miércoles, 25 de noviembre de 2015

Recuperación física y mental de una potra de 5 años. Balance seis meses después.

Conque es la segunda yegua de mi proyecto personal de recuperación y entrenamiento de caballos de deporte que hayan caído en malas manos. Y la verdad, no me podía imaginar, que me iba a costar tanto esfuerzo el haber llegado a una situación de “cierta normalidad”. Ya lo había hecho un año antes con la primera yegua del Proyecto Athenea, y cuyo estado de desnutrición al llegar a mi casa era incluso peor, pero con esta nueva yegua, tendría que hacer frente a situaciones que no me imaginaba. Por supuesto hay que seguir mejorando y trabajando, pero la primera fase del videojuego, ya la he pasado.




Antecedentes:
Cómo la mayoría de cosas que se hacen con el corazón en lugar de hacerlas con la cabeza, todo  fue un poco precipitado. Al tener noticia de que había una yegua en un estado deplorable que según me habían dicho era hermana de mi primera yegua, aproveché que el Cura estaba pasando unos días en casa y fuimos a verla. La verdad que poco había que ver. La yegua, o más bien potra (hizo los cinco años días después de llegar a mi casa) estaba en un corral junto a otra pobre yegua, las dos pasando hambre. Llena de mataduras, un pelo que evidenciaba haber pasado bastantes penurias y con todos los huesos visibles, no pudimos más que apenas verla caminar y dar unos trancos de trote precipitadamente y muerta de miedo.

La yegua venía en un estado de puntuación en la escala BCS (Body Condition Scoring creado por el Kentucky Equine Research) entre el 2 y el 3 (la primera yegua llegó en un estado entre el 1 y el 2). Teniendo en cuenta que el número ideal es el 5, y que el peor es el 1, os podéis hacer una idea. Esta escala va del 1 (estado extremo de delgadez) al 9 (caballo extremadamente obeso). La verdad es que no soy muy de poner fotos de esos momentos, de hecho apenas tengo algunas para mi archivo personal.

Al llegar, no pude dejar suelta la yegua con los otros caballos que en ese momento tenía en el campo, ya que no la aceptaron en la manada y la potra no estaba en condiciones ni de defenderse ni de salir corriendo cada vez que los otros se le echaran encima, y de hecho, le dieron en cuestión de segundos una cantidad de mordiscos que tuve que meterme en medio como si fuera una pelea de pit-bulls. Por otra parte, por suerte la primavera había sido generosa y tenía los prados a rebosar de un pasto que la potra iba a coger con muchas ganas, aunque poco me imaginaba yo en ese momento que no le servirían de mucho hasta pasado un tiempo.

Desde el primer día, con el trabajo que me esperaba con esta yegua a nivel mental, pronto me di cuenta de que me había metido en un “fregao considerable”. Con mi primera yegua del proyecto Athenea, tuve que hacer frente principalmente a problemas fisiológicos, derivados de la desnutrición (estaba totalmente cerrera y no habían intentado domarla), pero con esta nueva yegua, tuve que enfrentarme a sus problemas de conducta, ya que a ella, sí que habían intentado domarla (poco y mal) lo cual supe al ver unas manchas de pelo blanco en la zona de la cruz (de las que no me percaté el día que fui a verla), y al ver lo que ocurría cuando tiempo después intentaba darle cuerda (un auténtico circo), y ni os cuento, su reacción el primer día que me vio aparecer con una montura (creo que si se le aparece un tigre negro y con los ojos rojos no se pone tan nerviosa).

