jueves, 24 de septiembre de 2015

Nueve claves para sacar el máximo rendimiento a tu caballo

En estos últimos meses, ha sido mucha la bibliografía que he leído referente a la puesta en forma equina, varios estudios consultados, infinidad de páginas web sobre el tema que he visitado, y algunas experiencias personales que he vivido. Y de todo ello extraigo una serie de puntos clave que pueden ayudar a sacar el máximo rendimiento a un caballo, y sobre todo, haciendo que dicho caballo esté más FFS (denominación que he inventado para abreviar Feliz-Fuerte-Sano).



Compramos caballos con buenos orígenes, los empezamos a entrenar esperando llegar lejos con ellos, los alimentamos sin realmente preguntarnos si le aportamos todos los nutrientes que necesitan y sin darnos cuenta nos metemos en una rueda que no tiene fin. Y en medio de esa rueda, como siempre, el caballo, sin enterarse de qué va esta película, y que va dando lo mejor de sí mismo, hasta que por “extraños motivos”, deja de entregarse, protesta o se lesiona…




Esa rueda de la que hablo, no deja de girar y en cuanto un caballo deja de funcionar se cambia por otro, y así seguimos, ad infinitum. Pero si reparásemos en ciertos detalles, probablemente, nos iría mucho mejor con nuestros caballos y por lo tanto a nosotros mismos. Los puntos a los que me refiero son los siguientes:

1_Cría y desarrollo de ese caballo. Son ya muchos los estudios que demuestran que la alimentación y el modo de vida de la yegua madre desde el momento de la gestación hasta el parto, así como en los meses de lactancia, son fundamentales. Si la yegua no está alimentada del modo correcto (y eso no significa que esté obesa y con exceso de grasa), si no tiene una calidad de vida en la que pueda moverse libremente y que viva apaciblemente y sin estrés, no podrá transmitir con éxito todo su potencial genético, por más bueno que este sea, a su cría. Esto es totalmente extensible al potro, el cual ha de comer y vivir en impecables condiciones. Si no lo alimentamos bien y no dejamos que corra y se críe en libertad total junto a otros potros, no pensemos que a los siete años será un atleta con un físico y una mente totalmente entregados a su disciplina, especialmente si esta es el salto o el completo.

Por lo tanto, antes de elegir un caballo (y sobre todo a la hora de criar o de comprar un potro joven), asegurémonos de que todo su proceso de cría y crecimiento, se ha hecho del modo correcto, ya que es el mejor modo de contar con un caballo que gozará de un sistema cardiovascular, un sistema músculo-esquelético y un cerebro sanos y en plenitud de condiciones.
¿Y qué ocurre si tenemos un caballo qué no sabemos de dónde proviene o sabemos que no se ha criado como debiera?

Lo primero en este caso es ser consciente de que podremos mejorar la “materia prima” con la que ya cuente ese caballo, pero nunca recuperar aquello que se haya perdido por el camino debido a un mal manejo y nutrición. Es entonces fundamental dar el siguiente paso:

2_Analítica. No podemos ceñirnos exclusivamente a la apariencia externa de un caballo para evaluar su estado, puesto que un caballo puede presentar a simple vista un buen aspecto, pero metabólicamente, no estar funcionando al cien por cien. Se hace necesario contactar con el veterinario para que saque sangre y la mande a un laboratorio de calidad contrastada. Ahora bien, aquí hemos de ser especialmente cautos, ya que hay laboratorios que consideran valores normales aquellos que pueden no serlo pues hacen una serie de medias en base a la estadística que han ido elaborando con el paso de los años, pero que obvian datos tan importantes como la genética del individuo (lo que en un PRE pueden ser valores normales, en un PSI no lo serán tanto), el entrenamiento o el reposo en que se encuentre, la nutrición, la edad, etc. Es por eso que debemos contactar con veterinarios especializados en la interpretación de las analíticas.

Curiosamente, este acto tan importante, es obviado por muchos propietarios y jinetes, quienes compran caballos, se ponen a entrenarlos y pasan los meses y los años y no hacen análisis de sangre, con lo que dan de comer y entrenan totalmente a ciegas. Los análisis además, son bastante baratos en comparación con la valiosa información que proporcionan.

