones-del-caballo-tratamiento-y-rehabilitacion-9788420011073-i.htm



Conditioning Sport Horses, de Hillary Clayton. No lo hay en español, en Amazon puede conseguirse: https://www.amazon.es/Conditioning-Sport-Horses-Hilary-Clayton/dp/096957200X







lunes, 17 de octubre de 2016

¿Por qué se lesionan tantos caballos? (1ª parte)

Intro:

Este es el artículo más largo y de mayor consulta bibliográfica que he preparado hasta la fecha y además está respaldado por auténticos HECHOS REALES que he presenciado yo mismo. La conclusión que saco es clara: la mayoría de las lesiones de los caballos están provocadas por una suma de negligencia e ignorancia de sus propietarios, jinetes o entrenadores. Y no hay semana en la que no vaya a una yeguada, hípica o concurso y me encuentre uno o más casos de estos.

Y todo es porque la mayoría de personas que de uno u otro modo tienen relación con los caballos, siguen sin formarse un mínimo en un verdadero conocimiento del cuerpo equino, por lo que el resultado lógico es la lesión. ¿Qué ocurre si te pones a manipular una maquinaria sobre la cual apenas conoces nada de su funcionamiento? Que como mínimo, te arriesgas a que no funcione bien, y con el tiempo, lo más probable es que la estropees

Evidentemente, nunca desaparece el riesgo de lesión al cien por cien, pero hay muchos factores que predisponen indiscutiblemente a que esta se produzca. Este es un artículo que si bien pretende que conozcamos todas las posibles causas de lesiones para evitarlas, es también un texto que a no todos gustará porque dará mucho que pensar.

Sigo viendo casos terribles de caballos que quedan inservibles debidos a la absoluta ignorancia de los que le han llevado a ese estado. No hablo solo de cojeras. Me refiero a cuellos engarrotados o invertidos, bocas que nunca volverán a tomar el contacto, dorsos tocados de por vida, asimetrías que serán muy difíciles de corregir, y cascos en un estado penoso… Todos estos problemas, provocados por entrenamientos que van destrozando los caballos poco a poco, una alimentación y un modo de vida que les va minando la salud, un manejo que les estresa y les hace cada vez más irritables y el resultado total es la cantidad de caballos con problemas que hay. Pero nadie se alarma ni se echa las manos a la cabeza. Seguimos cosificando el caballo: ¿Qué no sirve? Se vende, se cambia (o se manda al matadero) y se compra otro. Espero poder aportar un punto de vista diferente con este artículo que ayude a que empecemos a tratar al caballo como lo que es, un ser extremadamente sensible y al que si no sabemos, mejor no entrenarle.


¿Porqué se lesionan tantos caballos?

A veces es una sola la causa, o un hecho concreto, accidental o genético el que provoca una lesión, pero son muchos los casos en los que esta, es el resultado de un cúmulo de circunstancias – evitables - que irremediablemente, han terminado por provocar una lesión de mayor o menor gravedad. Algunos jinetes se resignan y otros se indignan, pero a la hora de la verdad, pocos son los que se plantean llegar hasta el verdadero origen de esas lesiones, y en esta frenética carrera de la hípica,  se van poniendo parches para seguir adelante y los métodos de manejo y entrenamiento apenas varían, por lo que las lesiones, se siguen cruzando en el camino. Veamos sin más dilación cuáles son las posibles causas de las lesiones y pasemos a analizarlas, intentando seguir un orden cronológico en la vida del caballo, es decir, desde la gestación, hasta su entrenamiento y manejo de adulto.
El artículo es largo, pero he intentado que su lectura sea sencilla, ya que es un tema que nos interesa a todos, y probablemente, muchos se sorprenderán de algunas de las causas de las que vamos a hablar y que son responsables de lesiones. Pero esa es la intención de este artículo: que seamos conscientes de la cantidad de factores que pueden provocar lesiones en un caballo.

