martes, 11 de julio de 2017

Historia breve del origen del caballo árabe (I parte)

Normalmente, las personas que quieren vincular su vida al caballo y deciden estudiar una carrera universitaria, suelen escoger veterinaria. En mi caso, inicié la carrera - inconclusa, a la sazón - de Estudios Árabes en la Universidad de Sevilla,  llevado por mi afán de querer saber más del caballo árabe y del artífice de su creación: el beduino.

Todo lo que leía sobre los orígenes del caballo árabe, estaba basado más en leyendas y mitos que en realidades de peso académico. Era pues la de los Estudios Árabes, mi opción más indicada para penetrar del modo más fiable en la verdadera historia del caballo árabe, que a fin de cuentas, corría paralela a la de la civilización que lo creó.
Fruto de esos estudios, escribí unos artículos sobre el caballo árabe y su influencia en otras razas, que se publicaron en la revista Galope hará unos cinco años. A lo largo del verano los iré publicando siguiendo el orden en el que se editaron.

*En no mucho tiempo, podremos gracias a los estudios que se van haciendo en materia genética, tener ideas más claras sobre los orígenes del caballo árabe, ya que este texto está elaborado desde una perspectiva historiológica (historia+filología).



Al hablar del caballo árabe, inevitablemente resuena el eco de la leyenda, y con tan solo pronunciar su nombre, el aroma del desierto hace acto de presencia. Caballos de una belleza atemporal, dotados de una resistencia extrema, famosos por su valentía en el combate y por la lealtad incondicional que profesan a su jinete.

¿Pero cuánto hay de cierto en estas aseveraciones?

Que el caballo árabe es una realidad, no cabe duda, y muestra de ello son las innumerables ganaderías y ejemplares que hoy en día encontramos a lo largo y ancho de todo el planeta. Las grandes razas europeas de hoy deben en buena medida su existencia a la sangre proveniente de los primeros caballos y yeguas árabes que unos pocos europeos, conocedores de las virtudes de los caballos del desierto, empezaron a traer, no sin gran dificultad, desde el Medio Oriente. España no fue ajena a esta tendencia, y gracias a ello, el Pure Spanish, ha sido una de las variedades de caballo árabe más valorada en el mundo.

Pero remontémonos a la Arabia de hace unos siglos, e intentemos hacer un viaje en el tiempo y situarnos en la Península Arábiga, donde el Heyaz, el desierto en el que los árabes sobrevivían a las temperaturas más extremas del planeta, acogían en sus tribus a dos animales excepcionales: el camello y el caballo. Para el beduino, este es el más maravilloso animal de la Creación, y de él se sienten especialmente orgullosos. Tanto es el amor que profesan al más bello de los animales, que no dudan en considerarlo, junto al hombre, como un ser elegido y privilegiado, al que Dios habría concedido el poder de "volar sin alas".

El camello, es el otro gran aliado del beduino y junto con el caballo, formaron la alianza perfecta para su modo de vida milenario

La selección natural a la que las condiciones más inhóspitas brinda el desierto, se vio implementada por un duro criterio selectivo que los beduinos llevaban a cabo, mediante el cual ponían a prueba la resistencia al calor, la sed y al ejercicio físico a sus caballos. Solo los que pasaban estas implacables prácticas, eran escogidos para la reproducción.

Nuestro aguerrido Capitán, Luis Azpeitia de Moros, que nos dejó un testimonio de incalculable valor en la narración de su expedición a Oriente Medio (En Busca del Caballo Árabe), vivió en primera persona algunas de estas prácticas centenarias, entendiendo entonces, porqué el caballo árabe, había llegado a ser el paradigma de la resistencia.


En este audio puedes saber más sobre el viaje del capitán Azpeitia y sus compañeros a Oriente

El caballo, era el animal que los árabes usaban en sus razias, perfecto compañero para el ataque en las distancias medias y cortas, en las que por medio de un asalto relámpago, pillaban desprevenidos al enemigo y con el que sobre todo, podían poner tierra de por medio a gran velocidad. Por lo tanto, en el caballo depositaban su total confianza, y era objeto de sus máximos cuidados. Al caballo, el jinete y el criador árabe le exigía mucho, pero le daba aún más. Esta metodología, permitió que la cabaña caballar arábiga fuera convirtiéndose en algo excepcional.



El origen del caballo árabe, como tal raza, es algo que de momento, no podemos situar con exactitud en el tiempo ni en un lugar concreto, aunque hay ciertos indicios que nos pueden ayudar a establecer una aproximación a tales coordenadas, y de los que hablaremos más adelante. Pero claro, estas son cuestiones a las que los occidentales, nos empeñamos en llegar, en nuestro afán continuo de conocimiento intelectual, pues para la tradición arábiga, la cosa no tiene mayor misterio. Los caballos, según cuentan las historias beduinas, tienen su origen en el mismo origen del mundo.

En la historia de la tradición árabe, podemos encontrar tres tipos de textos que nos hablan sobre el nacimiento del caballo:

- La poesía preislámica. Estas composiciones, genuinamente beduinas, son un claro reflejo de la sociedad tribal tradicional del desierto, en la que los caballos y sus caballeros eran sumamente venerados. En muchos de estos poemas se habla de los caballos más importantes de la historia, los cuales provendrían de un semental que Salomón regaló a la tribu de los Azdíes de Yemen.

- Los textos y tradiciones religiosas. El caballo es un tema recurrente aquí, de gran importancia, y por lo tanto, de gran interés para el estudioso de la historia de la equitación y del caballo, pero se tratan de textos elaborados en cronologías muy posteriores a las épocas a las que hacen referencia, por lo que no podemos hacernos eco de ellos para establecer una datación concreta y del relato de esos linajes equinos.

- Tratados de contenido histórico. Como es sabido, el legado de la Grecia Clásica, fue continuado y evolucionado por la pujante ciencia árabe del medievo. Ahora bien, ello provocó que estos tratados, estuviesen demasiado influenciados por muchas de esas obras griegas, por lo que sus teorías tampoco nos sirven para llegar a ese ansiado punto inicial del caballo árabe como raza específica.

Si no prestamos atención a los rifles, el resto de la escena es probablemente muy similar a la que tuvo durante siglos en los desiertos arábigos, donde el caballo era omnipresente en la vida del beduino

Por lo tanto, de entre estas tres posibilidades, la que más garantías nos ofrece, teniendo en cuenta que nunca podremos a través de ella, determinar con criterio científico nuestro propósito, es la de la tradición poética preislámica, pues tales poemas, son los más fieles garantes de la tradición árabe más antigua. Estas composiciones poéticas nos transportan a un mundo fascinante, en el que el beduino vive en un entorno terriblemente hostil, en el que la naturaleza no es una madre acogedora que cobija y que ofrece verdor y frondosidad, sino que es una severa madrastra que cada día pone a prueba a los habitantes de sus tierras con sequías y calores extremos. Aún así, estos hombres y mujeres sacarán lo mejor de si mismos y se sentirán íntimamente ligados a ese entorno que los hostiga, y como parte indisoluble de esa naturaleza, está el caballo, el animal "más noble y bello" que pueda existir, y con el que escribirán su historia.

