martes, 15 de enero de 2019

¿Qué pasa cuándo hay dolor al montar?


Tensión, rigidez, dolor... a veces de espalda, otras de aductores… En el caso de Carmen, el problema se concentraba en los hombros. Al poco de montar, una enorme tensión se le acumulaba en los hombros y ya no cesaba hasta un buen rato después de terminar la sesión de monta. Lo hemos solucionado con un truco sencillo pero efectivo, complementado a su vez con determinados ejercicios sin el caballo, si bien es algo que hay que seguir trabajando para no volver a la tensión anterior.

Son muchas las personas que se bajan agotadas de sus caballos, cuando tampoco hacen nada especialmente exigente físicamente. Montar debe ser una actividad que precisamente, al terminar, nos deje con mucha más energía que antes y en un estado de profunda relajación. Pero para ello, debemos montar flexibles, sin rigideces, sin tensión y por supuesto, libres de dolor.

Para esto, me sirvo de mi experiencia entrenando Artes Marciales y Yoga, disciplinas de las que podemos extraer cantidad de técnicas para tener un cuerpo y una mente mucho más predispuestos a la Equitación.

Y de todo esto, irá el próximo curso on-line: “Cómo montar mejor para disfrutar más”

domingo, 13 de enero de 2019

Lo siento, pero NO TE VOY A CONTESTAR


Déjame que te pregunte algo: Si necesitas averiguar algo sobre derecho laboral, ¿Vas al Facebook de un abogado laboralista y le escribes vía mensaje privado tranquilamente para preguntarle en plan supercolegas? O si tienes alguna duda sobre la renta, ¿haces lo mismo con un gestor fiscal? ¿Entras en su Facebook y le escribes tu duda del tirón? O a lo mejor sabes de algún médico y tienes alguna sobre salud. ¿Buscas sus redes sociales y le plantas tus dudas a las 10 de la noche o un domingo a la hora de comer?

Probablemente ME DIRÁS QUE NO, que no lo haces, porque lo consideras inapropiado, de mala educación y porque sabes que te dirán que si necesitas asesoramiento, conciertes una cita, y por supuesto, sabes que esa cita y esa consulta tendrán un coste económico. Y Si finalmente, acudes a dichos profesionales, pagarás gustosamente, igual que tú, imagino, COBRAS POR TU TRABAJO.



Y esto me lleva a preguntarme a qué pasa por la cabeza de ciertas personas que creen que me pueden escribir a la hora que les apetezca para soltar su consulta y encima exigir respuesta. Y me sigo preguntando ¿Es que acaso no tienen suficiente con los más de 6 años que llevo publicando información TOTALMENTE GRATUITA en mi página web y en mis redes sociales? Pero claro, es más fácil escribir un mensaje rápido en Facebook y solicitar mi respuesta que tomarse el tiempo y el esfuerzo de leer mis artículos, cuando además son cuestiones que están archicomentadas en mi página web, mis podcast, mis vídeos y mis redes sociales.

A todos esos caraduras que no dudan en preguntarme obviedades una y otra vez: ¿Sabéis cuánto me gasto en libros de caballos al año? ¡No he echado la cuenta, pero es mucha pasta! ¿Y sabéis de cuántas cosas me privo para poder sacar el tiempo de leer esos libros? ¡De muchas! ¿Y sabéis la de horas que me paso en internet buscando artículos de calidad sobre las más recientes investigaciones en materia de entrenamiento equino? ¡¡Muchísimas!! ¿Y sabéis cuánto duran mis jornadas laborales? Pues no cuento las horas, pero desde que amanece ya estoy en planta con los caballos y cuando se hace de noche le dedico varias horas al trabajo de mesa: libros, estudios, artículos, etc. Así, siete días a la semana, doce meses al año. Y después de más doce horas seguidas trabajando, recibo un mensajito de Facebook con la dudita de turno y exigiendo respuesta rápida…

Y hay gente que pretende con un simple “Hola, Tomás, estoy pensando en sacar mi caballo del box y llevarlo a un prado, pero quiero saber tu opinión”, o “mi caballo está obeso y me ha dicho el veterinario que lo adelgace, ¿cómo lo hago?” que les responda... Aunque también tenemos como consulta estrella la de “mi caballo está empezando a protestar del dorso, ¿qué puedo hacer”?, o un gran clásico “¿Qué hierro le pongo a mi potro? Quiero que me recomiendes uno, está empezando a protestar cada vez más y en la hípica me han dicho que le ponga unas gomas”. 

