lunes, 14 de diciembre de 2015

Balance y alguna anécdota en torno al barefoot tras dos años y pico

Mi experiencia con el barefoot se remonta a junio del 2013. En ese momento llegaban a casa dos caballos de un amigo. Ambos PRE (un castrado de once años y una yegua de cinco), habían pasado su vida estabulados desde que los domaron. Al principio, al ser descalzados, iban por el campo como las bailarinas del ballet ruso en sus actuaciones: de puntillas. Hay que tener en cuenta que aquí el terreno es más o menos inclinado según en qué partes, y sobre todo, hay presencia de riscos, los cuales son evitados por los caballos pues saben que es terreno resbaloso.

La yegua, mucho más ágil que el caballo, en poco tiempo se sentía como pez en el agua e iba arriba y abajo con total soltura, y como además es una yegua algo alocada, de repente la veías a ella sola galopando, saltando un riachuelo o una zanja. El caballo tardó bastante más en coger esa misma confianza, pero cada día, se le notaba más seguro y más suelto.

Foto: La yegua PRE, al poco tiempo de ser desherrada, ganó una agilidad que le permitía hacer cosas como las de la foto, bebiendo en el riachuelo y subir marcha atrás sobre los posteriores como a pocos caballos les he visto hacer. 


Yo les iba ayudando con sesiones de entrenamiento, sobre todo a la cuerda, para que aprendieran a manejar su cuerpo ante obstáculos y situaciones con algo de complicación. Poco a poco veía cómo se hacían más valientes y confiados en sus posibilidades, sobre todo, en las cuestas abajo, donde los caballos herrados se han pegado tantos sustos al dar patinazos. Cuando se dan cuenta que no se resbalan, empiezan a confiar más en sí mismos y hacen un manejo de su cuerpo que herrados, nunca hacen (sabemos además que las herraduras alteran el modo de apoyar los cascos en los caballos). Parte del entrenamiento consistía en llevarlos a la cuerda por distintas superficies, terrenos más duros, más blandos, y hasta por los temidos riscos para que fueran cogiendo cada vez más soltura y equilibrio, sin la dificultad de un jinete encima que además puede alterarles su postura natural con su peso o con las ayudas de manos y piernas. El hecho de que los caballos descalzos pisen superficies tan distintas, le permite al casco obtener una preciosa información del terreno que va pisando, la cual conecta con su cerebro, y le hace más hábil y equilibrado.

Más tarde, y ya montado, me hacía mi pequeño recorrido de cross y los caballos, aun cuando íbamos cuesta abajo, no presentaban ningún problema. El hecho de que viviesen en libertad 24 horas al día, y el entrenamiento progresivo que les hice a la cuerda, supongo que influyó bastante para que cuando ya montado, les empezara a exigir, se sintieran a gusto en todo momento.

Más tarde, la gran diferencia la noté al salir de excursión con otros caballos. Por estas latitudes aun hay pocas personas que tengan a sus caballos en barefoot, y sorprendidos, me decían que si yo lo prefería, iríamos por caminos de arenita suave. Les dije que no se preocupasen, que mis caballos iban descalzos por cualquier sitio, como así fue. Y no solo eso, sino que desde que empecé a entrenarlos bitless y haciéndoles un tipo de entrenamiento en el que por lo general les llevo la cabeza bastante adelantada, conseguí un aumento de tranco importante (cosa que no resultó fácil ya que son caballos que se usan para enganche y con bocados bastante severos, lo cual les lleva a encapotarse y a caminar levantando mucho las rodillas dando pasos cortos). Ese aumento de tranco me permitía a un ritmo suave (de paso), ponerme siempre delante del grupo, y hasta tal punto que normalmente tenía que esperarlos.


Foto: Cuando doy de comer lo hago repartiendo el heno en pequeños montones y los caballos se mueven continuamente de un lado a otro, con lo que la comida les dura mucho más (gran ventaja para la producción de saliva) y el casco se auto mantiene de un modo natural.

Evidentemente, al principio, no se lo creían, ya que el verme con caballos PRE, descalzos y sin embocadura, pensaban que podía ser una de mis extravagancias…pero al salir varios caballos juntos, mis extravagancias dejaban de serlo para convertirse en un resultado claro e irrefutable. Estos PRE andaban a mejor ritmo y con un paso más amplio que caballos cruzados y con más físico. Hubo entonces una persona que me propuso dar una galopada por una recta larga que poco a poco se convertía en cuesta arriba: “¿podrás o no te atreves con el caballo descalzo y sin nada en la boca?”.

No suelo ser fanfarrón, pero he de decir que todavía me rio por dentro recordando las caras de todo el mundo cuando les dejé atrás y les di una buena tunda con mi caballo PRE, descalzo y con las riendas a una cabezada de cuadra de las baratas de Decathlon. Claro que a mi favor, he de decir que yo me puse en suspensión, cosa que ellos apenas aguantan un par de trancos, debido a que montan en sillas de doma con los estribos muy largos y a que rara vez lo practican.

Por supuesto, el que yo les dejara atrás, no se debió a que el caballo fuese descalzo, sino a la forma física en la que yo puse dicho caballo y a que yo galopé en suspensión, cosa que evidentemente, permite al caballo coger más velocidad y por más tiempo. Pero si demuestra que un caballo descalzo galopa por cualquier superficie con la misma soltura y velocidad (o puede que más) que un caballo herrado.


Foto: Aunque a muchos propietarios de caballos les asuste, los caballos han de pisar zonas rocosas. Si la alimentación es la adecuada, los suelos pedregosos y duros, contribuirán a mantener unos cascos sanos y fuertes.

Posteriormente, llegó otro caballo, también PRE con una cojera extrema (literalmente a tres patas) debido a una lesión articular importante. El caballo fue tratado de su lesión y desherrado por prescripción veterinaria, y pasó a vivir en libertad. En poco tiempo se recuperó y casi un año después, las placas mostraron que la lesión no había empeorado, lo cual era un éxito. Lo mejor fue sin duda, que de ser un caballo con mucha sensibilidad en los cascos, fue poco a poco sintiéndose más seguro y se convirtió en otro caballo con el que poder galopar y hacer cualquier cosa que puede hacer un caballo herrado, y por supuesto, con mucha más seguridad.

Y finalmente, con respecto a mis dos yeguas, la ventaja es que como nunca han estado herradas, no han tenido que pasar por el periodo de adaptación del casco en el desherrado, que en algunos caballos, puede parecer eterno. Ni que decir tiene que caminan por cualquier sitio, y que lo hacen además con mucha más soltura que cualquier caballo herrado, sobre todo en caminos resbalosos o con mucha roca. Me llama la atención sobre todo la diferencia cuando viene algún caballo herrado de un amigo, y lo soltamos en el campo para que coma forraje y corretee con mis yeguas. La diferencia es abismal. Mis yeguas parecen cabras montesas, subiendo y bajando por cualquier sitio, galopando a todo trapo arriba y abajo con una seguridad pasmosa, mientras que el pobre caballo herrado de turno, se las ve y se las desea para poder seguirlas.

He de decir que cada vez me encuentro con cada vez más jinetes profesionales, como Borja Fernández-Tubau, que tienen a sus caballos descalzos. En el reciente campeonato de España vi unos pocos, y en Inglaterra algunos de completo ya hay también. Ahora bien, es importante tener en cuenta que no se trata de descalzar al caballo para ahorrarnos el dinero del herrador y listo. Es fundamental, y sobre todo en el caso de caballos que viven en boxes o en paddocks pequeños, que el profesional del casco descalzo le de un repaso periódico a esos cascos, y sobre todo, que dichos caballos caminen mucho y por superficies distintas, sobre todo superficies duras que ayuden en el desgaste del casco. No es recomendable que el desgaste del casco se produzca exclusivamente por el podólogo, sino que ha de hacerse del modo más natural posible, es decir, caminando y moviéndose en libertad. Otros amigos, no profesionales, se están animando a dar el paso también, y para mi es una gran alegría saber que algo de responsabilidad tengo en ese cambio.