(Al final de la segunda parte de este artículo dejaré una pequeña lista de bibliografía recomendada para quienes quieran profundizar en este tema tan importante)


1_Gestación y cría

Cuando compramos un caballo, aunque tengamos frente a nosotros a un ejemplar sano y reluciente, y que haya pasado el examen veterinario de compra más exigente, es muy probable que haya cosas que genéticamente estaban predestinadas a ser mejores, y que no llegaran nunca a su punto óptimo por causas que se remontan bien atrás: a la gestación. En efecto, los meses en los que el potro aún está en el vientre de su madre, son fundamentales y determinarán las capacidades de ese potro cuando se convierta en caballo.


La cría y gestación condicionan el futuro del potro. La mejor genética puede verse truncada si la yegua no está en óptimas condiciones en su embarazo.


En seres humanos esto ya está más que archiprobado. Por ejemplo, recuerdo cuando estudiaba Psicología (una de mis cuatro carreras inconclusas), teníamos una asignatura que me encantaba: Psicobiología. En ella vimos de qué modo condicionaban las sustancias que una madre ingería en el embarazo al feto y al futuro fisiológico de ese feto para toda su vida. La ingesta de nicotina, alcohol o drogas, predispone a un hijo a sufrir desde trastornos de conducta hasta lesiones cerebrales severas; le hace estar predispuesto a adicciones, o directamente, le reduce el coeficiente de inteligencia y le puede provocar distintos tipos de malformaciones o carencias físicas. Igualmente, la alimentación pobre de una madre, o el estar en situaciones continuadas de estrés, provocan diferentes problemas desde físicos hasta mentales en el bebé, e incluso aumentan exponencialmente el riesgo de aborto.
Exactamente igual pasa con las yeguas. Si tienen una vida en la que su alimentación no es la adecuada, se pasan la vida encerradas en un espacio pequeño (lo cual genera estrés, falta de salud cardiovascular, etc.) y no se les brinda en definitiva un entorno natural y pacífico, el feto que acoge en su interior, nacerá con carencias que le afectarán para el resto de su vida.

Fijémonos pues en cuán importante es que desde la concepción de la yegua, otorguemos a la madre y al embrión que puede desarrollarse en su interior las mejores condiciones de vida posibles. En resumen, una yegua que carece de libertad para moverse y que no está alimentada correctamente (que esté gorda no significa bien alimentada), es probable que dé a luz un potro con determinadas carencias que ya nunca podrán subsanarse.


2_Primer manejo del potro.

¿Quién no ha visto potros criados en corraletas en las que no pueden dar ni una galopada? En los años locos en los que pululaban los empresarios del cemento creando yeguadas de PRE sin compasión, se podían ver yeguas y potros apretujados en corrales en los que es imposible que un potro se desarrolle con un mínimo de garantías. Un potro que no ha pasado al menos sus 36 primeros meses de vida en el campo, en una extensión de terreno lo suficientemente grande como para galopar, saltar, retozar y jugar con otros potrillos, será un caballo con problemas físicos, y también mentales (la vida en manada educa a los caballos como nunca un hombre puede hacerlo), y será altamente propenso a sufrir toda clase de lesiones, ya que su cuerpo no se habrá desarrollado óptimamente.
Igualmente, mientras más tarde empecemos su desbrave, y sobre todo, más retrasemos el momento de subirnos encima, más salud y durabilidad le daremos al dorso. Recordemos que la madurez óptima del aparato músculo-esquelético del caballo empieza a darse a los 7 años, por lo que es mejor empezar a montarlo con 4 años que con 3, y siempre muy poco a poco.

Estas son las condiciones en las que un potro debe vivir sus primeros años de vida

3_Negligencia en las instalaciones: alambradas, pastores eléctricos inadecuados, cuadras en mal estado, pisos deslizantes… El cúmulo de factores que son potenciales provocantes de lesión y que son totalmente evitables en este sentido, es enorme.


Un pastor eléctrico de cuerda, en lugar de emplear el de cinta, puede ser casi letal para el caballo, pudiendo provocar desde cortes simples hasta lesiones realmente graves.
Los alambres de espino, o alambradas propias para cerdos o vacas, no son las más adecuadas para caballos. Son muchísimas las lesiones que en España se provocan con este tipo de cercas de alambre.
Igualmente cuadras pequeñas en las que los caballos si se tumban o revuelcan no se pueden levantar, puertas de boxes estrechas en las que los caballos se pueden dañar la cadera al salir, pisos deslizantes en los que los caballos herrados patinan, etc.

