viernes, 6 de julio de 2012

La importancia de la continuidad.

Siempre ha sido algo complicado de llevar a cabo. Para un servidor, especialmente. Vivimos en el mundo de los resultados inmediatos, y cuando algo no nos satisface al momento, lo dejamos. Y esto va desde una relación interpersonal hasta una ocupación.
Esta reflexión ha tenido lugar en mi cabeza en numerosas ocasiones, y de nuevo vuelvo a ella pues ayer dos personas se incorporaron al dojo.
Hombre y mujer, apenas superan la veintena, parece que les ha gustado, y siempre es agradable que nuevas personas se sumen a nuestro arte.


En estos tres años en los que finalmente he conseguido, a pesar de las numerosas dificultades de todo tipo, entrenar con asidua regularidad, he visto como personas que entraban a formar parte de nuestro grupo, abandonaban en poco tiempo.


Me hubiese gustado hablar con todas y cada una de ellas, para saber porqué dejaron el entrenamiento, pero como nunca más los vi, pues no hay forma de establecer un patrón o estadística.


Aún así, me permito aventurar dos causas posibles:


- Los que creían que esto de entrenar Karate es empezar a pegar patadas voladoras desde el primer día y quieren convertirse en Jean Claude Van Damme se llevan una gran decepción. El Karate es un trabajo interior principalmente, y aunque es cierto que para el combate deportivo hay que preparar una serie de movimientos y técnicas más parecidos a los de las películas, la mayoría del trabajo consiste en un trabajo más sencillo, pero eso precisamente, es lo que lo hace más complicado. Hacer lo sencillo de un modo impecable, no es fácil.


- Es duro. En invierno hace frío y llueve y da pereza ir a entrenar a las nueve de la noche. En verano hace calor y se suda mucho. Se repiten muchos movimientos y puede parecer aburrido. Los katas parecen imposibles. El alumno principiante ve una barrera entre su nivel y el de los avanzados y cree que tendrá que pasar una eternidad hasta llegar a hacer algo mínimamente parecido, por lo que se desmoralizan y terminan abandonando.


En Japón repiten hasta la saciedad en las diferentes artes, ya sea desde la caligrafía hasta el tiro con arco. Pueden pasarse años repitiendo y ensayando lo mismo. Es la única manera de llegar a aquello que pueda parecer la perfección, algo a lo que aspiramos, pero nunca conseguimos.
En el sufismo, igual, la repetición es un elemento básico.


Ilustramos este post con un fotograma de Kuro Obi, en la que los tres alumnos del maestro Shibahara entrenan hasta la saciedad el kata Sanchín.













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