Y así podríamos seguir con un largo etcétera, y eso que me estoy mordiendo la lengua porque me llega cada consulta que de verdad carecen de la más mínima educación y por supuesto de la más mínima cultura ecuestre. Pues en mi web hay mucha información contrastada en la que probablemente encontraréis respuesta a vuestra consulta, aunque claro, hay que hacer un esfuerzo y leer los artículos.

Muchos de los que me leéis, me habéis consultado en algún momento sobre ciertas dudas. Sabéis que siempre que puedo intento ayudaros, y si no me considero capacitado para responder, os pongo en contacto con la persona más cualificada que conozca para que os pueda ayudar. Si la consulta está hecha con buena educación y no es ninguna obviedad y sobre todo, no exige PRONTITUD EN LA RESPUESTA, sabéis que os contesto y os ayudo en lo que puedo. Pero lo sorprendente es que hay gente que si pasa un par de días y no le he respondido, encima SE ENFADAN. ¡¡Cómo si yo estuviera todo el día sin hacer nada solo pendiente de la redes sociales!!

Hay días que puedo tener un montón de notificaciones, varios mensajes, e-mails, consultas en el tlf…y la gente pretende que encima le conteste rápido, pero además a algo que es de parvulario ecuestre y que puede encontrar en mi web fácilmente.

Pero ya hay ciertas consultas que no voy a responder. Por la sencilla razón de que muchas de ellas se hacen desde la comodidad más absoluta y encima con poca educación, es decir, le lanzo la pregunta a Tomás y que me conteste directamente y así no tengo que ponerme a buscar información.

Pues oye, lo siento, pero a ese tipo de consultas, no pienso responder. ¿Por qué? Muy sencillo: porque tienes en mi página web 6 años (que se dicen pronto) de publicaciones y artículos GRATIS en los que seguramente tienes la respuesta a tu consulta. Es gratis, está ahí para todo el mundo, pero eso sí, tienes que al menos hacer el esfuerzo de leerla y asimilarla.

Pues a partir de ahora, consultas obvias y realizadas con poca educación, les mandaré como respuesta un copia y pega de este mensaje.



sábado, 12 de enero de 2019

Que no lo haya hecho nadie hasta ahora solo significa que podemos ser los primeros en hacerlo.

Recuerdo cuando hace unos años, los matasueños de rigor me decían que era imposible, que mi planteamiento de la Equitación era utópico. Fueron años de escuchar una y otra vez que lo que yo quería solo existía en mi mente, y que mejor me dedicara a trabajar los caballos como siempre se había hecho, que ya estaba todo inventado.
Ya hace tiempo que aquellos matasueños fueron a gastar su saliva en otros derroteros. Pero os seré sincero, hubo veces que estuve a punto de hacerles caso. Días en los que lo que lo poco que había construido a nivel ecuestre parecía que iba a desmoronarse de un momento a otro. Pero siempre, en el último momento, esa voz que todos llevamos dentro y que sale en nuestro auxilio cuando más la necesitamos, me decía que siguiera adelante, y que había mucho que ganar, y poco que perder.
Y en esas estamos. Amaneciendo cada mañana con ilusión de hacerlo mejor que el día anterior, de compartirlo con vosotros y de seguir recorriendo un camino, al que por suerte, no le veo fin. Gracias por estar ahí.

lunes, 31 de diciembre de 2018

Último día del año

Último día del año, y quiero desearos a todos un 2019 lleno de esa luz especial que nos acompaña cuando hay caballos al lado.