También me ha pasado el caso contrario. Hace poco un jinete que compite con varios caballos me dijo que estaba interesado en que entrenásemos juntos varios días al mes, y estaba dispuesto a traer algunos de sus caballos conmigo para que entrenásemos sobre todo cross y galope. Pero su interés se desvaneció en cuanto vio que mis caballos estaban descalzos. De repente, dejó de fiarse de mis métodos. Yo en ningún momento le hice apología del “barefootismo”, simplemente le expliqué que un caballo descalzo es más ágil, está más equilibrado y es propenso a sufrir menos tipo de lesiones y cojeras, pero ni siquiera le plantee la idea de que descalzara los suyos, pues se que es algo que los propietarios deben hacer por propia iniciativa y porque crean realmente en ello. Pero al hablar de cojeras se plantó y me dijo que eso era imposible, que las herraduras no afectan a las cojeras. Curiosamente, como otros tantos jinetes, antes de que saliera el tema del herraje, se quejaba de la cantidad de cojeras que afectan a sus caballos. Pero cuando le intentaba explicar que el simple hecho de que el cambio de apoyo en el casco que supone la herradura, puede ir provocando una lesión, solo repetía “Los caballos tienen que estar herrados”, y de ahí no salía. Es curioso, que con varios jinetes profesionales o semiprofesionales que he hablado del tema, todos dicen la misma frase, pero ninguno es capaz de argumentar nada en contra del casco descalzo. Para ellos, herrar los caballos es algo que se ha hecho de toda la vida y punto.

A mi, el casco, es un tema que me apasiona, y estoy documentándome todo lo que puedo. Leo la página web de Albert Villasevil (que tiene una cantidad de información utilísima) y la de Rafa Caparrós, de quien conservo todos sus artículos de la revista Galope, así como artículos de revistas inglesas y americanas que hablan del casco descalzo. Me estoy comprando bibliografía, incluso de libros para herradores (hay algunos muy buenos y con una información sobre el casco en general muy interesante). Conocer el casco nos obliga a conocer mejor al caballo, sobre su nutrición y condiciones de vida, y a mi ambos temas me parecen apasionantes. Un caballo más sano y más feliz es un caballo que rinde mejor en definitiva.

Conclusiones finales:

No me interesa hacer apología del barefoot ni me dan comisión en ninguna institución barefootiana. Es decir, no pretendo convencer a nadie de que deje descalzos a sus caballos. Pero mi experiencia ya va por dos años y pico, y los resultados hasta la fecha, inmejorables. En mi caso, soy consciente de que al poder tener los caballos en libertad y en una finca donde hay varios tipos de terreno, tengo un gran aliado.

Aun me surge una duda a nivel de rendimiento, en cross country, en las cuestas abajo de las pistas con mucho verde, sobre todo si ha llovido. Yo en casa galopo con el campo verde, pero es cierto que lo hago a un ritmo tranquilo, y tampoco tengo que hacer frente a obstáculos en cuesta abajo del calibre de los cross de Badminton y similares (mis obstáculos serán de la dificultad como mucho de un nivel 0*). Y cuando el campo está muy mojado, en cuestas abajo pronunciadas, voy con cuidado o incluso las evito. Quizás aquí, para no tener que herrar solo por el hecho de poner ramplones, se podría poner algún tipo de botas con mucho agarre. No puedo hablar de esto porque aun no he probado las botas en estas situaciones. Cuando las pruebe, contaré el resultado,

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Recuperación física y mental de una potra de 5 años. Balance seis meses después.

Conque es la segunda yegua de mi proyecto personal de recuperación y entrenamiento de caballos de deporte que hayan caído en malas manos. Y la verdad, no me podía imaginar, que me iba a costar tanto esfuerzo el haber llegado a una situación de “cierta normalidad”. Ya lo había hecho un año antes con la primera yegua del Proyecto Athenea, y cuyo estado de desnutrición al llegar a mi casa era incluso peor, pero con esta nueva yegua, tendría que hacer frente a situaciones que no me imaginaba. Por supuesto hay que seguir mejorando y trabajando, pero la primera fase del videojuego, ya la he pasado.




Antecedentes:
Cómo la mayoría de cosas que se hacen con el corazón en lugar de hacerlas con la cabeza, todo  fue un poco precipitado. Al tener noticia de que había una yegua en un estado deplorable que según me habían dicho era hermana de mi primera yegua, aproveché que el Cura estaba pasando unos días en casa y fuimos a verla. La verdad que poco había que ver. La yegua, o más bien potra (hizo los cinco años días después de llegar a mi casa) estaba en un corral junto a otra pobre yegua, las dos pasando hambre. Llena de mataduras, un pelo que evidenciaba haber pasado bastantes penurias y con todos los huesos visibles, no pudimos más que apenas verla caminar y dar unos trancos de trote precipitadamente y muerta de miedo.

La yegua venía en un estado de puntuación en la escala BCS (Body Condition Scoring creado por el Kentucky Equine Research) entre el 2 y el 3 (la primera yegua llegó en un estado entre el 1 y el 2). Teniendo en cuenta que el número ideal es el 5, y que el peor es el 1, os podéis hacer una idea. Esta escala va del 1 (estado extremo de delgadez) al 9 (caballo extremadamente obeso). La verdad es que no soy muy de poner fotos de esos momentos, de hecho apenas tengo algunas para mi archivo personal.

Al llegar, no pude dejar suelta la yegua con los otros caballos que en ese momento tenía en el campo, ya que no la aceptaron en la manada y la potra no estaba en condiciones ni de defenderse ni de salir corriendo cada vez que los otros se le echaran encima, y de hecho, le dieron en cuestión de segundos una cantidad de mordiscos que tuve que meterme en medio como si fuera una pelea de pit-bulls. Por otra parte, por suerte la primavera había sido generosa y tenía los prados a rebosar de un pasto que la potra iba a coger con muchas ganas, aunque poco me imaginaba yo en ese momento que no le servirían de mucho hasta pasado un tiempo.

Desde el primer día, con el trabajo que me esperaba con esta yegua a nivel mental, pronto me di cuenta de que me había metido en un “fregao considerable”. Con mi primera yegua del proyecto Athenea, tuve que hacer frente principalmente a problemas fisiológicos, derivados de la desnutrición (estaba totalmente cerrera y no habían intentado domarla), pero con esta nueva yegua, tuve que enfrentarme a sus problemas de conducta, ya que a ella, sí que habían intentado domarla (poco y mal) lo cual supe al ver unas manchas de pelo blanco en la zona de la cruz (de las que no me percaté el día que fui a verla), y al ver lo que ocurría cuando tiempo después intentaba darle cuerda (un auténtico circo), y ni os cuento, su reacción el primer día que me vio aparecer con una montura (creo que si se le aparece un tigre negro y con los ojos rojos no se pone tan nerviosa).

También ha sido la primera vez que un caballo ha querido morderme con verdadera mala idea. No llevaba ni dos semanas en casa, cuando tras ponerle el pienso, le traía su ración de alfalfa y justo en ese momento, se me tiró al cuello con la boca abierta y con evidentes ganas de hacerme daño. Aunque potra, mide más de 1,70,  y para ponerle la alfalfa en el comedero, tuve que pasar justo a su lado. Mi entrenamiento en Artes Marciales me ayuda mucho a la hora de montar a caballo, así como a nivel mental para no usar nunca la violencia con los caballos que manejo. Pero esta vez me sirvió para repeler el ataque de una yegua que pensó que yo era una amenaza para su comida y que no dudó en lanzarme su enorme cabeza con su dentadura abierta hacia mi cuello o mi cara, que era lo que tenía más cerca. Por puro acto reflejo, repelí el ataque con un golpe de “tensho”, un golpe que se da con la mano abierta y que impacta con la palma de la mano. Le di en la parte superior de la dentadura y en los ollares, y se pegó tal susto que retrocedió de un brinco y se quedó quieta mirándome con la cara en alto, con esos ojos blancos que ponen los purasangres cuando miran de reojos a algo que les asusta. La calmé para que se acercara de nuevo a comer, y desde entonces, nunca ha vuelto a hacer nada similar. Cada día, hemos ido avanzando en nuestra relación y a día de hoy, su carácter ha mejorado infinitamente y es mucho más confiada. Os hago un breve resumen de lo que ha ocurrido en estos seis meses y d las pautas que he seguido.



1_Manejo y modo de vida:

La yegua la traigo a finales de Mayo. Desde entonces ha vivido en libertad la mayor parte del día en prados y cercas. Eso sí, hasta hace un mes y medio que pude solventar el problema, periódicamente me veía obligado a guardarla en un corral porque en las orillas del riachuelo que atraviesa la finca, siempre crece hierba, y en cuanto la comía, empezaba a estercolar líquido sin compasión. Tenía que meterla en el corral y suministrarle una dieta astringente a base de paja y salvado de trigo principalmente, lo cual era una faena, ya que eso impedía que la yegua siguiera ganando peso. En cuanto la soltaba y probaba la hierba, vuelta a empezar.