También ha sido la primera vez que un caballo ha querido morderme con verdadera mala idea. No llevaba ni dos semanas en casa, cuando tras ponerle el pienso, le traía su ración de alfalfa y justo en ese momento, se me tiró al cuello con la boca abierta y con evidentes ganas de hacerme daño. Aunque potra, mide más de 1,70,  y para ponerle la alfalfa en el comedero, tuve que pasar justo a su lado. Mi entrenamiento en Artes Marciales me ayuda mucho a la hora de montar a caballo, así como a nivel mental para no usar nunca la violencia con los caballos que manejo. Pero esta vez me sirvió para repeler el ataque de una yegua que pensó que yo era una amenaza para su comida y que no dudó en lanzarme su enorme cabeza con su dentadura abierta hacia mi cuello o mi cara, que era lo que tenía más cerca. Por puro acto reflejo, repelí el ataque con un golpe de “tensho”, un golpe que se da con la mano abierta y que impacta con la palma de la mano. Le di en la parte superior de la dentadura y en los ollares, y se pegó tal susto que retrocedió de un brinco y se quedó quieta mirándome con la cara en alto, con esos ojos blancos que ponen los purasangres cuando miran de reojos a algo que les asusta. La calmé para que se acercara de nuevo a comer, y desde entonces, nunca ha vuelto a hacer nada similar. Cada día, hemos ido avanzando en nuestra relación y a día de hoy, su carácter ha mejorado infinitamente y es mucho más confiada. Os hago un breve resumen de lo que ha ocurrido en estos seis meses y d las pautas que he seguido.



1_Manejo y modo de vida:

La yegua la traigo a finales de Mayo. Desde entonces ha vivido en libertad la mayor parte del día en prados y cercas. Eso sí, hasta hace un mes y medio que pude solventar el problema, periódicamente me veía obligado a guardarla en un corral porque en las orillas del riachuelo que atraviesa la finca, siempre crece hierba, y en cuanto la comía, empezaba a estercolar líquido sin compasión. Tenía que meterla en el corral y suministrarle una dieta astringente a base de paja y salvado de trigo principalmente, lo cual era una faena, ya que eso impedía que la yegua siguiera ganando peso. En cuanto la soltaba y probaba la hierba, vuelta a empezar.

Desde que empecé la nueva dieta y con ella conseguí restablecerle la flora intestinal, pasa varias horas al día en el prado comiendo verde ahora que las lluvias han permitido que crezca la hierba con fuerza. El ritmo de vida y de trabajo suele ser:

8:00h: se le pone el desayuno y al acabarlo se suelta en el prado hasta las 12 o 12:30 aprox.
Entre las 12 y las 13h: sesión de trabajo. Calentamiento de 10-15 minutos, 30-35 de más intensidad y sesión de enfriamiento de 15 minutos al paso. Aunque ahora que la yegua va mejorando cada día, voy subiendo el periodo de alta intensidad a cada vez más minutos.

Entre las 13 y 14h, al terminar su sesión de entrenamiento, se suelta otra hora más en el prado para que se estire, se revuelque, coma y haga vida equina plena.

Entre las 14h-15h: se lleva al corral y se le da una toma de heno de avena.

Entre las 16-17h: se suelta de nuevo en el prado.

A las 18h aprox., se lleva de nuevo el corral, donde se le pone la cena y pasará la noche, hasta el día siguiente después del desayuno.

Se ha desparasitado 4 veces desde que llegó, con los siguientes principios activos (llegó estercolando todo tipo de parásitos y larvas), con los siguientes principios activos y por este orden: (Ivermectina+praziquantel / Hapasil (Netobimina) / Ivermectina+praziquantel). En Agosto se le dio además una jeringa de antiparasitario natural de Múhldorfer vet, llamado Parasitex.



 2_Balance del estado físico:

La yegua no solo ha tenido que hacer frente a la severa desnutrición con la que llegó, sino también a la piroplasmosis que traía, que por suerte se ha tratado con éxito. En el primer mes mejoró a nivel de peso, pero después, a pesar de seguir una dieta especial y estar en prados con heno de pasto a libre disposición, se estancó. Iban pasando las semanas y apenas la veía ganar un kilo. En ese estado, no quería empezar con ella ni la doma más mínima de trabajo a la cuerda, ya que además tenía toda la zona del dorso y la grupa bastante escasa de musculatura, y en un par de ocasiones que probé a moverla un poco, para ver qué tal respondía a nivel de comportamiento, tuve que dejarla porque se fatigaba muy rápido.

