jueves, 29 de noviembre de 2012

Esa estantería de la Casa del Libro

Hace tiempo que no comento nada respecto a las lecturas. Entre el Salón del Caballo de Marruecos, el SICAB y otras cosas del montón, no es que no siga leyendo, lo que ocurre es que no me da tiempo a comentarlo.

Pero hoy retomo esa buena costumbre, tras una visita a la tercera planta de la Casa del Libro de Sevilla. En dicha planta parece que hubiera sido yo quien hubiese decidido el orden de la temática de los libros, y es que tienen la sección de artes marciales junto a la de Equitación. Y he ahí que un servidor podría pasarse días seleccionando libros. De los clásicos de Funakoshi y Morihei Ueshiba me he ido a los de Podhasky - deseando que estoy de hincarle el diente al de Mis Caballos, mis maestros - y al Sentir Ecuestre de Luis Ramos-Paul, otro que no tardará en venirse a casa.

Y en todos ellos encuentro principios con los que regir la vida. De todos ellos se pueden sacar unas enseñanzas de valor incalculable, y todos nos muestran el camino de la persistencia, del respeto, de la vocación y la pasión.

Por cierto, las compras han sido Los Veinte Principios Rectores del Kárate de Funakoshi (que ya tocaba), y  una joyita llamada Leyendas de los maestros de artes marciales, aunque este es para regalo.

martes, 27 de noviembre de 2012

Reflexiones tras SICAB 2012

Tras el intenso trajín que supone en lo ecuestre para los que vivimos en Sevilla, la celebración un año más, de SICAB, me permito lanzar algunas reflexiones al respecto.

Por un lado, me resulta imposible evitar la comparación con el Salón del Caballo de Marruecos, puesto que hace justo un mes que llegué del mismo. No ha sido infrecuente escuchar entre los pabellones de FIBES cómo ha ido cambiando - por no emplear otra palabra - el ambiente general del evento. En efecto, lejos quedan aquellos stands en los que los mejores profesionales de la equitación en sus diferentes ámbitos exponían sus productos. Ahora, la ropa y los complementos ocupan la mayor parte de los expositores, y muchas ganaderías han dejado de tener presencia. El declive del ladrillo y muchos de sus personajes sin duda, han tenido mucho que ver en esta nueva etapa - cosa que por otro lado no deja de ser ventajosa, si no es por lo lamentable que es que muchos caballos y yeguas estén muriéndose de hambre en los campos de aquellos señores del cemento - y eso se nota tremendamente. 

Hubo una época en la que pegar el pelotazo urbanístico conllevaba aparejado el clásico lote: coche de caballos a la feria, caballo de largas melenas para El Rocío y potros para el morfológico de SICAB. Así, esta época de vacas flacas deja a la vista al verdadero amante del caballo: aquellos que van al campo a ver su caballo con lluvia y frío, los que lo disfrutan en la soledad de un camino tanto o más que con gente a su alrededor. Y en este SICAB, he tenido la suerte de coincidir y conocer a aficionados de estos. Personas que sienten inquietud por el futuro del noble bruto, y con las que se intercambian ideas y proyectos. Así que en este sentido, ha merecido mucho la pena.

Y decía que no podía evitar comparar SICAB con el Salon du Cheval d'El Jadida, y no es por lo inmenso del recinto de este o por otras tantas cosas en las que puedan diferenciarse o parecerse en mayor o menor medida. Me refiero al público. Todos los días en el salón de Marruecos la afluencia de público fue increíblemente masiva, y en todos los asistentes se veía una ilusión y unas ganas por acercarse a cualquier asunto ecuestre que me dejó impresionado. Por no hablar de la Tbourida, que acumulaba a cientos de personas a su alrededor. Esa ilusión, esas ganas de estar en contacto con los caballos es lo que yo echo de menos en estos últimos SICAB's, aun a pesar de que se trate de personas que no alberguen la más mínima intención de comprar un caballo en su vida. Esa ilusión, que no es ni más ni menos que la que se veía en el SICAB de aquellos primeros años. 



miércoles, 21 de noviembre de 2012

Andar a caballo




Ha sido siempre una de la reflexiones ecuestres que más ha rondado por mi cabeza. Para mi, sin duda, el mejor modo de viajar, al menos en nuestro mundo. A caballo, no solo disfrutamos de la relación con nuestro compañero équido, sino que podemos observar detalles y percepciones, que con cualquiera de los medios que usamos actualmente, movidos por energías de origen no animal, son imposibles. Su ritmo nos permite además, recorrer más distancia que si lo hiciéramos a pie, único modo en el que podríamos disfrutar del campo con tanta intensidad. En la introducción del número uno de Endurance Magazine, escribía sobre esto.