Desde que empecé la nueva dieta y con ella conseguí restablecerle la flora intestinal, pasa varias horas al día en el prado comiendo verde ahora que las lluvias han permitido que crezca la hierba con fuerza. El ritmo de vida y de trabajo suele ser:

8:00h: se le pone el desayuno y al acabarlo se suelta en el prado hasta las 12 o 12:30 aprox.
Entre las 12 y las 13h: sesión de trabajo. Calentamiento de 10-15 minutos, 30-35 de más intensidad y sesión de enfriamiento de 15 minutos al paso. Aunque ahora que la yegua va mejorando cada día, voy subiendo el periodo de alta intensidad a cada vez más minutos.

Entre las 13 y 14h, al terminar su sesión de entrenamiento, se suelta otra hora más en el prado para que se estire, se revuelque, coma y haga vida equina plena.

Entre las 14h-15h: se lleva al corral y se le da una toma de heno de avena.

Entre las 16-17h: se suelta de nuevo en el prado.

A las 18h aprox., se lleva de nuevo el corral, donde se le pone la cena y pasará la noche, hasta el día siguiente después del desayuno.

Se ha desparasitado 4 veces desde que llegó, con los siguientes principios activos (llegó estercolando todo tipo de parásitos y larvas), con los siguientes principios activos y por este orden: (Ivermectina+praziquantel / Hapasil (Netobimina) / Ivermectina+praziquantel). En Agosto se le dio además una jeringa de antiparasitario natural de Múhldorfer vet, llamado Parasitex.



 2_Balance del estado físico:

La yegua no solo ha tenido que hacer frente a la severa desnutrición con la que llegó, sino también a la piroplasmosis que traía, que por suerte se ha tratado con éxito. En el primer mes mejoró a nivel de peso, pero después, a pesar de seguir una dieta especial y estar en prados con heno de pasto a libre disposición, se estancó. Iban pasando las semanas y apenas la veía ganar un kilo. En ese estado, no quería empezar con ella ni la doma más mínima de trabajo a la cuerda, ya que además tenía toda la zona del dorso y la grupa bastante escasa de musculatura, y en un par de ocasiones que probé a moverla un poco, para ver qué tal respondía a nivel de comportamiento, tuve que dejarla porque se fatigaba muy rápido.

Empecé a desesperarme. El año anterior, con mi otra yegua, a pesar de que llegó peor a nivel físico, en tres meses pegó un cambio considerable. El problema era que si la tenía suelta en el prado, comía hierba y al día siguiente amanecía con diarrea. Y si la tenía guardada para que no comiera hierba, a base de paja y salvado, tampoco iba a ganar peso, y es más, empezó a venirse atrás, lo cual no me estaba gustando nada.

Curiosamente, la solución fue mucho más fácil de lo que imaginaba. Recordé que el año pasado en SICAB conocí a la distribuidora española de los piensos alemanes Mühldorfer y en el catálogo que me dejaron hablaban de las ventajas terapéuticas de sus piensos. Y en efecto, en concreto el Revital estaba diseñado para evitar heces acuosas, gases y en definitiva restablecer la flora intestinal. Pedí si me podían mandar unas muestras antes de hacer el desembolso, y si no lo veo, no lo creo. En tres días de empezar a probar el pienso, la yegua empezó a estercolar con forma y con regularidad. La solté entonces para ver si soportaba la prueba de la hierba, y desde entonces hasta ahora, y eso que por aquí ya ha crecido bastante la hierba con las lluvias, la yegua pasa varias horas al día pastando en el prado, y además ha ganado bastante peso, y su estado general, va mejorando día a día, en el brillo del pelo, en su carácter y buena disposición al trabajo, ya que por fin, en el último mes, al mejorar su peso y su salud en general, he podido empezar a entrenarla con continuidad. Evidentemente, todo el problema se debía a que la yegua, a pesar de que desde que llegó tuvo a su disposición una estupenda dieta, tenía la flora intestinal por los suelos, lo cual imposibilitaba que su sistema metabólico nunca estuviera en orden, y de ahí las diarreas continuas y la imposibilidad de ganar peso.



3_ nutrición:

En este momento, la yegua come lo siguiente:

Desayuno: 250 gr de salvado de trigo + 1 kilo de Mühldorfer Revital (después come heno de hierba en el prado)

Almuerzo: 2 kg aprox de heno de avena

Cena: 2 kg aprox de heno de avena + medio kilo aprox de alfalfa

A lo largo de la semana, en el pienso le suelo combinar un día un par de zanahorias, otro algarrobas (2 o 3 máximo), otro una o dos manzanas, también alguna naranja de vez en cuando, y con bastante frecuencia un par de dientes de ajo (antiparasitario natural y con otros beneficios para el organismo). No suelo abusar de estas golosinas frutícolas, ya que algunas tienen mucho índice glucémico. Ahora que es la época de la bellota, pues también les doy algunas, pero sin abusar tampoco, aunque es algo que les encanta a todos los caballos.

Para muchas personas, echar un kilo de pienso a un caballo es demasiado poco, y más si hablamos de caballos grandes y con físico masivo como es el caso de esta yegua. Bien, pues varios argumentos son los que puedo añadir al respecto:

-          El primero es la evidencia. En un mes que llevo echándole el kilo diario de Revital, la yegua ha ganado más peso que en los cinco meses anteriores. No solo ha ganado peso y musculatura en general, sino que por fin tiene el pelo homogéneo y brillante, y a pesar de que ha sacado el pelo de invierno, es un pelo precioso y sano.



-          Caballos en régimen de trabajo medio, es decir, la mayoría de caballos de deporte, y no digamos ya los de ocio, no necesitan más de un kilo o kilo y medio/día si no trabajan más de una hora. Solo los de raid y los de completo de muy altas exigencias tendrán demandas de más cantidad, y pasar de los cuatro kilos diarios ya es una locura. Eso sí, tiene que ser un buen pienso. En lugar de dar 6 u 8 kilos diarios de pienso y poco forraje, es mucho mejor dar dos kilos de pienso y 8 de forraje, ambos de calidad. Lo que os puedo decir es que la yegua ya está trabajando sesiones de una hora de entrenamiento y tiene fuelle para mucho más, no se fatiga y lo que es super-importante: no tiene una explosión de potencia incontrolada en los primeros diez minutos de sesión y al rato le pesa el culo como le pasa a tantos caballos alimentados con muchos más kilos de pienso. Puedo llevarme 50 minutos con ella que sigue teniendo la misma disposición y ganas de trabajar que al principio. En esto influyen dos factores fundamentales: que mi entrenamiento ha sido muy progresivo y que la nutrición de la yegua va por buen camino.

-          El precio: sale más económico echar un kilo de pienso al día de una buena marca que no cuatro o seis de una marca dudosa. El saco de Revital es cierto que sale a 42 € el saco de 20 kilos. Pero uso un saco y medio al mes, es decir: 63 € al mes. Y a cambio la yegua ha conseguido un estado que en cinco meses no había ganado. ¿Cuánto vale la buena salud y el rendimiento óptimo? Por otra parte, usaré este pienso un tiempo como tratamiento y después pasaré a otro más económico de la gama Mühldorfer, aunque seguiré la misma pauta, un kilo o a lo sumo un kilo y medio cuando suba el nivel de exigencia de entrenamiento, y el resto forrajes.
-          El exceso de almidón (que viene en la avena, cebada, etc), cada vez demuestran más estudios que es pernicioso en general para todo el metabolismo del caballo. Y eso se refleja en los cascos, en el comportamiento, etc.

-          El sistema digestivo del caballo es incapaz de asimilar grandes cantidades de pienso. Desarrollado durante siglos para comer forraje (y forraje pobre por lo general), el sistema digestivo del caballo cuando se ve inundado por grandes cantidades de pienso, como no tiene mecanismos para sintetizar tanta cantidad, directamente lo expulsa, por lo que aprovecha solo una parte. Con lo cual, no solo estamos sometiendo a un sobre-esfuerzo al metabolismo del caballo, sino que estamos literalmente, tirando la mayor parte del dinero del pienso en el estiércol.
-          Ya sabemos que la sobre-alimentación con pienso, conduce a problemas como resistencia a la insulina, obesidad, estrés, etc.