Empecé a desesperarme. El año anterior, con mi otra yegua, a pesar de que llegó peor a nivel físico, en tres meses pegó un cambio considerable. El problema era que si la tenía suelta en el prado, comía hierba y al día siguiente amanecía con diarrea. Y si la tenía guardada para que no comiera hierba, a base de paja y salvado, tampoco iba a ganar peso, y es más, empezó a venirse atrás, lo cual no me estaba gustando nada.

Curiosamente, la solución fue mucho más fácil de lo que imaginaba. Recordé que el año pasado en SICAB conocí a la distribuidora española de los piensos alemanes Mühldorfer y en el catálogo que me dejaron hablaban de las ventajas terapéuticas de sus piensos. Y en efecto, en concreto el Revital estaba diseñado para evitar heces acuosas, gases y en definitiva restablecer la flora intestinal. Pedí si me podían mandar unas muestras antes de hacer el desembolso, y si no lo veo, no lo creo. En tres días de empezar a probar el pienso, la yegua empezó a estercolar con forma y con regularidad. La solté entonces para ver si soportaba la prueba de la hierba, y desde entonces hasta ahora, y eso que por aquí ya ha crecido bastante la hierba con las lluvias, la yegua pasa varias horas al día pastando en el prado, y además ha ganado bastante peso, y su estado general, va mejorando día a día, en el brillo del pelo, en su carácter y buena disposición al trabajo, ya que por fin, en el último mes, al mejorar su peso y su salud en general, he podido empezar a entrenarla con continuidad. Evidentemente, todo el problema se debía a que la yegua, a pesar de que desde que llegó tuvo a su disposición una estupenda dieta, tenía la flora intestinal por los suelos, lo cual imposibilitaba que su sistema metabólico nunca estuviera en orden, y de ahí las diarreas continuas y la imposibilidad de ganar peso.



3_ nutrición:

En este momento, la yegua come lo siguiente:

Desayuno: 250 gr de salvado de trigo + 1 kilo de Mühldorfer Revital (después come heno de hierba en el prado)

Almuerzo: 2 kg aprox de heno de avena

Cena: 2 kg aprox de heno de avena + medio kilo aprox de alfalfa

A lo largo de la semana, en el pienso le suelo combinar un día un par de zanahorias, otro algarrobas (2 o 3 máximo), otro una o dos manzanas, también alguna naranja de vez en cuando, y con bastante frecuencia un par de dientes de ajo (antiparasitario natural y con otros beneficios para el organismo). No suelo abusar de estas golosinas frutícolas, ya que algunas tienen mucho índice glucémico. Ahora que es la época de la bellota, pues también les doy algunas, pero sin abusar tampoco, aunque es algo que les encanta a todos los caballos.

Para muchas personas, echar un kilo de pienso a un caballo es demasiado poco, y más si hablamos de caballos grandes y con físico masivo como es el caso de esta yegua. Bien, pues varios argumentos son los que puedo añadir al respecto:

-          El primero es la evidencia. En un mes que llevo echándole el kilo diario de Revital, la yegua ha ganado más peso que en los cinco meses anteriores. No solo ha ganado peso y musculatura en general, sino que por fin tiene el pelo homogéneo y brillante, y a pesar de que ha sacado el pelo de invierno, es un pelo precioso y sano.



