lunes, 4 de marzo de 2013

Reflexiones ecuestres: ¿Qué tienen los caballos?

Supongo que sobre este particular, muchos habrán sido los que han reflexionado, y yo, sin duda, que lo he hecho en no pocas ocasiones. Pero tras este fin de semana, más aún, en unos días en los que debido a la festividad que celebraba Andalucía, nos hemos reunido unos cuantos amigos en el campo. Amigos llegados de distintas partes del país y del mundo, y  con profesiones y aficiones que nada tienen que ver con las inclinaciones camperas de un servidor. La gran mayoría no ha tenido contacto anterior con caballos, pero al estar allí y tenerlos cerca, quieren acercarse, acariciarlos y hacen preguntas sobre su comportamiento, alimentación, etc. La simple visión del caballo pastando es relajante, y me atrevería a decir que casi terapéutica.

Hoy día, son numerosos los estudios que están profundizando en este particular, y lo que vamos descubriendo, es fascinante, aunque hay algo de lo que no me cabe la menor duda: el observar a caballos y yeguas en el campo nos traslada a esa época en la que éramos parte de la naturaleza, y no sus dueños y señores, esos siglos en los que el hombre formaba parte de la creación y no se había propuesto transformarla. La convivencia con los caballos nos devuelve a lo que somos: animales que sufrimos, tememos y disfrutamos, como todos los que de uno u otro modo habitan en este planeta, que no es más que una mota ínfima en la grandeza del Universo, pero que a pesar de todo, sigue brindándonos momentos memorables como los que el que escribe estas palabras ha podido vivir entre amigos y campo, probablemente, lo mejor de la vida.


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