Podría seguir argumentando más cosas a favor de lo que supone la nutrición basada en poca cantidad de pienso y mucho forraje, pero creo que estas razones son de bastante peso y a fin de cuentas, en este artículo estoy haciendo un balance de todo aquello que me ha permitido evolucionar con la yegua para que pueda ser de utilidad a aquel que se encuentre frente a un caballo en una situación similar. Tan solo añadiré que desde luego lo que no vale es echar un kilo de avena y nueve de paja. La paja solo aporta fibra y ningún nutriente apenas, y la avena de por sí, no podrá suplir las necesidades más básicas del organismo de un caballo. Es por eso que mucha gente sigue con la idea fija de echar seis o más kilos de avena o del pienso rebujina de turno, porque para poder mantener el peso de un caballo, necesitan echar mucha cantidad al ser piensos insuficientes a nivel de nutrición general y ni hablemos de vitaminas y aminoácidos.


4_estado mental:

Indudablemente, un animal que no se encuentra bien, no puede responder con buena voluntad al trabajo físico. Si además, viene de sufrir un manejo o una doma inadecuada y que le haya producido resabios, pues peor aún. A sabiendas de esto, no me he planteado hasta que de verdad he visto la yegua mejorar, empezar con un entrenamiento suave y progresivo. Si la mayoría de jinetes y propietarios tuviesen esto en cuenta, dejarían de sorprenderse tanto porque de repente un caballo rehúsa al hacer frente a un salto o se defiende de cualquier modo en cuanto una situación le exige más de la cuenta. El estado de salud de un caballo no se expresa solo por su apariencia física de mayor o menor peso, sino que puede tener dolores y compensaciones que permanezcan ocultas al ojo del inexperto (es decir, la mayoría de nosotros). Igualmente, es fundamental hacer analíticas periódicas, para valorar lo que corre por las venas de nuestro caballo.
Como digo, debido a que la yegua no ganaba peso por sus diarreas periódicas, no quería ni siquiera empezar a trabajar con ella a la cuerda para no fatigarla (ni para acelerar su motilidad, ya que en cuanto empezaba a darle un poco de cuerda aunque fuera al paso, estercolaba una y otra vez), y simplemente me limitaba a la doma más básica para el manejo: cabestrear y que se dejara coger y poner la cabezada de cuadra, ya que cuando fuimos a verla tenía un ronzal de varios metros de largo y una cabezada de cuadra vieja y raída que le había provocado varias mataduras en la cara, al pisarse el ronzal continuamente. Este ronzal largo evidenciaba que la yegua no se dejaba coger y que ese sería el primer problema de doma básica y manejo a solventar, ya que mi idea era que viviera en libertad desde que llegara. Así que en los primeros meses, mi trabajo con ella se limitó a que fuese confiando en mí y se dejase tocar por todos lados, poder ponerle una manta, etc.

Eso sí, me tocó solventar un problema curioso y que sería largo de explicar cómo solucioné (lo detallaré en un artículo aparte), pero la yegua tenía la costumbre en cuanto la metía en su corral para comer, de patear el cubo de la comida y tirarla, manoteaba el agua hasta prácticamente vaciarla y se ponía a pegar manotazos en la puerta y en la valla sin compasión. La verdad que las primeras semanas fueron un poco desesperantes porque no sabía qué hacer con ella. Si la dejaba con los otros caballos, estos le podían zar una zurra de la que no podía defenderse ni huir por su pobre estado físico. Si la llevaba a un corral aparte, al verse sola, se ponía histérica y tiraba toda la comida, el agua y golpeaba todo lo que tuviera a su alcance.

Supe entonces que me había metido en un jaleo considerable, ya que me esperaba un duro trabajo por delante y no fácil, hasta que esta yegua recuperase su salud no ya solo física, sino mental. Recordé entonces el libro de Buck Branaman, y su método de educar a los caballos haciéndoles que confíen plenamente en él, para que posteriormente, puedan confiar en sí mismos.

Así que lo primero que hice fue ganarme su confianza y que a mi lado, se sintiera segura y no se volviese loca en cuanto perdía de vista a los otros caballos. Una vez conseguí esto – que no fue cosa de dos días – empecé a trabajar con ella la seguridad en sí misma, y que pudiera estar en calma ella sola sin mí. Tampoco fue fácil, y sería demasiado largo contar la cantidad de anécdotas vividas en este sentido, pero al final lo conseguí y ya puede quedarse en su corral el tiempo que haga falta, y en lugar de tirar la comida se la come tranquilamente, y hay veces hasta que se echa para dormirse una siesta, lo cual es indudable signo de relajación.

Evidentemente, el instinto de manada y de estar junto a otros de su especie, nunca desaparece en un caballo, sobre todo en aquellos que vienen de situaciones extremas, pero si puedes llegar a un mínimo de confianza en el que poder hacer una vida normal junto a ese caballo. Al principio era imposible que comiera si no veía a otros caballos porque o bien tiraba toda la comida o bien directamente se ponía tan histérica que ni miraba la comida y se ponía a relinchar y a trotar bufando. Y así para todo, si no veía a los otros caballos, era imposible cepillarla porque no se dejaba de mover y podía ser hasta peligroso porque te arrollaba. Rompió varios mosquetones tirando porque tampoco se dejaba amarrar si no había otro caballo cerca amarrado…en fin. Como colofón, para mí, el mayor logro es que cuando me ve, me relincha y viene hacia mí. Ya puedo acariciarla por todo el cuerpo, ponerle una cabezada de cuadra y llevármela de paseo por ahí que aunque no vea otros caballos, viene conmigo tranquila y relajada.



5_Entrenamiento.

Como he contado, en los primeros cuatro meses y medio, apenas he podido darle un entrenamiento continuo, ya que ni tenía el peso que yo consideraba mínimo deseable y además era evidente que cualquier mínimo esfuerzo le suponía un gran coste. En efecto, a los tres meses de estar aquí, le hicimos una analítica y los datos arrojaban una producción de lactato totalmente desorbitada (un valor de 2,4), lo cual evidenciaba que la pobre, aun sin ni siquiera trabajar, simplemente caminando arriba y abajo, iba comida por las agujetas.

Aun así, necesitaba trabajar una serie de cuestiones mínimas de manejo para poder moverla con tranquilidad, ya que al principio incluso se negaba a cabestrear y se quedaba plantada y soldada al suelo. Cuando ya empecé con el entrenamiento a la cuerda, como me temía, salía totalmente loca y descontrolada. Por aquí por el sur, aún hay mucho garrulo que confunde el trabajo a la cuerda (lo sigo viendo cada semana en mis periplos por fincas y cuadras de Andalucía) con hacerles dar vueltas a todo galope sin ton ni son a trallazo limpio y con una montura destartalada golpeándoles el dorso. Y como suele ser usual, a mano derecha, son todo problemas. Es lo que suele pasar porque la mayoría de personas, al llevar los caballos del diestro, siempre van a la izquierda, con lo que sin darse cuenta, acostumbran a los caballos a que el humano vaya siempre a su izquierda, y el día que queremos hacer algo con los caballos desde el lado derecho, no están habituados y no guardan bien las distancias, se asustan, se aceleran, etc.

Pero la potra, directamente, a la mano derecha, ni iba, simplemente se retorcía y tiraba para atrás. Viendo que no tenía manera de que rompiera hacia adelante (no tengo picadero redondo, que es de mucha ayuda en estos casos), le cogí la cuerda bastante corta y le di un toquecito de tralla en la grupa…craso error. Con los ojos blancos y la cabeza arriba del todo empezó a tirar y a escaparse de mí, y al ver que cada vez la cogía más corta, estuvo a punto de echárseme encima…así que viendo que aquello no iba a ningún sitio, me acordé de lo que me dice siempre mi maestro de Kárate: “no hay mejor combate que el que no tiene lugar”.

Así que la calmé, y dejamos la sesión de cuerda. Al día siguiente, me fui a una parte de la finca que tiene una pared de piedra y empecé con mucha calma, desde su derecha a pedirle que fuera caminando a mi lado, a la vez que con mi cuerpo, yéndome a los cuartos traseros, le pedía impulsión. A su izquierda la pared de piedra, y a su derecha, yo, no le quedaría más remedio que salir adelante…pues no fue tan fácil. Al principio se negaba y reculaba. Alguna experiencia muy negativa vincularía ella con el avanzar a mano derecha, que se negaba. Por supuesto, la tralla quedaba descartada porque en cuanto me veía acercarme con ella se ponía como una loca, así que entre la ayuda de la pared, el lenguaje de mi cuerpo y mucha paciencia, cada día le pedía unos pasitos adelante. El primer día me conformé con un par, al siguiente un poco más, y así, sucesivamente, dejando que siempre ella en todo momento se diera cuenta de que no le pasaba nada malo por avanzar a mi izquierda, siempre sin forzar ni pegar.