Según las leyendas transmitidas en tales poemas, el primer caballo fue Zad al-Rakíb (Viático del Caballero), el cual sería el origen de la primera familia equina conocida. Ahora bien, con el nacimiento y difusión del islam, esta versión primigenia se vería alterada, y se le atribuye a Ismail haber domado a Zad al-Rakíb, aunque también encontramos otra versión que cuenta que fue Matusalén quien primero se subió a los lomos de tan especial caballo. Según se dice, una presa del Yemen se rompió y con sus aguas esparcidas provocó la huida de todos los caballos que allí pastaban. De entre tales caballos, cinco de ellos serían capturados más tarde, y de los cuales nacieron cinco familias. En una de ellas, se crió una yegua llamada Kuhaylat, y cuyo nombre sería usado desde entonces para todo aquel caballo considerado pura raza.

En la literatura y tratados posteriores en las que se trató el origen del caballo, la influencia religiosa era ya innegable. Como hemos dicho, no podemos otorgarle valor científico, aunque no es poco ni mucho menos el que tiene. Merece la pena, pues, que citemos, aunque sea someramente, el que según un andalusí que vivió entre los siglos XI y XII, Abu Hámid el Granadino, es el origen del más bello animal del mundo: "cuando Dios quiso crear al caballo le dijo al Viento del Sur: “voy a crear a partir de ti una criatura que será la gloria de mis seguidores, la ruina de mis enemigos y el adorno de los que me obedecen”. Luego creó al caballo y dijo: “Te llamo caballo y te hago de raza árabe, a tu crin anudo el bien, y se conseguirán botines cabalgando sobre tu lomo, la honra estará contigo dondequiera que estés, y te hago señor de los animales”[...]. Luego lo envió a la tierra y el caballo se puso a relinchar [...]. Y reuniendo todo lo que había creado se lo mostró a Adán y dijo: “¡Adán!, escoge de lo que he creado lo que quieras”, y Adán escogió al caballo."

Maravillosa historia que, contada a la luz de la hoguera bajo el techo de una noche estrellada en el desierto, desataría las emociones más auténticas de quienes la escuchasen, y que redundaban sin duda, en ese amor y devoción que los árabes sentían por sus caballos.



Intentando llegar más allá de lo que estas tradiciones nos cuentan, hemos de hablar de aproximación, ya que como hemos comentado, aseverar categóricamente sobre el origen del pura raza árabe, es, al menos de momento, imposible. Según el arabista y letrado, José Aguilera Pleguezuelo, consumado investigador del caballo árabe, "la patria del caballo árabe es el Nejd, Asir y el Yemen", a la vez que nos advierte que se han tenido por PRÁ muchos caballos que en su linaje llevaban otras sangres. El genuino caballo árabe, proviene de las zonas del Nejd y de Amezah, lo cual es confirmado por William Gifford Palgrave (1826-1888), si bien Mr. Palgrave se decanta más por el Nejd, zona en la que pasó varios años, llegando a clasificar hasta trece clases de caballos nedjíes.

William Gifford Palgrave

Pero inevitablemente, hemos de enlazar de nuevo con la tradición religiosa. Esta nos cuenta que el rey David era un gran aficionado a los caballos, y llegó a reunir mil de ellos. Salomón, su hijo, heredó los mil caballos y los tuvo como el más preciado de sus bienes de entre todos los de la herencia que recibió de su padre. De esos mil, solo conservó cien, de los cuales provendrían todos los caballos posteriores. Ahora bien, esta leyenda - como otras muchas - puede tener un cierto origen real, pues recientes investigaciones han demostrado que en las excavaciones de la antigua ciudad de Meggido, hay unas construcciones, conocidas como Establos de Salomón, para lo cual, aquellos afortunados que tengan pensado viajar a Tierra Santa, pueden consultar la Guía de Arqueología de Tierra Santa, publicada en el 2006 por Fabio Bourbon y Enrico Lavagno.

Estrechando el círculo, nos ceñiremos a la Península Arábiga y a lo que en árabe se conoce como Bilad al-Sham, la zona que comprende los estados de Siria, Líbano, Israel, Jordania y los Territorios Palestinos, es decir, donde tuvieron lugar las grandes civilizaciones de la antigüedad. Entre ellas, los asirios, parece que fueron los primeros en hacer uso del caballo como elemento de caballería, lo cual les otorgó clara superioridad en el combate durante largo tiempo, hasta que los medos, perfeccionaron y superaron este arte ecuestre. Ello nos acerca aún más a la relación de los beduinos con los caballos, y en los impresionantes relieves del palacio de Nínive, podemos observar unas escenas ecuestres muy valiosas, entre las que podemos ver a Asurbanipal cazando a lomos de un espléndido caballo, y otra, en la que la invencible caballería asiria, derrota a un grupo de árabes montados sobre camellos, lo cual nos da a entender que los beduinos por entonces aún montaban más camellos que caballos. No sabemos, pues, en qué momento exacto, los árabes se rendirían a las ventajas y encantos de los caballos, pero al menos podemos observar, que se trataba de una tradición que fue pasando de una civilización a otra, y presumiblemente, mejorando y depurándose. Con estas bases, podremos al menos, hacernos una idea de cómo la tradición ecuestre árabe fue cobrando forma, hasta que en el siglo VI d.C, ya era de una consistencia enorme, y sobre la que ya si tenemos más información.

Los grabados de Nínive, son muy reveladores en cuanto al uso del caballo y el camello por parte de los asirios y los árabes respectivamente

Asurbanipal cazando con arco a caballo, relieves del Palacio de Nínive



Continuará en la II parte

viernes, 9 de junio de 2017

¿Cuándo se considera un caballo “viejo”?

Inicio con este una serie de 4 artículos que pretenden concienciar sobre lo que hacemos con cuatro grupos de caballos que suelen ser los más perjudicados de la hípica deportiva y de ocio: los caballos mayores, las yeguas, los caballos enteros y los caballos de escuela.

REDEFINIENDO EL CONCEPTO DE CABALLO “VIEJO”

Los últimos acontecimientos hípico-deportivos de alto nivel, nos pueden hacer reflexionar en España sobre lo que es un caballo viejo, o más bien, sobre qué hacemos aquí para que con 12 años, en determinados ambientes, se considere a un caballo viejo, mientras que en otros países, hay caballos que con 16-18 años estén compitiendo a un nivel muy alto.

Nereo y Andrew Nicholson


Para mí, el más claro y reciente ejemplo lo tenemos en Nereo y su flamante triunfo en Badminton, la competición hípica más exigente del mundo junto con el Grand National. Nereo, que además es un Caballo de Deporte Español, criado en Sevilla, se ha metido entre pecho y espalda un merecido primer puesto junto a su jinete, Andrew Nicholson, teniendo aquel una edad de 17 años.

