sábado, 4 de febrero de 2017

Beneficios de galopar fuerte a tu caballo

A raíz de un vídeo que subí recientemente en mi muro de Facebook  de una chica galopando por el campo con un PSI,  se han suscitado ciertas opiniones sobre la conveniencia de entrenar a un caballo galopando fuerte, así como su tendencia natural de galopar. Curiosamente, dos extremos a priori irreconciliables, como son el sector domero acérrimo y el mundillo del caballo “natural”, coinciden en que ninguno de los dos galopan fuerte a sus caballos.



Buena parte del sector hípico domero, sobre todo los que aún se empeñan en seguir con técnicas rompenucas como el rollkur, nunca dejan que el caballo galope amplio, con la cara adelante y el cuello estirado, y si bien buena parte de su “entrenamiento” lo hacen diariamente al galope, se trata de un galope constreñido, en el que el caballo va totalmente sometido y no se le permite ni un solo tranco amplio y con algo de libertad, con los enormes perjuicios que ello conlleva no solo de salud física, sino mental, ya que al caballo se le anula por completo la voluntad, y sobre todo cuando se hace uso y abuso de rendajes que impiden al caballo llevar la cara mínimamente cerca de la vertical. Para ellos, el galope a cuatro tiempos es una herejía total, cuando se sabe de sobra que es un ejercicio magnífico, ya que “suelta” el dorso de los caballos a la par que les mejora la forma física en general. Por otro lado, he aquí que buena parte de los propietarios de caballos que se han subido al carro de los métodos “naturales”, tampoco galopan (ni saltan…) ni hacen nada medianamente exigente con sus caballos pues creen que es maltratarlos.

En la siguiente secuencia de imágenes, vemos como Edward Gal convierte el galope en lugar de ser algo sano en un modo rápido y efectivo de destruir el físico y la moral de un supercaballo.








Así que curiosamente, tanto domeros que pasan olímpicamente de los métodos naturales, como los defensores de esos métodos supuestamente naturales, que critican continuamente el rollkur y otras barrabasadas de cierto sector de la Doma Clásica, no les dan a sus caballos el enorme regalo de galoparlos como se debe. Y es una pena, porque es un ejercicio magnífico que otorga enormes beneficios. Ciertas voces dicen que el caballo en libertad no galopa por propia voluntad, pero estoy en total desacuerdo. He pasado mucho más tiempo con caballos en el campo, en libertad, que en cuadras o hípicas, y sobre todo desde que decidí que iba a dedicarme a entrenar caballos, he pasado muchas horas observándolos para aprender qué puedo aprender de lo que hacen en su vida diaria cuando el hombre no interviene, y así poder darles entrenamientos más coherentes con su verdadera naturaleza. Y una cosa está clara: el caballo vive su vida en un 85-90% del tiempo al paso. Un pequeño porcentaje lo dedica al trote, y el resto, al galope. Y veo en no pocas ocasiones galopar a caballos en libertad.

El trote es según he observado en los últimos años, el aire menos empleado por los caballos a su libre albedrío, y cuando trotan, es un aire de transición, para ir de paso a galope o viceversa. Y también, usan trotes excepcionales para piafar o hacer passage cuando algo les asusta o vienen caballos nuevos a los que quieren impresionar. Es por eso que cada vez uso menos el trote en mis entrenamientos, y ya prácticamente, las sesiones más largas de trote, las dejo solo para el trabajo pie a tierra en las que me centro en el trabajo de dorso, cierto trabajo con cavalettis, y otras cosas muy concretas. También debemos saber que determinados tipos de trote, pueden subir más las pulsaciones de un caballo que un galope amplio y cadenciado.

Un ejemplo claro del galope en 4 tiempos, un ejercicio extraordinario para cualquier caballo si se hace con mesura.


Claro que, como todo aquello de lo que se abusa o es llevado al extremo, puede ser contraproducente, como ocurre con una gran parte de los caballos de carreras, que sufren unos elevados niveles de estrés y úlceras estomacales, además de ciertas lesiones propias de unos entrenamientos muy duros y a edades muy tempranas.

Pero antes de entrar en los detalles técnicos de lo que ocurre a nivel físico y mental en un caballo cuando galopa fuerte, me gustaría contaros algo que me sucedió con un caballo hace ahora tres años justo, y es que una de las cosas más gratificantes de haber decidido que quiero pasarme la vida entrenando caballos, es ver cómo el entrenamiento da resultado y caballos enclencles y apagados, o aquellos que salen de una lesión, se convierten en caballos fuertes, orgullosos y sanos.

Aquellos que seguís mi página web o me conocéis en persona, sabéis que lo que hago es básicamente entrenar a los caballos del modo que hacen los deportistas humanos actuales, es decir, entrenamientos combinados: un día entrenamos potencia, otro resistencia, otro elasticidad…Pues hace unos tres años, con un caballo que unos meses antes había sufrido una lesión que pudo ser muy grave y que lo dejó parado varios meses, el día que me tocaba salir al campo a trabajar el fondo físico, me ocurrió una de las cosas más bonitas que he vivido con caballos.

El plan del día consistía en salir de la hípica paseando tranquilamente hasta llegar a una cuesta para trabajar galope, lo que suponía una media hora de paso que me servía de calentamiento, después trotaba unos minutos y a continuación trabajaba fartleks al galope en cuesta arriba. Como ya llevábamos varias semanas entrenando, la forma del caballo había mejorado ostensiblemente.
Pues una vez terminó la parte dura del entrenamiento (las series de galope), hacía lo de siempre: riendas largas al paso y paseo de vuelta a la cuadra, lo cual suponía unos 30-40 minutos, y que le servían de enfriamiento. Ese día, como cada semana en la jornada correspondiente al cardio, había subido un poco el listón de exigencia con respecto a la semana anterior, para que el caballo siguiera mejorando su condición física. Su dueño lo necesitaba a tope en unas semanas, y si no lo llevaba a su punto de forma óptimo, el caballo lo pasaría mal porque estuviese como estuviese, le iban a exigir un rendimiento alto, así que lo mejor era garantizarme de que llegaba en la mejor forma posible.

Así que como digo, ya habíamos trabajado el galope en cuestas e íbamos de vuelta. El caballo, iba montado con riendas a la cabezada de cuadra, sin hierro ninguno en la boca, descalzo, y las riendas, al ir de vuelta, se las llevaba muy largas para que fuera cómodo, con el cuello estirado y con paso amplio y relajado.