En poco tiempo ya podía tenerla trabajando pie a tierra y eso me permitía poder empezar con ella a entrenarla en mi gimnasio hípico, cosa que estaba deseando. Con la nueva alimentación y el entrenamiento de gimnasio, la yegua ha pegado un cambio físico considerable, ganando una musculatura que hace un par de meses me parecía impensable. Combino por lo general, la rutina de entrenamiento de la potra, con un par de días a la semana de trabajo en el gimnasio, un par de sesiones de trabajo a la cuerda en pista llana, otro de trabajo a la cuerda por cuestas, y uno de trabajo en riendas largas. Con las riendas largas me la llevo al terminar el entrenamiento de paseo por ahí para que aprenda a desenvolverse sola sin otros caballos delante y sin ninguna persona que la lleve de un ronzal y para que así vaya ganando más confianza cada día en sí misma. A día de hoy, los resultados en todos los aspectos son inmejorables.
Como he comentado antes, la primera vez que me vio con una montura se puso como loca, así como las veces siguientes. Indudablemente, no tuvo que ser una experiencia agradable para ella lo que le hicieran al ponerle la montura anteriormente.

Conclusión:

Cada día tengo más claro que a caballo ir lento, o más bien, al ritmo que cada caballo nos exija, es el camino más recto para después poder progresar del mejor modo posible. En caballos que vengan de condiciones de vida saludables y sin resabios es super-importante. Con caballos que vengan malnutridos y que además los hayan tratado mal, es imprescindible.
¿Y por qué con esta segunda yegua me ha costado el doble de tiempo que la primera llegar a un estado de cierta normalidad, aun no estando tan mal a priori? Creo que el año más de desnutrición que llevaba en el cuerpo, le había pasado factura. Imagino que a mayor tiempo en condiciones infernales de vida, más trabajo cuesta recuperarlos y más daños a nivel del organismo que después más costará que vuelvan a funcionar con normalidad.

El sacar adelante caballos que vienen en tan mal estado, es muy duro, aunque altamente gratificante. Pero hay que tener una gran paciencia, estudiar mucho (la de libros y artículos que me he leído sobre entrenamiento, nutrición y fisiología equina en este año y pico para mí se quedan) y tener ciertos medios físicos. En mi trabajo, me ayuda mucho el poder tenerlos en una finca en la que viven en libertad. El campo les ayuda mucho mentalmente a reencontrarse con su vida de caballo. Estoy seguro que si tuviese los caballos en cuadras, me costaría mucho más trabajo todo esto. Pero hay que saber tener visión de futuro, y ver en ese esqueleto rodeado de pelo feo, el espíritu de un caballo que tú has de ayudar a que se recupere y salga con todas sus ganas. Cuando ahora las veo galopando en libertad y relinchando, hay días que se me saltan las lágrimas al contemplarlas. Yo había tenido antes otros caballos pero nunca me imaginaba que terminaría haciendo estas cosas propias de los domadores tipo horsemanship, como el ponerme a correr y que empiecen a seguirme, botándose y relinchando, jugando los tres en manada arriba y abajo. Sinceramente, hace un par de años hubiera dicho que eso era imposible. Ahora lo vivo cada día.

Si te planteas recuperar un caballo, por último déjame decirte que para los primeros días, has de tener mucha paciencia y amor con ellos. Con mis dos yeguas me ha pasado exactamente lo mismo: en la primera semana les preparaba un suculento pienso, condimentado con zanahorias y otras golosinas que cualquier caballo devoraría en segundos… y ellas ni lo miraban. En esa primera semana, parecen caballos zombies. Apenas se mueven, no les apetece nada, y pueden hasta permanecer impasibles ante otros caballos. Cuando su estado físico está tan bajo mínimos, entran en un modo de reserva de energía que les hace desactivar montones de funciones fisiológicas. Con estas dos yeguas, me ha pasado exactamente lo mismo en los primeros días: con su cara triste, lo único que querían comer era algo de paja y avena. Supongo que era a lo único que su paladar estaba acostumbrado. Pero poco a poco se les va abriendo al apetito y todo empieza a ser cada día un poco más fácil. Ahora, cuando recibo visitas de personas que no saben la historia de mis yeguas, me pongo como loco cuando me dicen: “vaya yeguas fuertes que tienes”, o “se las ve en muy buena forma” o “vaya dorsos…”.  Y cuando después de oír los piropos les cuento cómo estaban, les cuesta creerlo. Ahora, sigo disfrutando día a día de su entrenamiento y sigo estudiando y aprendiendo sobre puesta en forma equina.


viernes, 16 de octubre de 2015

Entrenamiento del jinete II: ganar resistencia

Este artículo se publicó en la revista Galope nº 77

Tras la introducción hecha en el artículo anterior, pasemos a describir las rutinas de entrenamiento que nos llevarán a una equitación más plena. Ahora bien, es muy importante tener en cuenta que no propongo que tengamos que convertirnos en atletas de élite, y por supuesto, no es necesario contar con un físico excepcional. Precisamente se trata de que sea cual sea nuestra condición física actual, con el entrenamiento propuesto aquí, solo iremos a mejor físicamente, y lo notaremos en todos los aspectos de la vida, y cómo no, a caballo.

 Estas rutinas de calentamiento y estiramiento son necesarias al practicar carrera continua, y también nos beneficiarán enormemente a la hora de montar por la elasticidad que nos otorga, además de prevenir tirones y lesiones. Igualmente, estos y otras técnicas de calentamiento y estiramiento, son muy beneficiosas antes y después de montar. 


Animado por los comentarios recibidos por diferentes lectores de mi primer artículo sobre el entrenamiento del jinete, voy a seguir trasladando todo aquello que a mi me funciona para que el máximo de personas posible pueda también aprovecharse de ello. En mi caso, he de aclarar que mi línea de investigación en este campo viene por dos vías diferentes:

.La primera obedece al estudio que he hecho del tema, consultando bibliografía específica de entrenamiento del jinete (por lo general de otros países, ya que en España hay muy poco del tema)

.La segunda, corresponde a mi experiencia practicando deporte regularmente desde la infancia. A día de hoy, combino la práctica de la Equitación con mi entrenamiento de Artes Marciales (Karate y Kobudo), yoga, así como trail-running y ligeras rutinas con pesas. Y aquí es donde encuentro la gran diferencia con muchos jinetes, sobre todo los de cierta edad, ya que nunca han entendido la equitación como un deporte que necesite más entrenamiento físico del que practican a caballo, a lo cual se suma que en general, no han hecho otros deportes, por lo que carecen de hábitos como el ir al gimnasio, estirar, correr, etc. Por suerte, esta tendencia se está revertiendo y los jinetes más jóvenes de alta competición, si que entrenan. Un claro caso es Juan Matute Jr., quien compagina su entrenamiento a caballo con entrenamientos deportivos fuera de las pistas. Y está claro que le funciona, no hay más que ver sus resultados y su equitación. Esperemos que el ejemplo se extienda, ya que muchos jinetes se obsesionan con el entrenamiento de sus caballos pero se olvidan del suyo propio, y si descuidan su cuerpo, nunca podrán manejarlo con soltura y por lo tanto nunca llegarán a sacarle todo el partido a un caballo, por más entrenado que esté este.



Por otra parte, parece ser que a muchas personas les ha parecido de pura lógica lo que comentaba en el artículo anterior. Simplemente, no habían caído en la importancia del entrenamiento pie a tierra, porque nunca nadie se lo había dicho, y sobre todo, “porque de toda la vida nos hemos limitado a montar y punto”. Y parece ser que lo que les ha hecho abrir su mente para incorporar a su equitación un entrenamiento complementario, ha sido mi comentario sobre que futbolistas, tenistas y demás deportistas entrenan combinando diferentes actividades deportivas.

