lunes, 14 de diciembre de 2015

Balance y alguna anécdota en torno al barefoot tras dos años y pico

Mi experiencia con el barefoot se remonta a junio del 2013. En ese momento llegaban a casa dos caballos de un amigo. Ambos PRE (un castrado de once años y una yegua de cinco), habían pasado su vida estabulados desde que los domaron. Al principio, al ser descalzados, iban por el campo como las bailarinas del ballet ruso en sus actuaciones: de puntillas. Hay que tener en cuenta que aquí el terreno es más o menos inclinado según en qué partes, y sobre todo, hay presencia de riscos, los cuales son evitados por los caballos pues saben que es terreno resbaloso.

La yegua, mucho más ágil que el caballo, en poco tiempo se sentía como pez en el agua e iba arriba y abajo con total soltura, y como además es una yegua algo alocada, de repente la veías a ella sola galopando, saltando un riachuelo o una zanja. El caballo tardó bastante más en coger esa misma confianza, pero cada día, se le notaba más seguro y más suelto.

Foto: La yegua PRE, al poco tiempo de ser desherrada, ganó una agilidad que le permitía hacer cosas como las de la foto, bebiendo en el riachuelo y subir marcha atrás sobre los posteriores como a pocos caballos les he visto hacer. 


Yo les iba ayudando con sesiones de entrenamiento, sobre todo a la cuerda, para que aprendieran a manejar su cuerpo ante obstáculos y situaciones con algo de complicación. Poco a poco veía cómo se hacían más valientes y confiados en sus posibilidades, sobre todo, en las cuestas abajo, donde los caballos herrados se han pegado tantos sustos al dar patinazos. Cuando se dan cuenta que no se resbalan, empiezan a confiar más en sí mismos y hacen un manejo de su cuerpo que herrados, nunca hacen (sabemos además que las herraduras alteran el modo de apoyar los cascos en los caballos). Parte del entrenamiento consistía en llevarlos a la cuerda por distintas superficies, terrenos más duros, más blandos, y hasta por los temidos riscos para que fueran cogiendo cada vez más soltura y equilibrio, sin la dificultad de un jinete encima que además puede alterarles su postura natural con su peso o con las ayudas de manos y piernas. El hecho de que los caballos descalzos pisen superficies tan distintas, le permite al casco obtener una preciosa información del terreno que va pisando, la cual conecta con su cerebro, y le hace más hábil y equilibrado.

Más tarde, y ya montado, me hacía mi pequeño recorrido de cross y los caballos, aun cuando íbamos cuesta abajo, no presentaban ningún problema. El hecho de que viviesen en libertad 24 horas al día, y el entrenamiento progresivo que les hice a la cuerda, supongo que influyó bastante para que cuando ya montado, les empezara a exigir, se sintieran a gusto en todo momento.

Más tarde, la gran diferencia la noté al salir de excursión con otros caballos. Por estas latitudes aun hay pocas personas que tengan a sus caballos en barefoot, y sorprendidos, me decían que si yo lo prefería, iríamos por caminos de arenita suave. Les dije que no se preocupasen, que mis caballos iban descalzos por cualquier sitio, como así fue. Y no solo eso, sino que desde que empecé a entrenarlos bitless y haciéndoles un tipo de entrenamiento en el que por lo general les llevo la cabeza bastante adelantada, conseguí un aumento de tranco importante (cosa que no resultó fácil ya que son caballos que se usan para enganche y con bocados bastante severos, lo cual les lleva a encapotarse y a caminar levantando mucho las rodillas dando pasos cortos). Ese aumento de tranco me permitía a un ritmo suave (de paso), ponerme siempre delante del grupo, y hasta tal punto que normalmente tenía que esperarlos.


Foto: Cuando doy de comer lo hago repartiendo el heno en pequeños montones y los caballos se mueven continuamente de un lado a otro, con lo que la comida les dura mucho más (gran ventaja para la producción de saliva) y el casco se auto mantiene de un modo natural.

Evidentemente, al principio, no se lo creían, ya que el verme con caballos PRE, descalzos y sin embocadura, pensaban que podía ser una de mis extravagancias…pero al salir varios caballos juntos, mis extravagancias dejaban de serlo para convertirse en un resultado claro e irrefutable. Estos PRE andaban a mejor ritmo y con un paso más amplio que caballos cruzados y con más físico. Hubo entonces una persona que me propuso dar una galopada por una recta larga que poco a poco se convertía en cuesta arriba: “¿podrás o no te atreves con el caballo descalzo y sin nada en la boca?”.

No suelo ser fanfarrón, pero he de decir que todavía me rio por dentro recordando las caras de todo el mundo cuando les dejé atrás y les di una buena tunda con mi caballo PRE, descalzo y con las riendas a una cabezada de cuadra de las baratas de Decathlon. Claro que a mi favor, he de decir que yo me puse en suspensión, cosa que ellos apenas aguantan un par de trancos, debido a que montan en sillas de doma con los estribos muy largos y a que rara vez lo practican.

Por supuesto, el que yo les dejara atrás, no se debió a que el caballo fuese descalzo, sino a la forma física en la que yo puse dicho caballo y a que yo galopé en suspensión, cosa que evidentemente, permite al caballo coger más velocidad y por más tiempo. Pero si demuestra que un caballo descalzo galopa por cualquier superficie con la misma soltura y velocidad (o puede que más) que un caballo herrado.


Foto: Aunque a muchos propietarios de caballos les asuste, los caballos han de pisar zonas rocosas. Si la alimentación es la adecuada, los suelos pedregosos y duros, contribuirán a mantener unos cascos sanos y fuertes.