-          Caballos en régimen de trabajo medio, es decir, la mayoría de caballos de deporte, y no digamos ya los de ocio, no necesitan más de un kilo o kilo y medio/día si no trabajan más de una hora. Solo los de raid y los de completo de muy altas exigencias tendrán demandas de más cantidad, y pasar de los cuatro kilos diarios ya es una locura. Eso sí, tiene que ser un buen pienso. En lugar de dar 6 u 8 kilos diarios de pienso y poco forraje, es mucho mejor dar dos kilos de pienso y 8 de forraje, ambos de calidad. Lo que os puedo decir es que la yegua ya está trabajando sesiones de una hora de entrenamiento y tiene fuelle para mucho más, no se fatiga y lo que es super-importante: no tiene una explosión de potencia incontrolada en los primeros diez minutos de sesión y al rato le pesa el culo como le pasa a tantos caballos alimentados con muchos más kilos de pienso. Puedo llevarme 50 minutos con ella que sigue teniendo la misma disposición y ganas de trabajar que al principio. En esto influyen dos factores fundamentales: que mi entrenamiento ha sido muy progresivo y que la nutrición de la yegua va por buen camino.

-          El precio: sale más económico echar un kilo de pienso al día de una buena marca que no cuatro o seis de una marca dudosa. El saco de Revital es cierto que sale a 42 € el saco de 20 kilos. Pero uso un saco y medio al mes, es decir: 63 € al mes. Y a cambio la yegua ha conseguido un estado que en cinco meses no había ganado. ¿Cuánto vale la buena salud y el rendimiento óptimo? Por otra parte, usaré este pienso un tiempo como tratamiento y después pasaré a otro más económico de la gama Mühldorfer, aunque seguiré la misma pauta, un kilo o a lo sumo un kilo y medio cuando suba el nivel de exigencia de entrenamiento, y el resto forrajes.
-          El exceso de almidón (que viene en la avena, cebada, etc), cada vez demuestran más estudios que es pernicioso en general para todo el metabolismo del caballo. Y eso se refleja en los cascos, en el comportamiento, etc.

-          El sistema digestivo del caballo es incapaz de asimilar grandes cantidades de pienso. Desarrollado durante siglos para comer forraje (y forraje pobre por lo general), el sistema digestivo del caballo cuando se ve inundado por grandes cantidades de pienso, como no tiene mecanismos para sintetizar tanta cantidad, directamente lo expulsa, por lo que aprovecha solo una parte. Con lo cual, no solo estamos sometiendo a un sobre-esfuerzo al metabolismo del caballo, sino que estamos literalmente, tirando la mayor parte del dinero del pienso en el estiércol.
-          Ya sabemos que la sobre-alimentación con pienso, conduce a problemas como resistencia a la insulina, obesidad, estrés, etc.

Podría seguir argumentando más cosas a favor de lo que supone la nutrición basada en poca cantidad de pienso y mucho forraje, pero creo que estas razones son de bastante peso y a fin de cuentas, en este artículo estoy haciendo un balance de todo aquello que me ha permitido evolucionar con la yegua para que pueda ser de utilidad a aquel que se encuentre frente a un caballo en una situación similar. Tan solo añadiré que desde luego lo que no vale es echar un kilo de avena y nueve de paja. La paja solo aporta fibra y ningún nutriente apenas, y la avena de por sí, no podrá suplir las necesidades más básicas del organismo de un caballo. Es por eso que mucha gente sigue con la idea fija de echar seis o más kilos de avena o del pienso rebujina de turno, porque para poder mantener el peso de un caballo, necesitan echar mucha cantidad al ser piensos insuficientes a nivel de nutrición general y ni hablemos de vitaminas y aminoácidos.


4_estado mental:

