sábado, 23 de marzo de 2013

YO TAMBIÉN FUI CINTURÓN BLANCO.


Al revisar las fotos que tengo sobre Karate, he encontrado unas que hacia tiempo no veía, y en las que salgo con mi flamante cinturón blanco. Mucho han cambiado las cosas en mi desde entonces: mi modo de ganarme el sustento, el lugar donde vivo, el no tener una mujer al lado con la que compartir la vida, y sobre todo, lo que más ha mutado indudablemente, es mi manera de ver el mundo.

Sí, yo también se lo que es llegar a un dojo y sentirte abrumado porque los cinturones de grado superior tienen una técnica que a ti se te antoja inalcanzable. Se lo que es que lo que otros parecen hacer con una facilidad pasmosa, a ti te cueste la misma vida, y por más que lo repitas, no te salga. Si, se lo que es, que en los primeros meses, llegues a casa con los antebrazos hinchados y llenos de cardenales porque no sabes parar los golpes de otro modo. Y sí, se lo que es plantearte si esto del Karate, merece la pena.

Pero se lo que es haber apretado los puños en esos momentos en los que la palabra abandonar se dibujaba en la mente, y haberme prometido a mi mismo que en cada entrenamiento, lo daría todo,  y que esta vez, la palabra abandonar, la iba a borrar de mi diccionario. Y ahora, casi seis años después, dos palabras definen mi estado de ánimo al ver esas fotos en las que alguien que se parece mucho a mi, sale con un karategui con un cinturón blanco anudado: ORGULLO Y SATISFACCIÓN.

Pero no soy yo. Puede que la apariencia externa, sea casi la misma, pero si me miras por dentro, no me parezco en nada. El Karate me ha enseñado que si tu pones de tu parte, la vida te da la suya, y que la constancia, el tesón y la persistencia son las palabras que has de grabarte a fuego en tu mente si quieres llegar al destino que te marques. Nadie nos habló de eso en el cole, allí solo se hablaba de notas, pero mi maestro, en el dojo, nos enseña esto y mucho más. Son lecciones que aplico en mi día a día y que valen su peso en oro. Con el Kárate he aprendido que sobre el tatami somos todos iguales, y que aquellos que destaquen, es porque trabajan más, entrenan más, y sienten el arte más profundamente. Y eso, son actitudes, no conocimientos, por lo que puedes activarlas en cualquier momento si así lo deseas.

Cuando era cinturón blanco, entrenaba tres días a la semana, una hora y media en cada entrenamiento. Ahora, entreno mínimo cinco días a la semana, y algunos días más de tres horas. Así que si eres cinturón blanco, solo puedo decirte una cosa: merece la pena.




jueves, 14 de marzo de 2013

(Largas) reflexiones ecuestres: el camino en la vida y los caballos.



Normalmente, estamos tan sumidos en el frenesí de la vida, que la mayoría de las veces, nos olvidamos de los dictados del corazón. El campo profesional, es por lo general, uno de los que más se ve afectados por este modo de vida insaciable, ya que estamos tan obcecados en conseguir unas metas que realmente no sabemos hasta qué punto son realmente nuestras o las hemos tomado de otros, que no tenemos en cuenta si aquello a lo que dedicamos la mayor parte de nuestro tiempo, nos apasiona.
En Occidente, tenemos el singular mérito de haber conseguido que la gran mayoría tenga acceso a unos niveles de comodidad y bienestar que nunca antes hubiésemos imaginado, pero en cambio, la enfermedad que más hacrecido en los últimos años en nuestras latitudes occidentales, es ladepresión. Y eso es porque al rodearnos de tanto hecho material, no hemos tenido en cuenta que nada de lo que hagamos en lo que nos rodea, sirve, si no va acompañado de una mejora interior. Y para ello, uno de los factores que el ser humano necesita, es hacer algo que le llene, que crea que le hace mejor persona y que sirva a otros. Y claro, esta perspectiva, choca de frente contra la maldita visión que durante muchos años hemos oído: “primero hay que buscar la seguridad de un trabajo fijo, y después, ya habrá tiempo para encontrar la pasión en alguna afición para el domingo”. No nos extrañemos ahora, de que jóvenes y no tan jóvenes, estén con la moral por los suelos, pues ni esos trabajos eran tan seguros, y mucho menos, dejar la motivación personal en un segundo plano, podía augurar algo bueno.