lunes, 10 de diciembre de 2018

Ahora entiendo por qué te rompiste

Mi carta a un caballo que fue víctima de su enorme corazón


Fragmentos del Diario de Recuperación de Atómico (noviembre/diciembre 2018)

La lluvia no nos ha permitido tener continuidad en estas últimas semanas. Y si te soy sincero, tampoco me importa mucho. Ver cómo has ido recuperando tus ganas de vivir, observar cómo no solo tu cuerpo sino tu expresión ha ido cambiando a la que hoy tienes, ya merece la pena. No se me borrará de la memoria fácilmente esos primeros días tras tu llegada, en los que parecías una especie de fantasma…entre lo blanco que eres, y que te arrastrabas con dificultad para ir a beber y para comer la hierba que la primavera te tenía preparada…sinceramente, aquellos días mi moral bajó a los mínimos porque al verte tan rígido y tan apagado, pensé que ya era tarde para ti.

En aquellos días maldecí una y mil a veces a todos los que contribuyeron a que a un caballo como tú se le fuera apagando la vida poco a poco y sin ningún motivo. Sentado en mi risco favorito, en esas tardes de primavera en las que el sol empieza a esconderse cada vez más tarde, te contemplaba triste, y veía como no eras capaz de seguir a mi yegua (o quizás debería decir ya “tu yegua”) por más que no quisieras despegarte de ella.

Mi yegua… ¿le debemos tanto, verdad? Ella fue la que te sacó de ese agujero oscuro en el que te habías encerrado. La que te hizo darte cuenta de que aún había cosas por las que merecía la pena vivir. La que no solo te devolvió las ganas de relinchar, sino la que te hizo sacar fuerzas de donde no las había para ir aquí y allá para cortejarla y estar a su lado y empezar a rejuvenecer ese cuerpo oxidado por las injusticias humanas. Sí, el veterinario con la quiro, los estiramientos, el revolcarte tantas veces como quieras ahora que nadie te lo prohíbe, el trabajo a la cuerda, la buena comida… ya sé que todo eso te ha ayudado también, pero sin la yegua, hoy no estarías como estás, y sé que tú, lo sabes mejor que nadie.

Inseparables desde la primavera, Athenea y Atómico. Ambos saben lo que es resurgir del infierno de la ineptitud humana. Quizás eso es lo que les ha unido tanto.

Y ahora, en este punto en el que estamos, en el que aún quedan muchas cosas que mejorar, y si bien hemos podido dejar atrás el desánimo y la desmotivación, las lluvias incesantes de este otoño no nos han permitido mantener un programa de trabajo continuado.

Y ya sabes que no me gusta montarte si no estamos unos días antes trabajando a la cuerda para tonificar bien ese dorso que tan mal te trataron estos años atrás. Y cuando llega el día de subirme, a pesar de que paso pocos minutos sobre ti, y de que en total no creo que ni en estos siete meses me haya subido más de doce veces, ese día, esos pocos minutos en los que te monto, entiendo perfectamente porqué te rompiste.



¿Sabes? No llevo la cuenta de los caballos que he trabajado a la cuerda o he montado en estos últimos años, pero hay algo que puedo decirte con total seguridad: si bien eres el caballo más pequeño que he montado en este tiempo, no he conocido a ninguno que tenga el corazón más grande que tú.  Y eso, sin que tú lo sepas, es lo que ha llevado a que tu cuerpo se rompiera.
En estas poquitas veces que te he montado, he podido sentir claramente que tú eres de esos caballos que das mucho más de lo que tienes realmente para ofrecer. Y eso, amigo mío, es un peligro si te topas con cierto tipo de personajes, que por desgracia abundan en este mundo hípico en el que a ti a y mi nos ha tocado vivir.