Indudablemente, un animal que no se encuentra bien, no puede responder con buena voluntad al trabajo físico. Si además, viene de sufrir un manejo o una doma inadecuada y que le haya producido resabios, pues peor aún. A sabiendas de esto, no me he planteado hasta que de verdad he visto la yegua mejorar, empezar con un entrenamiento suave y progresivo. Si la mayoría de jinetes y propietarios tuviesen esto en cuenta, dejarían de sorprenderse tanto porque de repente un caballo rehúsa al hacer frente a un salto o se defiende de cualquier modo en cuanto una situación le exige más de la cuenta. El estado de salud de un caballo no se expresa solo por su apariencia física de mayor o menor peso, sino que puede tener dolores y compensaciones que permanezcan ocultas al ojo del inexperto (es decir, la mayoría de nosotros). Igualmente, es fundamental hacer analíticas periódicas, para valorar lo que corre por las venas de nuestro caballo.
Como digo, debido a que la yegua no ganaba peso por sus diarreas periódicas, no quería ni siquiera empezar a trabajar con ella a la cuerda para no fatigarla (ni para acelerar su motilidad, ya que en cuanto empezaba a darle un poco de cuerda aunque fuera al paso, estercolaba una y otra vez), y simplemente me limitaba a la doma más básica para el manejo: cabestrear y que se dejara coger y poner la cabezada de cuadra, ya que cuando fuimos a verla tenía un ronzal de varios metros de largo y una cabezada de cuadra vieja y raída que le había provocado varias mataduras en la cara, al pisarse el ronzal continuamente. Este ronzal largo evidenciaba que la yegua no se dejaba coger y que ese sería el primer problema de doma básica y manejo a solventar, ya que mi idea era que viviera en libertad desde que llegara. Así que en los primeros meses, mi trabajo con ella se limitó a que fuese confiando en mí y se dejase tocar por todos lados, poder ponerle una manta, etc.

Eso sí, me tocó solventar un problema curioso y que sería largo de explicar cómo solucioné (lo detallaré en un artículo aparte), pero la yegua tenía la costumbre en cuanto la metía en su corral para comer, de patear el cubo de la comida y tirarla, manoteaba el agua hasta prácticamente vaciarla y se ponía a pegar manotazos en la puerta y en la valla sin compasión. La verdad que las primeras semanas fueron un poco desesperantes porque no sabía qué hacer con ella. Si la dejaba con los otros caballos, estos le podían zar una zurra de la que no podía defenderse ni huir por su pobre estado físico. Si la llevaba a un corral aparte, al verse sola, se ponía histérica y tiraba toda la comida, el agua y golpeaba todo lo que tuviera a su alcance.

Supe entonces que me había metido en un jaleo considerable, ya que me esperaba un duro trabajo por delante y no fácil, hasta que esta yegua recuperase su salud no ya solo física, sino mental. Recordé entonces el libro de Buck Branaman, y su método de educar a los caballos haciéndoles que confíen plenamente en él, para que posteriormente, puedan confiar en sí mismos.

Así que lo primero que hice fue ganarme su confianza y que a mi lado, se sintiera segura y no se volviese loca en cuanto perdía de vista a los otros caballos. Una vez conseguí esto – que no fue cosa de dos días – empecé a trabajar con ella la seguridad en sí misma, y que pudiera estar en calma ella sola sin mí. Tampoco fue fácil, y sería demasiado largo contar la cantidad de anécdotas vividas en este sentido, pero al final lo conseguí y ya puede quedarse en su corral el tiempo que haga falta, y en lugar de tirar la comida se la come tranquilamente, y hay veces hasta que se echa para dormirse una siesta, lo cual es indudable signo de relajación.

Evidentemente, el instinto de manada y de estar junto a otros de su especie, nunca desaparece en un caballo, sobre todo en aquellos que vienen de situaciones extremas, pero si puedes llegar a un mínimo de confianza en el que poder hacer una vida normal junto a ese caballo. Al principio era imposible que comiera si no veía a otros caballos porque o bien tiraba toda la comida o bien directamente se ponía tan histérica que ni miraba la comida y se ponía a relinchar y a trotar bufando. Y así para todo, si no veía a los otros caballos, era imposible cepillarla porque no se dejaba de mover y podía ser hasta peligroso porque te arrollaba. Rompió varios mosquetones tirando porque tampoco se dejaba amarrar si no había otro caballo cerca amarrado…en fin. Como colofón, para mí, el mayor logro es que cuando me ve, me relincha y viene hacia mí. Ya puedo acariciarla por todo el cuerpo, ponerle una cabezada de cuadra y llevármela de paseo por ahí que aunque no vea otros caballos, viene conmigo tranquila y relajada.