Para un caballo destinado al deporte, lo recomendable sería hacer analítica un mínimo de dos veces al año, aunque si de verdad se le exige mucho, tres o cuatro veces sería lo ideal. Para un caballo de ocio o de deporte ocasional, una vez al año como mínimo es recomendable. Los resultados de la analítica, nos dirán si un caballo puede estar parasitado, si produce más ácido láctico de la cuenta, si está anémico, etc. Todos estos valores son los que nos dirán si debemos cambiar pautas de desparasitación, hacer uso de determinados medicamentos, y además, son las que nos permitirán proporcionarle al caballo la nutrición que necesitan, el siguiente punto.



3_Alimentar vs llenar el estómago.
Una práctica común, pero no por ello acertada, es la de dar de comer a todos los caballos de una hípica o una cuadra, la misma alimentación. Los errores son los siguientes:
-          Dar de comer a un mismo caballo la misma cantidad (de concentrado), sin evaluar la carga de trabajo que tiene en ese momento. Es decir, si vamos a tener el caballo parado o sin apenas exigirle durante un mes, no se le debe dar la misma cantidad que cuando lo entrenamos con intensidad. El heno nunca debe rebajarse, pero los concentrados, deben ir parejos al volumen de entrenamiento.
-          Dar de comer lo mismo, tanto en cantidad como en contenido a caballos tan distintos como un centroeuropeo de salto, un Hispanoárabe de paseo o un árabe de raid. Cada caballo, por su peso, edad, y necesidades energéticas según disciplina y fase de entrenamiento o reposo, tiene unas demandas nutricionales específicas. La costumbre de muchas hípicas de dar lo mismo a todos los caballos, sean de la raza que sean, hayan trabajado ese día o no, etc., es desastrosa y contraproducente.

-          4_Alimentar a ciegas.  Una frase que oigo a menudo al preguntar por la alimentación es: “Aquí echamos “esto” (tipo de pienso) y nos va muy bien, mira los caballos cómo están”. Si no hacemos analíticas, no podremos saber si con la alimentación que le damos al caballo, estamos realmente cubriendo sus necesidades, aunque visualmente presenten un aspecto “rellenito”. Mi experiencia reciente me dice además, que los piensos que se echan a granel en las hípicas, no cubren ni de lejos las necesidades equinas a nivel vitamínico, de minerales y aminoácidos, lo cual es fundamental para que el caballo metabolice bien los alimentos que ingiera, se muscule, se recupere, tenga buena salud, etc.
-          Sobrealimentar con concentrados. Tendencia de muchas hípicas, yeguadas y determinados propietarios o domadores, echando más de seis kilos de grano o de piensos compuestos. Lo que no saben, es que mucha de esa comida, el sistema digestivo del caballo es incapaz de asimilarla, y es expulsada directamente, sin que el cuerpo haya metabolizado esos alimentos. Por no hablar de los problemas que acarrea una sobrealimentación en el estado general del caballo. Las dietas en las que la proporción de concentrados  sobrepasa a la del forraje (entendiendo que en total un caballo medio ingiere unos 10 kilos de comida aprox. al día), van muy mal encaminadas.
-          Escatimar en el suministro de forrajes. En Andalucía especialmente, es común que muchos caballos coman paja como único forraje. Algo de paja puede incluirse en la dieta de un caballo, pero no puede emplearse como único forraje ya que estamos condenando a ese caballo a grandes carencias. 


5_Pedir más de la cuenta a caballos inmaduros. La cantidad de caballos extraordinarios que sufren lesiones graves, antes de los 6-7 años, es alarmante. Muchas de esas lesiones se originaron mucho tiempo antes de empezar a entrenarlos, precisamente cuando eran potros y no se les alimentó bien o no se les permitió estar en un sitio en el que pudieran moverse con libertad. Si esos potros, no hicieran una vida deportiva y simplemente se dedicaran a vivir en el campo o simplemente fueran caballos de ocio, probablemente, esas lesiones nunca aflorarían y se quedarían en simples carencias, pero en el momento que empecemos a exigirle rendimiento a un caballo, cada detalle de su vida pasada, contará y podrá maximizarse. Por desgracia, aún sigo viendo con demasiada frecuencia en Andalucía, potrillos en corrales en los que apenas pueden moverse y potros de dos años ya metidos en un box, y para colmo, sobrealimentados a base de grano.