A ti tu corazón te lleva a hacer más kilómetros de los que tu cuerpo está preparado para hacer. Tu espíritu colaborativo te lleva a dejar de lado el posible dolor que puedas sentir si tu jinete te pide más. Y por eso, te rompiste. Te fueron pidiendo y tú fuiste dando y entregando. Pero lo que tú entregabas era tu salud. Eran no solo los latidos de tu corazón bombeando sangre a todos los músculos de tu cuerpo para hacer más y más kilómetros, sino tus tendones, tus articulaciones y todo aquello que hiciera falta para seguir propulsando tu cuerpo y el de la persona que llevaras encima. Y para colmo, cuando te rompiste y no seguiste como caballo de raid, tuviste la mala fortuna de pasar a ser un caballo de clases.




Te obligaron no solo a vivir durante años en un espacio en el que un ser humano no aguantaría ni un par de horas, sino que cuando te sacaban te obligaban a trabajar con un elástico a la boca para forzarte a adoptar una postura que esta pandilla de ignorantes no sabe conseguir de otra manera más que a base de basura hípica mal usada.

En resumen, toda tu vida diste y diste, primero en carrera, y después en las clases, y a cambio, a ti, cada vez te daban menos. Menos libertad, menos calidad de vida, menos alimento…Y claro, hasta que te fuiste rompiendo, no solo físicamente, sino mentalmente. Probablemente, otros caballos no habrían aguantado ni la mitad de lo que tú has aguantado tantos años. Y probablemente, otros caballos no habrían respondido tan positivamente a los estímulos que a mí, el destino, me ha permitido ofrecerte.



Pero tengo que serte sincero, compañero: hemos llegado hasta aquí y ni yo mismo me creo que hayas alcanzado este nivel de musculación y que hayas recuperado las ganas de vivir, pero hay ciertas limitaciones que no se si podremos superar.  Te agradezco que hayas confiado en mí y que cada vez que te pido que trabajemos, lo hagas de tan buena gana. Pero no sé hasta qué punto podremos llegar, porque desgraciadamente, hay ciertas secuelas físicas que ya tienes ahí y que son producto de aquellos abusos a los que te sometieron y que nadie supo prever, ni siquiera tú, con tu gran corazón.

Pero no te preocupes, que una cosa te puedo garantizar: yo, a pesar de que se que tu enorme corazón me daría mucho más de lo que tu cuerpo puede dar, no voy a pedirte tal cosa, sino que con todo lo que ya me das, no solo me conformo sino que me haces enormemente feliz, y el simple hecho de verte pastar con esa expresión de caballo pleno, el ver que ya puedes seguir al galope a mi/tu yegua cuando le da por hacer la cabra, me reconforta y me hace saber que ha merecido la pena.


Y al igual que arrancaste mis lágrimas aquel día que nos conocimos, en el que me hiciste sacar lo mejor de mí para poder trabajarte a la cuerda cuando eras aun un caballo de clases lleno de achaques, hoy, que al fin eres un caballo libre, y con el que comparto mi día a día, me has hecho llorar de alegría cuando te vi dar las primeras galopadas a tu antojo. Y eso, compañero, no tiene precio y no se cómo devolverte el favor, tan solo espero poder estar a tu altura y no defraudarte.

Y antes de terminar, déjame que te pida perdón en nombre de mi especie y de la que me avergüenzo por no ser dignos de ti y de otros muchos caballos,  pero yo te pido perdón por todos aquellos que abusaron de tu enorme corazón, y te doy las gracias, por darme un trocito de ese corazón tan grande que tienes, y del que has demostrado, no tiene fin. Tendrían que aprender tanto de ti muchos seres humanos…


Si te interesa conocer la historia de este caballo en profundidad, visita este artículo: http://www.tomasmateo.com/2018/08/atomico-o-todo-lo-que-no-hay-que-hacer.html

Si te gusta practicar el deporte hípico con tu caballo pero siendo fiel a unos valores de respeto total al caballo, te recomiendo que escuches este podcast: 

sábado, 1 de diciembre de 2018

De caballo de carreras a caballo de Doma

No te lo parecerá, pero es el mismo caballo en ambas fotos. Las diferencias físicas son varias, pero la principal es la que más salta a la vista y en cambio, es la menos tenida en cuenta por la gran mayoría de propietarios y jinetes con sus caballos: EL TIEMPO. 7 AÑOS han transcurrido desde la foto en el hipódromo a la de la pista de doma.