Todos estos son factores evitables y son susceptibles de provocar lesiones, y muy graves o incluso mortales. Aún así, sigo viendo gran cantidad de instalaciones en las que se dan uno o más de estos factores, y cuando les comento el posible peligro, la respuesta siempre es la misma: “no pasa nada”, pero lo cierto es que si pasa, y entonces dicen: “ha sido mala suerte”. Pero la mala suerte, con este tipo de cosas, es evitable.



Esta foto la tomé cuando fui a ayudar a un caballo que me encontré enganchado a una alambrada, cosa que no era la primera vez que veía.


4_Alimentación. Una mala alimentación, en cualquier edad de un caballo, puede provocar lesiones, algunas de ellas muy graves. Especialmente importante es la alimentación del potro y caballo joven, puesto que se está desarrollando (entendamos por caballo joven hasta la edad de los 7 años). En caballos maduros es muy importante también ser especialmente cautos con las cantidades de almidón que ingieren los caballos, y en cualquier edad de un caballo, la alimentación debe estar balanceada con el nivel de ejercicio y demanda de nutrientes. Algunas de las lesiones derivadas de una mala alimentación son:

. Laminitis e infosura. Un exceso de almidón en la dieta (por mucho grano o mucha hierba verde) desemboca en infosura. Hay caballos que padecen episodios de laminitis más o menos grave con frecuencia, los veo continuamente, lo cual lo evidencia los surcos/anillos que hay en sus cascos y la distensión que presentan en la línea blanca. El caballo obeso está predispuesto a padecerla. Es el principal factor, junto con los cólicos, que más muertes de caballo provoca. La infosura no es mortal, pero puede dejar al caballo tan afectado que en muchos casos se decide eutanasiar. Es una lesión grave y en muchos casos, evitable.

.Hiperparatiroidismo. Este nombre tan pomposo es la acepción técnica que corresponde al desequilibrio calcio/fósforo. Si el caballo no tiene un correcto balance de estos dos elementos, los huesos se vuelven débiles y susceptibles de fracturarse. Entra también en juego en esta combinación la vitamina D, fundamental para la síntesis corporal de ambos elementos. La vitamina D se forma en la piel y viene dada por los rayos ultravioletas, por lo que es necesario que los caballos estén expuestos, al menos unas horas al día al sol (este es otro motivo por el que los caballos nunca deben permanecer mucho tiempo en un box).

Si el caballo ingiere demasiada cantidad de fósforo con respecto al calcio, se estimulan las glándulas paratiroides, las cuales segregarán más cantidades de paratohormona de lo normal, para poder establecer unos niveles de calcio estándar en plasma, para lo cual, toma el calcio de los huesos, por lo que estos se debilitan debido a este proceso de desmineralización. Este proceso puede darse en caballos de cualquier edad, y sobre todo, los años en los que hay que vigilar especialmente que la dieta calcio-fósforo es la adecuada, va de los 2 a los 5 años.

A través de la boca entran los materiales con los que el cuerpo equino se construye. ¿Qué clase de caballo quieres construir? Buenos alimentos, construirán caballos sanos. Malos alimentos, crearán problemas.

.El sobrepeso, además de predisponer a la infosura, sobrecarga articulaciones y el cuerpo en general. Si esto se produce de un modo continuado, las lesiones pueden ser graves. Un peso adecuado, y unos músculos fuertes y elásticos, así como unos tejidos duros bien fortalecidos, ayudan a evitar muchas lesiones articulares. Para más info, puedes leer este artículo sobre los peligros de la obesidad en caballos.

.Úlceras. Las úlceras en caballos son más frecuentes de lo que creemos. Se producen o bien por estrés continuado (caballos que salen poco de la cuadra, entrenamientos estresantes para ellos, etc.) y por tener alimentación que se les “acaba muy pronto”, es decir, una o dos comidas al día y con más pienso q forraje. El forraje es la clave para evitar este problema tan grave  tan común, ya que permite al caballo segregar saliva por mucho más tiempo, lo cual regula el ph del estómago y baja el nivel de ácidos de este. Un caballo con úlcera empieza a trabajar sin ganas, ya que su estómago le duele, lo cual es un círculo vicioso pues el jinete le obliga y en esta situación de estrés la úlcera va a peor.