Hemos de ser conscientes de que los caballos, evolutivamente, a pesar de que en los últimos decenios los hayamos seleccionado para ser verdaderos atletas, tienen un organismo que sufre bastante estrés  - no solo físico, sino mental – con los entrenamientos duros. En la naturaleza, los caballos viven pastando y caminando, trotan ocasionalmente, y rara vez galopan y saltan una zanja o cualquier obstáculo natural. Los herrajes, el confinarlos en boxes, las alimentaciones ricas en grano y concentrados, no contribuyen precisamente a mantener un caballo sano, sino todo lo contrario, lo merman. Si encima, los entrenamos duro, los estamos llevando al límite continuamente y las lesiones podrán aflorar en cualquier momento.

Es por eso, que hay que ser muy respetuosos con las edades de los caballos y las pautas que necesitan. Que un caballo tenga 3 años y mida más de 1,65, no significa que su cuerpo esté preparado para el trabajo duro. Yo, a día de hoy, tengo claro que no me montaría en un caballo antes de que cumpliera los cuatro años. Eso sí, a los 30 meses, lo empezaría a trabajar suavemente a la cuerda y a hacerle un trabajo de gimnasia hípica muy progresiva. Cuando llegase la hora de montarlo, con sus 4 años bien cumplidos, tendría un caballo fuerte, equilibrado, atlético y con dominio total de su cuerpo. Y aun así, iría muy progresivo en su entrenamiento montado.

Ojo también a los caballos cruzados con purasangre y centroeuropeos en general, porque a partir de los dos años suelen presentar un buen desarrollo muscular, pero eso no significa ni mucho menos, que sus tejidos duros y su sistema músculo-esquelético, estén al mismo nivel de fortaleza. Una musculatura, con el entrenamiento adecuado, puede empezar a fortalecerse en tres meses, pero los huesos, tendones y cartílagos, necesitarán años de adecuada preparación, nutrición y manejo.

Por último en este apartado, un detalle, pero de vital importancia. La gran diferencia que he observado entre los jinetes amateurs y los profesionales, los de la élite, es que estos rara vez sacan a sus mejores caballos a competir cuando son jóvenes. A lo sumo, los pistean ocasionalmente. Y de repente, en una competición, aparecen con un caballo poco conocido, de edad madura, y empiezan a obtener éxitos. Son conscientes de que no hay que abusar nunca del caballo joven. El último ejemplo lo tenemos en Jeroen Dubbledam, con su caballo SFN Zenith N.O.P. (Rash R x Fuego Du Prelet SF), el cual tiene once años y en lo que va de año, solo ha corrido seis GP’s, y gracias al cual ha ganado un disputadísimo Campeonato de Europa, llevándose dos medallas de oro en Aachen. En completo, Ingrid Klimke, una de las grandes amazonas internacionales de completo, es también muy progresiva con el entrenamiento de sus caballos y una incondicional del entrenamiento cruzado.
En cambio, los jinetes amateurs, cuando tienen un caballo bueno, se dejan llevar y se precipitan, sobre-entrenándolos…y es por eso que se oye tanto eso de “los buenos se rompen todos”. Pero no es más que simplemente, que se tiende a abusar de ellos.



6_Programar entrenamientos sin haber tenido en cuenta los puntos anteriores.
Si nos ponemos a entrenar un caballo sin saber qué es lo que corre por sus venas, si le damos de comer sin saber realmente qué necesita su organismo, si abusamos de un caballo joven o de uno adulto sobre-entrenándolo, los planes de entrenamiento nunca darán sus frutos, e incluso, podrán derivar en efectos contraproducentes.