La semana pasada os hablaba en un artículo de la importancia de no empezar a montar los caballos tan jóvenes como se suele hacer y os traigo este formidable ejemplo de cómo hemos de dejar las prisas de lado si queremos, como siempre digo, que el entrenamiento haga del caballo que esté más fuerte y sano, y no, todo lo contrario.
Sabéis que soy un enamorado del Pura Sangre Inglés y también un seguidor de los numerosos proyectos que hay en Inglaterra, Francia y Estados Unidos por ejemplo, para recuperar a estos caballos y darle una oportunidad en diferentes campos. Esta en concreto se llama Thoroughbred Dressage, y es una iniciativa liderada y gestionada por Louise Robson. Os dejo su página web por si queréis saber más de ella y sus purasangres que cambian los hipódromos por los cuadrilongos.

domingo, 25 de noviembre de 2018

Hípica,machismo y el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer


Ayer fue 25 de Noviembre. Y eso significa dos hitos importantes en mi vida. Uno, que es mi cumpleaños. Y otro, bastante más significativo: es el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Quizás os sorprendan estos datos con los que abro este artículo, pues en este caso no voy a hablar puramente de Entrenamiento Equino, como suelo hacer…o quizás sí, aunque no del modo habitual.


Rosalind Canter. Uno de mis grandes referentes actuales por su tesón, simpatía y buen hacer hípico.


Hasta hace unos 10 años más o menos, yo era uno de esos hombres simplones que apenas creía que la vida es algo más que coincidencias y por otro, era de esos tíos idiotas que creía que eso de la violencia machista era algo que pasaba solo en casos aislados de clases con pocos recursos.

Hasta que la vida me puso en mi sitio. De repente, me estalló en mi cara un caso de violencia machista extremo en el que no me quedó más remedio que intervenir. Y ahí me di cuenta de que no solo el problema existía y de que afectaba a muchas más mujeres de las que podamos imaginar, sino que pude ver como algunos hombres son auténticos seres despreciables y cobardes, y lo que es peor, hay otros de su misma calaña que están dispuestos a encubrirles. Basura humana masculina en toda regla que nunca imaginé podría existir a escasos centímetros de mi persona.

Desde entonces, mi  visión sobre este problema cambió radicalmente, y empecé a darme cuenta de la alarmante cantidad de micromachismos ( o sin el micro delante) que nos inundan sin que nos demos cuenta: el chiste fácil de la tía con poco cerebro, el prejuicio clásico hacia la mujer que ha tenido varios novios, pero que si es al revés, el tío es un todo un crack por haber estado con muchas mujeres, y toda esta porquería machista con la que aún hay una cierta parte de la sociedad en la que se regodea.


Ingrid Klimke. Me encantan sus libros y su concepto de entrenamiento.

Bien, pero esta es una página web sobre caballos, ¿qué tiene que ver todo esto con el entrenamiento equino? Mucho.

Como os decía anteriormente, ahora no creo en las simples casualidades y quizás el hecho de que mi cumpleaños sea el mismo día que se celebra el Día Internacional de la Eliminación de Violencia contra la mujer, después de lo que viví en mis carnes hace unos años, me lleva a querer aprovechar mi plataforma de comunicación para hablar de algo que creo de lo que en la hípica podemos ir vanagloriándonos, y es del papel preponderante de la mujer, aunque  yo concretamente quiero hablaros de un caso concreto que a mí me demuestra que eso que nos decían del “sexo débil” es una estupidez y una falacia, aunque ya sé por qué nos lo decían: es por el miedo. Miedo porque no hay nada que una mujer no pueda hacer por más que le duela a un hombre. Y en la hípica, en la que se supone que ciertas cosas son más patrimonio de los hombres por la supuesta necesidad de fuerza, yo puedo afirmar que hay mujeres que lo hacen mucho mejor que los hombres. Y os voy a contar de primera mano la suerte que he tenido yo de conocer un caso así, y que a día de hoy me inspira en mi trabajo diario. Y lo cuento porque creo que es necesario que seamos precisamente los hombres quienes más nos concienciemos de esto. Yo hablo desde mi campo, el hípico, pero estoy seguro que hay ejemplos extrapolables en todas las parcelas de la vida.