En ese caso, y esperando que sirva para que cale aun más este modo de ver la equitación, os propongo retomar el caso del deporte rey y que miréis el físico de los futbolistas actuales. No suelo ver partidos de fútbol, pero en las noticias suelen salir imágenes de futbolistas que se quitan las camisetas al marcar un gol. ¿Y qué podemos ver? Unos físicos de auténticos atletas. Ahora os sugiero que busquéis en Internet imágenes sobre futbolistas de los años 60… a ver qué cambios notáis. Veréis a unos jugadores algunos hasta con barriga, y que incluso fumaban después de un partido. Este cambio sin duda, viene propiciado por la mejora general genética humana (ahora somos más altos, más atléticos, vivimos más…), todo ello propiciado por la propia evolución, la mejora alimenticia y de condiciones de vida, y como no, de los avances logrados en materia de entrenamiento.

Esta mejora radical la podemos observar también en policías, bomberos y cuerpos de seguridad en general. Se tratan de verdaderos atletas, y no hay más que mirar a las exigentes pruebas de acceso a estos cuerpos. En cambio, de pequeño recuerdo los policías que veía por la calle: casi todos tenían una panza enorme y hacían sus rondas siempre fumando, por lo que dudo que pudiesen atrapar a cualquier delincuente que saliera corriendo. En cambio, los bomberos, policías y guardias civiles de hoy en su mayoría, son auténticos amantes y practicantes de deportes muy exigentes. ¿Y por qué insisto en ejemplos que van desde el futbol a los distintos cuerpos de seguridad? Porque aunque es evidente que todo aquel oficio que requiera del físico ha cambiado drásticamente en su modo de enfocarlo, parece que una buena porción del mundo del caballo, y sobre todo en Andalucía, se empeña en seguir haciendo las cosas cómo se han hecho siempre. Para ellos, es como si el mundo no hubiera evolucionado. Jinetes que ni de lejos, se plantean que la Equitación es un deporte. Pero aunque ellos sigan encerrados en su planeta inamovible, la realidad es que a nuestro alrededor ha cambiado el mundo más en los últimos 30-50 años que en toda su Historia. Hemos de contagiarnos de esos avances, y trasladarlos a jinetes y caballos. La equitación y el mundo del caballo se merecen ese progreso.

Así pues, hoy día, sabemos que no hay deporte en el que no se practique resistencia o fondo físico. Es de cajón: sin fondo, no hay aguante, y sin aguante, el cuerpo no responde en cuanto quemamos las primeras calorías. A caballo esto es particularmente importante: si estamos cansados nuestro asiento ya no es bueno, nuestras ayudas dejan de ser efectivas y en definitiva, mente y cuerpo dejan de funcionar correctamente.



Veamos de que modos podemos adquirir resistencia:

Correr: Para aquellas personas que no tienen experiencia corriendo y se les hace un mundo comenzar, se puede empezar del siguiente modo: salir a caminar veinte minutos a buen ritmo y de los cuales uno de ellos lo dedicamos a correr. A la semana siguiente podemos subir a un minuto y medio o dos minutos si nos vemos con capacidad. Así, hasta conseguir llegar a los veinte minutos seguidos. Si una vez llegamos corriendo con solvencia a los veinte minutos, queremos ir a más, magnífico, pero es importante tener en cuenta que para nosotros es un complemento, no un fin en sí mismo, y que debemos practicar la resistencia pero a la vez quedarnos con energías para montar. No hemos de olvidar que el hecho de correr, para nosotros es un medio para montar en mejores condiciones.
Ir andando a todos sitios donde se pueda, coger escaleras en lugar del ascensor, etc. Hay que desterrar el hábito de coger el coche para todo, ya que nuestra forma física nos lo agradecerá.
Entrenar junto a nuestro caballo saliendo a correr y caminar con él. Yo lo hago a menudo, y me sirve para entrenarme y para entrenar a mis caballos. Suelo hacerlo saliendo por el campo, llevándolos del ronzal (algunas veces lo he hecho con dos a la vez al estilo polero, pero recomiendo mejor con uno solo). Para los caballos que están en hípicas es una actividad magnífica de desconexión de su rutina de cuadra-pista-cuadra. Es además muy divertido, nos sirve para estrechar vínculos con los caballos y así pueden trabajar músculos del dorso sin el peso de una  montura y su jinete y el cuello ir libremente sin embocadura. También es una base de doma excelente, pues suelo aprovechar para cruzar riachuelos, saltar riscos, subir y bajar cuestas, etc. El que se acostumbren a todo eso a mi lado, pie a tierra, hará que cuando afrontemos obstáculos similares ya montados, no suponga menor problema.

Bici. También puede entrenarse perfectamente la resistencia con bicicleta, sea esta de carretera, de montaña o incluso estática. Yo prefiero la de montaña pues me permite entrenar por el campo, sin coches que molesten, me sirve para investigar caminos que después puedo recorrer a caballo y sobre todo, porque respiro aire puro y disfruto de la naturaleza. No obstante, en este artículo vamos a enfocarnos en la carrera, ya que requiere como única infraestructura unas zapatillas de correr.
Importante:

Se trata de correr (o el equivalente) mínimo dos días a la semana, y máximo 3, no es necesario más, para nuestra actividad como jinetes y amazonas.
Es importante calentar antes de salir a correr y después estirar suavemente y por un periodo de unos cinco minutos los músculos implicados.

Tiempo corriendo: mínimo 20 minutos (el máximo dependiendo de la condición de cada persona, aunque creo que no es necesario pasar de la hora). Para llegar a esos 20 corriendo, aquellas personas que aun no tengan resistencia, hacerlo del modo indicado anteriormente.

Pautas a tener en cuenta:

Antes de correr: calentar los músculos implicados: cuádriceps, bíceps femoral y gemelos.
Si se va a correr por la mañana temprano, no hacerlo sin desayunar, e ingerir previamente como mínimo un par de frutas o una barrita energetica.

Después de correr, estirar estos mismos músculos suavemente, sin tirones ni empujones. Se trata de llegar al límite de nuestra elasticidad con estos músculos, y aguantar entre 5 y 10 segundos. Después devolvemos el músculo a su posición inicial sin brusquedad.


* Para salidas largas al campo de trail-running recomiendo mochila con sistema de hidratación y beber un poco cada cierto tiempo. La mochila además nos permite llevar cómodamente las llaves, el teléfono, etc.

jueves, 15 de octubre de 2015

Ruta de Parque a Parque: de la sierra de Aracena a Doñana a caballo

Para finales de Octubre he preparado una ruta a caballo que parte desde nuestras instalaciones hasta el Parque de Doñana. Es una ruta de largo recorrido (130 km aprox.) diseñada para que los jinetes traigan sus propios caballos. Son cuatro etapas, en las que partiendo el lunes a primera hora desde la sierra, llegamos a Doñana el jueves por la tarde.

Las plazas son limitadas a 6, y solo quedan dos en este momento. Si estás interesado, ponte en contacto conmigo a través de la sección de contacto.


jueves, 24 de septiembre de 2015

Nueve claves para sacar el máximo rendimiento a tu caballo

En estos últimos meses, ha sido mucha la bibliografía que he leído referente a la puesta en forma equina, varios estudios consultados, infinidad de páginas web sobre el tema que he visitado, y algunas experiencias personales que he vivido. Y de todo ello extraigo una serie de puntos clave que pueden ayudar a sacar el máximo rendimiento a un caballo, y sobre todo, haciendo que dicho caballo esté más FFS (denominación que he inventado para abreviar Feliz-Fuerte-Sano).



Compramos caballos con buenos orígenes, los empezamos a entrenar esperando llegar lejos con ellos, los alimentamos sin realmente preguntarnos si le aportamos todos los nutrientes que necesitan y sin darnos cuenta nos metemos en una rueda que no tiene fin. Y en medio de esa rueda, como siempre, el caballo, sin enterarse de qué va esta película, y que va dando lo mejor de sí mismo, hasta que por “extraños motivos”, deja de entregarse, protesta o se lesiona…




Esa rueda de la que hablo, no deja de girar y en cuanto un caballo deja de funcionar se cambia por otro, y así seguimos, ad infinitum. Pero si reparásemos en ciertos detalles, probablemente, nos iría mucho mejor con nuestros caballos y por lo tanto a nosotros mismos. Los puntos a los que me refiero son los siguientes:

1_Cría y desarrollo de ese caballo. Son ya muchos los estudios que demuestran que la alimentación y el modo de vida de la yegua madre desde el momento de la gestación hasta el parto, así como en los meses de lactancia, son fundamentales. Si la yegua no está alimentada del modo correcto (y eso no significa que esté obesa y con exceso de grasa), si no tiene una calidad de vida en la que pueda moverse libremente y que viva apaciblemente y sin estrés, no podrá transmitir con éxito todo su potencial genético, por más bueno que este sea, a su cría. Esto es totalmente extensible al potro, el cual ha de comer y vivir en impecables condiciones. Si no lo alimentamos bien y no dejamos que corra y se críe en libertad total junto a otros potros, no pensemos que a los siete años será un atleta con un físico y una mente totalmente entregados a su disciplina, especialmente si esta es el salto o el completo.

