jueves, 13 de septiembre de 2018

NOVEDADES ATÓMICAS


Ya he comenzado con la primera fase del trabajo montado de Atómico, y lo primero que me gustaría destacar, es que este pequeño caballo, tiene un corazón que no le cabe en el cuerpo. Las semanas de descanso, el empezar después poco a poco con trabajo pie a tierra, la quiropraxia, los estiramientos…todos y cada uno de los detalles de estos cuatro meses han sin duda colaborado para que aquel caballo que antes de venir atacaba cuando le intentaban cepillar o cinchar, ahora esté deseando agradar en cuanto se le monta.



Las sesiones de monta están siendo muy breves, al paso y sin hierro, y mi principal intención ahora mismo es que entienda que la Equitación también va de él, que puede resultarle divertida y beneficiarle físicamente. Esa es ahora mismo la primera premisa, ya que al haber sido caballo de clases, quiere responder a todo como un autómata, por lo que me estoy centrando en hacerle ver que no se trata de ser una máquina que responda de un modo sistemático a las peticiones del jinete, sino que esto va de pasarlo bien los dos, de hacernos fuertes el uno al otro y crecer juntos, y la  verdad que en lo poco que lo he montado, lo va pillando rápido.

Añado que antes de montarlo lo caliento a la cuerda y sin montura durante 15 minutos, que va descalzo pero con botas en las manos, y como digo arriba, sin hierro. El trabajo montado está siendo de otros 15 minutos aproximadamente, y que iremos subiendo progresivamente en los próximos días, si bien lo montaré un par de veces en semana,  y el resto de días, seguirá trabajando pie a tierra para seguir mejorando ese dorso.

La foto es de ayer justo después del trabajo, dándose una merecida merienda de forraje verde y fresco en el nuevo prado que les llevo preparando todo el verano para que tengan un remanso de pasto verde y fresco para cuando terminan de trabajar y para las horas de más calor.

miércoles, 12 de septiembre de 2018

Caballos más fuertes, felices y sanos


                

Mucha gente me pregunta en qué consiste exactamente lo que hago. Este vídeo lo resume muy brevemente: busco caballos que vienen de vivir lo peor del ser humano para convertirlos en caballos fuertes, felices y sanos, trabajando diariamente para que confíen en la misma especie que un día les traicionó, intentando que el deporte les ayude como a mí me ha ayudado.

miércoles, 5 de septiembre de 2018

Cuando asumimos lo ANORMAL como normal

Es doloroso cuando hablo con otros jinetes y propietarios de caballos que ya tienen asumido lo anormal como algo totalmente normal. Personas para los que es algo totalmente lógico que un caballo con 6 o 7 años ya esté infiltrado varias veces, que los caballos que van trabajando estén cojos periódicamenteasumen la lesión, en lugar de algo extraño, como algo normal y propio al caballo: “otra vez lesionado, pero bueno, ya sabes… lo de siempre”, dicen con tono de resignación, como si fuera algo que sucediera como la lluvia o el amanecer, es decir, algo que ocurre de modo natural y contra lo que no podemos hacer nada. Claro, no saben que de casualidad no tiene nada, sino que son ellos los responsables directos de todas esas lesiones.
Como tampoco son normales las ranillas podridas, y que tantos jinetes asumen como usuales. Ni los patas hinchadas, ni los dorsos hundidos…tantos y tantos problemas que se tienen como algo inherente al caballo, pero que ni mucho menos, han de ser así.
También están los criadores que ven como algo usual que los potros se corten y se hieran con las alambradas o el pastor eléctrico. Asumen también que con los destetes, a los potros les den cólicos con diarreas por el estrés, y otras cosas que suceden cuando los destetes son bruscos y mal hechos. Todos estos incidentes en cambio, pueden minimizarse al máximo si hacemos los destetes de un modo coherente y adecuamos las instalaciones a un manejo equino lógico.
Por otro lado están los propietarios que no ven nada raro en que sus profesores de Equitación les obliguen a colocar rendajes y amarres para que sus caballos supuestamente vayan redondos, así como tampoco ven nada extraño en todas las artimañas que hacen estos profesores a sus caballos, y que de Equitación, nada tienen. “No, si sabe mucho, lleva toda la vida haciéndolo”, es lo que me dicen estos propietarios, cuando les pregunto si creen que es lógico obligar a un caballo a través de amarres o de cualquier treta a hacer lo que sea.
En el que momento que asumimos que lo ANORMAL es lo normal, la ineptitud campa a sus anchas. Ahora os pongo un ejemplo no hípico y que nos permitirá ver las cosas de otro modo. Cuando hablo con profesores de enseñanza pública de centros en los que hay un elevado porcentaje de absentismo y de fracaso escolar, y les pregunto que cuál creen es el problema, todos dicen lo mismo:
- “el problema es que desde pequeños asumen que no van a ser capaces de terminar unos estudios mínimos. En su casa es lo normal que nadie tenga estudios y ellos han asumido que no van a poder acceder no digamos a un título universitario, sino ni siquiera a acabar la secundaria”
Desgraciadamente, esta es la realidad de algunos lugares de España y de otros países. Familias y barrios que asumen la creencia de que su vida, hagan lo que hagan, está condicionada por una especie de imposición que les impide hacer nada por cambiarlo. El efecto desgraciado e inmediato, es que asumen su falta de preparación como lo normal, lo propio, y por lo tanto, no van a hacer nada por mejorar.
Este es uno de los grandes problemas del ser humano: LAS CREENCIAS. Ortega y Gasset lo decía y es aplicable perfectamente a la hípica: “las ideas las tenemos, en las creencias estamos”. Un país que contiene partes de población que no son capaces de terminar unos estudios mínimos, está fracasando. Igual ocurre en el terreno de la hípica: si buena parte de jinetes y propietarios asumen las lesiones y la mala praxis en definitiva como lo normal, nunca llegaremos a alcanzar nuestro potencial. Pero por desgracia, nos encontramos con este perfil abundantísimo de personas que aunque evidentemente no les gusta nada la idea de que su caballo se le lesione periódicamente, han asumido la creencia de que es normal que los caballos se lesionen, ya que ha sucedido de toda la vida y no se puede hacer nada por evitarlo.
Pero sí que PODEMOS HACER MUCHO POR CAMBIAR TODO ESO
_Los caballos no tienen por qué lesionarse si se entrenan correctamente
_Los potros no tienen por qué herirse o echarse a perder si se colocan vallados y perímetros con lógica y coherencia equina
_Y no es necesario forzar al caballo mediante amarres ni nada coercitivo si se estudia un mínimo de biomecánica y de etología
¿Tan difícil es asumir que las cosas se pueden hacer bien y que en nuestra mano está el cambiar todo aquello que parece imposible de cambiar?