Para quienes no conozcan de qué va Badminton, es una competición hípica de tres días de Concurso Completo de Equitación, en la que el primer día se hace una reprise de doma, el segundo un cross (que además de ser largo es el más técnico de todos los 4* de los completos internacionales)  y el tercero un recorrido de salto. Todo ello con rigurosas inspecciones veterinarias y controles antidopaje, y bajo la atenta mirada de miles de personas que se congregan para contemplar la competición hípica más exigente del mundo junto a las que lo ven en directo desde la pantalla.




Y ahora me pregunto: ¿Un caballo con 17 años puede con semejante esfuerzo y en cambio aquí, en competiciones mucho menos exigentes – como puede ser la Doma Vaquera de concurso – rara vez vemos un caballo de más de diez años? ¿Cómo es que aquí aún se sigue oyendo eso de que un caballo de doce años – y no hablemos de más de doce – es viejo?

La única respuesta posible – o al menos la única que se me ocurre a mí – es que los que compiten con caballos de más de quince años –insisto, y en disciplinas hípicas muy duras – hacen las cosas con sus caballos de un modo mucho más coherente con la salud equina, mientras que en aquellas competiciones en las que apenas se ven competir caballos de más de 10-12 años, siguen pautas de manejo y entrenamiento poco sanas para con los caballos.

Cómo aún me encuentro que hay propietarios de caballos que ponen cara de póker cuando les hablo de todo esto – todavía hay tanto profesionales como amateurs que siguen creyendo que el caballo es un ser venido de otra galaxia y que se rige por leyes físicas distintas a las que afectan al ser humano -  me gusta echar mano del ejemplo persona. Todos conocemos a personas que con 60 años o más se encuentran en una buena forma física, presentan buen aspecto, tienen buen ánimo y rinden en su trabajo y en sus aficiones, hacen deportes, etc. Hoy día, cada vez es más común ver a hombres y mujeres que a pesar de tener décadas acumuladas de vida, están en una gran forma física. ¿Y eso cómo es posible?

Sencillo: se cuidan, es decir, comen bien, hacen ejercicio, etc. No podemos pretender que una persona que basa su dieta en panceta, fritos y dulces, no haga ejercicio y se pase las horas en una silla y un sofá llegue a los 60 años en plena forma. Si a esa persona que lleva esa vida de mala alimentación y poco ejercicio, lo sacamos de su cuarto para someterlo a ejercicios durante una hora y de un modo brusco, nunca llegaremos a ponerlo en forma, simplemente, lo estaremos predisponiendo a que se lesione más pronto que tarde.

El mayor logro de la humanidad en los últimos tiempos ha sido alargar su esperanza de vida, pero sobre todo, su calidad de vida. Hasta hace no mucho, una persona con sesenta y tantos años, era una persona "mayor". Yo ya conozco muchos casos de personas de más de 60 e incluso de 70 que rinden plenamente en su vida y en sus deportes. Lo mismo puede aplicarse a nuestros caballos, pero hay que darles las pautas adecuadas.


Cada vez hay más personas que practican deporte y están sanos a edades avanzadas

Cuando voy a hípicas y cuadras, me gusta dar una vuelta de reconocimiento. En un vistazo rápido te das cuenta de si es un lugar que piensa en sus caballos, o no. ¿Hay paddocks aunque sean pequeños? Y si los hay, ¿están limpios o tienen el estiércol acumulado de meses y meses? ¿Y sus cuadras? ¿Son grandes y dejan sacar la cabeza a sus caballos? ¿Las camas están limpias y secas? ¿Qué clase de heno y piensos se dan? ¿Y los cascos, están largos y abandonados o están al día y sanos? Todo esto y mucho más, me permite hacerme una imagen inequívoca de la clase de hípica o cuadra en la que estoy entrando. Hay de todo. Tanto de unas como de otras. Pero en cambio, hay una idea que sigue planeando en no pocas hípicas, cuando pregunto por la edad de ciertos caballos que me llaman la atención: “bueno, es viejo, tiene ya 14 años…”

Efectivamente, el aspecto que presenta ese caballo de 14 años es el de un caballo mayor. Pero en cambio, conozco otros casos de caballos con muchos más años, que tienen una presencia impecable, siguen trabajando y además con ganas y sin los achaques que otros caballos más jóvenes sí que tienen.  ¿Por qué unos caballos con más años están tan bien y otros de menor edad tan mal? La respuesta la tenemos en nuestras narices, porque estoy seguro que todos conocemos casos como el que voy a resumir.

LA RESPUESTA ESTÁ EN EL CUÁNDO Y CÓMO

Es decir: cuando empezó su entrenamiento, y cómo ha sido el mismo. ¿Y cómo se alimenta a esos caballos? ¿Y cómo se les maneja?

Los caballos “viejos” de aspecto pero que no lo son realmente de edad, se empezaron a trabajar desde muy jóvenes. Y no solo eso, sino que probablemente, se les entrenó de un modo excesivo para la edad que tenían. El entrenamiento temprano y abusivo, pasa factura. El problema, es que no da la cara hasta pasados unos años. Y esos son los caballos, que llegados a los diez o doce, están fundidos a dolores. ¿Y qué ocurre? Que como ya no pueden tener una vida deportiva mínima ni casi como caballos de paseo, se regalan, se ceden o se venden por cuatro duros.

Esos caballos caen en manos de tratantes o de jinetes que los usarán para dar clases, o con suerte, para que “enseñe” a un niño si su padre decide comprarlo. Como es un caballo al que se le va “a sacar un rendimiento limitado”, la alimentación que se le da es de mala calidad, y en la mayoría de los casos, en cantidades bajas. Las desparasitaciones se alargan en el tiempo, los herrajes también, las revisiones dentales y en definitiva, todo aquello que suponga un gasto, pero que son todos esos detalles que dan la salud y en definitiva, lo que alarga la vida y la calidad de vida de un caballo.
Y así es como llega un caballo de14 años a tener el aspecto de un caballo anciano. Es más, es que hay caballos que se mueren de viejos con más de treinta años y no presentaron nunca el mal aspecto que el de esos casos que menciono arriba. Caballos que se murieron simplemente porque ya era su hora, pero su aspecto, nunca fue malo.

En cambio, estos caballos supuestamente viejos de los que hablamos, tienen un pelo feo, los huesos marcados, la cara con una expresión apática…Pero NO SON VIEJOS. Simplemente, son caballos envejecidos, castigados por un trato injusto, duro, y que de haber recibido otro trato, estarían indudablemente, mucho mejor.

¿Qué hacer entonces para que un caballo esté sano, fuerte y motivado por muchos años?

Sencillo: justo lo contrario de lo que hemos descrito arriba, es decir:

1-      Dejar que el potro viva en libertad (y libertad no es un paddock) hasta los 4 años.
2-      Cuando se le empiece a entrenar, ir muy poco a poco.
3-      Nunca dejar que pase más de 24 horas en un box, y combinar en la medida de lo posible, su estancia en box con prados o paddocks.
4-      Darle una buena alimentación basada en heno de calidad.
5-      En los entrenamientos, prestar atención especial al calentamiento y al enfriamiento y nunca omitir ambos pasos
6-      Desparasitar cuando proceda, hacer revisiones dentales anuales, esté herrado o descalzo, siempre tener el casco en óptimas condiciones, etc.