Y en esas estábamos, yo feliz y contento por la progresión y las ganas que estaba notando en el caballo y por lo divertido que es una buena sesión de galope en el campo, cuando de repente, noto que el caballo empieza a animarse y antes de que pudiera darme cuenta, levanta la nunca, da un par de trancos de trote y se arranca a galopar de nuevo…
Como para este tipo de trabajo llevo los estribos muy cortos, me vuelvo a poner en suspensión y tomo contacto con las riendas sin saber muy bien que está pasando. No entendía nada, el caballo había galopado ya un buen rato y era imposible que estuviera con el típico exceso de fuerza. Pero de repente, veo que a mi izquierda, que había una cerca de madera que pertenece a una yeguada, vienen galopando un par de potros hacia nosotros.

En efecto, a veces, para volver a la hípica, pasaba por un camino que está rodeado por las vallas de madera que cierran los prados de una yeguada que hay en la zona cercana a la hípica, y se ve que aquellos dos potros, tenían ganas de juego y vinieron corriendo a curiosear al caballo que yo iba montando. Claro que éste, al sentir a los potros galopando de lejos, se animó y empezó a galopar también.

Así que a la izquierda iban los dos potros galopando pegados a la valla y nosotros por la pista corriendo en paralelo en una especia de carrera improvisada. Yo, viendo que mi caballo no tenía la menor intención de dejarse perder la carrera, me puse lo más parecido que pude a un jockey de carreras, totalmente en suspensión, sin estorbarle nada con las riendas y dejándole a él que decidiera la velocidad a la que quería correr, ni le apreté ni le frené. Así estuvimos durante varios maravillosos trancos en los que ni los potros ni el caballo que yo montaba, daban su brazo a torcer, hasta que los potros fueron doblando a su izquierda porque se iban aproximando al fin de la valla y mientras ellos seguían galopando mientras se alejaban de nosotros, soltaron algún relincho que mi caballo, ya cediendo velocidad, no dudó en replicar con voz autoritaria.

Cuando terminó aquella maravillosa experiencia, lo único que pude hacer fue abrazar desde arriba el cuello de mi buen amigo. No estaba emocionado por la situación en concreto, que fue maravillosa, sino por la intrahistoria de ese caballo. Primero, por ver cómo un caballo al que le dediqué muchas horas para salir de su lesión y que ni el vet ni el dueño tenían claro si le daban la oportunidad, me acababa de dar uno de los mejores regalos de mi vida.

Pero nuestra historia en común iba más allá. Dos años antes, cuando fui a sacarlo por encargo de su propietario de la cuadra en la que estaba, el “jinete” (me cuesta llamarlo así) que lo montaba me dijo literalmente: “ten cuidado que este te mata”. Su método para meterlo en el van golpeándolo con una goma de riego si que casi me mata cuando lo llevaba del ramal y casi me aplasta cuando el pobre entró en el remolque aterrorizado por la que los bestias estos le estaban dando desde atrás. Me ahorraré el resto de detalles para que no me hierva la sangre. Pero desde ese día, me propuse hacer de él un caballo fuerte, feliz y sano. No fue fácil al principio porque se había castrado muy tarde y llevaba encerrado en un box los últimos años de su vida. Pero unos meses después, era el caballo perfecto: noble y paciente para un niño, o valiente y fiel para quien quisiese saltar, galopar o hacer excursiones fuertes al campo, e incluso sirvió de modelo fotográfico, y se portó con una nobleza extrema. Y todo eso, descalzo y sin hierro alguno en la boca.


En la foto, aquel caballo que meses atrás sufrió una grave lesión que pudo haberlo dejado fuera de combate, posaba fuerte y orgulloso, y brindaba su total complicidad sin necesidad de hierro alguno en la boca. Los entrenamientos al galope, fueron fundamentales para lograr el buen estado de forma que presentó meses después.



Pero retomando la experiencia de aquel día con el caballo y los potros, estoy en situación de afirmar de que a los caballos no solo es que les guste galopar, sino que les pone en una inmejorable condición física y les da una gran fuerza mental. Aquel caballo que yo montaba, no era ni un Pura Sangre ni un centroeuropeo, era un PRE, y os puedo garantizar que en excursiones que hice con otros caballos a priori de mejor condición física, estaba muy por encima del resto en capacidad de aguante y velocidad, y eso que su físico natural, tirando a obeso, no era precisamente el de un caballo velocista.

El hecho de que aquel día, el caballo rompiera a galopar por propia iniciativa, y habiendo ya trabajado fuerte con anterioridad, demuestra que por un lado, el galope es algo totalmente natural, y que bien entrenado, no tiene por qué ser ninguna crueldad, sino todo lo contrario y que puede partir de ellos por propia voluntad.

Os podría contar algunas experiencias más, relativas a la facilidad con la que la mayoría de caballos que trabajo se ponen al galope sin que les obligue, simplemente animándoles un poco, y casi siempre, tengo que pararles porque suelo ser bastante estricto con el control de los tiempos y como tampoco son caballos de carreras ni de raid, no me gusta tampoco abusar de los entrenamientos al galope. En la foto principal de este artículo, estoy galopando con una de mis yeguas, a la que apenas tengo que indicar levemente con la boca un sonido, para que galope, y nunca le he dado un espolazo o un fustazo, y eso que además vive en libertad y no come ningún pienso que contenga almidón. Quiere decirse, que ni está sobrada de energías debido a vivir en cautividad ni a que coma cereales o piensos energéticos, ni está forzada en ningún momento, o sea, galopa porque quiere, está en forma y no le supone ningún esfuerzo adicional, y es más, tengo que ir suavizándola porque empieza  a apretar y sube y sube de intensidad si la dejo.

También os puedo contar como muchas veces, cuando estoy en el campo, veo a mis yeguas que se alegran de buenas a primeras y se dan sus galopadas, jugando, botándose y saltando ellas solas. O también recuerdo cuando me trajeron un caballo castrado para unas semanas, y lo solté con mis yeguas, la que se formó. Al pobre caballo, mis yeguas le hicieron galopar campo arriba y abajo durante toda la mañana. Mis yeguas, en un estado de forma impecable y viviendo en libertad y descalzas, eran auténticas cabras montesas con la velocidad de un felino, y jugaron con el pobre caballo a su antojo, hasta que ya decidí meterme en medio y llevarme al caballo a un corral, porque no le daban tregua. La facilidad con la que mis yeguas adelantaban y acorralaban a aquel caballo (que no era ningún penco, hijo de caballo Pura Raza Árabe y madre Aá), saltando - o quizás deba decir volando -  además por zanjas, riscos y todo lo que se encontraran por el camino, me hizo darme cuenta del enorme poder que tiene la combinación de un buen entrenamiento sumado a una vida en libertad en una finca de sierra y sin hierro en los pies. Y he de añadir, que mis yeguas llegaron a mis manos desnutridas, sin músculo, y en un estado mental de total autismo y de falta de voluntad para cualquier cosa. Si simplemente las hubiera dejado vivir en libertad y no las hubiera entrenado, habrían mejorado, por supuesto, pero no habían podrido mejorar tanto su físico. El deporte, igual que ha mejorado la vida de millones de personas, puede mejorar también la vida física y mental de los caballos. Y el galope, es un aliado fundamental en ese entrenamiento que podemos darle a los caballos.