Hemos de tener en cuenta que el caballo posee un sistema digestivo desarrollado durante miles de años que le prepara para estar comiendo un mínimo de 16 horas al día (observemos al caballo en libertad), y la mayoría de cuadras y propietarios, le da a sus caballos una alimentación que se les acaba en minutos. Esto provoca graves alteraciones estomacales, a la par que un estrés para el caballo que agudiza notablemente los ácidos, por lo que la úlcera va cada vez a más.

También se da con las úlceras otro problema, y es que el uso de anti-inflamatorios vía oral de manera prolongada, provoca ulceraciones estomacales. Por lo que un mal manejo de una lesión, en la que el propietario abusa de estos medicamentos para poder bajar ciertas inflamaciones y trabajar al caballo, desemboca en una úlcera, y si esta no se controla a través de protectores de estómago, pero sobre todo con una alimentación rica en forraje (se ha demostrado que la alfalfa como parte del forraje ayuda en estos casos) y sobre todo haciendo que el caballo se pase muchas horas masticando y produciendo saliva. De otro modo tendremos no solo un caballo con una lesión, sino un caballo malhumorado que con el tiempo puede volverse un caballo que se niegue a trabajar. De estos, he visto varios casos, y sus dueños, han carecido de paciencia por un lado, y por otro, de la disciplina necesaria para darle a su caballo las pautas que le habrían ayudado a solventar ambos problemas: buen manejo. Es entonces cuando los propietarios dictan sentencia: “este caballo no sirve”, “tiene malas ideas”, etc. Pero el error, como en el 99,9% de los casos, ha sido de las personas responsables de la alimentación, manejo y entrenamiento del caballo, no del caballo.

.Forzar a los caballos bajo pautas inadecuadas de nutrición. Aún sigo viendo no pocos caballos (más que nada en Andalucía) que basan casi toda su alimentación en mucho grano y poco forraje, y encima este de mala calidad (henos muy tallosos poco digestibles o paja). Esta alimentación es a todas luces insuficiente para cualquier caballo, más aun para uno que compite aunque sea a nivel amateur. Si seguimos forzando la máquina animal una semana tras otra sin permitir al caballo que reponga los nutrientes que necesita con un buen pienso, estaremos llevando su cuerpo al límite, y o bien terminará rompiéndose por algún lado, o bien, exhausto por no estar correctamente alimentado (y eso no significa que este bien de peso), no rendirá bien en saltos, galopes, etc, y puede terminar lesionándose.


De hecho, las dos causas más comunes que contribuyen al desarrollo de la fatiga durante el ejercicio físico, son:

-La disminución de los hidratos de carbono almacenados en forma de glucógeno en el organismo, la cual se da si alimentamos a nuestro caballo exclusivamente con avena y otros granos, ya que contienen hidratos de cadena rápida, es decir, energía disponible para su consumo por muy poco tiempo y de un modo bastante explosivo, cuando lo que necesitamos son piensos (y henos digestibles que los acompañen) que proporcionen energía no explosiva y que pueda almacenarse en el organismo para que el caballo la vaya tomando a medida que la necesita en el desarrollo de su especialidad hípica.

-La aparición de deshidratación por la pérdida a través del sudor de agua y electrolitos. Este es un problema que puede presentarse especialmente en competición, sobre todo en caballos de completo, raid, salto, pero también lo he visto en caballos de ocio cuando en verano han salido a dar un paseo y sus dueños no han sabido prevenir este problema. He visto desde casos leves hasta otros muy graves, hasta en caballos de doma. Una vez incluso presencié el caso de un extraordinario caballo de doma centroeuropeo, cuyo entrenador, estuvo trabajándolo de un modo extenuante durante más de una hora y media, y que empezó a temblar, sudar a chorros, etc, y cuyo estado fue tan preocupante que hubo que llamar a un veterinario de urgencias para que le pusiera suero y lo atendiera. Este impresentable, estuvo exigiéndole sin compasión al desafortunado caballo, ejercicios de doma al trote y al galope hasta que lo dejó en un estado que apenas se tenía en pie, y según dijo el veterinario, faltó poco para haberlo matado. Este caballo tardó meses en volver a trabajar, y aunque ya hace tiempo que no lo veo, nunca fue el mismo.