Y así, es como un caballo llega a una edad madura en perfectas condiciones, y precisamente, en esa edad madura, si hemos sido capaces de mantener a nuestro caballo sano y en forma, es cuando vendrán los mejores momentos a su lado, ya que es cuando el caballo alcanza también su madurez mental. Si los que se empeñan en empezar con los caballos tan jóvenes y con entrenamientos tan abusivos se dieran cuenta de esto, se darían también cuenta de que se gastarían menos dinero en tratamientos y en comprar y vender tanto caballo.

Veamos algunos ejemplos, insisto,  DE CABALLOS DE ALTA COMPETICIÓN, es decir que caballos que con muchos años, rinden física y mentalmente a un nivel muy superior de lo que el 98% de los jinetes va a necesitar de un caballo.

Nereo y Andrew Nicholson

El ejemplo con el que abríamos este artículo. Caballo criado en la provincia de Sevilla, por Ramón Beca. Es comprado hace algunos años por el jinete de completo neozelandés Andrew Nicholson, pero instalado en Inglaterra, para su preparación en Concurso Completo de Equitación. Actualmente, la propietaria del caballo es la también neozelandesa Deborah Sellar, pero ha sido siempre Nicholson el que se ha encargado de la preparación del caballo. El palmarés de Nereo puede verse aquí: http://www.fei.org/horse/NZL01341/Nereo

El concurso completo es la disciplina hípica más dura sin lugar a dudas, pero he aquí que Nereo lleva compitiendo varios años en ella y con 17 años, corona su carrera ganando el más duro de todos los completos, el de Badminton. La cuestión no es tanto cuán dura es la competición, sino de qué modo se ha preparado al caballo.




Un caballo, aunque no compita en ninguna especialidad hípica, si se le entrena pronto y mal, se le confina en un box desde joven y se le condena a comer avena y paja como única alimentación, es más que probable que no llegue a una edad madura en condiciones medianamente óptimas. Conozco continuamente casos de caballos cuyo único trabajo es hacer algo de doma a un nivel muy básico y se lesionan continuamente. ¿Cómo es posible? ¿Qué falla ahí? Si te interesa profundizar en las causas de posibles lesiones, que son muchas, variadas y relacionadas entre sí, te invito a que leas dos artículos que escribí sobre ¿Por qué se lesionan tantos caballos?:

Ro Grand Sultan y Becky Hart

Aparte de los méritos indudables de esta amazona americana (3 veces campeona del mundo de resistencia), me gustaría destacar algo que tiene muy claro a la hora de elegir un caballo antes de competirlo: NUNCA ENTRENA UN CABALLO ANTES DE CUMPLIR LOS 4 AÑOS. Eso le permitió ganar un Campeonato del Mundo con Ro Grand Sultan cuando este tenía una edad de 16 años.



De nuevo nos hallamos ante otro caso de una disciplina hípica altamente exigente, en la que es posible despuntar a nivel mundial con un caballo de edad madura, siempre y cuando, por supuesto, se haya entrenado con coherencia.


Delgado y Beatriz Ferrer Salat

Y para terminar con los ejemplos, tomemos uno más cercano. Delgado es un Westfaliano de 16 años, que se encuentra en su pleno apogeo, puesto que acaba de cosechar un nuevo premio junto a su amazona: el Campeonato de España de Doma Clásica.



Son varios los éxitos que ha cosechado este caballo, y todos con una edad ya avanzada. Recomiendo ver este breve vídeo en el que Beatriz afirma que Delgado está ahora “en su mejor momento”:





Estos son algunos ejemplos de caballos que con una edad madura, han conseguido despuntar al máximo nivel en la alta competición. Afortunadamente, cada vez son más casos, y en el ámbito amateur cada vez hay más caballos maduros que disfrutan de buena salud y de un sistema musculo-esquelético que les permite rendir bien en su disciplina hípica. Pero eso no nos puede hacer bajar la guardia, y por desgracia, son muchos los caballos que con pocos años, son víctimas de lesiones que harán que cuando tengan una edad algo más avanzada, caigan en el proceso que describíamos arriba, y en poco tiempo, parezcan mucho más viejos de lo que son. Debemos poner nuestra parte para que cada vez los caballos lleguen a su madurez en las mejores condiciones. Es lo mínimo que se merecen.


martes, 30 de mayo de 2017

Reflexiones sobre vaquera y La Caza del León


En el número 1 de Endurance Magazine hemos incluido un reportaje titulado Los Caballos del Sáhara, en el cual hablamos del libro del mismo título y de la interesante historia del emir Abdel-Kader y el Coronel Eugene Daumas.

Dicho artículo viene ilustrado con obras de Horace Vernet, un verdadero genio que retrató como nadie a los caballos y caballeros del Sáhara argelino. Pues bien, de entre todas esas obras hay un cuadro que me tiene totalmente cautivado (páginas 68-69, La caza del león). Su colorido, la expresiones de los rostros de los caballos y del resto de animales son un espectáculo para la vista. De la plasticidad de este cuadro podríamos estar hablando durante días, pero mi intención aquí es la de comentar al personaje del caballo blanco que aunque se encuentra en el tercio izquierdo, centra sobre él todas las miradas.



Sus ropajes, sus brazos, su caballo...todo en él rezuma elegancia y poderío, aunque vamos a centrarnos en lo que me sugiere el binomio en conjunto: estoy viendo a un jinete vaquero de tiempos pretéritos.
Vamos primero con los atalajes: los estribos y la concha de la montura son muy parecidos a los de nuestros albardones actuales, y más similares a los de las monturas vaqueras más antiguas (como algunas que he visto, ya en desuso). Sigamos con el jinete: riendas en la mano izquierda con el pulgar hacia arriba, monta a la jineta en estado puro. Y entrando con el caballo, obsérvese la remetida de posteriores con el remo anterior derecho estirado. La cara del caballo, aunque probablemente sea aquí una licencia del autor, nos muestra junto con la colocación del cuello, que el caballo trabaja en una línea muy similar a la de la doma de campo española. Aquí, en lugar de enfrentarse a toros, están cazando leones, lo cual requeriría una doma de pronta y resuelta respuesta, situaciones para los que la monta a la jineta es la más indicada. Si a todo esto, le añadimos la lanza del jinete, que bien podría ser sustituida por una garrocha, no se me ocurre mayor semejanza.

La tradición vaquera española aún tiene muchos puntos por atar, pero está claro que ocho siglos de historia de al-Andalus, reino en el que el caballo y las diferentes formas de caballería eran de suma importancia, dejaron una profunda huella en nuestra doma. Y la tradición ecuestre andalusí, tiene su continuación y reflejo en el norte de África, donde siglos después, como vemos en este impresionante cuadro, se mantenía fiel a sus principales líneas.

A la sazón de estas breves reflexiones, que bien darían para mucho más, dejo un par de intervenciones que hice en el blog de mi amigo El Cura, a raíz de unos escritos suyos sobre el tema.

