lunes, 24 de septiembre de 2012

Los límites del caballo

Mucho han cambiado las cosas en los últimos años, y en no pocos casos el caballo como animal-mascota es una realidad. Se le humaniza y se le mima, y a mi, sinceramente, no me parece mal, lo cual contrasta que por otro lado, hayan otros muchos que no reciben la más mínima atención, si bien este es un tema para tratar aparte. Pero claro, si asumimos que vamos a competir, aunque sea de en un entorno local, con nuestro caballo, entonces la cosa puede adquirir varias vertientes. Vemos entonces, caballos que son llevados al extremo en su entrenamiento y en su nivel de exigencia, mientras que en otros casos, la competición es tomada más como un juego que otra cosa. En esto, como en toda situación ecuestre, el caballo nunca es interrogado, por lo que, decidamos entrenarlo intensa o relajadamente, tendrá que apechugar con lo que le venga. Y es indudable que hay caballos que disfrutan corriendo, saliendo a pista o saltando, tienen ese espíritu de entrega que el jinete ansía encontrar siempre en todos sus caballos. Pero incluso en estos, los límites físicos, como la capacidad pulmonar, la resistencia, los músculos, etc, marcan unos límites. Y es entonces donde a veces, unos porque son presionados, y otros, porque carecen e escrúpulos, echan mano de la química.

Esto es sabido por todos los que mínimamente se han acercado a cualquier disciplina hípica, y yo, que ya lo había visto en salto y doma, no me ha sorprendido ver como en el raid, hay criadores y jinetes que tienen cierta fama de “quemar” caballos con rapidez pues su objetivo es más bien cortoplacista, es decir, prefieren el triunfo de hoy, aún a pesar de que eso suponga tener un caballo no válido para la competición en un par de años, cuando otros, se pasan años entrenando y subiendo el ritmo progresivamente para disponer de una montura sólida en el plazo de varios años, y donde siempre prima el respeto y el amor al cuadrúpedo. Esto enlaza con lo que hablábamos sobre la Equitación y el ego, el problema de convertir al caballo en una mera herramienta con la que satisfacer las ansias de ganar. Y aunque los reglamentos veterinarios cada vez controlan más que no puedan cometerse ciertos abusos, hay ciertos márgenes en los que aún es posible moverse, quedando al criterio de jinete, entrenador o criador si a un caballo se le fuerza para tenerlo a punto a una competición.

Ya no vamos a la guerra con el caballo, pero seguimos haciendo uso de sus bondades para muchos menesteres. Uno de ellos, es el de las competiciones hípicas, pero el noble bruto sigue sin entender de medallas ni trofeos. De todo esto, lo que más me llama la atención es que el caballo sigue dándolo todo. Le da igual que al montarnos vayamos a conquistar una colina o a por el primer puesto de una competición ecuestre. Y mi pregunta es, si fuera al revés, cuantos de nosotros estaríamos dispuestos a darlo todo por ellos.

viernes, 7 de septiembre de 2012

La equitación y el ego


El ego es algo inherente a todo ser humano. Si bien no es algo innato, si que va desarrollándose desde los primeros meses de vida, en los que los niños ya van aprendiendo el concepto de propiedad, etc. Y es por eso, que lo que muchos llaman niños caprichosos, no es sino un ego pujante que de no reconducirse, cuando ese niño se haga mayor, le hará ir chocando contra el resto del mundo con frecuencia.

Nos encontramos a unos niños, adolescentes y jóvenes, que cuando se hacen mayores, quieren ganar a toda costa. La sociedad tampoco hace mucho por ofrecer valores alternativos, y por desgracia, los futbolistas, ejemplos para millones de chavales en el mundo, frecuentemente dan muestras de un ego atroz, pataleando e insultando no ya porque su equipo pierda, sino porque simplemente su entrenador ha decidido sustituirlos. Y lo peor, es que hay quienes justifican esta actitud: “es normal, quiere seguir jugando y que su equipo gane”.