El hablar aquí de todo lo que puede provocar una falta de hidratación en nuestros caballos, sería muy largo. Básicamente, lo que debemos tener en cuenta es que la pérdida de líquidos provoca el aumento de glóbulos rojos, lo cual conlleva una mayor viscosidad de la sangre, y a lo que le sigue una reducción del flujo de sangre al músculo, con todos los riesgos que ello conlleva, y que irremediablemente, conduce a un aumento de la frecuencia cardíaca, creando así un peligroso círculo en el que una vez entra el caballo, es difícil salir, y el riesgo de determinadas lesiones, aumenta exponencialmente.

Pero insisto, el riesgo viene sobre todo en los caballos amateurs y de ocio de cualquier disciplina. Los buenos jinetes de raid y completo saben a qué se enfrentan y además de tener a sus caballos muy bien entrenados, van preparados para afrontar estas eventualidades. En cambio, los jinetes aficionados o amateurs, andan a ciegas con estas cuestiones. He visto casos en romerías, en simples paseos campestres...el número de casos es muy alto. Para que un caballo se deshidrate y sufra graves secuelas, no hace falta ponerlo a galopar durante horas: un paseo medianamente exigente, unas temperaturas algo elevadas, con un caballo poco entrenado, y que no esté bien hidratado, son garantía de problemas.


5_Entrenamientos

Probablemente, esta sea la principal causa de las lesiones en caballos: los entrenamientos inadecuados. Un mal entrenamiento, si encima se suma a alguna de las otras causas que aquí describimos, es garantía total de lesión. Voy a tratar de abordar esta causa desde un punto de vista social más que técnico, ya que creo que podremos verla de un modo más claro.

Como en otros tantos asuntos, las cuestiones de base que pueden respondernos al porqué se lesionan los caballos, las encontramos en este misterioso halo que rodea a buena parte de la hípica española (tanto amateur como en cierta parte de la hípica profesional), en la que parece que no es necesario tener conocimientos de fisiología, biomecánica, nutrición, y otros tantos campos necesarios, a la hora de trabajar un caballo. 


La imagen que vemos repetida una y otra vez. Caballos encapotados, rendajes que someten al caballo...todo ello da lugar a resabios y problemas físicos que pueden hacerse crónicos e irresolubles.


Por supuesto, en otros países los caballos también se lesionan, pero es indudable que muchos de los problemas que aquí nos surgen con los caballos, provienen de la peculiar forma de entender la Equitación que tenemos en España, y seguimos creyendo que el caballo es un ser que se rige por una sola ley, la de “se ha hecho así de toda la vida”.

En cambio, si una persona desea ponerse en forma, o recuperarse de una lesión, o simplemente mejorar su calidad de vida, se pone en manos de un equipo de profesionales bien formados que le darán una solución, y acudirá a un dietista, a un fisioterapeuta, o al gimnasio, donde un entrenador personal, con conocimientos de fisiología humana, le ayudará a conseguir su objetivo.
Pero en la hípica, seguimos encontrándonos con una gran cantidad de supuestos entrenadores, preparadores y jinetes, que sin tener la menor idea de cómo es y cómo funciona el cuerpo de un caballo, no solo entrenan caballos, sino que tienen alumnos a los que adiestran en sus métodos. Y así, en una gran cantidad de hípicas y cuadras, a poco que te acerques a una pista, vemos a estos preparadores, dando cuerda a los caballos en círculos pequeños y con rendajes de tortura que obligan a los caballos a retorcerse y a adoptar posturas que les predisponen a lesionarse; los montan de un modo sistemático y anacrónico que lejos de fortalecerlos, los van debilitando; cuando no los trabajan, los dejan que pasen horas y horas en su box, siendo algo totalmente pernicioso para la salud; las pautas de nutrición son totalmente incorrectas, etc. etc… ¿Nos quejamos de que después se lesionan los caballos?

