lunes, 11 de marzo de 2013

Curiosidades y prestaciones del caballo árabe en la Arabia de 1920.



Ando inmerso en un trabajo para la facultad, en el que he de profundizar en el desarrollo de la civilización beduina desde sus orígenes, hasta nuestros días, y hállome recorriendo la época en la que el petróleo empieza a ser descubierto en Arabia, con el consiguiente impacto que tendría en una sociedad eminentemente tribal hasta la fecha, y a la sazón, criadora del mejor caballo del mundo, así como de su inseparable camello.

Y en esa búsqueda, me topo con el relato de unos hechos por Ameen Rihani, en su libro Ibn Saud of Arabia, que cuenta que el rey Ibn Saud gustaba de hacer excursiones al desierto en un viejo coche de caballos, un Victoria tirado por un solo équido, pero que a la llegada de automóviles a la capital, prefirió el coche para tales excursiones, aunque gustaba de rodearse de un séquito de hasta cien jinetes. Y he aquí, quizás, el detalle más significativo, pues cuenta Rihani que muchos de esos jinetes gustaban de poner a prueba sus caballos, y lanzaban piques contra el automóvil, cuando este pasaba 3 o 4 millas de las cuarenta por hora. Eso nos habla de la velocidad que el caballo árabe es capaz de mantener. Una vez llegaban al punto del desierto elegido, eran frecuentes la carreras de caballos, en las que los jinetes podían ser los príncipes y toda clase de personajes principales, muchos de ellos, hijos del rey.



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