martes, 27 de noviembre de 2012

Reflexiones tras SICAB 2012

Tras el intenso trajín que supone en lo ecuestre para los que vivimos en Sevilla, la celebración un año más, de SICAB, me permito lanzar algunas reflexiones al respecto.

Por un lado, me resulta imposible evitar la comparación con el Salón del Caballo de Marruecos, puesto que hace justo un mes que llegué del mismo. No ha sido infrecuente escuchar entre los pabellones de FIBES cómo ha ido cambiando - por no emplear otra palabra - el ambiente general del evento. En efecto, lejos quedan aquellos stands en los que los mejores profesionales de la equitación en sus diferentes ámbitos exponían sus productos. Ahora, la ropa y los complementos ocupan la mayor parte de los expositores, y muchas ganaderías han dejado de tener presencia. El declive del ladrillo y muchos de sus personajes sin duda, han tenido mucho que ver en esta nueva etapa - cosa que por otro lado no deja de ser ventajosa, si no es por lo lamentable que es que muchos caballos y yeguas estén muriéndose de hambre en los campos de aquellos señores del cemento - y eso se nota tremendamente. 

Hubo una época en la que pegar el pelotazo urbanístico conllevaba aparejado el clásico lote: coche de caballos a la feria, caballo de largas melenas para El Rocío y potros para el morfológico de SICAB. Así, esta época de vacas flacas deja a la vista al verdadero amante del caballo: aquellos que van al campo a ver su caballo con lluvia y frío, los que lo disfrutan en la soledad de un camino tanto o más que con gente a su alrededor. Y en este SICAB, he tenido la suerte de coincidir y conocer a aficionados de estos. Personas que sienten inquietud por el futuro del noble bruto, y con las que se intercambian ideas y proyectos. Así que en este sentido, ha merecido mucho la pena.

Y decía que no podía evitar comparar SICAB con el Salon du Cheval d'El Jadida, y no es por lo inmenso del recinto de este o por otras tantas cosas en las que puedan diferenciarse o parecerse en mayor o menor medida. Me refiero al público. Todos los días en el salón de Marruecos la afluencia de público fue increíblemente masiva, y en todos los asistentes se veía una ilusión y unas ganas por acercarse a cualquier asunto ecuestre que me dejó impresionado. Por no hablar de la Tbourida, que acumulaba a cientos de personas a su alrededor. Esa ilusión, esas ganas de estar en contacto con los caballos es lo que yo echo de menos en estos últimos SICAB's, aun a pesar de que se trate de personas que no alberguen la más mínima intención de comprar un caballo en su vida. Esa ilusión, que no es ni más ni menos que la que se veía en el SICAB de aquellos primeros años. 



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