Ahora pensemos en un ser querido. Puede ser un hijo, un padre o una madre o nuestra pareja. Imaginemos que ese ser, tan querido para nosotros, ha de ponerse en forma. ¿A quién acudiremos? ¿Al vecino de al lado que lleva toda la vida haciendo ejercicio vaya Ud a saber de qué manera, o a un buen entrenador personal que tiene conocimientos de nutrición, forma física, fisiología y pautas de entrenamiento y presenta una inmejorable forma física?
Imagino que la respuesta está clara y todos optaremos por el profesional bien cualificado. ¿Y por qué? Porque si nos ponemos en manos de alguien que no está cualificado, sabemos que puede recomendarnos entrenamientos no adecuados que provoquen lesiones.

¿Y entonces por qué para nuestro caballo nos ponemos en manos de cualquier supuesto entrenador? El de la hípica más cercana, el que conozco de siempre, el que me recomienda un conocido, o el que más miedo me da: “el que lleva toda la vida en esto”… ¿Pero qué sabe realmente ese preparador de las verdaderas necesidades de un caballo? Sí, puede que tenga mucha experiencia, pero ¿en todos esos años se ha parado en algún momento a estudiar algo de fisiología equina?

Los jinetes y entrenadores mediocres confunden esta postura forzada del caballo con un buen trabajo de cuello y dorso, cuando precisamente es todo lo contrario. El caballo al que le hagan esto, es un caballo que tendrá problemas al cien por cien de seguridad.


Hoy día ya hay mucha información (Y GRATIS) sobre lo que es bueno y lo que no en un caballo. No hay excusas para la alarmante falta de formación de la mayoría de preparadores de caballos de nuestro país, pero la verdad es que la hay. No se trata de ser un jinete que acredite ser un Técnico Deportivo, o que haga las espaldas adentro muy bien o salte 1,40. Hagámosle las preguntas adecuadas para saber en manos de quien ponemos nuestro caballo:

¿Qué sabe sobre los procesos de formación y eliminación del ácido láctico en el cuerpo equino? 
¿Qué rutina de entrenamiento propone para fortalecer tejidos duros y evitar lesiones? 
¿Cuáles son los ejercicios que recomienda para una puesta en forma global a nivel cardiovascular, muscular y de salud equina en general?
¿Sabe diferenciar entre lo que puede ser una falta de entrenamiento y una incapacidad debida a factores neurológicos, biomecánicos o de dolor?
¿Y sus caballos? ¿Cómo se encuentran sus caballos? 
¿Son felices y están sanos o se lesionan y se pasan los días en una cuadra? 
¿Le da de comer a sus caballos lo primero que pilla o se interesa por traer un buen heno de hierba y un  pienso de calidad? 
¿Los caballos que pasan por sus manos llegan a una edad avanzada sanos y pudiendo practicar deporte o ni siquiera se sabe qué ha sido de ellos?

Las respuestas a estas preguntas, nos dirán mucho sobre sus conocimientos de bienestar equino. ¿Para qué queremos caballos que hagan una reprisse magnífica o un recorrido de salto limpio si será por poco tiempo y a costa de su salud?



Los entrenamientos deben ir más allá de las clásicas rutinas de pista, y sobre todo, encaminados a hacer más fuerte al caballo, y para ello, debemos distinguir cuando un caballo trabaja a gusto, y cuando va forzado contra su salud y su voluntad.


Hemos de saber, que muchas de las lesiones se producen directamente por los modos de trabajar los caballos que tienen estos preparadores, o bien por sus propios jinetes, que carecen de las más mínimas nociones de entrenamiento equino. 

Repetir lo mismo un día tras otro, no calentar y enfriar los caballos adecuadamente, no saber fortalecer tejidos, trabajar a los caballos en posturas inadecuadas, dejar los caballos unos días parados y de repente un día trabajarlos intensamente...son factores del entrenamiento que provocan lesiones, algunas muy graves, o bien son causantes de posturas, asimetrías y compensaciones que terminan dando lugar a otras lesiones.