Y en definitiva, os podría contar muchas más anécdotas sobre galopes, tanto montado como en libertad, pero creo que basta para hacernos una idea. Mi experiencia sacando caballos adelante que venían de situaciones complicadas, me dicen que es un ejercicio magnifico y que les pone la cabeza muy bien amueblada, sobre todo, les da ánimos y se van sintiendo fuertes. De hecho, los caballos que nunca galopan amplio, están frustrados (cuantas veces he tenido esta discusión con domeros o jinetes que se niegan a galopar fuerte y amplio a sus caballos).

Es cierto que un caballo, cuando vive en libertad (entendiendo por libertad una finca de muchas hectáreas y en la que no interviene el ser humano) no decide por sí mismo ponerse a galopar durante una serie de minutos al día para estar en forma. Al igual que los niños de hoy en día tampoco deciden correr, hacer ejercicio, y encima están todo el día comiendo cosas con azúcar…por lo que tenemos que apuntarlos a actividades deportivas y fomentar que se muevan al máximo en su día a día y que no estén todo el día sentados viendo tele o jugando a la Play Station. Parece que hay mucha gente que no es consciente de que el 90% o más de la población equina vive en cuadras, o en minipaddocks, y si no les damos a esos caballos el ejercicio adecuado, no solo tendrán mala calidad de vida, sino que cada vez que se les pida algo, sus cuerpos no estarán preparados y será un sufrimiento para ellos, tanto físico como mental.







Por otro lado, sabemos que el deporte produce en la mente de los humanos numerosos beneficios, liberando determinadas sustancias que nos hacen no solo más felices, sino que al ver que vamos progresando en nuestros ejercicios y deportes, aumenta la confianza en nosotros mismos. Esto mismo, sucede en los caballos. Ignoro – no he encontrado estudios serios al respecto – qué clase de sustancias libera el cerebro equino con el ejercicio, pero he notado cambios mentales y de actitud en caballos que venían de situaciones muy radicales o de hambre o de cautividad en boxes y de atrofias musculares o sobrepeso, con el entrenamiento, y sobre todo, con el trabajo al galope.

La cuestión es que hay que saber qué clase de entrenamiento dar, ya que tenemos dos grandes bandos, los que entrenan a sus caballos, sean salto, doma, etc, pero no tienen mucha idea de fisiología equina, y los machacan y los aburren obsesionándose con entrenamientos que solo se enfocan en ejercicios de su disciplina, y los que no hacen nada con su caballo porque creen que ejercitar a un caballo es maltratarlo. Ambos extremos caen en el mismo error a fin de cuentas: ignorar las necesidades mínimas o concretas de ejercicio de un caballo. Hay que valorar qué edad tiene el caballo, qué condición física, etc y adaptarlo a la situación concreta. Y el galope será siempre un aliado magnífico en el entrenamiento de cualquier caballo. Físicamente, los beneficios son:

-          _Incremento de la potencia y la fuerza
-          _Mejora general de los músculos de casi todo el cuerpo
-          _Desarrollo específico de los músculos abdominales, pélvicos y dorsales (para que el dorso se suelte hay que galopar en suspensión, sin dar culadas y con una montura adecuada que no dañe ni estorbe al caballo, y una cincha amplia y elástica que no impida a los abdominales trabajar ni una respiración amplia para el caballo)
-          _Aumento de la capacidad cardiovascular
-         __ Mejora de la capacidad pulmonar
-         _ Elasticidad de las articulaciones vertebrales y de la cadera
-      _  Incremento de la capacidad de reacción/contracción muscular

Queda ya fuera de este artículo por su extensión el hablar sobre el modo de entrenar un galope fuerte o el galope de cuatro tiempos, y de lo cual hablaré más adelante, pero para quienes no lo hayan hecho nunca y quieran empezar a probar, aquí van unos consejos:

-        0 Tener confianza total en el caballo con el que se va a galopar y en el entorno para practicarlo (nunca jamás en el asfalto ni pisos empedrados, etc.)

-          _Hacerlo mejor las primeras veces en una pista conocida para el caballo y el jinete, y que dicha pista no tenga boquetes ni sea demasiado profunda o pesada, y a su vez que sea amplia.

-          _Que tengamos la pista para nosotros o con poca gente (esto más que nada es porque hay gente que tiene miedo de que su caballo se “alegre” al sentir a otro galopando amplio a su lado y se enfadan)

-          _Si no se tiene montura de salto, con la de doma, acortar un par de puntos las acciones y practicar el asiento en suspensión al paso y luego al trote hasta que nos mantengamos estables sin colgarnos de las riendas.

-         _ Hacer un buen calentamiento de paso activo (20-30 min) a ambas manos, un par de minutos de trote a cada mano y después ya pasar al galope, y poco a poco ir dejando que el caballo vaya ampliando a base de ir cediendo riendas pero sin perder el contacto. Hacer por ejemplo un par de vueltas a una mano y otras dos a la otra. Si es un caballo que vive en box y no sale a estirar en paddock estar prevenidos por si al galopar quiere dar algunos botes.

-          Nunca abusar de este ejercicio y ser siempre progresivos, y una vez estamos seguros, ya podemos hacerlo por el campo, una o dos veces por semana, y siempre dejando dos o tres días entre una sesión de galope y otra, pero ojo, nunca dejar al día siguiente de un trabajo de galope al caballo totalmente parado en un box, ya que las agujetas se cebarán con sus músculos. El mejor modo de limpiar el ácido láctico es dándole movimiento al caballo y no repetir los ejercicios que hayamos hecho el día anterior, así como enfriar con una buena sesión de paso tras el trabajo de galope.