Ya sabéis que a menudo os hablo de mis referentes hípicos, que suelen ser en su mayoría, mujeres. Algunas de ellas además, son madres, y alucino cómo llevan el dedicarse a la competición y el criar a sus hijos, como si el oficio ecuestre no implicara suficiente trabajo.


Jonelle Price, ganadora del último Badminton. Pude conocer a Jonelle y su marido (también jinete) y comprobé como funcionan como un verdadero equipo de iguales.

Pero  tengo la suerte de tener referentes, a los que prácticamente considero ídolos a los que admirar, a los que no solo conozco personalmente, sino que mantengo una estrecha relación con ellos. Personas que no solo me han hecho crecer como jinete y en mi camino de preparación de caballos, sino que han aportado a mi vida una riqueza y una perspectiva por las que les estaré eternamente agradecido.

Sí, gracias a los caballos, he conocido y sigo conociendo a personas maravillosas. De esas que se dan una entre un millón. De mi maestro, el archiconocido Cura, os he hablado decenas de veces. Para muchos de sus alumnos no es solo nuestro gran maestro, sino nuestro padre hípico, al que acudimos para contarle nuestros éxitos ecuestres, y en cuyo hombro buscamos refugio cuando las dudas hípicas nos asolan. Pero hoy quiero hablaros de alguien que también centrifugó mi vida ecuestre, y en efecto, es una mujer. O bueno, debería decir MUJER, con mayúsculas.

Hace ahora precisamente un par de años, un amigo me habló de una amiga suya que se iba a instalar en Andalucía con sus caballos.  Venía con cuatro caballos y su intención era hacer el Sunshine Tour e iba a necesitar ayuda con el trabajo diario de los caballos, para el circuito, etc. Este amigo nos presentó y en poco tiempo cerramos los términos de nuestro acuerdo.

En pocos días me di cuenta de que por fin no tendría que salir cabizbajo por trabajar para otro propietario que no tiene en cuenta las necesidades básicas de sus caballos, sino que al fin, el cielo me compensaba y trabajaba con alguien que no es que se esforzara por darle a sus caballos el mejor heno, el mejor pienso, el mejor entrenamiento y el mejor manejo, sino que sabía lo importante que era dedicar tiempo al calentamiento y al enfriamiento, sacar los caballos a hacer pulmón por el campo, etc, etc.

Yo alucinaba. Por fin podía dedicarme única y exclusivamente a lo que más me gusta y lo que mejor se me da: poner en forma un caballo combinando trabajo a la cuerda y montado. No solo me daba carta blanca sino que me invitaba a profundizar y a que fuera más allá. En aquellos días yo iba casi levitando: tenía unos supercaballos a los que trabajar, bien alimentados, bien manejados, con material y equipamiento de primer nivel y encima una propietaria que además de confiar en mí, se involucraba activamente en todo el quehacer de sus caballos.

¿Pero sabéis qué? Que en poco tiempo, fui yo el que empecé a darme cuenta que aquello iba a suponer una experiencia de aprendizaje enorme. Yo me entregaba en el trabajo diario de aquellos caballos y ponía lo mejor de mi parte, pero poco a poco, la que por entonces era “mi jefa” me empezaba a decir: “¿Por qué no pruebas a hacer tal cosa? Seguro que te funciona mejor”.
Y efectivamente, así era. Todo lo que yo hacía se vio implementado por sus consejos y hubo un momento en el que llegué a sentirme un verdadero ignorante. Pero lejos de empequeñecerme, asumí mi rol y sobre todo supe que tenía la oportunidad de que una mujer para la que en ese momento estaba trabajando, me enseñara una perspectiva del trabajo con caballos y de la hípica de competición que podía cambiar mi vida, como de hecho, así sucedió.