Este entrenamiento fortalece al caballo de un modo que no le estresa ni le agobia, con lo que le vamos haciendo cada día más fuerte y sano. Más info en: http://www.tomasmateo.com/p/el-gimnasio-hipico.html


En un futuro, espero que no muy lejano, para poder entrenar un caballo, hará falta acreditar una serie de conocimientos equinos, igual que para operar hay que ser médico cirujano, o para llevar un camión con mercancías peligrosas, hay que sacar unos permisos de conducción especiales. Pero mientras eso llega, son los propietarios los que deben ser extremadamente cautos a la hora de elegir en manos de qué profesionales dejan sus caballos. Nadie que trabaja con caballos, estará libre de que alguna lesión se le cruce en el camino, por más bien que se hagan las cosas, eso es indudable, pero dentro del amplio panorama hípico, en España seguimos contando con auténticos rompecaballos, y cuya única manera de eliminarlos, es dejando de llevarles caballos.

Corresponde al dueño del caballo saber detectar estos problemas, que a la larga repercuten en la salud del caballo y en el bolsillo del dueño. Acudamos a ver cómo entrenan nuestro caballo: ¿necesita de rendajes auxiliares o de amarres extraños para ser montado? ¿Trabaja a la cuerda relajadamente o gira como un loco muerto de miedo alrededor de su preparador? ¿Vemos a nuestro caballo feliz y disfrutando de su trabajo? ¿Vemos que va a más con salud y con ganas?

Si en cambio son los propietarios los que optan por trabajar sus propios caballos, será necesario que se formen un mínimo en cuestiones de fisiología, biomecánica, etología, y no solo Equitación.

Otra cuestión importante a tener en cuenta sobre los entrenamientos, es que según la disciplina, hay lesiones que son más frecuentes que otras, cuestión sobre la que no me puedo detener, pero que el entrenador y jinete debe conocer, para poder prevenirlas. Es por eso que se hace necesario estudiar muy a fondo el cuerpo equino antes de entrenarlo, para no ser machacón, ya que la línea entre fortalecer un grupo muscular y machacarlo, puede llegar a ser muy fina.

E insistimos en que muy importante, es tener en cuenta la edad a la que empezamos a montar un caballo. Empezar a trabajar montado un potro con 30 meses, es prácticamente firmar una sentencia de que tendrá problemas de dorso casi al cien por cien. Hay que ser pacientes y esperar a los 4 años como mínimo, y sobre todo, aprender a fortalecer el dorso equino, que no puede hacerse con una persona montada, sino con el adecuado trabajo pie a tierra. Y los entrenamientos que veo allá donde voy, que supuestamente van encaminados a hacer dorsos fuertes, son alarmantemente dañinos para el caballo. Estoy preparando un artículo extenso y profundo sobre este tema, pues la ignorancia que hay sobre este tema tan importante, bien lo merece. Para saber más sobre los entrenamientos más adecuados, te recomiendo visites estos artículos de mi web: http://www.tomasmateo.com/search/label/entrenamiento%20equino

6_Vida general del caballo. Tengamos en cuenta que EL CABALLO QUE SE MUEVE POCO TIENE MÁS PROBABILIDADES DE LESIONARSE. Hay muchas personas que no sacan del box a su caballo por miedo a que se lesione, pero consiguen justo lo contrario. Un caballo que no se mueve, es un caballo de cristal, además de un caballo triste e infeliz. Y moverlo mucho tampoco significa que esté muchas horas en una cuadra y de vez en cuando lo saco y lo trabajo intensa y alocadamente. El trabajo correcto y sano para un caballo significa – y sobre todo si vive en cuadra o una superficie pequeña - que sale a ejercitarse de un modo suave y progresivo cada día.
Un caballo que permanece días y días encerrado sin apenas moverse, tiene sus huesos débiles, sus músculos fofos o contraídos, sus cascos en mal estado, etc. Y esos ingredientes, componen la receta ideal para una lesión segura.


Si nuestro caballo vive en un box o en un paddock pequeño, hemos de garantizarle que SALE A DIARIO a moverse. De lo contrario, estaremos minando su salud, su alegría y su cuerpo en general.


Hasta aquí la primera parte. Puedes leer la segunda parte en: http://www.tomasmateo.com/2016/10/por-que-se-lesionan-tantos-caballos-2.html