7_Programar entrenamientos sin sentido.
Por más que hayamos hecho bien todos los puntos anteriores, no servirán de mucho si entrenamos a nuestro caballo con métodos que no lo llevarán más que a estancarse o a aburrirse del trabajo. Estos entrenamientos sin sentido son aquellos que repiten lo mismo una y otra vez, lo cual, puede ser increíblemente aburrido para el caballo en el caso de los que hacen doma un día tras otro, o puede llevarle a lesionarse en casos en los que salte al caballo con demasiada frecuencia.
No podemos olvidar tampoco el calentamiento y el enfriamiento en cada entrenamiento que hagamos con nuestro caballo, son fundamentales y no podemos escatimarles tiempo. Todos estos puntos son vitales para poder crear un programa de entrenamiento efectivo, en el que han de saber combinarse rutinas y trabajos variados.

8_Usar equipamiento anticuado o no adecuado para cada caballo. Cinchas estrechas y sin elástico a los dos lados, monturas con los bastes mal, medidas inadecuadas, usar la misma montura para caballos físicamente dispares…Todo ello provoca lesiones y algunas de ellas muy graves.

9_Olvidarse del manejo. Y por último, pero no menos importante, tampoco hemos de olvidar que para que todo lo anterior sirva, hay que proporcionar un manejo al caballo que le permita tener una vida equina general digna y saludable, lo cual incluye oler, ver, tocar y relacionarse con otros caballos, salir a menudo de su box, tratarle bien y sin violencia, etc.
Pretender que un animal herbívoro sea un atleta entregado a una causa deportiva, cuando en realidad le damos vida de esclavo o prisionero, es una utopía.

Una vez aquí, puede que te plantees qué no haces nada de lo indicado en este artículo, y te preguntes “¿Es que acaso lo hago todo mal con mi caballo?”. Te ruego por favor que no caigas en esa tentación, porque dicha actitud te llevará al inmovilismo y a no hacer ningún cambio en el manejo y entrenamiento de tu caballo.

Esto mismo me ha pasado ya con varias personas que me han pedido ayuda con sus caballos. Personas que llevan años con un mismo caballo al que no han hecho un solo análisis de sangre, al que nunca se han planteado si le podrían dar una alimentación mejor o si sacarlo el máximo posible del box le vendría bien. Cuando les planteo que debemos empezar a seguir estos pasos, se agobian, se le hace todo un mundo y al final…siguen como siempre porque se atascan. Se dicen a sí mismos que “a fin de cuentas el caballo sigue ahí”, y continúan con su rutina de siempre.

Pero no he hecho este resumen con la intención de que te agobies o te sientas mal por no hacer todo bien con tu caballo. Lo he hecho porque precisamente hasta hace no mucho yo era el primer patán de este país con su caballo, y me dejaba llevar por lo que veía hacer a otros. Preguntaba a gente sin formación ninguna qué y en qué cantidad echaban de comer a sus caballos (aún me pregunto cómo pude ser tan idiota), cómo hacían para entrenarlos y otras tantas cosas en las que metí la pata, que la lista sería eterna. Que alguien tenga experiencia, no es siempre garantía de sabiduría, pues si empezó a hacer las cosas mal en su momento, y no ha variado su método, ni ha estudiado ni se ha hecho las preguntas adecuadas, en lo único que tiene experiencia, es en hacer las cosas mal. Yo me he puesto en manos muchas veces de profesionales ecuestres así, profesionales que siguen haciendo lo mismo de siempre, que no han variado un ápice su método de domar o alimentar, que no dedican un solo minuto al año a formarse, y que no admiten un consejo de profesionales mucho más cualificados que ellos.

Hasta que decidí que pondría todo mi empeño en aprender lo que realmente necesita un caballo, y en ello sigo cada día, pasando muchas horas entre caballos y al llegar la noche, muchas horas frente a los libros, vídeos y páginas webs de referencia sobre entrenamiento, manejo y nutrición equina. En este y otros artículos, iré resumiendo todo aquello que vaya aprendiendo por si quieres beneficiarte de ello. Tu caballo te lo agradecerá.



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