miércoles, 22 de agosto de 2018

La preciosa información que esconden las crines de tu caballo

Mucha gente cree que las crines obedecen a simples caprichos y se obcecan en peinar, en echar fijador, coger trenzas…Es cierto que hay casos en los que todo está bien y un simple peinado deja las crines bien alineadas, pero ¿y qué pasa en aquellos caballos que tienen todas las crines caídas a un lado pero hay un mechón que siempre cae del otro? ¿Se trata de un simple mechón rebelde o hay algo más?
Pues hay MUCHO MÁS…Las crines obedecen al estado de los músculos que se encuentran en el cuello, por lo que en casos de caballos que las crines caen a un lado y otro por más que peinemos, es probable que haya asimetrías importantes, y sí lo que ocurre es como el caso de la foto, que hay una zona de la crin que es imposible peinar, que siempre cae al lado contrario del resto, y que además, dicha zona de crin es una especie de cresta, lo que ocurre es que el caballo posee justo en esa zona una importante hipertrofia muscular, es decir, un desarrollo excesivo de musculo, lo cual, puede ser tan negativo o más como la atrofia o falta del mismo.



En la foto podéis ver a Atómico, el cual, por más que lo peine, al momento las crines se le ponen así. Y eso se produce justo por lo que os cuento, por el exceso de musculatura, gruesa y rígida que ha desarrollado ahí. ¿Y cómo se ha producido esa musculatura tan excesiva en esta zona? Muy sencillo: por montarlo con unas gomas ancladas al filete que le han obligado a forzar el cuello, provocando con el paso de los años, ese mal desarrollo de una musculatura, que debería en realidad ser un músculo fino y elástico. En cambio, él posee ahí una masa dura, rígida y carente de riego sanguíneo, que además le duele bastante si le tocas. Poco a poco, y gracias a que al estar en libertad se pasa el día con el cuello estirado, le va mejorando, gracias a ciertos estiramientos que vamos practicando, pero será algo que conseguiremos mejorar muy lentamente y no se hasta que punto eliminaremos del todo.
Por lo tanto, dos apuntes importantes me gustaría que te llevaras con respecto a las crines:
1_Si tu caballo, por más que lo peinas, presenta irregularidades en las crines, es probable que haya asimetrías o puntos rígidos en el cuello (lo cual a su vez es probable que evidencie otras asimetrías en el resto del cuerpo). Por lo tanto, consulta lo antes posible a tu veterinario experto en fisioterapia para que te de un diagnóstico de lo que puede estar provocando esas crines irregulares. ¡No desaproveches la información que te dan las crines de tu caballo!
2_Y segundo, ¡QUE NO TE ENGAÑEN!: Si tu profesor te dice que debes poner gomas al filete, riendas alemanas o cualquier otro rendaje o amarre para que el caballo arquee el cuello, que sepas que lo primero es que ese profesor ignora completamente las causas físicas que impiden a un caballo arquear el cuello de un modo natural, y que si el caballo no arquea el cuello, es PORQUE SIENTEN DOLOR, no por capricho. FORZAR A UN CABALLO A QUE ARQUEE EL CUELLO CON UN RENDAJE ES ENCAMINARLO A LAS LESIONES Y AL DOLOR. Los buenos profesionales saben pedir a los caballos las posturas más óptimas sin echar manos de amarres y además saben detectar cuándo puede estar doliéndoles algo.

lunes, 6 de agosto de 2018

Atómico, o todo lo que no hay que hacer con un caballo

Historias como las que hoy os cuento son por desgracia muy comunes: caballos con un futuro prometedor pero que debido a la ineptitud de los jinetes, profesores y entrenadores bajo cuya tutela y posaderas caen, terminan con la salud y la moral por los suelos.  El caballo del que hoy os hablo, lleva conmigo tres meses, en los cuales hemos podido mejorar bastantes cosas, y espero que sigamos mejorando más aun, pero habrá secuelas que nunca podremos paliar.

¿Pero cómo se llega a que un caballo parezca mucho mayor de lo que es y que le duela hasta el alma al moverse? Sencillo, no hay más que aplicar la receta que tantos y tantos jinetes aún siguen aplicando: entrenamientos inadecuados, dejar a los caballos encerrados en boxes diminutos horas y horas, mala alimentación, montarlos con rendajes que los someten, etc.