De algo ha servido este proceso de cambio en la economía mundial: muchos nos hemos dado cuenta de que nos habían intentado colar una trola descomunal. Muchos somos los que hemos cambiado el paradigma, y hemos apostado por lo contrario: primero encuentra algo que te llene, que te guste tanto que puedas robarle horas al sueño y ni siquiera estés cansado al día siguiente, algo de lo que puedas hablar durante horas sin que notes como pasa el tiempo, y algo en lo que puedas imaginarte durante muchos años, que te da la fuerza de un titán. Y hablando con algunos que ya tomaron este camino hace tiempo, me decían: “tu pon de tu parte, encuentra ese camino que te llene y haz todo lo posible por recorrerlo cada día, y en poco tiempo, verás como todo cobra sentido, como empiezan a aparecer compañeros de camino y nuevos destinos que nunca antes hubieses imaginado”. Durante un tiempo no se me ocurrió pensar en que tal cosa podía ser cierta, pues era uno de esos, que vivía en el frenesí continuo. Pero desde que adopté esta opción como propia, he de reconocer que están sucediendo cosas extraordinarias. Y así, me sorprendo al ver cómo caminos tan aparentemente distintos, han confluido en uno solo, y de la mano, se dirigen a una sola dirección que aunque es difícil predecir a dónde llevará, es apasionante recorrer. 

En efecto, los caballos unen las dos grandes materias a las que consagro horas de estudio e investigación: la Historia y el estudio de la mente. Hace años, no hubiera podido creerlo. Para mí, si alguien quería dedicarse a los caballos, o bien tenía que criarlos o tener un picadero o algo similar. Igualmente, si tu pasión era la Historia, y querías dedicarte profesionalmente a ella, tu única salida era la de ser un historiador al uso. Y si por otra parte, el estudio de la mente humana era tu elección, debías convertirte en psicólogo y con ello, tal vez optar a los diferentes campos en los que un psicólogo clásico se desenvuelve. Pero he aquí que esa magia ha aparecido, y que aquellos que me han aconsejado parece que no se equivocaron y que la vida está cumpliendo su parte del contrato. A cambio, yo sigo poniendo la mía: darlo todo en cada momento por seguir caminando en esa dirección. Y he aquí que el estudio de la historia del caballo, me permite conocer mejor al caballo, y a la humanidad que se ha servido de él hasta nuestros días. E igualmente me topo con que el estudio de la mente humana puede verse implementado por el estudio de la mente del caballo, y que saber más del comportamiento equino, nos puede enseñar mucho a cómo usar mejor nuestras armas mentales, y que mientras más nos conocemos, mejor podemos comunicarnos con los caballos. Es sencillamente grandioso, es encontrar que caminos tan aparentemente dispares, se unen en uno solo. Y esto, es solo el principio.

Estas reflexiones, por cierto, a las que ya venía dándole vueltas desde hace no poco tiempo, han visto la forma de texto definitivamente tras indagar en el efecto Clever Hans, con el que una vez más, he vuelto a maravillarme de la cantidad de cosas que podemos aprender del animal más sorprendente de la Creación. Si tú también crees que tu camino está junto a los caballos, pero no sabes cómo empezar a recorrerlo, solo puedo darte una recomendación: pon de tu parte, y ellos pondrán la suya.


lunes, 11 de marzo de 2013

Curiosidades y prestaciones del caballo árabe en la Arabia de 1920.



Ando inmerso en un trabajo para la facultad, en el que he de profundizar en el desarrollo de la civilización beduina desde sus orígenes, hasta nuestros días, y hállome recorriendo la época en la que el petróleo empieza a ser descubierto en Arabia, con el consiguiente impacto que tendría en una sociedad eminentemente tribal hasta la fecha, y a la sazón, criadora del mejor caballo del mundo, así como de su inseparable camello.