Enlace al blog de José Manuel, en el que habla sobre las monturas vaqueras y tártaras: http://www.ocurrenciashipicas.com/2011/09/acerca-de-las-antiguas-monturas.html

Mis comentarios al respecto:

Estimado José Manuel:

Recojo el guante, aunque no garantizo conclusiones definitivas.
Ante todo, me gustaría aclarar que hablo más desde el punto de vista investigador que el de jinete, ya que los avatares de la vida me llevan a estar más tiempo rodeado de libros que de caballos, y además, hay que tener en cuenta, que aunque los jinetes vaqueros están muy orgullosos de su tradición, al ser esta eminentemente oral, carecemos de fuentes solventes con las que poder elaborar una teoría sólida, al menos en cuanto al origen y evolución de los atalajes.

A mi particularmente, el estudio de la guarnición del caballo, e incluso el atuendo del jinete, es algo que me apasiona, ya que ambas cosas nos dirán mucho acerca de la sociedad del momento, puesto que hasta hace un siglo, en torno al caballo giraban muchas de las actividades principales del ser humano.
Por lo tanto, con respecto a los puntos que comentas:

- En efecto, las monturas vaqueras de hace algunas décadas, eran extremadamente altas y cortas. He visto algunas en diferentes guadarneses, y no tienen nada que ver con las que se hacen hoy. Supongo que aquí, la dimensión general del caballo, ahora mucho mayor y sobre todo desde que los cruzados llegaron para quedarse en la doma vaquera, ha influido mucho.

- De la montura de los rejoneadores, aunque a algunos puristas de la vaquera les horrorice, es como dices una mezcla de la vaquera con la portuguesa, hasta a lo que se ha llegado hoy, que se conoce como “mixta”.

- Con respecto a que la vaquera carece de teóricos y jinetes que nos hayan legado sus escritos, es cierto, aunque aquí ya hemos hablado de D.Álvaro Domecq, y yéndonos unas décadas más atrás, D. Antonio Miura escribió Doma, Acozo y Derribo, en el que, entre otras cosas, nos cuenta como le influenció la obra de James Fillis. Creo que estos jinetes, junto a algunos otros, marcaron la evolución de la vaquera. Este es un tema para hablarlo largo y tendido, y que suscitaría muchas polémicas, pues es cierto que incluso aún hoy, muchos jinetes de vaquera siguen anclados en el “esto lo hago así porque se ha hecho de toda la vida”, aunque por otro lado, tenemos jinetes en la actualidad, como Joaquín Olivera o Antonio Quinta, que han llevado la doma vaquera a un nivel excelso, verdaderos  amantes de la Equitación por encima de todo, sea con montura clásica o albardón.

Por último, con respecto al origen del manejo de toros y vacas con caballos en España, no puedo aún pronunciarme con exactitud puesto que es un tema del que por una parte hemos oído diferentes teorías, y por otro, porque sigo ahondando en el tema – no todo lo que me gustaría – . Pero si puedo enumerar algunos datos, muchos de ellos conocidos por vosotros, sin duda.

La doma vaquera “moderna” surge en el XVIII cuando el trasiego de ganado adquiere una gran importancia debido al auge de los espectáculos taurinos en nuestro país. La vigilancia del ganado a diario, y el llevarlo hasta las plazas, así como las tientas y otras faenas camperas, exigían jinetes y caballos especializados, junto a una serie de herramientas y arreos adecuados.
Ahora bien, esto no es algo que surge de la nada. Ya en época romana hubo juegos públicos con toros (y con otros animales como sabemos). Las “arenas” romanas de hecho son el más claro precedente de la plaza de toros que pueda conservarse. Ahora bien, el culto y el juego con los toros, probablemente ya lo hicieron culturas anteriores, aunque la civilización romana, con sus magníficos edificios, “profesionalizó” el espectáculo y marcó un antes y un después. Seguro que se ayudaron de caballos.

Por lo tanto, siguiendo en la Península Ibérica, los visigodos, que tantos aspectos de la cultura romana prolongaron, probablemente mantuvieron este legado, aunque ya no con la grandeza de los grandes espectáculos romanos. Pero si debió permanecer la ganadería (aunque no como la conocemos hoy día), y de hecho, sabemos que había grandes explotaciones agrícolas y ganaderas, los “latifundia”.
Y cuando al-Andalus se consolida como estado, los espectáculos ecuestres eran importantísimos. Por un lado tenemos los desfiles y exhibiciones que se llevaban a cabo tras la entronización de los emires y más tarde de los califas, y los que se producían también con motivo de las victorias en batalla. Los juegos ecuestres eran muy comunes.
Aquí en Sevilla, por ejemplo, en la explanada de Tablada, se hacían desde carreras de caballos hasta juegos con toros.
En época califal, las monturas de lujo eran monopolio de una “fábrica” que era propiedad del califa, y se manufacturaban en Córdoba.

Y esto me lleva a terminar enlazando con la posible herencia de todo el período andalusí en la montura vaquera. Por un lado, el estilo: la monta a la jineta. Pero con respecto a la forma y componentes, pues aunque hay piezas claras, como el estribo, en otras cosas, yo al menos no me atrevo a aseverar nada, ya que he visto en grabados monturas francesas del siglo XVIII que en su armazón no se distanciaban mucho de una montura vaquera de las antiguas. Aunque vaya a saber si no es influencia “de aquí para allá” (que lo dudo), como ya ocurriera con el estribo en el siglo VIII en la batalla de Poitiers. Y si vemos el grabado que John Frederick Lewis, que vivió en España de 1832 a 1834, le hizo a José María el Tempranillo, poca diferencia notaremos en los arreos con los que lleve un jinete bereber de hoy día. Nótese la generosa zalea, y algo que me llama la atención son los estribos, probablemente fruto de la fuerza que la equitación francesa tenía en esos momentos:



También, en el nombre de la montura vaquera, la herencia árabe es innegable:

Definición de la RAE de albardón.
Definición de albarda

Así, que en mi opinión, todavía quedan algunos puntos que amarrar en cuanto al origen de la montura vaquera, pero sin duda, la montura y guarnición vaquera, son fruto de la mezcla de una serie de elementos e influencias, y que le confieren esa identidad única.

Posteriormente, El Cura escribía un artículo titulado Pluvinel, La Guerniere y nuestra vaquera, en el que hice esta aportación:

Estimado José Manuel:

Interesante tema, aunque por otra parte espinoso en lo concerniente a la serreta. Por aquí abajo, por desgracia, más que un uso a veces se ha hecho de ella un abuso, destrozando la nariz de muchos caballos, dejando cicatrices vitalicias en el exterior...y lo que es peor, en la mente del noble bruto. Pero en esto, como en todo, parece que vamos a mejor.
Con respecto a las ilustraciones de La escuela de a caballo, a mi también me llamaron la atención las larguísimas camas de los bocados, y la extensión total de las piernas de los jinetes, aunque esto último lo hemos podido ver en muchos cuadros de épocas algo posteriores.
Con respecto a la monta a la jineta, preciso un par de datos que seguro conoces, pero que me permito añadir como complemento a tu texto:.