Por lo tanto, antes de elegir un caballo (y sobre todo a la hora de criar o de comprar un potro joven), asegurémonos de que todo su proceso de cría y crecimiento, se ha hecho del modo correcto, ya que es el mejor modo de contar con un caballo que gozará de un sistema cardiovascular, un sistema músculo-esquelético y un cerebro sanos y en plenitud de condiciones.
¿Y qué ocurre si tenemos un caballo qué no sabemos de dónde proviene o sabemos que no se ha criado como debiera?

Lo primero en este caso es ser consciente de que podremos mejorar la “materia prima” con la que ya cuente ese caballo, pero nunca recuperar aquello que se haya perdido por el camino debido a un mal manejo y nutrición. Es entonces fundamental dar el siguiente paso:

2_Analítica. No podemos ceñirnos exclusivamente a la apariencia externa de un caballo para evaluar su estado, puesto que un caballo puede presentar a simple vista un buen aspecto, pero metabólicamente, no estar funcionando al cien por cien. Se hace necesario contactar con el veterinario para que saque sangre y la mande a un laboratorio de calidad contrastada. Ahora bien, aquí hemos de ser especialmente cautos, ya que hay laboratorios que consideran valores normales aquellos que pueden no serlo pues hacen una serie de medias en base a la estadística que han ido elaborando con el paso de los años, pero que obvian datos tan importantes como la genética del individuo (lo que en un PRE pueden ser valores normales, en un PSI no lo serán tanto), el entrenamiento o el reposo en que se encuentre, la nutrición, la edad, etc. Es por eso que debemos contactar con veterinarios especializados en la interpretación de las analíticas.

Curiosamente, este acto tan importante, es obviado por muchos propietarios y jinetes, quienes compran caballos, se ponen a entrenarlos y pasan los meses y los años y no hacen análisis de sangre, con lo que dan de comer y entrenan totalmente a ciegas. Los análisis además, son bastante baratos en comparación con la valiosa información que proporcionan.

Para un caballo destinado al deporte, lo recomendable sería hacer analítica un mínimo de dos veces al año, aunque si de verdad se le exige mucho, tres o cuatro veces sería lo ideal. Para un caballo de ocio o de deporte ocasional, una vez al año como mínimo es recomendable. Los resultados de la analítica, nos dirán si un caballo puede estar parasitado, si produce más ácido láctico de la cuenta, si está anémico, etc. Todos estos valores son los que nos dirán si debemos cambiar pautas de desparasitación, hacer uso de determinados medicamentos, y además, son las que nos permitirán proporcionarle al caballo la nutrición que necesitan, el siguiente punto.



3_Alimentar vs llenar el estómago.
Una práctica común, pero no por ello acertada, es la de dar de comer a todos los caballos de una hípica o una cuadra, la misma alimentación. Los errores son los siguientes:
-          Dar de comer a un mismo caballo la misma cantidad (de concentrado), sin evaluar la carga de trabajo que tiene en ese momento. Es decir, si vamos a tener el caballo parado o sin apenas exigirle durante un mes, no se le debe dar la misma cantidad que cuando lo entrenamos con intensidad. El heno nunca debe rebajarse, pero los concentrados, deben ir parejos al volumen de entrenamiento.
-          Dar de comer lo mismo, tanto en cantidad como en contenido a caballos tan distintos como un centroeuropeo de salto, un Hispanoárabe de paseo o un árabe de raid. Cada caballo, por su peso, edad, y necesidades energéticas según disciplina y fase de entrenamiento o reposo, tiene unas demandas nutricionales específicas. La costumbre de muchas hípicas de dar lo mismo a todos los caballos, sean de la raza que sean, hayan trabajado ese día o no, etc., es desastrosa y contraproducente.

-          4_Alimentar a ciegas.  Una frase que oigo a menudo al preguntar por la alimentación es: “Aquí echamos “esto” (tipo de pienso) y nos va muy bien, mira los caballos cómo están”. Si no hacemos analíticas, no podremos saber si con la alimentación que le damos al caballo, estamos realmente cubriendo sus necesidades, aunque visualmente presenten un aspecto “rellenito”. Mi experiencia reciente me dice además, que los piensos que se echan a granel en las hípicas, no cubren ni de lejos las necesidades equinas a nivel vitamínico, de minerales y aminoácidos, lo cual es fundamental para que el caballo metabolice bien los alimentos que ingiera, se muscule, se recupere, tenga buena salud, etc.
-          Sobrealimentar con concentrados. Tendencia de muchas hípicas, yeguadas y determinados propietarios o domadores, echando más de seis kilos de grano o de piensos compuestos. Lo que no saben, es que mucha de esa comida, el sistema digestivo del caballo es incapaz de asimilarla, y es expulsada directamente, sin que el cuerpo haya metabolizado esos alimentos. Por no hablar de los problemas que acarrea una sobrealimentación en el estado general del caballo. Las dietas en las que la proporción de concentrados  sobrepasa a la del forraje (entendiendo que en total un caballo medio ingiere unos 10 kilos de comida aprox. al día), van muy mal encaminadas.
-          Escatimar en el suministro de forrajes. En Andalucía especialmente, es común que muchos caballos coman paja como único forraje. Algo de paja puede incluirse en la dieta de un caballo, pero no puede emplearse como único forraje ya que estamos condenando a ese caballo a grandes carencias. 


5_Pedir más de la cuenta a caballos inmaduros. La cantidad de caballos extraordinarios que sufren lesiones graves, antes de los 6-7 años, es alarmante. Muchas de esas lesiones se originaron mucho tiempo antes de empezar a entrenarlos, precisamente cuando eran potros y no se les alimentó bien o no se les permitió estar en un sitio en el que pudieran moverse con libertad. Si esos potros, no hicieran una vida deportiva y simplemente se dedicaran a vivir en el campo o simplemente fueran caballos de ocio, probablemente, esas lesiones nunca aflorarían y se quedarían en simples carencias, pero en el momento que empecemos a exigirle rendimiento a un caballo, cada detalle de su vida pasada, contará y podrá maximizarse. Por desgracia, aún sigo viendo con demasiada frecuencia en Andalucía, potrillos en corrales en los que apenas pueden moverse y potros de dos años ya metidos en un box, y para colmo, sobrealimentados a base de grano.

Hemos de ser conscientes de que los caballos, evolutivamente, a pesar de que en los últimos decenios los hayamos seleccionado para ser verdaderos atletas, tienen un organismo que sufre bastante estrés  - no solo físico, sino mental – con los entrenamientos duros. En la naturaleza, los caballos viven pastando y caminando, trotan ocasionalmente, y rara vez galopan y saltan una zanja o cualquier obstáculo natural. Los herrajes, el confinarlos en boxes, las alimentaciones ricas en grano y concentrados, no contribuyen precisamente a mantener un caballo sano, sino todo lo contrario, lo merman. Si encima, los entrenamos duro, los estamos llevando al límite continuamente y las lesiones podrán aflorar en cualquier momento.

Es por eso, que hay que ser muy respetuosos con las edades de los caballos y las pautas que necesitan. Que un caballo tenga 3 años y mida más de 1,65, no significa que su cuerpo esté preparado para el trabajo duro. Yo, a día de hoy, tengo claro que no me montaría en un caballo antes de que cumpliera los cuatro años. Eso sí, a los 30 meses, lo empezaría a trabajar suavemente a la cuerda y a hacerle un trabajo de gimnasia hípica muy progresiva. Cuando llegase la hora de montarlo, con sus 4 años bien cumplidos, tendría un caballo fuerte, equilibrado, atlético y con dominio total de su cuerpo. Y aun así, iría muy progresivo en su entrenamiento montado.

Ojo también a los caballos cruzados con purasangre y centroeuropeos en general, porque a partir de los dos años suelen presentar un buen desarrollo muscular, pero eso no significa ni mucho menos, que sus tejidos duros y su sistema músculo-esquelético, estén al mismo nivel de fortaleza. Una musculatura, con el entrenamiento adecuado, puede empezar a fortalecerse en tres meses, pero los huesos, tendones y cartílagos, necesitarán años de adecuada preparación, nutrición y manejo.