Sabemos del caballo que empezó a competir en raid y que llegó a clasificar hasta 90 km. Después vienen las lesiones, pero no se hizo una recuperación adecuada. Finalmente el caballo termina en un box sin que nadie le eche cuenta hasta que llama la atención de la que sería su propietaria. Pasado un tiempo la dueña se ve obligada a cederlo a la propia hípica, que lo usará como caballo de clases, y a partir de ahí su condición física no hará más que empeorar. Hace algo más de un año, me topo con el caballo en un curso, y lo que ocurre desde entonces hasta ahora, es lo que os cuento en este artículo, con la esperanza de que nos concienciemos de una vez, que hemos de empezar a cambiar paradigmas en todo lo referente a lo que hacemos con los caballos.

(Fotos: Carmen Manzano/Doma Ética)

Los primeros trabajos, ya descalzado, consistieron en simples paseos en duro

El día del encuentro

Hará cosa de algo más de un año, en un curso del que guardo gratísimo recuerdo y que impartimos entre mi querido Maestro, José Manuel Sales Pons “El Cura” y un servidor, organizado a la sazón por la Universidad de Sevilla y el profesor y criador de Angloárabes Antonio Franco, tuve la ocasión de conocer al protagonista de estas palabras que hoy comparto con vosotros. Al finalizar la parte teórica, ya casi de noche, una de las asistentes al curso, y quizás la más joven de los veintitantos participantes, se me acercó para consultarme una serie de dudas sobre su caballo. Me decía que éste se quejaba al cincharlo, que no lo veía motivado con su trabajo, etc. Cosas que por desgracia son bastante comunes en muchos caballos. La chica en cuestión tenía interés en traer su caballo a la jornada práctica, y conseguimos acoplar el caballo en una plaza libre en un remolque. Pero la mayor dificultad me decía, residía en  que por diferentes motivos había tenido que ceder a su caballo a la hípica en el que se encontraba, y no poseía el control total de lo que se hacía con él. Eso indudablemente complicaba las cosas, pero siendo sincero, he de deciros que en ese momento no pensaba ni mucho menos en todo lo que pasaría por mi cabeza cuando al día siguiente, tuviera frente a mí al caballo.

Foto de grupo en el curso en el que me cruzo con Atomico por vez primera

Aunque antes de entrar en detalle y para poneros en contexto, añado que son varias las decenas de caballos con los que me relaciono a lo largo del año, y si bien es indudable que absolutamente todos los caballos tienen algo, está claro que con algunos enganchamos en un segundo. En ese momento además, tenía la suerte de estar trabajando varios caballos de deporte de alto nivel, con lo que a priori, mi nivel de “exigencia” a la hora de fijarme en un caballo, era bastante alto.

Pero he aquí que llega la mañana del día siguiente y en un ambiente extraordinario, en las pistas de Hípica Espigares empezamos a recibir los caballos de aquellos participantes que decidieron traerlos, y por otro lado, los alumnos que no traían caballos contaron con los de la propia hípica. Nos repartimos el trabajo: trabajo montado para el maestro y trabajo pie a tierra para mí. Y en esas estaba, en el reparto de los grupos, cuando la chica que me preguntó el día anterior a última hora por las dudas de su caballo, apareció y me dijo que si podía ir a verlo para ver cómo reaccionaba ante la montura, etc. Me acerqué con ella y efectivamente, el caballo no mostraba precisamente alegría sobre todo a la hora de apretarle la cincha. Tal cosa tuvo fácil arreglo, fui al coche por una cincha mía (ergonómica, ancha y con elásticos a ambos lados), y la sustituimos por la cincha rígida, estrecha y sin elásticos que solía llevar. El jaleo alrededor era considerable, ya que algunos de los alumnos habían traído incluso dos caballos, y aquello era un trajín ecuestre tremendo. Aun así, una voz en mi interior, me dijo: “pues tiene algo el caballito…”

Largo sería el contar en que consistieron las distintas prácticas que hicimos con los alumnos y los caballos, tanto pie a tierra como montados, pero lo que sí os puedo decir, es que conforme más contacto iba teniendo con aquel caballito blanco, más me iba fijando en él. No hizo falta mucho más para darme cuenta de lo que pasaba con aquel caballo: había perdido la motivación por el trabajo, pero yo creía ver que aún tenía mucho que dar. ¿Problema? Nadie le estaba entendiendo.

Al cederlo a una hípica, estaba siendo usado como caballo de tanda. Había días que daba varias clases y otros que ni siquiera salía del box si no había alumnos para montar. Para colmo, se estaba usando una montura y una cincha que claramente le estaban dañando, y para empeorar el cuadro, le obligaban a llevar las dichosas “gomas” a la embocadura para que “fuera colocado redondo”. Esto fue por cierto lo primero que junto con la cincha, le quité al caballo en la clase práctica. Sigo sin entender como supuestos profesionales de la Equitación, usan las gomas anclándolas a la boca. “Es que si no lleva las gomas el caballo se invierte”, me decía la chica y en la hípica me obligan a ponerlo…”. A lo que yo le respondí:

-          Ajá… ¿Entonces, cómo el caballo muestra señales de dolor, se le ponen las gomas en el filete para obligarlo a que vaya encogido y cada día vaya peor aún…no?