Llegó el Sunshine Tour y todo salió a las mil maravillas. Los caballos los compitió el hijo mayor de la que entonces era mi jefa y hoy amiga, jinete profesional en Alemania, y la experiencia fue, al menos para mí, imborrable. Después vinieron otros concursos en los que ella era quien montaba sus caballos y siempre terminábamos con buen sabor de boca porque la idea no era ganar, sino hacer buena Equitación, y a cuidar el caballo por encima de todo. Claro que a veces, este enfoque tenía su premio y hubo primeros puestos, por qué no decirlo.




Con su "obra de arte". Un caballo que compró en Francia de potro con 3 años. Es el caballo más delicado del mundo: traga aire, con cualquier cambio la flora intestinal se le va al garete, es querencioso a más no poder...pero con doce años aquel potro flacucho y por el que nadie apostaba se había convertido en un caballo con un nivel de forma descomunal.  Siempre pegada a su "Totó" como lo llama cariñosamente, siempre dispuesta a darle lo mejor, consiguió hacer de aquel potro un caballo de deporte de alta competición en toda regla. Una labor de años que muy pocos están dispuestos a asumir y que menos aun saben hacer. "Los caballos, son como lienzos", dice ella, "los coges en blanco, y has de ir completándolos poco a poco..."


En esos días de convivencia pude darme cuenta de que esa mujer de apariencia menuda y frágil tiene una cicatriz que le cruza media espalda tras una operación por una caída de un caballo. Los médicos le dijeron que no volviera a montar y del hospital salió directa a la cuadra…También tiene un dedo de una mano al que le falta la mitad porque una yegua con bastantes problemas a la que estaba “domesticando” se lo arrancó de un mordisco…y delante de mi vi como un Kwpn de 1,82 y 700 kilos de músculo le daba una patada y la lanzaba varios metros. Pudo ponerse la mano para protegerse el estómago y con la mano ensangrentada sin ni siquiera dar un grito solo me dijo: “creo que me la ha roto, llévame a urgencias”. Y ni en el coche ni en el rato que esperábamos a que la atendieran, la escuché protestar, cuando por cosas mucho menores he visto a tíos gritando a los cuatro vientos. Cuando íbamos de vuelta en el coche y con la mano ya vendada y curada, le pregunté cómo era posible que no hubiera chillado ni una sola vez y me dijo tan panchamente:

-         " Parir sí que duele, esto no es nada". 

       Porque efectivamente, es madre de dos hijos.

La he visto salir al campo montada en un caballo de 600 kilos al que se le cruzaban los cables y que le daba por chocarse con una pared o botarse como un loco. En todas esas escenas nunca la vi perder los papeles ni mostrar miedo…sinceramente no se cómo puede hacerlo. No solo lo sacaba al campo sino que lo sacó varias veces a concursar, a pesar de todos sus resabios, como podéis ver justo en esta foto de abajo. Os confieso que las pocas veces que monté ese caballo lo hice siempre "jiñao", pero ella se lo llevaba de concurso y lo sacaba por el campo y por donde hiciera falta.





A nivel puramente de entrenamiento aprendí que un caballo de salto puede estar mucho más domado que muchos de doma, tanto técnicamente, como en el mundo real de las salidas al campo. Nunca antes había visto hacer laboratorios de salto en los que el caballo va de un obstáculo al otro haciendo apoyos al galope...increíble. Trancos medidos y pausados, apoyando tanto a una mano como a la otra con toda la suavidad del mundo y llegando al salto cómodo y a volar. Y por supuesto, obligatorio salir al campo con los caballos de dos a tres veces por semana, lloviera, hiciera un sol infernal o un vendaval. Nunca la ví achicarse por un fenómeno meteorólógico, por más desagradable que fuera. Si ese día tocaba salir al campo a galopar, salíamos a galopar y punto, hubiera lluvia apocalíptica o vientos de levante y temporal.