- La monta a la jineta se extendió por toda España en el inicio de la era moderna, pero su llegada a la península corre a cargo de los cenetes, tribu beréber de los Benimerines, quienes llegan a finales del siglo XIII para entrar al servicio de Muhammad I, rey de Granada (tomado de: José Aguilera Pleguezuelo: El caballo español e hispano-árabe, Ed. Almuzara, Córdoba, 2006, pág. 167.)

- Las técnicas, armas, caballos y tacticas de los hispano-árabes ejercieron una influencia continua en sus vecinos reinos cristianos, hasta el punto de que en 1390, se promulga el Ordenamiento de Lanzas, que mandaba a todos los vasallos del rey residentes desde Villa Real hasta el Sur, estuviesen armados a la jineta (Francisco Rivas Rivas, Omnia Equi, Ed.Almuzara, Córdoba, 2005, Capítulo III: Combatientes de frontera).

Tomás Mateo Cubero.

lunes, 15 de mayo de 2017

El mejor modo de tener a un caballo sano por muchos años

Esta es probablemente la pregunta que más me hacen en cursos o por mail. ¿Qué clase de entrenamiento es el más indicado para que mi caballo esté sano por muchos años? Esta pregunta, cuya respuesta es muy amplia, la contesto con una sola frase, que no es más que el primer paso, lo primordial antes que pensar en entrenamientos de uno u otro tipo:

"SACAR TU CABALLO DEL BOX TODO EL TIEMPO POSIBLE"



Está claro que esta respuesta no es válida para aquellos propietarios que tienen sus caballos en libertad o en paddocks grandes, pero la realidad es que la mayor parte de los caballos de España, viven en boxes, y me temo, que son boxes no muy grandes.

Efectivamente, ¿para qué queremos meternos en asuntos como la reunión, el saltar una determinada altura, o cualquier otro asunto técnico hípico, si nuestro caballo sale del box tres o cinco veces por semana, en el caso más afortunado?

Así, no son pocas las consultas que me llegan en plan:

" Solo dispongo de cuatro días a la semana para ir a entrenar mi caballo, una hora cada tarde. ¿Qué ejercicios me recomiendas para que esté en forma?"

Antes intentaba ser diplomático. Ahora, no me queda más remedio que ser sincero: "en ese caso, creo que lo mejor es que dejes la Equitación, o busques un lugar en el que poder tener el caballo en libertad y así te garantizas que el caballo se mueve los días que tú no puedas sacarlo".

¿Y porqué doy una respuesta que pueda parecer tan extrema? Porque NO ES POSIBLE que un caballo que solo sale de su cuadra 5 HORAS A LA SEMANA, llegue a tener un estado de forma mínimo, ¿Qué puede hacer determinados ejercicios a base de insistirle? Indudablemente, pero a costa de su salud y sobre-esfuerzo, y me temo, que en no pocos casos, a costa de un uso insistente de fusta y espuela.

Claro que, mi respuesta, no gusta a la mayoría de esas personas, y el otro día, ante un lector de mi web que me insistía en que lleva teniendo caballos varios años, y rara es la semana que lo saca más de tres veces de su box, me puse a hacer un estudio breve de lo que supondría, en un total de un año, un caballo que con suerte, es sacado de su box cinco veces a la semana, por total de una hora cada vez. Y el resultado fue...QUE EN UN AÑO, ESO SUPONE QUE EL CABALLO ESTARÍA FUERA DE SU BOX DIEZ DÍAS.

Es decir, de un total de 365, solo 10. No se me ocurre un camino más directo para CREAR UN CABALLO INVÁLIDO.

La verdad que nunca me había dado por hacer el cálculo, y el resultado, es demoledor. Por eso, me reafirmo: antes de pensar en qué clase de entrenamiento darle a tu caballo, piensa cuántas horas sale del box a lo largo del año.


miércoles, 3 de mayo de 2017

Primeros entrenamientos con las Equine Fusion All Terrain

Muy contento tras los primeros entrenamientos con las Equine Fusion All Terrain. De momento solo las estoy usando para salidas al campo de entre 10 y 15 kilómetros, con velocidad máxima de 19,7 km/h con trabajo a los tres aires, por caminos duros y blandos, cuestas, desniveles, etc. 

Si estás interesado en poner botas a tu caballo, tienes más info en:  http://botasparacaballos.es







martes, 2 de mayo de 2017

El gran olvidado en el entrenamiento equino

Hoy ya sabemos de sobra que el entrenamiento basado exclusivamente en el trabajo montado, no solo es obsoleto, sino que es bastante incompleto. Si todo el trabajo y el entrenamiento que hagamos a un caballo, se basa exclusivamente en hacerlo con un jinete encima, el dorso no solo estará sometido a sobrecarga, sino que no contará con pautas de fortalecimiento que exclusivamente, pueden hacerse pie a tierra. Esto, es ya tenido en cuenta por un nutrido grupo de propietarios de caballos y jinetes profesionales.

Ahora bien, ¿qué clase de trabajo pie a tierra es el que se le da a estos caballos? Mucho me temo, que inadecuado, no solo en pautas, sino en tiempos.

Trabajo pie a tierra de un caballo de raid, pero que indudablemente beneficiaría a cualquier caballo, especialmente de salto, y por supuesto de Doma Clásica. 



En estos últimos meses, he estado en diferentes hípicas y clubes, he asistido a circuitos hípicos del más alto nivel al más básico, y en todos, absolutamente todos, veo trabajar caballos pie a tierra, poco y mal. Por otro lado, están las numerosas consultas que me llegan a través de correo electrónico, las que me hacen en persona en cursos o al ir por distintos lugares. Me llegan al mail y al móvil vídeos de ejemplos de trabajo pie a tierra que son auténticos métodos de encapotar y estropear caballos. Compruebo en tales casos el desconocimiento que hay en esta materia tan básica y tan prioritaria en el entrenamiento de cualquier caballo, y en otros, veo incluso la indignación de no pocos propietarios que llegan a la desesperación porque determinado profesional le ha estado trabajando el caballo pie a tierra con algún tipo de rendaje auxiliar, que lejos de mejorar un caballo, lo ha empeorado o lo ha dejado bastante tocado.

La conclusión es clara: se trabaja muy poco pie a tierra y bastante mal. Se abusa de rendajes que someten al caballo, colocando dichos rendajes en la embocadura y lo colocan claramente por detrás de la vertical – lo que algunos llaman “ir redondo” pero que es un engaño para la vista - , se trabaja con dichos rendajes desde el primer momento sin dar un calentamiento previo y sin control de los tiempos, de las distancias, etc. Resulta entonces, que convertimos lo que podría ser un complemento magnífico al trabajo de monta, en un camino rápido para la destrucción física y moral de un caballo.


En este tipo de trabajo a la cuerda, el caballo ejecuta los ejercicios al paso, lo cual le priva de inercia y le exige toda su fuerza y coordinación. No se me ocurre mejor forma de fortalecer posteriores, ni de preparar un caballo para hacer una levade.