La dueña del caballo, estaba desconcertada. Todo lo que sus profesores le decían se lo tiramos por tierra en menos de un día entre el Maestro y yo. Pero no quiero detenerme en detalles oscuros y prefiero contaros lo bonito de aquel día. El caballo se mostraba reacio a ejercicios que los otros caballos estaban haciendo con buena disposición, pues son ejercicios que motivan y alegran a los caballos, sobre todo a los que solo hacen el aburrido trabajo de pista. Aprovechando el pequeño cross de Espigares, nos pusimos a saltar troncos, banquetas, subir montículos, etc. Caballos y jinetes estaban disfrutando, pero aquel caballito blanco, no parecía disfrutar con aquello, e incluso se negaba a pasar por el más mínimo obstáculo.

El caballo se había pasado los últimos años siendo totalmente incapaz de apoyar los dos pies a la vez, siempre estaba aliviándose con uno u otro.

A final de tarde, le pedí el caballo en cuestión a la dueña para trabajarlo pie a tierra. Me aparté del grupo,  necesitaba encontrarme en cierta medida a solas con aquel caballo contraído física y mentalmente, tan encerrado en sí mismo. Era curioso, porque al caballo se le veía que por un lado estaba con energía y hasta con estrés, pero no parecía dispuesto a usar esa energía en nada de lo que le pidiéramos. Empecé con una especie de ritual muy básico cuando trabajo caballos que no conozco, en los que les pido simplemente que vayan al paso a una mano y a otra, avanzando junto a mí, ahora en recto, y ahora les pido que giren, etc. Algo raro estaba pasando allí: veía un caballo de físico claramente rígido y venido a menos, pero de indudable base atlética. No se veían cojeras aparentes, pero aquel caballo parecía estar oxidado y se mostraba poco dispuesto al más mínimo trabajo. Estaba claro que el hecho de que le obligasen a ser montado con las gomas no le había hecho ningún bien, pero ahora estaba frente a mí, desnudo, simplemente con mi cabezada y mi cuerda…aunque algo no marchaba. El caballo avanzaba pero lo hacía sin mostrar voluntad, de un modo robótico y carente de ánimo.

Estas actitudes, cuando las vemos en un caballo, duelen profundamente. ¿Qué sería de la Equitación sin la voluntad y las ganas de agradar que ponen los caballos cuando están sanos y contentos con su vida y su trabajo?  Porque es justo eso lo que la hace tan apasionante y tan diferente a cualquier otra cosa que podamos hacer en la vida. Y aunque aquel caballo no parecía dejarme la más mínima rendija abierta para mostrar algo de ánimo por el trabajo, no estaba dispuesto a dejarme vencer. Algo me decía que aquel caballo todavía tenía mucha vida que ofrecer, pero estaba claro que no iba a ofrecerla a cualquier precio.

No había duda: era el clásico caso de caballo que ha dado mucho, y se ha visto traicionado, y no estaba dispuesto a serlo de nuevo. Lo he visto por desgracia en demasiadas ocasiones: caballos que han dado mucho más de lo que se esperaba de ellos, y se les ha pagado con más exigencias aun, con rendajes que los obligan a adoptar posturas “supuestamente redondas”, con encierros eternos en boxes enanos, con alimentación deficiente, sin poder tocar y oler otros caballos…y al final, hartos, se encierran en sí mismos. Aprenden a dar de un modo rutinario y carente de vida lo que se espera de ellos, pero la inapetencia se apodera de su mente y es difícil sacarlos de ahí, y acababa de conocer a ese caballo pero tenía claro que se trataba de uno de esos casos.

Su lesión en los posteriores le impide estirar las patas con normalidad, por lo que manipularle los pies requiere de mucha paciencia

Pero no tiré la toalla. Le insistí y le hice ver como pude que la vida aun podía ofrecerle cosas interesantes, que no todo iba ser una tanda machacona tras otra, que si me dejaba, podíamos hacer algunas cosas divertidas y que servirían para al menos, durante aquella tarde,  para descontraer el cuerpo y desconectar la mente, y en un rato…¡¡lo conseguí!! De repente aquel caballo apagado se convirtió en una masa de energía blanca, que con la cola en trompa empezó a llenar con su presencia aquella pista. Él iba galopando y yo corriendo, y nos hicimos todos los obstáculos que por la mañana rehusó afrontar. ¡¡Hasta costó trabajo pararlo!! Y la verdad que yo tampoco quería dejar aquello. Aquel ha sido sin duda uno de los grandes momentos de toda mi experiencia hípica. 

Ni yo mismo me lo esperaba. En ese momento venía de estar trabajando con caballos centroeruopeos enormes musculados hasta las trancas, y aquel caballito blanco y medianito, me estaba permitiendo vivir unas sensaciones indescriptibles. Ahora además, puedo confesarlo: al ver su reacción se me saltaron las lágrimas. No pude contenerme. Aguanté el tirón como pude y como me había alejado del grupo para trabajar a la cuerda con toda la extensión posible, creo que nadie se dio cuenta. Supongo que lo que me emocionó, fue que al final, confiara en mí, y entregara la chispa que aun tenía por dentro.
Después, di por finalizada la sesión, acaricié al caballo, y de un modo telepático, si es que esto es posible, le dije: “gracias amigo, por haber confiado en mí…”.

Justo recién llegado. En lugar de mostrarse contento por llegar al campo, como suele suceder con todos los caballos, Atómico se muestra reservado y sin dar muestras de alegría.

Reflexiones y dudas: ¿habré hecho bien?