*Nota extra: galopar en una pista grande o salir a galopar al campo es en mi opinión un ejercicio perfecto para hacerlo sin embocadura de ningún tipo y llevar al caballo bitless. Ya que pretendemos con este ejercicio que el caballo estire y amplíe su cabeza y su cuello todo lo que quiera y pueda, el no llevar nada dentro de la boca le permitirá soltarse con total libertad y sobre todo, que si en algún momento nos colgamos de las riendas, el no llevar nada en la boca no le causará daño alguno y no le impedirá seguir galopando con comodidad. Eso sí, debemos estar familiarizados con este sistema tanto nosotros como el caballo.

Como siempre, para la elaboración de este artículo, me he basado en mi propia experiencia pero además me he apoyado en bibliografía específica sobre entrenamiento equino, con libros y artículos de Hillary Clayton, Jec A. Ballou o Gillian Higgins. Recibiré con agrado cualquier sugerencia o comentario sobre este artículo, lo único que pido es que esté sustentado en bibligrafía y en experiencia sólida.





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viernes, 6 de enero de 2017

Si no haces cosas diferentes, obtendrás lo mismo de siempre

Estamos en el siglo XXI, y los entrenamientos de los deportistas humanos han variado ostensiblemente en estas últimas dos décadas. En cambio, la mayoría de jinetes, siguen entrenando a sus caballos de un modo muy tradicional, enfocándose exclusivamente en el trabajo en pista y solo montados.
Observad ahora al caballo de esta foto. Mirad cómo está empleando su cuello, cómo lleva activos los músculos de la línea superior. Esa posición y el empleo de los músculos que vemos trabajando en la foto, no solo son positivos para la zona concreta del cuello, sino que condicionan el empleo del resto del cuerpo del caballo.

Un cuello bien empleado, conlleva un cuerpo entero entrando en acción del modo correcto, mientras que un cuello mal colocado, implica un empleo del cuerpo inadecuado y que lejos de fortalecer, puede incluso a la larga provocar lesiones.
Todo esto además se le está pidiendo al caballo sin presión, sin tensión, al paso, sin fatiga, sin sudor y dejando que él decida, dentro de la dificultad del ejercicio, cuál es la mejor opción para él. Es un ejercicio sencillo, pero que le otorga al caballo fuerza, agilidad, coordinación, propiocepción, poder de decisión...y todo sin el uso de riendas auxiliares ni amarres cohercitivos. Este tipo de ejercicios lo hago pie a tierra y montado y creedme que ir con un caballo sobre un circuito de neumáticos es una sensación espectacular, ya que emplean su cuerpo de un modo único, ya que notas como usan su cuello de un modo impecable y alargan y levantan los brazos, calculando al milímetro donde ponen las manos, y se coordinan con los pies de un modo que nunca jamás notarás en un entrenamiento clásico en plano.
Si vais a hacer este ejercicio, que os recomiendo encarecidamente, empezad pie a tierra, y con dos o tres neumáticos, siempre poco a poco, y sin forzar, dejando siempre que el caballo se anime a meter las manos en el interior de la rueda o en el espacio que queda entre rueda y rueda por su propia voluntad y vea que no le pasa nada. Progresivamente se puede ir aumentando el número de ruedas y cuando las pase con seguridad, entonces lo hacemos montado, y por supuesto dándoles libertad de riendas (que no es lo mismo que perder el contacto totalmente), les dejamos que coloquen la cabeza donde quieran.
Los entrenamientos clásicos de pista, no solo son incompletos a nivel de forma física y de preparación mental de un caballo, sino que no previenen lesiones de igual forma que un entrenamiento combinado potente y variado realizado con progresión, respetando las pautas de calentamiento y enfriamiento. Es por eso que saber aprovechar cualquier elemento que tengamos a nuestro alcance, permitirá a nuestro caballo estar cada día más fuerte física y mentalmente.
SI NO NOS SALIMOS DE LAS RUTINAS DE SIEMPRE, NUNCA TENDREMOS RESULTADOS DIFERENTES.

jueves, 22 de diciembre de 2016

Lo que me enseñan mis yeguas

Ahora que mis yeguas han echado el pelo de invierno y que no las puedo ver más que un par de días en semana, mientras repaso imágenes del verano pasado, el cual pasamos juntos, reflexiono sobre todo lo que me enseñaron en esos dos meses y pico de calor campero. Un verano en el que se pasaban el día pastando y viviendo una auténtica vida de caballo, excepto en las últimas horas de la tarde en las que tocaba entrenar.

Con los caballos creo que pasa como con los hijos: todos creemos que los nuestros son especiales. Pero en mi caso, puedo asegurarlo 😊


Algunas de las cosas que me dejan cada día más claro es que mientras más vida de caballo tengan, más y mejor querrán colaborar con su entrenador en su proyecto hípico. Ha habido días que les he exigido físicamente: entrenamientos de galope, saltos, cuestas… pero siempre a mayor exigencia por mi parte, más me cuido de que después tengan más recompensa, y nada mejor para un caballo que dejarle que pase el máximo de horas pastando en movimiento y en compañía.

Creo que ese es el gran problema al que se enfrentan la mayoría de jinetes. Exigen y exigen pero no corresponden con el mejor regalo que se le puede dar a un caballo: libertad, compañía, y forraje abundante.

Continuamente veo a caballos que siguen una rutina de entrenamiento aburrida y machacona, y al final de la misma, ducha y al box. El día que toca descanso, no salen de la cuadra…es imposible que así rinda un caballo al cien por cien.



Mucha gente me pregunta por técnicas de entrenamiento, dietas y en definitiva todo aquello que pueda incrementar el rendimiento y la fortaleza de su caballo. Y yo siempre respondo lo mismo: antes de ponerte a entrenarlo, pregúntate qué puedes hacer por darle una vida equina lo más plena posible. Porque ahí está la clave del éxito con cualquier caballo. De nada servirá la mejor rutina de entrenamiento si tenemos un caballo aburrido que apenas sale de su box. Poco efecto hará el pienso supercaro, las vitaminas o el suplemento si es un caballo desmotivado con su vida.
Y es ahí donde yo he notado la gran diferencia. Yo sí que me ocupo de dar a los caballos entrenamientos consistentes, de que coman piensos de calidad…pero eso es solo una parte. El resto del conjunto, lo forma la vida equina que le demos a nuestros caballos.

Y este verano, pude comprobarlo una vez más. Día a día, pude ir viendo cómo mis yeguas iban fortaleciéndose, cómo cuando, a pesar de estar sueltas en el campo y trabajar a diario, estaban dispuestas a darse una galopada resoplando si veían a la manada de ciervas que cada tarde venía a beber agua y a comer algunos higos del suelo de las viejas higueras que cada verano regalan su fruto. Cómo con la cola en trompa y los ollares bien abiertos se ponían a piafar, mostrando esas grupas y hombros de pura sangre rebosantes de fuerza que tan loco me vuelven.