Un problema de concepción de base

Todo parte del hecho de que tradicionalmente se deja el trabajo pie a tierra y a la cuerda para el desbrave y doma inicial del potro. Y una vez se pasa esa fase inicial y el caballo joven ya empieza a ser montado, el trabajo pie a tierra queda olvidado y todo el trabajo se hace montado.
En algunos casos, se hace un trabajo a la cuerda si el jinete estima que el uso de un determinado rendaje le favorecerá, y esto, la mayor de las veces, no da el resultado esperado. Primero, porque se usa a modo de medicina correctiva (“le vamos a dar esto unas semanitas, y verás cómo baja la cabeza”), y segundo, porque no se plantea como un entrenamiento a largo plazo, programado y bien hecho.

En otros casos, el trabajo de cuerda no es más que una simple herramienta de desfogue del caballo que vive en box 24 horas, y no es ni mucho menos, un entrenamiento complementario al trabajo de equitación de ese caballo, que es justo lo que debería ser.
De los caballos que he podido trabajar en los últimos seis meses, pocos, muy pocos, tenían unas buenas bases de trabajo pie a tierra y presentaban varios problemas, muchos de ellos comunes: no saben ir a la mano derecha o lo hacen de un modo alocado y queriendo cambiar de mano continuamente; miedo y pavor a la simple presencia de una tralla; incapacidad de mantener un trote sostenido y relajado; huida del círculo; cuello del revés y dorso hueco, etc.

Si un caballo no trabaja bien en las bases del trabajo a la cuerda, ¿cómo pretendemos que lo haga después con un jinete encima? El caballo debe ser capaz antes de nada de mover su cuerpo con seguridad y fluidez a los tres aires a la cuerda, a ambas manos por igual y en cualquier tipo de pista, sea abierta o cerrada o en pleno campo, y si eso no ocurre, pretender que con un jinete lo haga, será un trabajo en falso y que se desmoronará con el tiempo.
Por eso, hemos de tener claro, que el trabajo a la cuerda es Equitación tanto como lo es el trabajo montado, y debe formar parte del entrenamiento del caballo a lo largo de toda su vida deportiva y de ocio, puesto que bien hecho, le da forma física y salud.

Vuelta al trabajo de un caballo que sufrió un grave corte en la articulación del corvejón izquierdo que lo dejó parado tres meses. Sus primeros días de trabajo se basó en trabajo pie a tierra, así como buena parte de su entrenamiento posterior. 

Problemas de no trabajar a la cuerda y de trabajar mal a la cuerda

El no trabajar a la cuerda un caballo, y limitar su trabajo exclusivamente a la monta, hará que posibles problemas de dorso, aparezcan más pronto que tarde, máxime, si se trata de caballos que viven en box.

Un caballo que pasa muchas horas en un box, se le priva del movimiento que en un prado tendría, en el que se pasaría muchas horas caminando lentamente, con su hocico pegado al suelo pastando, lo cual indudablemente, es la postura más natural y cómoda para su dorso. En cambio, en un box, le privamos de ese movimiento. Si se trata de un box grande, y el caballo cuenta con heno a libre disposición, estaremos ayudando a que su dorso esté el mayor tiempo posible del modo en el que lo haría en el prado. Si además lo sacamos con frecuencia del box, y le damos un entrenamiento pie a tierra, estaremos previniendo problemas de dorso y sus derivados.

Por otro lado, los problemas que puede ocasionar un trabajo pie a tierra mal hecho, son varios y muy peligrosos, y algunos de ellos, de complicada solución o directamente irreversibles. He perdido la cuenta de la cantidad  de caballos que he visto en estos últimos meses  - algunos de ellos trabajados por profesionales de renombre – a los que les han destrozado la boca, la nuca, el cuello o el dorso, y además, la moral y las ganas de trabajar. Me asombra que aun haya profesionales que sigan con el planteamiento de: “¿No quieres poner el cuello cómo yo quiero? Pues te vas a enterar”. Y no dudan en colocar cualquier clase de amarre a la boca para que el caballo adopte dicha postura. En su ignorancia y egoísmo, creen que porque un caballo presente a la vista una postura, ya está trabajando los músculos necesarios y correctos. Pero se trata de todo lo contrario. El caballo huyendo del dolor o de la presión excesiva que supone dicho rendaje, puede adoptar una postura que a nuestros ojos puede parecer redonda y bella, pero que no está implicando ni mucho menos una correcta implicación de los músculos ni un funcionamiento adecuada de las articulaciones.

Así que lejos de fortificar, contractura y crea problemas varios. Al caballo, no hay que obligarlo a través del dolor, sino estimularlo del modo adecuado (y cada caballo tiene sus tiempos) para que poco a poco vaya adoptando las posturas que le permitirán ir haciéndose fuerte, y eso, no se consigue con rendajes que someten, sino con entrenamientos progresivos y con el máximo de libertad en boca y cuello.


Casos claros de trabajo incorrecto a la cuerda: 

Esta primera foto puede llamar a engaño. Creemos que por presentar un cuello "redondo" este método de trabajo es bueno para el caballo, pero el rendaje que va a atado a la cincha va tenso y es el que le obliga a adoptar esa postura, por lo que hay tensión, pero no empleo de la fuerza necesaria, y mucho menos, de un modo voluntario. 


En las siguientes cuatro fotos, vemos algunas de las formas más usuales de dar cuerda. Puede parecer exagerado, pero por desgracia se ven y con cierta frecuencia. Las consecuencias son nefastas y  pueden ser articulares, musculares, mentales (rechazo al trabajo), etc.






Beneficios de un buen trabajo a la cuerda

En cambio, un buen entrenamiento a la cuerda, no trae más que beneficios y mejoras para todo el sistema musculo-esquelético de un caballo:

_Son extensivos para caballos de todas las edades, condición y disciplina, ya que en los caballos jóvenes les fortalece el dorso y les prepara para desempeñar óptimamente su trabajo; a los caballos maduros les ayuda y complementa en su entrenamiento; y a los caballos ya más mayores, les mantiene su cuerpo en forma sin abusar del trabajo montado

_Esos beneficios son prácticamente extensibles a todo el conjunto músculo-esquelético del caballo, ya que sin el peso del jinete aliviamos las articulaciones a la hora de entrenar, si variamos los terrenos de trabajo, el caballo gana en capacidad de coordinación y equilibrio; al ser trabajos alternativos al de monta, trabajamos otros músculos y los que se usan montados, se relajan y pueden descansar, etc.

_El trabajo a la cuerda y sin montura hace que el caballo se sienta mucho más cómodo e invitado a emplear el dorso de un modo que es imposible con un jinete encima o el simple peso  y el traqueteo de una montura.

_Un cuello en el que no interviene mano ni hierro está trabajando libremente, y en caso de querer  “reeducar” los músculos del cuello por estos encontrarse más desarrollados en su zona inferior,  para que sea un trabajo real y beneficioso, deberá estimular el nuevo empleo de las zonas musculares requeridas, pero nunca obligarlo a la fuerza por medio de amarres a la boca.