Y en estos días, cabalgando en la biblioteca de la universidad entre libros y manuscritos, en los que sigo buscando líneas y párrafos que me enseñen más sobre esos siglos maravillosos, en los que el caballo era modo de vida, me encuentro con un texto de Guillermo Enrique Hudson, que expresa perfectamente todos esos sentimientos que llenan al afortunado que atraviesa los caminos a lomos de un caballo.




Dejo algunas líneas maravillosas de este autor, extraídas de un texto que publicó en el nº 10 de la Revista Hispánica Moderna, titulado,  "El Hombre y el Caballo":

"No hay manera más deliciosa de hacer camino que el andar a caballo. En el andar a caballo hay siempre
un movimiento regocijante; pero si el paisaje a la vista es encantador, uno parece estar sentado sin moverse, mientras el paisaje, a la manera de un río, fluye hacia y detrás de nosotros, dando siempre lugar a frescas visiones de belleza. Sobre todo, el espíritu queda libre, como cuando uno yace ociosamente en la hierba mirando al cielo."

"Para mi hay algo en el andar a caballo [...] que actúa como estímulo sobre el cerebro. Me resulta incomprensible que haya personas que piensan mejor estando quietas, sentadas o de pie, que andando a caballo."



domingo, 11 de noviembre de 2012

Reflexiones Ecuestres: Camino a El Jadida


Sigo editando el ingente material fotográfico, videográfico, escrito y de audios que me he traído del Salón del Caballo de Marruecos. En el vuelo de Madrid a Casablanca, más impaciente que un adolescente ante la primera cita con su novia, escribía esto desde la parte de atrás del avión:

Voy sobrevolando algún punto de España camino a Casablanca, desde donde me llevarán a El Jadida, lugar en el que se celebra la quinta edición del Salón del Caballo de Marruecos. A pesar de que he buscado información en internet, y he mirado crónicas y vídeos de ediciones pasadas, no se muy bien que voy a encontrarme. Se que habrá pabellones con expositores, concursos morfológicos, exhibiciones de diferentes tipos y sobre todo, lo que más me atrae, las exhibiciones de Tbourida en el exterior. Mi idea es conocer más de cerca esta tradición ecuestre propia de todo el norte de África. El Emir Abdel Kader ya hablaba de ella, y de como la ponían en práctica cuando ganaban alguna batalla y regresaban con su gente y sus tribus. En Marruecos la tienen muy interiorizada, y es muy importante, y yo estoy seguro que en al-Andalus tuvimos que vivir durante siglos ceremonias muy parecidas. No son pocos los documentos que hablan de la cantidad y variedad de celebraciones ecuestres que tenían lugar con cada nombramiento de califa o emir, o tras vencer en alguna batalla importante. 

Además, es una tradición que si bien entronca con la más pura tradición árabe, tiene mucho de bereber, y ya sabemos que al-Andalus tuvo una fuerte presencia norteafricana, según que épocas, pero siempre muy importante. Las famosas tropas de Almanzor, totalmente africanas, debían de ejercitarse en estos juegos continuamente. También sabemos que el flujo, no solo de tropas sino de personas de toda clase, desde el norte de África a la Península Ibérica, y viceversa, fue durante los numerosos siglos que al-Andalus pervivió en sus diferentes formas, continuo y numeroso.

Los atalajes son otra prueba viviente de aquella tradición y que tanto nos recuerda a la doma vaquera, y son muchas las similitudes y parecidos que encontramos entre estos jinetes norteafricanos y los vaqueros andaluces.

Los caballos empleados, igualmente, nos recuerdan al caballo español, sobre todo al de hace algunos años. Capas, cuello y otros rasgos morfológicos, junto a la rusticidad del animal, son algunas de las similitudes entre ambas razas, que seguramente estarán más emparentadas de lo que creemos.

Viajo pues, esperando encontrar esas raíces de nuestra doma que tanto ansío hallar, y a la par, voy dispuesto a dejarme sorprender por cuanto me acontezca en estos días apasionantes en los que se mezclaran el relinchar de los caballos con el peso de unas tradiciones ecuestres de las que intento aprender cuanto puedo.


viernes, 9 de noviembre de 2012

Historia del caballo árabe II en Revista Galope

En el nº 65 de la revista Galope puede encontrarse la continuación al artículo publicado en el número anterior en el que intento ofrecer una visión completa pero resumida de la Historia del Caballo Árabe. En este segundo artículo hablo también sobre como la sangre árabe fue influyendo en las razas europeas y africanas antes de que el caballo del desierto cobrase su renombrada fama.
Espero que sea de interés.