martes, 1 de septiembre de 2015

El Coronel Podhasky y el entrenamiento cruzado

Uno de los libros que me he leído este verano ha sido Mis caballos, mis maestros, del Coronel Podhasky. Lo compré a principios de verano, si bien poseía desde el 2008 su obra más conocida, Equitación Clásica, la cual leí y estudié en su momento.



Y he decir que me ha sorprendido gratamente la lectura de este segundo libro que leo del Coronel. Siempre es agradable conocer las experiencias personales que van más allá de lo técnico de los grandes maestros de la Equitación, y en este libro se cuentan bastantes. Pero aun así, Podhasky, se deja caer también con algunos consejos y trucos que aplicó con notable éxito en sus caballos.

La mayoría de personas que saben del coronel, lo conocen por su vinculación con la Escuela Española de Viena – que acaba de celebrar su 450 aniversario, invitando a la Escuela de Jerez a participar en un espectáculo especial conmemorativo -, pero lo que muchos no saben es que antes de entrar en tan singular institución ecuestre, fue jinete de salto por muchos años.

Y de eso quiero hablar en esta breve entrada. El coronel, con el paso del tiempo, fue desarrollando un método de doma y entrenamiento para sus caballos en el que más allá del exigente trabajo de doma y alta escuela, incluía salidas al campo – en esa época los jardines de la ciudad eran enormes – en las que galopaban, saltaban obstáculos naturales y daban largos paseos al paso. También era un gran defensor del trabajo a la cuerda.

(El Coronel en las famosas Olimpiadas del 36 en Berlín)

Y si bien algunas de sus técnicas hoy quedarían algo anticuadas por los más recientes estudios de biomecánica, es de alabar que para entonces, el coronel tuviese una mente preclara y abierta  - algunos de sus compañeros le criticaban por entrenar a sus caballos de ese modo – y como él decía, sus mejores jueces al final, eran los propios caballos, y los suyos, siempre funcionaban mucho mejor que los del resto, debido a la ausencia de violencia y de métodos coercitivos, y al entrenamiento cruzado, lo cual le sirvió para llevar a lo más alto caballos muy difíciles (por temperamento y constitución), y algunos de ellos, incluso llegaron a sus manos con manías y resabios complicados.

Recomiendo encarecidamente a quien quiera empaparse de unas buenas anécdotas de caballos que se lea el libro, ya que no solo disfrutará con esas vivencias ecuestres que tanto nos gustan a todos los que vivimos a caballo, sino que podrá conocer de primera mano cómo el coronel salvó todos los caballos de la Escuela de Viena cuando la Segunda Guerra Mundial llegaba a su término y la Alemania nazi caía estrepitosamente (Walt Disney hizo una película de esto y también se habla de ello en el libro). Leer este libro, es sumergirse en el cogollo de la historia ecuestre y la historia reciente de Europa. Además, conoceremos de cerca cómo eran las Olimpiadas de la época, en las que el coronel participó como jinete.

En la próxima entrada sobre libros, hablaré de un libro parecido, Los caballos de mi vida, escrito por Monty Roberts, del que también se pueden extraer conclusiones muy interesantes, si bien se trata de un jinete sensiblemente distinto al coronel Podhasky.


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