Ese espectáculo del final de cada día, tras la jornada de trabajo, que contemplaba sentado mirándolas, satisfecho por saber que en esos capilares a flor de piel, esos glúteos llenos de músculo, y en ese carácter orgulloso, yo había puesto mi parte dándoles el entrenamiento, y la recompensa de una vida equina plena. Ellas a cambio, me regalan el espectáculo de verlas llenas de vida.
Sí, los entrenamientos que les doy a mis caballos, son duros. En verano, en el sur de Andalucía y en la sierra, donde todo son cuestas y riscos, yo además les complico las cosas añadiendo troncos y obstáculos. Cuando trabajo con ellas, no hago concesiones, igual que tampoco las he hecho conmigo cuando he afrontado retos deportivos serios.



Pero siempre me alegré después de haber levantado más peso en el gimnasio, de haber corrido un kilómetro más. Siempre tuve la satisfacción del entrenamiento bien hecho. Y con ello, sentía las endorfinas que se liberan después. Y el bienestar físico que te acompaña cada día. Pues eso mismo es lo que veo que en ellas cuando decido aislarme del mundo en el campo y encerrarme con mis yeguas.
Pero como decía al principio, el secreto está no solo en exigir, sino en dar. Lo primero, es aprender a darle el entrenamiento más adecuado. Cada caballo es un mundo. Hay que tener en cuenta su estado actual, su pasado y lo que queremos que sea en el futuro. Y hay que ir siempre con un margen, ir siempre un poco por detrás en exigencia. En cambio, ir siempre por delante en las concesiones de vida equina. Prefiero quedarme corto en un entrenamiento si no lo veo claro. Pero nunca privaré de horas en libertad y compañía.

Y así, os garantizo que vuestros caballos se harán cada día más fuertes y estarán más motivados. Hace ya tres años que mis yeguas y yo formamos una manada extraña. Un humano y dos yeguas purasangre, locos por el entrenamiento. En las fotos no se me ve, porque soy yo el que las hace, pero en esos días de verano, hay momentos en los que los tres nos ponemos a correr y a saltar por el campo. Es una sensación sobrecogedora, ya que tener a dos yeguas poderosas galopando al lado y botándose, hace que me sienta diminuto, aunque por otro lado, siento como si me protegieran. De repente paramos y se ponen a pastar con toda la tranquilidad del mundo. Y al final de la tarde, casi anocheciendo, cuando las llamo para ponerles su pienso, las veo venir a todo galope y relinchando y vuelvo a quedarme asombrado de cuanta belleza y cuanto poder hay en estos animales. Supongo que el hombre primitivo, al ver caballos galopando en libertad, quedó sublimado y empezó a maquinar en su mente: “yo quiero ser parte de eso”.

Y ahí empezó todo. Y ahora, siglos después, en un mundo en el que la electrónica lo inunda todo, aún podemos sentirnos como aquellas primeras personas que se atrevieron a relacionarse con caballos sin más vínculo que el que crean dos animales, un herbívoro y un depredador. Es una sensación tan primitiva como auténtica, y nada puede igualarse. Ahora, incluso me atrevería a decir que esta sensación es más potente que la que pudieron sentir nuestros antepasados, porque los caballos de ahora, son más rápidos, más fuertes y más bellos que nunca. Y quien prueba esta sensación, ya quiere otra cosa en su vida.


¿Puede haber otra cosa más grande en esta vida que hacer a tu caballo más fuerte, feliz y sano? Sinceramente, NO.






jueves, 8 de diciembre de 2016

Preparación de un potro de 3 años y medio

Esta belleza negra que sobrevuela a varios pies del suelo es Attack, un macho entero de tres años y medio con el que apenas llevo un mes.  Esta foto se ha hecho en el callejón de saltos, el cual hemos readaptado como pista de entrenamiento multifunción para fondo físico, cavalettis, etc. Con Attack he empezado desde cero, y eso me permite hacer las cosas a mi modo desde el primer minuto.  Es decir, lo que quiero es hacer de él unpotro tan fuerte que el día que me monte, físicamente esté como un auténtico toro y su dorso esté a prueba de bombas, para que mi peso encima no le suponga el menor problema.


Como siempre digo, para mí, los parámetros tradicionales de Equitación en los que se antepone la doma, son secundarios y están obsoletos, es decir, primo su puesta en forma y su fortaleza física, mientras que la doma básica viene como consecuencia de dicho entrenamiento.

Siguiendo mi principio de no montarme en un caballo menor de cuatro años, con este potro me estoy centrando en dos cosas básicamente: fortalecimiento de dorso y puesta en forma general (musculación y fondo físico), y todo ello, sin montarme.

Su entrenamiento, de cinco días a la semana, incluye las siguientes rutinas básicas:

-          Entrenamiento cardiovascular  (2 días a la semana, uno de más intensidad que el otro)
-          Trabajo específico de dorso (trabajo con rendajes pie a tierra 2 días a la semana)
-          Trabajo pie a tierra con cavalettis y cruzadas (1 día a la semana)

En breve iré intercalando trabajo de Gimnasia Hípica pie a tierra, para darle un entrenamiento más completo aun.

Todo esto se lo voy haciendo sin embocadura. Paralelamente a este entrenamiento físico, ya le he enseñado a trabajar en riendas largas (sin embocadura también). El trabajar con riendas largas me permite enseñarle las ayudas de riendas sin tener que montarme, y además, en estos meses de trabajo físico, me iré dedicando a moverlo un rato por todas partes llevándolo en riendas largas, lo cual hará que el día que decida montarme, ya haya caminado por todas partes yendo él delante, por lo que estará más que acostumbrado a pasar por charcos, caminos, cancelas, etc.  Attack está descalzo y se mueve con soltura por terrenos duros y blandos.

A la par, entre una cosa y otra, me subo y me bajo  a pelo, pero simplemente para que vaya acostumbrándose a tenerme encima, apenas estoy unos segundos encima. La idea es combinar todo este trabajo de preparación física, con el de educación básica.