Si bien experimentar aquellas sensaciones con un caballo que parecía haber desconectado del mundo es maravilloso,  más tarde, pensé: “¿Y qué pasará cuando esta noche vuelva a su encierro en un box diminuto…? ¿Y mañana cuando le toque dar tandas con una cincha rígida y estrecha y con unos elásticos en la boca…?”  
Mi cabeza empezó a dar vueltas y a no saber muy bien cómo gestionar aquellos pensamientos.
Bien, pues el curso finalizó y yo me fui para mi casa, que por entonces, estaba en Cádiz, donde estuve hasta principios de verano. En la hora y pico que duró el trayecto, no dejaba de pensar en todas estas vivencias. El curso había estado muy bien, vino gente de toda España, conocí a personas interesantísimas y aprendí de todos ellos varias cosas. Pero en mi mente, seguía resonando el eco de aquel caballito blanco, en el cual yo no dejaba de pensar que a esas horas ya estaría en su box, más pequeño que la celda de un presidiario…

Los  meses de espera

Como digo, hallábame por aquellos días instalado en la maravillosa provincia de Cádiz, con bastante faena ecuestre, por lo que a pesar de seguir con aquel caballito blanco en mi mente – y por qué no decirlo, ocupando también un trocito de mi corazón – no podía hacer mucho más, excepto que mantener un sucinto contacto con su propietaria. Le escribía cada cierto tiempo preguntando por el caballo, y ella me decía que hacía cuanto podía por darle al caballo algunas de las pautas que le recomendé: sacarlo al campo, trabajarlo pie a tierra, etc.
Así transcurrió el tiempo, y a principios de verano, acabada mi tarea en Cádiz, mi familia animal y yo, volvimos para casa. Seguía manteniendo el contacto con la dueña del caballo, e igualmente le pedía algunas fotos para ir sabiendo de él.

Pasaron los meses y nos metimos en el 2018. Volví a escribirle a la chica, y le dije que me gustaría ir a echar un vistazo al caballo, y que si quería, podíamos trabajar un poco a la cuerda y repasar algo de lo que más necesitara el caballo. En realidad, yo ya iba concibiendo algún tipo de plan para proponerle que para tenerlo cedido en esas condiciones tan nefastas, que me lo cediera a mí, pero una voz amiga, me aconsejaba “no te metas en fregaos ajenos, que bastantes líos salen solos ya…”.  El consejo en realidad no era vacuo, ya que no han sido pocas las suspicacias que se han levantado en ciertas hípicas y entre ciertos jinetes tras llamarme algunos propietarios de caballos que querían consultarme sobre programas de entrenamiento,  y al sugerir yo ciertos cambios en alimentación, manejo y trabajo, que evidentemente, no sientan nada bien a estos jinetes e hípicas.
Por otra parte, había malas noticias: el caballo seguía cedido pero en otras instalaciones, cuyos boxes eran aun si cabe más pequeños. Lo siento, pero para mí, en el siglo XXI, es inadmisible que haya caballos viviendo en boxes de 2x2 o incluso menos, que no dispongan ni de un triste prado o zona de suelta, y que se pasen horas y horas encerrados en tan ínfimo espacio.


El reencuentro

Quedé con la dueña en un lugar cercano y fuimos a ver a aquel amigo equino del que guardaba tan buen recuerdo. Al llegar, lo vi claramente desmejorado. Un pellizco en el estómago fue lo que sentí como primera impresión. Su rostro, apagado y envejecido, y su cuerpo, si bien no es que estuviera muerto de hambre, pero estaba enflaquecido, y su pelo, tan carente de vida como su rostro. Mientras lo llevábamos a la zona de cepillado y preparación, recordé aquellos pensamientos que me inundaron cuando terminé mi sesión a la cuerda con el caballo meses atrás: efectivamente, a pesar de haber conseguido que aquel día me entregara su confianza, después volvió a su vida de confinamiento, a su rutina gris, más parecida a la de un esclavo que a la de un caballo, a la de un compañero de aventuras.

No obstante, dejé de lado aquellas cuestiones y me centré en el caballo, pues por fin volvía a estar junto a él. Al dejarlo atado, una de las cuestiones que me preocupaban del caballo se confirmaban: era incapaz de tener en el suelo los dos pies a la vez, o pisaba con uno o con el otro, siempre aliviando la carga de un posterior. Mal asunto. Otra cosa que no me gustó fue como estaba herrado de los pies.

En fin, que tampoco en ese momento decidí darle más importancia a aquello y nos llevamos el caballo a una pista, y lo movimos un poco al paso y al aire que él quiso. La idea era simplemente estar un rato con el caballo y aprovechar para que estuviera fuera del box y moviéndose el máximo tiempo posible. El “flechazo” que sentí la otra vez se confirmó y he de decir que en esta ocasión el caballo, a pesar de verlo más apagado, me gustó más aún que la vez anterior.
Físicamente es un tipo de caballo muy cercano a mi ideal, grupa fuerte y con los músculos marcados propios de PSI, de perfil cuesta abajo, si bien es talla media tirando a pequeñín, pecho fuerte pero no ancho, y un cuello proporcionado. El paso amplio, y aunque claramente se movía sin plenitud, con solo verlo caminar al paso frente a mí, yo disfrutaba.

Lo que más me costó fue que lo lleváramos de vuelta a su box, y dejarlo metido en aquel espacio en el que apenas podía moverse y ni entraba la luz del sol. Mi mente ya estaba maquinando algún plan para sacar a aquel caballo de un presidio inmerecido, pero prometí a mi fiel “consejera de asuntos ecuestres” que no movería ficha alguna sin comentar con ella lo que había visto y vivido con el caballo en el reencuentro.