Bien, pues hablando con numerosos jinetes, algunos de ellos profesionales, así como entrenadores, coincidimos en como la competición actual, y el ansia generalizada por ganar, está llevando a que se pierda la esencia del deporte en sí. Jóvenes jinetes y amazonas que se obsesionan tanto por alcanzar el primer puesto en cualquiera que sea la disciplina hípica que practiquen, que se olvidan incluso de lo más básico que un joven – aunque este es asunto obligado a cualquier edad – debe hacer: disfrutar. Llegan a las cuadras tensionados, se suben al caballo, no se paran a hacerle ni un mínimo estiramiento – ni lo hacen para ellos mismos- y de momento se ponen con el trabajo en pista.

También cabe hablar aquí de cuanta tensión traen a su vez, transmitida por sus padres, que quieren que sus hijos dejen el pabellón familiar alto. Supongo que habrá de todo. Lo cierto es que entonces el caballo pasa a convertirse en una herramienta de cuatro patas y 500 kilos con la que satisfacer el ego del que va encima. Y es por ello, que si en el concurso, no se gana, o no se obtiene la puntuación esperada, hay llantos totalmente fuera de lugar, gritos y otras expresiones de rabia y furia, las aliadas inseparables del ego. “Es que hemos entrenado mucho como para que ahora nos descalifiquen por esto”. Claro, se ha puesto tanta tensión en la obsesión por conseguir ese ansiado trofeo que diga que se es el mejor, que si no se obtiene el resultado esperado, toca enfadarse. Esto explicaría también porque se estropean muchos caballos, que de haberlos llevado con su tiempo adecuado, estarían dando grandes resultados, o al menos, no estarían resabiados. Es la prisa por triunfar a toda costa, hoy más implantada que nunca.

Pero todo esto se cambia adoptando un nuevo enfoque. Si nos planteamos el entrenamiento como algo con lo que disfrutar del caballo, del entorno, de la compañía de otros jinetes -  lo cual no significa que no trabajemos en serio - cuando lleguemos a la competición, ya habremos obtenido un trofeo mucho más valioso que un primer puesto: el haber vivido un tiempo inolvidable con nuestro caballo, nuestro entrenador y nuestros amigos. Todo lo que venga a partir de esto, será un regalo que nos caerá estupendamente, pero no lo necesitaremos para ser felices por unas horas, pues el que necesita el éxito competitivo para ser feliz, se vuelve  "podiodependiente", y en el momento que el trofeo deja de llegar, vienen los problemas.

De nuevo, las tradiciones orientales son un antídoto perfecto para el ego. A través del arte marcial, del yoga, el Reiki o la meditación, intentamos ser cada día mejores personas, pero eso mismo nos hace ser conscientes de nuestras limitaciones, y nos centramos cada vez más en el trabajo diario, en saborearlo, y aunque nuestro objetivo es llegar al cinturón negro o a cualquier meta elevada, no nos obcecamos en ello. Parece una contradicción, pero funciona.

Las prisas, el ansia de triunfar…chocan contra la esencia misma de la vida. No podemos aferrarnos a un resultado desde el ego. Los caracteres que siguen estas pautas son los que más sufren en cuanto la más mínima contradicción se les presenta en la vida. La equitación y el contacto con caballos han de hacernos mejores personas y sus enseñanzas han de hacernos una vida más feliz dentro y fuera de las pistas, y si esto no ocurre, es que algo estamos haciendo mal.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Interesantes imágenes del concurso de completo en las Olimipadas

Creo que no cabe duda de que el concurso completo es la más espectacular de las disciplinas hípicas. Buscando cierta información por la red me he topado con estas imágenes incluidas en este reportaje de El País.

Dejo las que más me han gustado.















lunes, 3 de septiembre de 2012

Primer artículo sobre el PRÁ publicado en la revista Galope

                       


En el nº 64 de la revista Galope, correspondiente a Septiembre y Octubre, he tenido el gusto de preparar un artículo sobre el origen del Pura Raza Árabe. Esto es algo que me hace especial ilusión, ya que muchos de los frutos obtenidos, tras horas de estudio, lecturas e investigaciones, no suelen poder compartirse. Lo hago además, en una publicación de la que guardo ejemplares desde hace varios años.




De este modo, y sintetizando mucho de lo aprendido en los últimos años, tanto a nivel histórico general, como del caballo propiamente, puedo hacer partícipes a los lectores de la revista las líneas fundamentales de mi estudio del caballo árabe.

Espero que os resulte interesante.

Tomás Mateo Cubero