Y en esa búsqueda, me topo con el relato de unos hechos por Ameen Rihani, en su libro Ibn Saud of Arabia, que cuenta que el rey Ibn Saud gustaba de hacer excursiones al desierto en un viejo coche de caballos, un Victoria tirado por un solo équido, pero que a la llegada de automóviles a la capital, prefirió el coche para tales excursiones, aunque gustaba de rodearse de un séquito de hasta cien jinetes. Y he aquí, quizás, el detalle más significativo, pues cuenta Rihani que muchos de esos jinetes gustaban de poner a prueba sus caballos, y lanzaban piques contra el automóvil, cuando este pasaba 3 o 4 millas de las cuarenta por hora. Eso nos habla de la velocidad que el caballo árabe es capaz de mantener. Una vez llegaban al punto del desierto elegido, eran frecuentes la carreras de caballos, en las que los jinetes podían ser los príncipes y toda clase de personajes principales, muchos de ellos, hijos del rey.



miércoles, 6 de marzo de 2013

Hijos del Viento nº 5

En este programa, hemos hablado con José María Parias, gerente de la FEBA (Fundación de Equitación de Base), sobre la importancia de promover la equitación y sus valores entre los jóvenes. Asimismo, contamos con un cuento ecuestre, y una reflexión sobre la peculiar visión de la Equitación que aun tienen ciertas personas en nuestro país.

                                                      

lunes, 4 de marzo de 2013

Reflexiones ecuestres: ¿Qué tienen los caballos?

Supongo que sobre este particular, muchos habrán sido los que han reflexionado, y yo, sin duda, que lo he hecho en no pocas ocasiones. Pero tras este fin de semana, más aún, en unos días en los que debido a la festividad que celebraba Andalucía, nos hemos reunido unos cuantos amigos en el campo. Amigos llegados de distintas partes del país y del mundo, y  con profesiones y aficiones que nada tienen que ver con las inclinaciones camperas de un servidor. La gran mayoría no ha tenido contacto anterior con caballos, pero al estar allí y tenerlos cerca, quieren acercarse, acariciarlos y hacen preguntas sobre su comportamiento, alimentación, etc. La simple visión del caballo pastando es relajante, y me atrevería a decir que casi terapéutica.

Hoy día, son numerosos los estudios que están profundizando en este particular, y lo que vamos descubriendo, es fascinante, aunque hay algo de lo que no me cabe la menor duda: el observar a caballos y yeguas en el campo nos traslada a esa época en la que éramos parte de la naturaleza, y no sus dueños y señores, esos siglos en los que el hombre formaba parte de la creación y no se había propuesto transformarla. La convivencia con los caballos nos devuelve a lo que somos: animales que sufrimos, tememos y disfrutamos, como todos los que de uno u otro modo habitan en este planeta, que no es más que una mota ínfima en la grandeza del Universo, pero que a pesar de todo, sigue brindándonos momentos memorables como los que el que escribe estas palabras ha podido vivir entre amigos y campo, probablemente, lo mejor de la vida.


Cuarto artículo en Galope: de lo ecuestre en al-Andalus.

Acaba de salir a los quioscos el número 67 de Galope, en el cual puede leerse un artículo con el que inicio una serie más concreta, una vez he hecho un repaso a la historia del caballo árabe, y se trata De lo ecuestre en al-Andalus. Pretendo con ello intentar ofrecer una visión general de los asuntos ecuestres que sucedieron en nuestra península en los ocho siglos de vida andalusí.
A la par, no puedo dejar de recomendar otros contenidos de la revista, que me parecen de sumo interés, como el que escribe mi querido Cura, en el que explica aquello que muy pocos profesores de Equitación os podrían explicar: la importancia del sistema límbico (el encargado del control de las emociones de nuestro organismo) en el salto hípico. Mis secciones favoritas son también las de Lucy Rees y los escritos que nos dejó Luis Ramos-Paul, que poco a poco podemos ir leyendo en la revista, junto a otros artículos y reportajes que, francamente, son muy interesantes.