Dar el paso… o no

Una vez estuve de vuelta, le conté a mi “asesora de asuntos hípicos” punto por punto lo que sentí junto al caballo, así como los tristes detalles de su existencia, pues seguían montándolo obligado con las gomas, alimentación a todas luces inadecuada, etc.

¿Qué hacer ante esta perspectiva? Tenía ganas de ayudar a ese caballo, pero ya me ha pasado otras veces, que en casos de caballos con los que he tenido algún vínculo, y he querido ayudarles porque no estaban viviendo una buena situación, los dueños lo han malinterpretado, o los dueños de las cuadras en las que estaban se lo han tomado a mal…la verdad que el intentar querer darle una vida mejor a un caballo que sabes positivamente lo está pasando mal, pero que haya personas involucradas y se lo tomen mal, es algo que me quema mucho.

Y me ha pasado varias veces, y al final, los caballos se quedaron peor de lo que estaban. Sería largo de contar, pero por ejemplo, me pasó algo así con un caballo que conocí en una hípica que apenas salía de su minibox. Era un caballo bastante grande y apenas podía moverse en su cuadra. Me interesé por él, y me dijeron que el dueño ya no iba por la hípica y que estaba decidido a venderlo por poco dinero. Pude probar el caballo y rápidamente me di cuenta de que lo acuciaban varios problemas,  y todos ellos, empeorarían si el caballo seguía encerrado día tras día en aquella cárcel.

Hablé con el propietario del caballo, el cual, al ver mi interés sin tapujos por el caballo de repente empezó a pedir cantidades muy superiores a las habladas en un principio, y se negaba a aceptar que el caballo tuviera problemas y la negociación fue haciéndose imposible. Y como era de esperar, el dueño del caballo y el de la hípica, acabaron mosqueados conmigo. Pensaron que yo lo que quería era argüir que el caballo tenía problemas para comprarlo a bajo precio para después revenderlo o para comprar “una ganga”. Yo les decía que mi interés principal era sacarlo de aquel box enano y soltarlo en el campo como primer paso, y meses después, ver hasta qué punto sus lesiones eran curables o no. ¿Pues sabéis que pasó? Lo primero por supuesto, que el dueño y el de la hípica pasaron de mi propuesta, dejaron el caballo encerrado semanas enteras en la cuadra, más tarde lo cedieron para competir a un jinete que lo machacó, y después, lo vendieron por cuatro perras. Pude seguirle la pista y me entere de que a dónde había ido, no lo estaban cuidando muy bien, e incluso estaba pasando hambre. En resumen, hubo gente que se enfadó conmigo, yo lo pasé mal por no poder sacar al caballo de aquella vida horrible y encima, el caballo, acabó peor de lo que ya estaba. Casos de estos, por desgracia, he vivido unos cuantos. El ego y la ignorancia imperan en muchos de estos casos de caballos. Por eso, con estas experiencias vividas, me costaba lanzar una propuesta  - la que fuera – a la dueña de este caballo que yo ansiaba ver pastando con los míos. Aquel caballo había confiado en mí unos meses antes, y su confianza, había sido traicionada de nuevo. Eso me quemaba por dentro, pero era consciente de que precisamente, esas ganas de querer mejorar la vida de algún caballo, rara vez era entendida por los propietarios de dichos caballos, por lo que no me decidía a mover ficha, y muy a mi pesar, aquel caballito blanco, seguía prisionero en su box.

Así, fueron pasando las semanas, y en una de estas, recibo una serie de mensajes de la dueña de este pequeño supercaballo. Me decía que era consciente de que su caballo estaba cada vez peor, y si podía ayudarla de algún modo, buscando a alguien que lo comprara que pudiera darle una vida mejor o si podía ayudarla a encontrar una solución.
Claramente, supe que al fin el destino me ponía en bandeja la ocasión perfecta para poder intervenir en la vida del caballo sin que mis intenciones fueran malinterpretadas. Así que unos días después, Atómico, entraba por la puerta de casa. Os podéis imaginar la cantidad de sensaciones los días previos a su llegada y todo lo que sentí cuando ya lo tuve aquí conmigo.

Foto realizada un par de días después de su llegada. Me encuentro con un caballo envejecido, inapetente por la vida, y que además de la evidente falta de músculo, es incapaz de poner sus dos pies en el suelo ni un segundo. Me doy cuenta de que nos queda mucho más trabajo del que pensaba...

Primeras impresiones

Pasada la alegría inicial de recibirlo en casa, vino la valoración del caballo. Desafortunadamente, esta primera valoración, no fue muy positiva. Exceptuando el hecho de que al fin se acabaron sus días de cautiverio, tanto a nivel físico como mental, había mucho trabajo por hacer. La impresión que por desgracia da el caballo en estos primeros días es la de un caballo envejecido, que aparenta ser mucho mayor de la edad que realmente tiene. No solo por su mirada apagada, sino por su manera de moverse…o más bien de no moverse. Hacía mucho que no veía un caballo tan rígido y tan acartonado. De hecho, pasarán varios días hasta que le vea dar una simple trotada y cuando lo hace, le ves con que dificultad se mueve. Mide cada paso que da, todo lo hace con suma lentitud, pisa lento y con un paso pequeño y con mucho cuidado.
En general, es un caballo apagado, pero no me sorprende, ha vivido varios años en un box sombrío y cuando lo han sacado de su cubículo ha sido para trabajarlo de mala manera. Quizás no haya llegado a un estado de indefensión aprendida, pero desde luego, poco le falta. La duda es: ¿podrá la vida en libertad en un entorno natural y junto a otros caballos devolverle la alegría? ¿Irá su cuerpo con el movimiento y el desherrado recuperando elasticidad y amplitud?... pronto lo sabremos.

