domingo, 11 de noviembre de 2012

Reflexiones Ecuestres: Camino a El Jadida


Sigo editando el ingente material fotográfico, videográfico, escrito y de audios que me he traído del Salón del Caballo de Marruecos. En el vuelo de Madrid a Casablanca, más impaciente que un adolescente ante la primera cita con su novia, escribía esto desde la parte de atrás del avión:

Voy sobrevolando algún punto de España camino a Casablanca, desde donde me llevarán a El Jadida, lugar en el que se celebra la quinta edición del Salón del Caballo de Marruecos. A pesar de que he buscado información en internet, y he mirado crónicas y vídeos de ediciones pasadas, no se muy bien que voy a encontrarme. Se que habrá pabellones con expositores, concursos morfológicos, exhibiciones de diferentes tipos y sobre todo, lo que más me atrae, las exhibiciones de Tbourida en el exterior. Mi idea es conocer más de cerca esta tradición ecuestre propia de todo el norte de África. El Emir Abdel Kader ya hablaba de ella, y de como la ponían en práctica cuando ganaban alguna batalla y regresaban con su gente y sus tribus. En Marruecos la tienen muy interiorizada, y es muy importante, y yo estoy seguro que en al-Andalus tuvimos que vivir durante siglos ceremonias muy parecidas. No son pocos los documentos que hablan de la cantidad y variedad de celebraciones ecuestres que tenían lugar con cada nombramiento de califa o emir, o tras vencer en alguna batalla importante. 

Además, es una tradición que si bien entronca con la más pura tradición árabe, tiene mucho de bereber, y ya sabemos que al-Andalus tuvo una fuerte presencia norteafricana, según que épocas, pero siempre muy importante. Las famosas tropas de Almanzor, totalmente africanas, debían de ejercitarse en estos juegos continuamente. También sabemos que el flujo, no solo de tropas sino de personas de toda clase, desde el norte de África a la Península Ibérica, y viceversa, fue durante los numerosos siglos que al-Andalus pervivió en sus diferentes formas, continuo y numeroso.

Los atalajes son otra prueba viviente de aquella tradición y que tanto nos recuerda a la doma vaquera, y son muchas las similitudes y parecidos que encontramos entre estos jinetes norteafricanos y los vaqueros andaluces.

Los caballos empleados, igualmente, nos recuerdan al caballo español, sobre todo al de hace algunos años. Capas, cuello y otros rasgos morfológicos, junto a la rusticidad del animal, son algunas de las similitudes entre ambas razas, que seguramente estarán más emparentadas de lo que creemos.

Viajo pues, esperando encontrar esas raíces de nuestra doma que tanto ansío hallar, y a la par, voy dispuesto a dejarme sorprender por cuanto me acontezca en estos días apasionantes en los que se mezclaran el relinchar de los caballos con el peso de unas tradiciones ecuestres de las que intento aprender cuanto puedo.


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