Otro aspecto importante para mí en la educación y preparación de un potro, es respetar su personalidad y sus ganas de juego. Intento no coartarle nunca, y dejo que se exprese pero sin que por ello, deje de trabajar. Si en el futuro queremos un potro motivado, es importante que sientan el respeto por el trabajo pero sin que se anulen sus iniciativas propias. Botarse con el cinchuelo, ponerse a trotar piafando para impresionar a los otros potros…todo se le permite sin que haya castigo, simplemente le dejo que haga todo esto pero sin que por ello, deje el trabajo que le estoy pidiendo, y eso hace, que cada día, él solo se vaya centrando más en el trabajo. Si reprimiera cada impulso natural del potro, empezaría a ver el trabajo como algo tedioso y lo asociaría a malos momentos.
He de decir que en el escaso mes que llevo con él, está respondiendo a una velocidad increíble y con una predisposición cada día mejor, y su cuerpo está transformándose por días. Intercalo además todo esto, con ratos del ronzal en los que él pasta hierba del suelo, caricias, estiramientos, etc.


En resumen, todo el trabajo va encaminado a hacerlo fuerte físicamente, a que no pierda su personalidad ni sus ganas de juego, pero a la vez hacerlo un caballo confiado y con ganas de trabajar, a la vez que se le va educando en las cuestiones básicas de doma y manejo.

lunes, 21 de noviembre de 2016

Cómo conseguir que un potro se convierta en un caballo sano

Artículo publicado en revista A la Vaquera nº66 con comentarios actualizados en la fecha de su publicación en la web

Este artículo lo escribí para la revista A la Vaquera, disciplina en la que muchos de sus practicantes aun tienen la pésima costumbre de comenzar a montar un potro con 30 meses (una edad de 2 años y medio), pero lo he readaptado para su publicación en mi página web y son factores aplicables a cualquier potro destinado a cualquier disciplina.




Con un caballo joven, no hay que buscar la reunión ni meterlo en ejercicios complicados, sino enfocarnos en que vayan con ganas adelante, que vean el trabajo como algo que no les machaca, y ayudarlos a fortalecerse, dejando siempre que vayan cómodos y relajados.


Los tiempos van cambiando, sobre todo, desde que la ciencia llegó para hacer nuestra vida mejor. Es por ello, que las tradiciones, deben ir adaptándose a los descubrimientos certeros e irrefutables que los diferentes sectores científicos, nos van legando. En nuestro caso en concreto, son aquellos preceptos dictados desde la medicina veterinaria equina, los que deben ir modificando ciertas pautas a la hora de trabajar nuestros caballos, ya que si seguimos dichas pautas, nuestros caballos rendirán mejor, con más salud y por más años. Imagino, que a esto, aspiramos todos, seamos profesionales o aficionados.
                                                        
En este artículo vamos a hablar de la importancia de seguir unas líneas de trabajo que mantengan una coherencia con la salud y fisiología del caballo, para lo cual es necesario en todo momento tener en cuenta la edad de dicho caballo, y nunca jamás, ir más allá de lo que su edad permita en ese momento. Ya sabemos que a caballo, ir lento, es sinónimo de llegar lejos. Por otro lado, contamos con una enorme ventaja: observar aquello que hacen los jinetes y cuadras de Doma Clásica, y que vemos les da buen resultado. En Europa, Estados Unidos, Australia o Nueva Zelanda, es habitual ver compitiendo al máximo nivel caballos con 14 o 16 años. En cambio, en vaquera, un caballo de diez o doce años, se empieza a considerar al límite de su vida de competición. ¿Qué hacen esos jinetes de Doma Clásica para tener caballos que incluso con más de 16 años puedan estar en óptima forma? ¿Y qué hacemos aquí para que no ocurra lo mismo?


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1_Una mirada a la tradición.

La costumbre nos dictaba, que el potro se recogía del  campo con 30 meses por lo general, es decir, una edad real de dos años y medio. En algunos casos, los potros ya estaban “manoseados” y al menos tenían una doma básica de manejo con el ronzal, y en otros casos, venían totalmente cerreros y se empezaba desde cero. En cualquier caso, a partir de ahí, se comenzaba su trabajo a la cuerda hasta llegar a montarlo, sacarlo al campo con madrina y en poco tiempo, tenerlo trabajando en las faenas del campo.

Esta prontitud en la doma, viene del planteamiento que ya se daba en la época andalusí de la Península Ibérica, tradición que aun hoy es mantenida en ciertos lugares del Norte de África, donde muchos jinetes bereberes (emparentados con nuestra vaquera) tienen un dicho que rige su trabajo con los potros: “al caballo, como al árbol, hay que enderezarlo cuando es joven”. Claro que aunque estos refranes suenen muy bonitos, provienen de una tradición que obedecía a una necesidad (primero fue la guerra, y después, la faenas con ganado bravo), no a una realidad (la del cuerpo equino y demostrada por la ciencia). En nuestra vaquera, había que tener al caballo pronto preparado para unas faenas de campo muy exigentes, y sobre todo, no se tenía la menor idea sobre la edad óptima de maduración del esqueleto equino, que viene a partir de los 7 años. Lo cual quiere decir que lo recomendable es empezar a montar los caballos a una edad más cercana a los 4 que a los 3 años (nunca jamás por debajo de tres).

(¿Qué prefiero yo?: por mi parte, no tengo el menor inconveniente en esperar a los cinco años o incluso más antes de empezar el trabajo en serio montado)

2_Manejo del caballo joven

El potro, para que de adulto sea un caballo fuerte, elástico, con una mente limpia de manías y tenga un óptimo desarrollo, ha debido pasar su juventud en plena libertad, corriendo, saltando y jugando con otros potros. Ha debido ser alimentado correctamente, es decir, mucho forraje, y una cierta cantidad de pienso especial para potros, pero primando en el caso de los potros, más la calidad del pienso que la cantidad.


Esto es lo que debe hacer un potro hasta los 4 años. Si le privamos de esto, será un caballo con problemas mentales y físicos sin lugar a dudas.

Una vez el potro es recogido del campo – insistimos, donde ha de vivir hasta los 3 años como mínimo-  ha de pasar el máximo de horas en libertad, aunque ya hayamos comenzado su doma. Encerrar un potro de 30 meses en un box, y solo sacarlo de su cuadra para trabajarlo en la pista, es garantía segura de que pronto vendrán los problemas, tanto de comportamiento como de salud. Hemos de tener en cuenta, que encerrarlo en un box supone alterar su verdadera naturaleza bruscamente: herrarlo, cambiar la alimentación, hábitos de vida, etc. La vida en libertad es lo que da salud mental y física al caballo, por lo que mientras antes le privemos de esta, más posibilidades tendremos de tener problemas.

¿Mi consejo?: Dejar vivir al potro en total libertad y en manada hasta un mínimo de 4 años o más si se puede, y por supuesto, cuando empecemos los primeros entrenamientos, dejar que el potro siga viviendo en libertad, o en un ecosistema lo más parecido a la libertad: máximo movimiento posible lento pero contínuo, buen forraje y en cantidad y poco pienso pero bueno, presencia de otros caballos al lado, etc


3_Entrenamiento del caballo joven.