Primeros días en libertad

 Los primeros días del caballo, desde luego, son poco prometedores. Una vez le deshierro (las pasé canutas, por un lado por cómo tenía puestas las herraduras y por otro, porque es incapaz de darte los pies estirando las patas por la lesión que tiene en los posteriores), el caballo avanza explorando la finca pero a paso de tortuga, lentamente y con paso corto.

Una vez ya lo pongo en compañía de mi yegua, quien lo acoge estupendamente, y se encarga de hacer de anfitriona y de ir guiándolo, y en su compañía, el caballo se anima a moverse más, para ir cerca de ella, aunque se ve que claramente le cuesta seguir su ritmo. Pero progresivamente, y he de reconocer que para mi sorpresa, sobre todo a partir de la segunda semana, el caballo empieza a parecer otro.  Psíquicamente, está mucho más despierto, y el celo de la yegua indudablemente tiene mucho que ver. No se separa de ella un segundo y están haciendo arrumacos continuamente. Según me dijo la dueña, llevaba años sin tocar ni oler otro caballo (ya sabemos lo importante que es esto para mantener la moral de un caballo), y es evidente que ahora quiere recuperar el tiempo perdido.

A nivel físico, a pesar de estar sensible de los cascos (ha estado herrado durante años, y aquí el terreno es duro, propio de sierra), se mueve cada vez con más confianza y amplitud. Lo veo manejar su cuerpo cada vez con más soltura, y aunque aún se le ve rígido y con mucho que mejorar, en apenas dos semanas, el cambio ha sido importante.


El primer gran cambio anímico se produce al estar con la yegua. Se pasa las horas haciéndole toda clase de arrumacos equinos. 

Sensaciones… y emociones

Más allá de lo que uno siente con el propio caballo, que ya os he contado bastante, al indagar en su genealogía, no puedo evitar sentir una emoción especial al tener frente a mí, a un descendiente de los más míticos caballos de la historia de los desiertos y también de los hipódromos. Al llegar el caballo aquí, me intereso por sus orígenes, y me llevo una grata sorpresa.
Como Angloárabe que es al 50%, por parte de padre (un PRá), tiene en sus ancestros, entre otros, al mítico Congo. Congo fue un caballo árabe muy importante e influyente, y como estudioso y amante del caballo árabe del desierto, poder tener conmigo a un caballo descendiente de dichas líneas, es  un auténtico privilegio.

Su madre en cambio, era (o es, que no se si sigue viva, si bien he intentado informarme, pero no he podido localizarla), pura sangre de carreras, de origen irlandés (las líneas irlandesas me suelen gustar más aún que las inglesas), y con antepasados de mucho renombre en la historia de los hipodrómos.
Para mí es un orgullo contemplar en mi casa a un caballo por cuyas venas corre la sangre de Native Dancer o Princequillo, purasangres legendarios. Cuando me siento en un risco a mirarlo (que suele ser muy a menudo), una mezcla de orgullo, y de responsabilidad, me inunda por dentro. Con un caballo por cuya sangre hay antepasados tan importantes, creo que lo PRIMERO QUE HAY QUE SENTIR ES UN ENORME RESPETO. No estamos hablando de cualquier cosa. Se trata de caballos que desde hace varias generaciones (siglos), han sido seleccionados para correr y ser los mejores en el durísimo mundo del hipódromo, y este caballito que se ha pasado varios años encerrado en un box enano y saliendo solo para dar clases de tanda con un elástico fastidiándole el cuerpo, resulta que desciende de algunos de los mejores caballos que ha dado la Historia. Y lo segundo que me dice mi sentido de la responsabilidad, es que hay que SABER HACER, ya que un caballo de estas características y sangre, a mí me pide que cuando empiece a trabajarlo, le haga las cosas lo mejor posible. Este tipo de caballos, te lo pueden dar todo, que es mucho, pero hay que ESTAR A SU ALTURA, que también es mucha.

Bajo la tutela de la yegua, va aprendiendo a conocer los rincones de la finca: los manantiales, las sombras, los sitios para sestear...

Lo primero es indudablemente devolverle la vitalidad, la energía, las ganas de vivir y como no, la confianza en el ser humano. Después, vendrá el poder pedirle su implicación en el ejercicio. Pero por encima de todo, disfruto, aunque sea simplemente con solo mirarlo, al ver pastando a un caballo con unos antepasados tan ilustres. Todos los caballos, merecen que se les cuide y se les mime, pero ante un caballo de tal linaje, CREO QUE DEBEMOS SER CONSCIENTES DE LO QUE TENEMOS ENTRE MANOS. 

PROBLEMAS  A SOLUCIONAR

Hay una serie de problemas que no me preocupan excesivamente, y otros que no se hasta qué punto podrán resolverse.
Problemas de índole física:

1_El principal y más evidente es que el caballo llega siendo totalmente incapaz de posar los dos posteriores a la vez. Siempre está aliviando uno u otro. A simple vista se ve que hay osificación en los menudillos y acumulación de líquido, cosa que compruebo con palpación.

2_Dolor de dorso, o lo que es peor, parece que lo tiene totalmente bloqueado.