Posteriormente, llegó otro caballo, también PRE con una cojera extrema (literalmente a tres patas) debido a una lesión articular importante. El caballo fue tratado de su lesión y desherrado por prescripción veterinaria, y pasó a vivir en libertad. En poco tiempo se recuperó y casi un año después, las placas mostraron que la lesión no había empeorado, lo cual era un éxito. Lo mejor fue sin duda, que de ser un caballo con mucha sensibilidad en los cascos, fue poco a poco sintiéndose más seguro y se convirtió en otro caballo con el que poder galopar y hacer cualquier cosa que puede hacer un caballo herrado, y por supuesto, con mucha más seguridad.

Y finalmente, con respecto a mis dos yeguas, la ventaja es que como nunca han estado herradas, no han tenido que pasar por el periodo de adaptación del casco en el desherrado, que en algunos caballos, puede parecer eterno. Ni que decir tiene que caminan por cualquier sitio, y que lo hacen además con mucha más soltura que cualquier caballo herrado, sobre todo en caminos resbalosos o con mucha roca. Me llama la atención sobre todo la diferencia cuando viene algún caballo herrado de un amigo, y lo soltamos en el campo para que coma forraje y corretee con mis yeguas. La diferencia es abismal. Mis yeguas parecen cabras montesas, subiendo y bajando por cualquier sitio, galopando a todo trapo arriba y abajo con una seguridad pasmosa, mientras que el pobre caballo herrado de turno, se las ve y se las desea para poder seguirlas.

He de decir que cada vez me encuentro con cada vez más jinetes profesionales, como Borja Fernández-Tubau, que tienen a sus caballos descalzos. En el reciente campeonato de España vi unos pocos, y en Inglaterra algunos de completo ya hay también. Ahora bien, es importante tener en cuenta que no se trata de descalzar al caballo para ahorrarnos el dinero del herrador y listo. Es fundamental, y sobre todo en el caso de caballos que viven en boxes o en paddocks pequeños, que el profesional del casco descalzo le de un repaso periódico a esos cascos, y sobre todo, que dichos caballos caminen mucho y por superficies distintas, sobre todo superficies duras que ayuden en el desgaste del casco. No es recomendable que el desgaste del casco se produzca exclusivamente por el podólogo, sino que ha de hacerse del modo más natural posible, es decir, caminando y moviéndose en libertad. Otros amigos, no profesionales, se están animando a dar el paso también, y para mi es una gran alegría saber que algo de responsabilidad tengo en ese cambio.

También me ha pasado el caso contrario. Hace poco un jinete que compite con varios caballos me dijo que estaba interesado en que entrenásemos juntos varios días al mes, y estaba dispuesto a traer algunos de sus caballos conmigo para que entrenásemos sobre todo cross y galope. Pero su interés se desvaneció en cuanto vio que mis caballos estaban descalzos. De repente, dejó de fiarse de mis métodos. Yo en ningún momento le hice apología del “barefootismo”, simplemente le expliqué que un caballo descalzo es más ágil, está más equilibrado y es propenso a sufrir menos tipo de lesiones y cojeras, pero ni siquiera le plantee la idea de que descalzara los suyos, pues se que es algo que los propietarios deben hacer por propia iniciativa y porque crean realmente en ello. Pero al hablar de cojeras se plantó y me dijo que eso era imposible, que las herraduras no afectan a las cojeras. Curiosamente, como otros tantos jinetes, antes de que saliera el tema del herraje, se quejaba de la cantidad de cojeras que afectan a sus caballos. Pero cuando le intentaba explicar que el simple hecho de que el cambio de apoyo en el casco que supone la herradura, puede ir provocando una lesión, solo repetía “Los caballos tienen que estar herrados”, y de ahí no salía. Es curioso, que con varios jinetes profesionales o semiprofesionales que he hablado del tema, todos dicen la misma frase, pero ninguno es capaz de argumentar nada en contra del casco descalzo. Para ellos, herrar los caballos es algo que se ha hecho de toda la vida y punto.

A mi, el casco, es un tema que me apasiona, y estoy documentándome todo lo que puedo. Leo la página web de Albert Villasevil (que tiene una cantidad de información utilísima) y la de Rafa Caparrós, de quien conservo todos sus artículos de la revista Galope, así como artículos de revistas inglesas y americanas que hablan del casco descalzo. Me estoy comprando bibliografía, incluso de libros para herradores (hay algunos muy buenos y con una información sobre el casco en general muy interesante). Conocer el casco nos obliga a conocer mejor al caballo, sobre su nutrición y condiciones de vida, y a mi ambos temas me parecen apasionantes. Un caballo más sano y más feliz es un caballo que rinde mejor en definitiva.

Conclusiones finales:

No me interesa hacer apología del barefoot ni me dan comisión en ninguna institución barefootiana. Es decir, no pretendo convencer a nadie de que deje descalzos a sus caballos. Pero mi experiencia ya va por dos años y pico, y los resultados hasta la fecha, inmejorables. En mi caso, soy consciente de que al poder tener los caballos en libertad y en una finca donde hay varios tipos de terreno, tengo un gran aliado.

Aun me surge una duda a nivel de rendimiento, en cross country, en las cuestas abajo de las pistas con mucho verde, sobre todo si ha llovido. Yo en casa galopo con el campo verde, pero es cierto que lo hago a un ritmo tranquilo, y tampoco tengo que hacer frente a obstáculos en cuesta abajo del calibre de los cross de Badminton y similares (mis obstáculos serán de la dificultad como mucho de un nivel 0*). Y cuando el campo está muy mojado, en cuestas abajo pronunciadas, voy con cuidado o incluso las evito. Quizás aquí, para no tener que herrar solo por el hecho de poner ramplones, se podría poner algún tipo de botas con mucho agarre. No puedo hablar de esto porque aun no he probado las botas en estas situaciones. Cuando las pruebe, contaré el resultado,

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