miércoles, 21 de noviembre de 2012

Andar a caballo




Ha sido siempre una de la reflexiones ecuestres que más ha rondado por mi cabeza. Para mi, sin duda, el mejor modo de viajar, al menos en nuestro mundo. A caballo, no solo disfrutamos de la relación con nuestro compañero équido, sino que podemos observar detalles y percepciones, que con cualquiera de los medios que usamos actualmente, movidos por energías de origen no animal, son imposibles. Su ritmo nos permite además, recorrer más distancia que si lo hiciéramos a pie, único modo en el que podríamos disfrutar del campo con tanta intensidad. En la introducción del número uno de Endurance Magazine, escribía sobre esto.

Y en estos días, cabalgando en la biblioteca de la universidad entre libros y manuscritos, en los que sigo buscando líneas y párrafos que me enseñen más sobre esos siglos maravillosos, en los que el caballo era modo de vida, me encuentro con un texto de Guillermo Enrique Hudson, que expresa perfectamente todos esos sentimientos que llenan al afortunado que atraviesa los caminos a lomos de un caballo.




Dejo algunas líneas maravillosas de este autor, extraídas de un texto que publicó en el nº 10 de la Revista Hispánica Moderna, titulado,  "El Hombre y el Caballo":

"No hay manera más deliciosa de hacer camino que el andar a caballo. En el andar a caballo hay siempre
un movimiento regocijante; pero si el paisaje a la vista es encantador, uno parece estar sentado sin moverse, mientras el paisaje, a la manera de un río, fluye hacia y detrás de nosotros, dando siempre lugar a frescas visiones de belleza. Sobre todo, el espíritu queda libre, como cuando uno yace ociosamente en la hierba mirando al cielo."

"Para mi hay algo en el andar a caballo [...] que actúa como estímulo sobre el cerebro. Me resulta incomprensible que haya personas que piensan mejor estando quietas, sentadas o de pie, que andando a caballo."



No hay comentarios:

Publicar un comentario