5_Entrenamiento.

Como he contado, en los primeros cuatro meses y medio, apenas he podido darle un entrenamiento continuo, ya que ni tenía el peso que yo consideraba mínimo deseable y además era evidente que cualquier mínimo esfuerzo le suponía un gran coste. En efecto, a los tres meses de estar aquí, le hicimos una analítica y los datos arrojaban una producción de lactato totalmente desorbitada (un valor de 2,4), lo cual evidenciaba que la pobre, aun sin ni siquiera trabajar, simplemente caminando arriba y abajo, iba comida por las agujetas.

Aun así, necesitaba trabajar una serie de cuestiones mínimas de manejo para poder moverla con tranquilidad, ya que al principio incluso se negaba a cabestrear y se quedaba plantada y soldada al suelo. Cuando ya empecé con el entrenamiento a la cuerda, como me temía, salía totalmente loca y descontrolada. Por aquí por el sur, aún hay mucho garrulo que confunde el trabajo a la cuerda (lo sigo viendo cada semana en mis periplos por fincas y cuadras de Andalucía) con hacerles dar vueltas a todo galope sin ton ni son a trallazo limpio y con una montura destartalada golpeándoles el dorso. Y como suele ser usual, a mano derecha, son todo problemas. Es lo que suele pasar porque la mayoría de personas, al llevar los caballos del diestro, siempre van a la izquierda, con lo que sin darse cuenta, acostumbran a los caballos a que el humano vaya siempre a su izquierda, y el día que queremos hacer algo con los caballos desde el lado derecho, no están habituados y no guardan bien las distancias, se asustan, se aceleran, etc.

Pero la potra, directamente, a la mano derecha, ni iba, simplemente se retorcía y tiraba para atrás. Viendo que no tenía manera de que rompiera hacia adelante (no tengo picadero redondo, que es de mucha ayuda en estos casos), le cogí la cuerda bastante corta y le di un toquecito de tralla en la grupa…craso error. Con los ojos blancos y la cabeza arriba del todo empezó a tirar y a escaparse de mí, y al ver que cada vez la cogía más corta, estuvo a punto de echárseme encima…así que viendo que aquello no iba a ningún sitio, me acordé de lo que me dice siempre mi maestro de Kárate: “no hay mejor combate que el que no tiene lugar”.

Así que la calmé, y dejamos la sesión de cuerda. Al día siguiente, me fui a una parte de la finca que tiene una pared de piedra y empecé con mucha calma, desde su derecha a pedirle que fuera caminando a mi lado, a la vez que con mi cuerpo, yéndome a los cuartos traseros, le pedía impulsión. A su izquierda la pared de piedra, y a su derecha, yo, no le quedaría más remedio que salir adelante…pues no fue tan fácil. Al principio se negaba y reculaba. Alguna experiencia muy negativa vincularía ella con el avanzar a mano derecha, que se negaba. Por supuesto, la tralla quedaba descartada porque en cuanto me veía acercarme con ella se ponía como una loca, así que entre la ayuda de la pared, el lenguaje de mi cuerpo y mucha paciencia, cada día le pedía unos pasitos adelante. El primer día me conformé con un par, al siguiente un poco más, y así, sucesivamente, dejando que siempre ella en todo momento se diera cuenta de que no le pasaba nada malo por avanzar a mi izquierda, siempre sin forzar ni pegar.

En poco tiempo ya podía tenerla trabajando pie a tierra y eso me permitía poder empezar con ella a entrenarla en mi gimnasio hípico, cosa que estaba deseando. Con la nueva alimentación y el entrenamiento de gimnasio, la yegua ha pegado un cambio físico considerable, ganando una musculatura que hace un par de meses me parecía impensable. Combino por lo general, la rutina de entrenamiento de la potra, con un par de días a la semana de trabajo en el gimnasio, un par de sesiones de trabajo a la cuerda en pista llana, otro de trabajo a la cuerda por cuestas, y uno de trabajo en riendas largas. Con las riendas largas me la llevo al terminar el entrenamiento de paseo por ahí para que aprenda a desenvolverse sola sin otros caballos delante y sin ninguna persona que la lleve de un ronzal y para que así vaya ganando más confianza cada día en sí misma. A día de hoy, los resultados en todos los aspectos son inmejorables.
Como he comentado antes, la primera vez que me vio con una montura se puso como loca, así como las veces siguientes. Indudablemente, no tuvo que ser una experiencia agradable para ella lo que le hicieran al ponerle la montura anteriormente.