También aprendí que los caballos no solo pueden adaptarse perfectamente a viajar con frecuencia, a cambiar de hábitat continuamente sino que además, pueden encontrarse muy a gusto en competición, y crecerse en ella e ir a más. Cuando ves que un caballo con el que convives, va a más en cada concurso y sale a pista con la clara intención de volar sobre los saltos, te das cuenta de lo importante que es cuidar al caballo más aun para devolverle el favor que él te da con su entrega. Y aprendí que ellos te lo agradecen yendo a más en el siguiente concurso. Y entonces es cuando se produce una sinergia en la que tú cuidas al caballo y él te da a tí más aun de lo que esperas de él.

Pude ver que los caballos si los tratas de este modo, no tienen límites. Nada que ver con lo que hasta ahora me había encontrado: caballos a los que se les exigía cada vez más sin darle nada a cambio, y que por eso, machacados y explotados, iban de mano en mano y se vendían por mucho menos de lo que habían costado. Pero a mi una mujer me enseñó a que se puede conseguir la mejor versión de un caballo compitiendo y entrenando y respetando al caballo e involucrarlo en el proyecto. Esa es una de las grandes enseñanzas que me llevo: lo bien que sabe hacer que los caballos se sientan motivados con su trabajo. Hasta diría que parecían sentirse realizados. 

En definitiva, os podría contar muchas más cosas que he aprendido gracias a una mujer, pero entonces esto más que un artículo, sería un tratado. 

Creo que el hecho de que un hombre admire la fortaleza y la destreza de una mujer no es signo de debilidad sino de todo lo contrario. Y de hecho, creo que debemos vanagloriarnos de que en la hípica cada vez hay más mujeres presentes en todos sus ámbitos.  

Con este artículo pretendo por un lado rendir homenaje a esta mujer de caballos que tanto me ha enseñado, y que probablemente se enfadará al ver esto publicado porque nunca quiere aparecer de un modo público. Es por eso que no pongo su nombre. Le he dicho miles de veces que debería estar dando clinics y ofreciendo formación porque lo hace mil veces mejor que la mayoría de profesionales que conozco. Pero ella dice que no, que solo quiere estar con los caballos. 

Con este artículo pretendo también pedir perdón por lo cenutrio que fui en su día al pensar que eso del machismo no es para tanto, porque el que calla otorga y yo, en mi ignorancia, callé, sin darme cuenta de que mirar para otro lado te hace cómplice.

Y por último, con este artículo quiero congratularme por la cada vez mayor presencia femenina en la hípica. Es lo mejor que nos puede haber pasado. A día de hoy, ver fórmula 1 o tenis me resulta aburrido, pues no hay mujeres y hombres compitiendo en igualdad de condiciones y en las mismas categorías. También cada vez son más las veterinarias, mozas, etc. 

Para cerrar el artículo os dejo con algunas imágenes de los momentos vividos en este periodo de aprendizaje y que certifican lo que os cuento con palabras. 

Entrenando con uno de los caballos más tozudos que he visto en mi vida. Me di cuenta de que si a una mujer se le mete algo entre ceja y ceja, no hay caballo tozudo que se resista. Lo más sorprendente es que aquel caballo que solo quería rehusar delante del salto, empezó a disfrutar con cada salto y no hacía más que crecerse. Ese día subimos los palos bastante...

Abajo, varias imágenes de concurso 












Un clásico en todos los concursos: ducha y a buscar un sitio para que los caballos se revuelquen. Todos nos miraban con cara rara, pero la prioridad siempre estaba clara: caballo revuelto=caballo estirado=caballo sano y feliz.


 Nunca íbamos a ganar...pero a veces caía el primer puesto. Este en concreto en una prueba con más de 60 inscritos y caballos de mucho mayor presupuesto y más experiencia. El segundo clasificado quedó a 10 segundos...Poderosa lección de Equitación la que aprendí ese fin de semana.