viernes, 20 de julio de 2012

Enseñanzas del Arte Marcial para el día a día.

La verdad es que hablando de estas cuestiones, me preocupa que pueda parecer uno de los iluminados de los que hablaba en un artículo anterior.

Pero es que siendo sinceros, las enseñanzas que podemos extraer de las artes marciales, funcionan. Y todo esto viene por lo siguiente. Hace poco, hablaba con una persona sobre cómo podíamos aprender de lo que tiene lugar en el dojo. Concretamente, en este caso, yo me refería las tres modos generales que afrontamos ante un golpe del enemigo.

Al principio, en los primeros meses, es muy probable que no tengamos ni la rapidez ni la técnica para evitar ese golpe y nos impacte. Pero estamos en forma y como tampoco la persona que nos ha lanzado ese golpe, ha tenido intención de hacernos daño, pues no hay gran dolor.

Pasado un tiempo, ya hemos desarrollado la rapidez y hemos aprendido unas técnicas básicas, pero efectivas, para bloquear ese golpe. Esa patada o puño, ya no impactarán en aquella parte de nuestro cuerpo a la que pretendían llegar, ya que con nuestros brazos o piernas, interceptaremos ese golpe. Pero ojo, porque esto puede hacernos daño en ese brazo o pierna con el que estemos bloqueando el golpe, sobre todo si el adversario sabe imprimir energía a sus golpes. Algunos maestros dirán que ante esto, lo único que hay que hacer es trabajar duro, fortalecer músculos y huesos y no protestar.
Sin duda, esta segunda vía, es más efectiva que la anterior puesto que conseguimos que el enemigo no nos destroce esa parte del cuerpo que iba buscando, sí, pero pagando un precio alto a base de cardenales y dolores en nuestras extremidades.

Y hay un tercer método, que es el que yo llamo el de los grandes maestros. Es tan sencillo y simple, que parece casi irreal, pues uno se pregunta entonces qué sentido tiene tanto entrenamiento. Pero te das cuenta, de que ese es el verdadero camino. Los grandes maestros, sencillamente, no están en el lugar del golpe cuando este ha salido en su busca.
Y cuanta más furia o fuerza emplee el enemigo en lanzar su ataque, con más habilidad se apartarán ellos para que dicho golpe arrastre a su dueño en su impulso.

Esto lo vemos especialmente en el Aikido, aunque nuestro estilo, incorpora muchas de esta técnicas en las que con desplazamientos rápidos y cortos, nos apartamos del golpe sin tener que cortarlo abruptamente con alguna extremidad, y si el enemigo insiste en su ataque, podremos aprovechar toda esa inercia que trae, para lanzarlo o dirigirlo a dónde más nos interese. Por suerte, nuestro Sensei nos inculca esta última vía como sentido elemental del arte marcial. Igualmente, en un seminario al que acudimos recientemente en Portugal, impartido por Zenei Oshiro, pudimos comprobar como el maestro japonés, ponía en práctica esta técnica.

Bien, ¿Y todo esto para qué? Pues yo le hablaba a esa persona, que ante los golpes de la vida, podemos adoptar cualquiera de los tres métodos aquí enunciados: tragarnos el golpe y aguantar; pararlo con brazos y piernas a pesar de que algo nos dolerá... o simplemente no estar en el lugar del golpe. Y si el ataque persiste, saber seguir esquivándolo e incluso aprovechar ese ataque para convertirlo en algo positivo.

Ejemplos, como los de personas con las que converso y les explico estos tres principios que pueden aplicar a su realidad cotidiana:

- Mi compañero de trabajo me hace la vida imposible.
- Voy en el coche y todo el mundo me pita y me insulta.
- Nada me sale bien, parece que todo estuviera en mi contra...

Y así podríamos seguir. Ante todas estas situaciones, no se me ocurre nada mejor que emplear la tercera vía. ¿O quizás me estoy volviendo un iluminado como aquellos de los que tanto reniego? :(

Espero que no, y que si algún día me creo que ya voy a dos pies del suelo, mis amigos me bajen a tierra de nuevo.



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