Si obsoleto está el planteamiento de empezar a domar un caballo con 30 meses, también lo están los métodos que se siguen empleando en no pocas cuadras de vaquera, sean de competición o no. Por supuesto, la costumbre de “hacerle la cara” al potro, a base de serretazos, debe quedar totalmente desterrada. Recomendamos la lectura del artículo firmado por Joaquín Olivera y titulado “La confianza”, publicado en la revista Trofeo a la Vaquera nº 51, en el que el 9 veces campeón de España decía claramente sobre esta horrible costumbre y otros métodos violentos: “cuando desterremos las malas prácticas de estas tradiciones, avanzaremos hacia la mejor doma del mundo”.

Lo adecuado es empezar con unas pautas de trabajo pie a tierra muy suaves y progresivas, de las que ya hablaremos más detalladamente más adelante, pero de las que podemos adelantar que van encaminadas a evitar la lucha en todo momento, y el sobrecargar y fatigar al potro. Primero, trabajar unos días con el cinchuelo hasta que el potro se habitúe, después ir colocando progresivamente una montura de doma de poco peso, y así sucesivamente. Deben quedar eliminadas el uso de las riendas de atar, tanto a la boca como a la nariz, que lo único que hacen es contribuir a que el caballo vaya encogido, en lugar de animarlo a ir hacia delante. No se trata de destruir ni el físico ni la moral del potro, sino de ganarnos su confianza, y ello se consigue haciéndolo cada día más fuerte y noble con nosotros. Llevándolo a los tiempos actuales, tenemos que actuar con el potro como su entrenador personal, como alguien que les ayuda a sacar lo mejor de si mismos como deportistas y como equinos, y no como un tratante de esclavos que explota sin compasión hasta el fin a todo aquel que cae bajo su mando.

¿Cómo lo hago yo? El caballo joven, tiene ganas y necesidad de juego hasta los 6-7 años (a veces incluso más), por lo que intento que el trabajo sea para él un juego divertido, pero que le vaya fortaleciendo física y mentalmente, que se sienta cada vez más fuerte y confiado en sí mismo, a la par que se de cuenta que su confianza en mí nunca se verá traicionada y es lo mejor para él. 
Para ello, nunca le pido más de lo que su cuerpo y su mente puedan dar, jamás abuso del trabajo montado, de los tiempos de entrenamiento, sobre todo de galope y trote, e intercalo sesiones de descanso abundantes, le dejo que paste, le rasco las zonas que le gustan, le dejo que mire y observe cuando ve que algo le llama la atención, etc. Es decir, le educo y le entreno, pero no coarto su personalidad ni sus ganas de divertirse, y para ello, intento que sus ratos conmigo sean lo más parecido a la vida que hace con otros potros: ahora corro, ahora como, ahora troto...

4_La edad de competir

Si tenemos en cuenta todos los puntos propuestos hasta ahora, es evidente que la edad a la que un caballo se debuta en la pista, será más tardía, pero ello, en lugar de ser un perjuicio, es una ventaja. En vaquera, un caballo de doce años es considerado por lo general un caballo “viejo”, mientras que en los circuitos de Doma Clásica europeos, dicha edad es óptima, ya que se sabe que es cuando el caballo podrá rendir a tope no solo físicamente, sino mentalmente, requisito este fundamental en una reprise. Esta diferencia de conceptos, indudablemente, viene marcada por el trato que se le da a los caballos en uno y otro círculo. En vaquera, el hecho de trabajar con los caballos desde muy jóvenes y obligarlos a llevar bocados grandes, monturas pesadas, exigirles mucha reunión desde el principio y tenerlos días y días en las cuadras, es lo que hace que muchos de ellos lleguen a la edad de 12 años machacados.

En cambio, los jinetes y entrenadores centroeuropeos de Doma Clásica, son mucho más progresivos y es por eso, que sus caballos, a la edad de 12 años, están en una forma óptima y es cuando empiezan a rendir de verdad. Estos jinetes, además, no solo dan un entrenamiento suave y progresivo, sino que sacan diariamente sus caballos durante varias horas al prado, para que corran, pasten y hagan en definitiva, vida de caballo. Un claro ejemplo de amazona de competición de Doma Clásica de alto nivel, es Uta Graf, amazona alemana que deja sueltos sus caballos en el campo varias horas al día. Esto le permite no solo tener unos caballos más sanos, sino que tienen una mente más predispuesta al trabajo, ya que están más felices y menos estresados.

Uta Gräf, una de mis amazonas de referencia en Doma Clásica, da a sus caballos un entrenamiento muy progresivo, y los suelta diariamente varias horas en el campo, les deja que se junten entre ellos, que se revuelquen...en definitiva, les deja que hagan vida de caballo. En este artículo, tienes más info sobre cómo mantiene motivados a sus caballos: http://dressagetoday.com/article/motivate-your-dressage-horse-with-uta-graf-12524



También en Doma Clásica, en nuestro país, si bien hablamos de una amazona de proyección internacional, contamos con el caso de Delgado, el Westfaliano de Beatriz Ferrer-Salat que ahora cuenta con 15 años y que está en su mejor momento, y que . También en España, y muy importante en las competiciones europeas, hemos tenido el caso de Painted Black, el Trakhener montando por Morgan Barbançon Mestre, que fue retirado recientemente con 18 años. 




Beatriz Ferrer-Salat montando a Delgado (nacido en 2001) en la Kur del Campeonato de Europa celebrado en Aachen el pasado Agosto. Foto: Hippo Foto - Dirk Caremans, FEI.


Esperemos que esta tónica se contagie a los jinetes vaqueros y que nuestras pistas de Vaquera vayan conservando lo que tienen de bueno y único, que es personal e intransferible de la Doma Vaquera, pero a la vez, sepan dejar atrás aquellas cosas que nos lastran e incorporen lo que ya se sabe que es bueno y que se está haciendo en Doma Clásica y otras disciplinas ecuestres. Al final, hay un baremo que es claro e irrefutable, y que está por encima de métodos y de personas: los caballos. Un caballo que llegue a una edad avanzada sano, compitiendo, confiado y con sus ganas intactas, es garantía inconfundible de que se le han hecho bien las cosas.