Conclusión:

Cada día tengo más claro que a caballo ir lento, o más bien, al ritmo que cada caballo nos exija, es el camino más recto para después poder progresar del mejor modo posible. En caballos que vengan de condiciones de vida saludables y sin resabios es super-importante. Con caballos que vengan malnutridos y que además los hayan tratado mal, es imprescindible.
¿Y por qué con esta segunda yegua me ha costado el doble de tiempo que la primera llegar a un estado de cierta normalidad, aun no estando tan mal a priori? Creo que el año más de desnutrición que llevaba en el cuerpo, le había pasado factura. Imagino que a mayor tiempo en condiciones infernales de vida, más trabajo cuesta recuperarlos y más daños a nivel del organismo que después más costará que vuelvan a funcionar con normalidad.

El sacar adelante caballos que vienen en tan mal estado, es muy duro, aunque altamente gratificante. Pero hay que tener una gran paciencia, estudiar mucho (la de libros y artículos que me he leído sobre entrenamiento, nutrición y fisiología equina en este año y pico para mí se quedan) y tener ciertos medios físicos. En mi trabajo, me ayuda mucho el poder tenerlos en una finca en la que viven en libertad. El campo les ayuda mucho mentalmente a reencontrarse con su vida de caballo. Estoy seguro que si tuviese los caballos en cuadras, me costaría mucho más trabajo todo esto. Pero hay que saber tener visión de futuro, y ver en ese esqueleto rodeado de pelo feo, el espíritu de un caballo que tú has de ayudar a que se recupere y salga con todas sus ganas. Cuando ahora las veo galopando en libertad y relinchando, hay días que se me saltan las lágrimas al contemplarlas. Yo había tenido antes otros caballos pero nunca me imaginaba que terminaría haciendo estas cosas propias de los domadores tipo horsemanship, como el ponerme a correr y que empiecen a seguirme, botándose y relinchando, jugando los tres en manada arriba y abajo. Sinceramente, hace un par de años hubiera dicho que eso era imposible. Ahora lo vivo cada día.

Si te planteas recuperar un caballo, por último déjame decirte que para los primeros días, has de tener mucha paciencia y amor con ellos. Con mis dos yeguas me ha pasado exactamente lo mismo: en la primera semana les preparaba un suculento pienso, condimentado con zanahorias y otras golosinas que cualquier caballo devoraría en segundos… y ellas ni lo miraban. En esa primera semana, parecen caballos zombies. Apenas se mueven, no les apetece nada, y pueden hasta permanecer impasibles ante otros caballos. Cuando su estado físico está tan bajo mínimos, entran en un modo de reserva de energía que les hace desactivar montones de funciones fisiológicas. Con estas dos yeguas, me ha pasado exactamente lo mismo en los primeros días: con su cara triste, lo único que querían comer era algo de paja y avena. Supongo que era a lo único que su paladar estaba acostumbrado. Pero poco a poco se les va abriendo al apetito y todo empieza a ser cada día un poco más fácil. Ahora, cuando recibo visitas de personas que no saben la historia de mis yeguas, me pongo como loco cuando me dicen: “vaya yeguas fuertes que tienes”, o “se las ve en muy buena forma” o “vaya dorsos…”.  Y cuando después de oír los piropos les cuento cómo estaban, les cuesta creerlo. Ahora, sigo disfrutando día a día de su entrenamiento y sigo estudiando y aprendiendo sobre puesta en forma equina.


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