Por último en este apartado, un detalle, pero de vital importancia. La gran diferencia que he observado entre los jinetes amateurs y los profesionales, los de la élite, es que estos rara vez sacan a sus mejores caballos a competir cuando son jóvenes. A lo sumo, los pistean ocasionalmente. Y de repente, en una competición, aparecen con un caballo poco conocido, de edad madura, y empiezan a obtener éxitos. Son conscientes de que no hay que abusar nunca del caballo joven. El último ejemplo lo tenemos en Jeroen Dubbledam, con su caballo SFN Zenith N.O.P. (Rash R x Fuego Du Prelet SF), el cual tiene once años y en lo que va de año, solo ha corrido seis GP’s, y gracias al cual ha ganado un disputadísimo Campeonato de Europa, llevándose dos medallas de oro en Aachen. En completo, Ingrid Klimke, una de las grandes amazonas internacionales de completo, es también muy progresiva con el entrenamiento de sus caballos y una incondicional del entrenamiento cruzado.
En cambio, los jinetes amateurs, cuando tienen un caballo bueno, se dejan llevar y se precipitan, sobre-entrenándolos…y es por eso que se oye tanto eso de “los buenos se rompen todos”. Pero no es más que simplemente, que se tiende a abusar de ellos.



6_Programar entrenamientos sin haber tenido en cuenta los puntos anteriores.
Si nos ponemos a entrenar un caballo sin saber qué es lo que corre por sus venas, si le damos de comer sin saber realmente qué necesita su organismo, si abusamos de un caballo joven o de uno adulto sobre-entrenándolo, los planes de entrenamiento nunca darán sus frutos, e incluso, podrán derivar en efectos contraproducentes.

7_Programar entrenamientos sin sentido.
Por más que hayamos hecho bien todos los puntos anteriores, no servirán de mucho si entrenamos a nuestro caballo con métodos que no lo llevarán más que a estancarse o a aburrirse del trabajo. Estos entrenamientos sin sentido son aquellos que repiten lo mismo una y otra vez, lo cual, puede ser increíblemente aburrido para el caballo en el caso de los que hacen doma un día tras otro, o puede llevarle a lesionarse en casos en los que salte al caballo con demasiada frecuencia.
No podemos olvidar tampoco el calentamiento y el enfriamiento en cada entrenamiento que hagamos con nuestro caballo, son fundamentales y no podemos escatimarles tiempo. Todos estos puntos son vitales para poder crear un programa de entrenamiento efectivo, en el que han de saber combinarse rutinas y trabajos variados.

8_Usar equipamiento anticuado o no adecuado para cada caballo. Cinchas estrechas y sin elástico a los dos lados, monturas con los bastes mal, medidas inadecuadas, usar la misma montura para caballos físicamente dispares…Todo ello provoca lesiones y algunas de ellas muy graves.

9_Olvidarse del manejo. Y por último, pero no menos importante, tampoco hemos de olvidar que para que todo lo anterior sirva, hay que proporcionar un manejo al caballo que le permita tener una vida equina general digna y saludable, lo cual incluye oler, ver, tocar y relacionarse con otros caballos, salir a menudo de su box, tratarle bien y sin violencia, etc.
Pretender que un animal herbívoro sea un atleta entregado a una causa deportiva, cuando en realidad le damos vida de esclavo o prisionero, es una utopía.

Una vez aquí, puede que te plantees qué no haces nada de lo indicado en este artículo, y te preguntes “¿Es que acaso lo hago todo mal con mi caballo?”. Te ruego por favor que no caigas en esa tentación, porque dicha actitud te llevará al inmovilismo y a no hacer ningún cambio en el manejo y entrenamiento de tu caballo.

Esto mismo me ha pasado ya con varias personas que me han pedido ayuda con sus caballos. Personas que llevan años con un mismo caballo al que no han hecho un solo análisis de sangre, al que nunca se han planteado si le podrían dar una alimentación mejor o si sacarlo el máximo posible del box le vendría bien. Cuando les planteo que debemos empezar a seguir estos pasos, se agobian, se le hace todo un mundo y al final…siguen como siempre porque se atascan. Se dicen a sí mismos que “a fin de cuentas el caballo sigue ahí”, y continúan con su rutina de siempre.

Pero no he hecho este resumen con la intención de que te agobies o te sientas mal por no hacer todo bien con tu caballo. Lo he hecho porque precisamente hasta hace no mucho yo era el primer patán de este país con su caballo, y me dejaba llevar por lo que veía hacer a otros. Preguntaba a gente sin formación ninguna qué y en qué cantidad echaban de comer a sus caballos (aún me pregunto cómo pude ser tan idiota), cómo hacían para entrenarlos y otras tantas cosas en las que metí la pata, que la lista sería eterna. Que alguien tenga experiencia, no es siempre garantía de sabiduría, pues si empezó a hacer las cosas mal en su momento, y no ha variado su método, ni ha estudiado ni se ha hecho las preguntas adecuadas, en lo único que tiene experiencia, es en hacer las cosas mal. Yo me he puesto en manos muchas veces de profesionales ecuestres así, profesionales que siguen haciendo lo mismo de siempre, que no han variado un ápice su método de domar o alimentar, que no dedican un solo minuto al año a formarse, y que no admiten un consejo de profesionales mucho más cualificados que ellos.

Hasta que decidí que pondría todo mi empeño en aprender lo que realmente necesita un caballo, y en ello sigo cada día, pasando muchas horas entre caballos y al llegar la noche, muchas horas frente a los libros, vídeos y páginas webs de referencia sobre entrenamiento, manejo y nutrición equina. En este y otros artículos, iré resumiendo todo aquello que vaya aprendiendo por si quieres beneficiarte de ello. Tu caballo te lo agradecerá.



Balance del Equipo Ocurrencias tras dos años de su creación

Cómo veníamos comentando, el pasado fin de semana marcaría un punto de inflexión en nuestra actividad como equipo desde que hace dos años, El Cura nos convocara para formar parte del equipo que quería crear.

Por un lado, aprovecharíamos para constituirnos como asociación legal, con la finalidad de promover los estudios ecuestres en nuestros país, a través de publicaciones y eventos varios.

Por otro, El Cura, daba una charla en Pineda dentro de la Gran Semana del Caballo Angloárabe, a la que acudía un gran número de personas, entre los que se encontraban propietarios, aficionados y jinetes como Albert Hermoso o Santiago Centenera.



También, hemos decidido hacer abiertas las charlas y exposiciones que hacemos entre nosotros, y en esta ocasión, lo hicimos en Hípica Campoazul. En dichas charlas, nos preparamos una serie de temas que después exponemos y debatimos entre nosotros. Los temas son variados, y en esta ocasión las charlas han girado en torno a la columna vertebral del caballo, el dorso, el rollkur, entre otros.






domingo, 20 de septiembre de 2015

Los cuatro programas especiales de radio que hemos grabado este verano

Si bien ya había dejado prácticamente de lado la actividad radiofónica para poder centrarme al 100% en mi trabajo con caballos, me ofrecieron desde la radio grabar cuatro programas especiales y decidí que sería una buena oportunidad para seguir aprendiendo y compartiendo con más personas algunos de los conocimientos y vivencias de los profesionales y gente especial a la que voy conociendo gracias a los caballos.

Han sido cuatro programas que he disfrutado mucho preparando y grabando, de temas muy diversos, pero que como siempre, giran en torno al caballo. 


Entrevista a Paco Ortiz, en el primer programa. Paco se ha recorrido a lomos de Manguara, la distancia que va desde el Rocío, hasta Amposta.



Programa especial sobre Educación Asistida con Caballos, con Eva Terceño, de Equine Powering Management.


Programa dedicado a la nutrición del caballo, en el que Luis Poveda Pierola, veterinario nutricionista nos habla de cómo ha solucionado problemas en caballos como lesiones y cojeras gracias a un cambio en la nutrición de ese caballo.


Programa que dedicamos a las lesiones que podemos producir a nuestros caballos por el uso de equipo inadecuado, o bien por que el mismo se encuentre en mal estado, o sencillamente porque no se adapta a la fisonomía de nuestro caballo por medidas o dimensiones. Con Marta García Piqueres, veterinaria especialista en medicina deportiva equina, fisioterapeuta equina y amazona de salto.