3_Rigidez muscular extrema en toda la zona de los hombros, y base inferior del cuello. Está totalmente acartonado en dichas zonas, es un músculo rígido y seco.

4_Hipertrofia muscular en la línea superior del cuello. A un nivel que nunca he visto en ningún caballo, es algo increíble. Responde con dolor además a la mínima palpación de dicha zona. Este desastre está provocado indudablemente por obligarlo a ir con las gomas, cuya otra consecuencia es también la rigidez que comento en el punto anterior.

5_Cascos que claramente están “empequeñecidos”, con ranillas estrechas. Esto no me preocupa excesivamente, ya que con el desherrado, el movimiento y la buena alimentación, los cascos suelen responder muy positivamente.

6_Falta de masa muscular en general, por la zona de la grupa, etc.

La vida en libertad y la primera fase del trabajo van dando sus frutos, y el caballo, a pesar de la lesión, empieza a ser capaz de posar los dos pies a la vez.

Problemas de índole mental:

En este sentido, me encuentro con un caballo apagado, reservado, y que a nivel general, da la impresión de tener varios años más de los que tiene en realidad. Pero su actitud y carácter van a ir mejorando al estar en un entorno de libertad y en compañía de otros caballos, ya que estos problemas no son más que la clásica apatía por la vida de los caballos que llevan años en boxes enanos, sin tocar otros caballos, y con un trabajo de pista aburrido y rutinario. 

REGIMEN DE VIDA ACTUAL:

Libertad 24h/día. Siempre en compañía de otros caballos. Los primeros 45 días se los pasa totalmente de descanso, y solo me preocupo de dos cosas, que él mismo sea el que vaya moviéndose y ejercitándose a su aire, y por otro lado, a partir de la tercera semana, le empiezo a dar paseos cortos en duro y de la mano para que vaya endureciendo cascos y tejidos duros en general.

ALIMENTACIÓN:
Forrajes varios y heno de prado natural a libre disposición 24horas al día.
Pienso: Reform-Muesly de St Hippolyt (más info haciendo click aquí)
Complementos: suplemento de colágeno para articulaciones, ajos, y alfalfa.



PLAN DE EJERCICIOS:

Una vez pasan los primeros 45 días de descanso total, empiezo con un trabajo muy suave pie a tierra para por un lado evaluar qué tal se encuentra, y por otro, para ir fortaleciendo su dorso y mejorando su cuerpo en general. A día de hoy (y ya han pasado más de dos meses), no me he montado en el caballo y aun pasarán unos días hasta que lo haga.

El caballo se está trabajando unas tres veces por semana, y el plan es el siguiente:

-        Sesión de trabajo a la cuerda de 25 minutos
-        Ducha de extremidades con agua fría (muy muy fría, agua de manantial), especialmente en los posteriores para fomentar riego sanguíneo en sus menudillos. OJO: con agua fría solo ducho los miembros. Aunque sea verano, jamás ducho con agua fría otras partes del cuerpo como dorso, pecho o grupa, ya que no es bueno.
-          Sesión de estiramientos y relajación en la zona de los hombros y el cuello ( de las primeras sesiones  a las actuales ha habido una mejoría notable)
-          Lo llevo a un corral especial que llamo “el revolcadero”, donde les gusta revolcarse después del trabajo especialmente, y con esto culminamos sus estiramientos y su trabajo
-          En días alternos le coloco el pad de Equilibrium para seguir mejorando su dorso

Más adelante subiré un post en el que os contaré cómo ha ido respondiendo al caballo, aunque de momento os puedo adelantar que en la mayoría de aspectos, lo va haciendo muy positivamente. A partir de ahora, empezará la siguiente fase en la que empezaremos a combinar sesiones de trabajo pie a tierra con sus primeras montas, las cuales indudablemente van a ser muy cortas (20 minutos), y en unos tres meses, volveré a hacer una evaluación del caballo. ¿Podrá ser de nuevo un caballo de raid? ¿Hasta qué punto todos sus problemas podrán quedar atrás? En unos meses lo sabremos…


Cuando se trata de darle descanso a un caballo, hay que darle las condiciones para que él mismo se ejercite



Primeras lluvias en libertad, y con una evidente ganancia de peso


Su box era tan pequeño que no podía revolcarse, por lo que aquí no duda en revolcarse una y otra vez, algo que ya sabemos es sumamente importante para la salud de todos los caballos.

Su ganancia muscular se va haciendo evidente cada semana: 

PD: En breve iré subiendo vídeos en los que ver las evoluciones de Atómico

lunes, 16 de julio de 2018

Jornadas de verano

Repetimos la experiencia del verano pasado con distintas jornadas formativas, todas limitadas a cinco plazas.



lunes, 9 de julio de 2018

¿Qué es el descanso de un caballo?

Habitualmente oimos la expresión "dar descanso" a un caballo, y lo que la mayoría hace es dejar al caballo encerrado en el box. Con tal cosa, lejos de dar un descanso, lo que hacemos es deteriorar la salud del caballo.
Los que seguís mis publicaciones, habeis podido ver la evolución de Atómico, caballo que llegó hace un par de meses y al que precisamente tenía claro que iba a darle un periodo de descanso. ¿Significa eso que ha de dejársele encerrado y quieto? Todo lo contrario. Significa que hay que brindarle las condiciones oportunas para que ÉL MISMO SE EJERCITE.
Dejar parado totalmente a un caballo nunca es bueno (solo en caso de roturas graves de huesos), y si se trata de darle descanso, que sea de modo que siga moviéndose y adoptando posturas que le favorezcan.