De nuevo nos remitimos a las palabras del maestro Olivera, hombre de campo, jinete vaquero donde los hubiera, pero a la vez estudioso de la Equitación y conocedor de nuestras carencias: “hemos estado atascados en el pasado demasiado tiempo…”, por lo desde aquí, invitamos a los lectores a que reflexionen sobre todo lo comentado aquí, e incorporen nuevos puntos de vista para con sus caballos. Ellos se lo agradecerán viviendo más y mejor, y rindiendo más y mejor cada día.


Esta foto la hice en un clinic impartido por el maestro Olivera al que acudí de oyente. Para mi, su mayor mérito, fue el esfuerzo que hizo para romper con ciertas tradiciones que perjudicaban a nuestra equitación y a nuestros caballos.



UN ERROR USUAL: Es muy frecuente creer que un potro menor de 4 años, por estar bien de peso, es lo suficientemente fuerte como para aguantarlo todo. Dos errores principales se suelen cometer en este sentido. Uno: el creer que por presentar un buen aspecto, con grupa ancha y buena musculación en general, es ya un caballo hecho y derecho al que poder exigirle todo tipo de ejercicios. Nada más contrario a la lógica equina. A un caballo de cuatro años, por más fuerte que parezca, hay que hacerle las cosas muy despacio, ya que a su aparato músculo-esquelético, aun le quedan varios años por delante para madurar óptimamente. 

Y segundo error: sobrealimentarlo con pienso. La sobrealimentación a base de concentrados, es un error gravísimo que irá mermando su salud. La concepción del caballo “gordo” es algo atávico y de otros tiempos, al igual que antes, un niño “gordito” se creía que tenía buena salud. Hoy día, tanto médicos como veterinarios, nos advierten respectivamente para niños, personas, potros y caballos, de los numerosos riesgos que tiene la obesidad. 

Recordemos la regla de oro de la alimentación equina: mucho forraje, y poco pienso, pero de mucha calidad. Esto además, nos servirá para eliminar muchos de los “problemas de comportamiento” de los caballos jóvenes, que no son tales problemas, sino que al estar todo el día en cuadras, y recibir una alimentación excesiva en energía, no solo ponemos en riesgo su sistema metabólico, sino que sus ganas de juego, de botarse, de estar pendiente de todo menos del trabajo, etc, se multiplican por varios enteros. Si le damos un buen pienso, no será necesario darle más de dos kilos del mismo, y el resto mínimo unos 8 kilos de heno y y si se quiere, un extra de alfalfa que le beneficiará en su desarrollo. Darle 6 o 7 kilos de pienso a un potro de 3-4 años, es una auténtica bomba de relojería.


Motherly Love: Con este muesli estarán sanos y protegidos madre e hijo incluso durante la lactancia o embarazo. Más info en este enlace o pulsando sobre la imagen.




viernes, 11 de noviembre de 2016

Nueva sección de tips fotográficos

Estreno sección con fotografías en alta resolución y hechas por mi, con breves consejos sobre entrenamiento y bienestar equino.


jueves, 3 de noviembre de 2016

¿Qué es realmente entrenar un caballo?

A medida que voy tratando con más caballos, más me voy dando cuenta de que es imposible entrenar de verdad a un caballo si no le dedicas una media de dos horas diarias como mínimo. Eso no quiere decir que sean dos horas de trabajo intenso. Pero se necesita tiempo para crear un vínculo, igual que a un amigo o a una pareja le tienes que dedicar tiempo para conocerlo, para afianzar la relación, y en definitiva, porque para recoger, hay que sembrar.

En el caso de esta yegua, he pasado mucho más tiempo afianzando nuestra relación que con el entrenamiento físico en sí. Actuar así ha sido fundamental para que cuando entrene, lo haga de un modo relajado y confiado. Si quieres conocer el proceso, visita este enlace


Tiempo DIARIO para revisar los cascos, para observar si va musculando bien y no hay asimetrías en los diferentes grupos musculares, para cerciorarte de que no hay puntos de tensión ni agarrotamientos. Tiempo también para acariciar al caballo – que no todo ha de ser trabajo en un entrenamiento - , hablarle suave y al oído, y que te vea como alguien que le va a ayudar a ser más fuerte, a ser mejor caballo en definitiva, igual que un maestro de artes marciales, enseña a sus alumnos a ser más fuertes, más elásticos, más inteligentes y previsores, y sobre todo, a ser mejores personas. Yo quiero ayudar a los caballos con los que trabajo, a que saquen lo mejor que llevan dentro, a que mejoren sus carencias, a que en definitiva, sean confiados y pacientes con los humanos, y a que sean los mejores caballos que pueden llegar a ser, y todo eso, lleva tiempo.

Tiempo para calentarlo como se debe, es decir, entre 20 y 30 minutos como mínimo y más si hablamos de caballos que viven en boxes. Tiempo para el entrenamiento que realmente necesite, no el que a nosotros nos guste más o el que solo sepamos hacer. Tiempo para enfriarlo, paseando del diestro sin mirar el reloj pensando en el siguiente caballo, porque entonces no lo enfrío como se debe y al día siguiente las agujetas le pasarán la factura. Y también para ducharlo, y secarlo.

Y para hacerle algún estiramiento o al menos dejarlo suelto en una pista para que se revuelque y se estire él solo, algo realmente beneficioso para su cuerpo. Y si vive en un box, llevarlo del ronzal a algún sitio a dónde crezca algo de forraje para que coma, que para eso es un herbívoro. Tiempo para observarlo cómo come, cómo mira, cómo se comporta, porque si vemos que cada día está más fuerte, relajado y confiado, es que estamos yendo por el buen camino.

Las cuentas están claras. En menos de dos horas al día es imposible hacer esto. Yo hay días que incluso les dedico más a según qué caballos, si creo que lo necesitan, y sobre todo, para darle aquello de lo que más carecen para que tengan una vida equina plena, y que a priori, no forma parte de un entrenamiento físico. Son esos detalles de los que hablo antes: sacarlos a que pasten, a que vean campo, a que sientan la presencia de otros caballos. Estos pequeños detalles, son los que harán que un caballo rinda cada vez mejor en su entrenamiento, y esté más feliz en definitiva. Los caballos son nuestros amigos, nuestros compañeros de aventuras hípicas, no gladiadores a los que tener enjaulados y que solo salen de su calabozo para entrenar o darlo todo el día de competición.

Aquí no hay atajos ni trampas posibles. Todo lo demás se podrá llamar como se quiera, pero entrenar un caballo de verdad, es lo que requiere. En el caballo, yo prefiero la calidad a la cantidad, es decir, trabajar menos caballos pero dándoles mi mayor dedicación. Y creo que los caballos, también.


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