_Es un modo extraordinario de potenciar el trabajo abdominal.

_El equilibrio, sobre todo si hacemos trabajo fuera de pista (campo, cavalettis, cuestas, desniveles, etc) se incrementa notablemente.

_El trabajar un caballo pie a tierra y a la cuerda, nos permite una evaluación y observación del caballo mientras trabaja que nunca podremos hacer montado.

_ Y por último, le ofrece una desconexión mental de su rutina habitual montado, cosa que también agradeceremos, ya que los caballos, sobre todo aquellos cuyos entrenamientos son siempre similares, terminan convirtiéndose en simples máquinas de ejecutar ejercicios. Si incluimos un par de veces en semana, un entrenamiento pie a tierra que sustituya al de monta, no solo será beneficioso a nivel físico, sino mental.

El trabajo a la cuerda y sus infinitas posibilidades

Por último y para terminar, he de añadir que divido el TPaT* en dos tipos muy diferenciados:

TPaT en Pista y uso posible de rendajes (que nunca irán a la boca)

TPaT de Gimnasia hípica


El cómo hacer este tipo de trabajos, sus características y tiempos, y cómo incluirlo en el entrenamiento de nuestros caballos, lo detallaré en un siguiente artículo.

* TPAT: Trabajo Pie a Tierra



Para caballos con facilidad a engordar o que tienen que vivir con trastornos metabólicos y las intolerancias como el Cushing, este pienso muy bajo en almidones, libre de grano y con prebióticos es un aliado indispensable. Cuenta además con un excelente sabor y olor. Más info aquí 

sábado, 4 de febrero de 2017

Beneficios de galopar fuerte a tu caballo

A raíz de un vídeo que subí recientemente en mi muro de Facebook  de una chica galopando por el campo con un PSI,  se han suscitado ciertas opiniones sobre la conveniencia de entrenar a un caballo galopando fuerte, así como su tendencia natural de galopar. Curiosamente, dos extremos a priori irreconciliables, como son el sector domero acérrimo y el mundillo del caballo “natural”, coinciden en que ninguno de los dos galopan fuerte a sus caballos.



Buena parte del sector hípico domero, sobre todo los que aún se empeñan en seguir con técnicas rompenucas como el rollkur, nunca dejan que el caballo galope amplio, con la cara adelante y el cuello estirado, y si bien buena parte de su “entrenamiento” lo hacen diariamente al galope, se trata de un galope constreñido, en el que el caballo va totalmente sometido y no se le permite ni un solo tranco amplio y con algo de libertad, con los enormes perjuicios que ello conlleva no solo de salud física, sino mental, ya que al caballo se le anula por completo la voluntad, y sobre todo cuando se hace uso y abuso de rendajes que impiden al caballo llevar la cara mínimamente cerca de la vertical. Para ellos, el galope a cuatro tiempos es una herejía total, cuando se sabe de sobra que es un ejercicio magnífico, ya que “suelta” el dorso de los caballos a la par que les mejora la forma física en general. Por otro lado, he aquí que buena parte de los propietarios de caballos que se han subido al carro de los métodos “naturales”, tampoco galopan (ni saltan…) ni hacen nada medianamente exigente con sus caballos pues creen que es maltratarlos.

En la siguiente secuencia de imágenes, vemos como Edward Gal convierte el galope en lugar de ser algo sano en un modo rápido y efectivo de destruir el físico y la moral de un supercaballo.








Así que curiosamente, tanto domeros que pasan olímpicamente de los métodos naturales, como los defensores de esos métodos supuestamente naturales, que critican continuamente el rollkur y otras barrabasadas de cierto sector de la Doma Clásica, no les dan a sus caballos el enorme regalo de galoparlos como se debe. Y es una pena, porque es un ejercicio magnífico que otorga enormes beneficios. Ciertas voces dicen que el caballo en libertad no galopa por propia voluntad, pero estoy en total desacuerdo. He pasado mucho más tiempo con caballos en el campo, en libertad, que en cuadras o hípicas, y sobre todo desde que decidí que iba a dedicarme a entrenar caballos, he pasado muchas horas observándolos para aprender qué puedo aprender de lo que hacen en su vida diaria cuando el hombre no interviene, y así poder darles entrenamientos más coherentes con su verdadera naturaleza. Y una cosa está clara: el caballo vive su vida en un 85-90% del tiempo al paso. Un pequeño porcentaje lo dedica al trote, y el resto, al galope. Y veo en no pocas ocasiones galopar a caballos en libertad.

El trote es según he observado en los últimos años, el aire menos empleado por los caballos a su libre albedrío, y cuando trotan, es un aire de transición, para ir de paso a galope o viceversa. Y también, usan trotes excepcionales para piafar o hacer passage cuando algo les asusta o vienen caballos nuevos a los que quieren impresionar. Es por eso que cada vez uso menos el trote en mis entrenamientos, y ya prácticamente, las sesiones más largas de trote, las dejo solo para el trabajo pie a tierra en las que me centro en el trabajo de dorso, cierto trabajo con cavalettis, y otras cosas muy concretas. También debemos saber que determinados tipos de trote, pueden subir más las pulsaciones de un caballo que un galope amplio y cadenciado.

Un ejemplo claro del galope en 4 tiempos, un ejercicio extraordinario para cualquier caballo si se hace con mesura.


Claro que, como todo aquello de lo que se abusa o es llevado al extremo, puede ser contraproducente, como ocurre con una gran parte de los caballos de carreras, que sufren unos elevados niveles de estrés y úlceras estomacales, además de ciertas lesiones propias de unos entrenamientos muy duros y a edades muy tempranas.

Pero antes de entrar en los detalles técnicos de lo que ocurre a nivel físico y mental en un caballo cuando galopa fuerte, me gustaría contaros algo que me sucedió con un caballo hace ahora tres años justo, y es que una de las cosas más gratificantes de haber decidido que quiero pasarme la vida entrenando caballos, es ver cómo el entrenamiento da resultado y caballos enclencles y apagados, o aquellos que salen de una lesión, se convierten en caballos fuertes, orgullosos y sanos.

Aquellos que seguís mi página web o me conocéis en persona, sabéis que lo que hago es básicamente entrenar a los caballos del modo que hacen los deportistas humanos actuales, es decir, entrenamientos combinados: un día entrenamos potencia, otro resistencia, otro elasticidad…Pues hace unos tres años, con un caballo que unos meses antes había sufrido una lesión que pudo ser muy grave y que lo dejó parado varios meses, el día que me tocaba salir al campo a trabajar el fondo físico, me ocurrió una de las cosas más bonitas que he vivido con caballos.

El plan del día consistía en salir de la hípica paseando tranquilamente hasta llegar a una cuesta para trabajar galope, lo que suponía una media hora de paso que me servía de calentamiento, después trotaba unos minutos y a continuación trabajaba fartleks al galope en cuesta arriba. Como ya llevábamos varias semanas entrenando, la forma del caballo había mejorado ostensiblemente.
Pues una vez terminó la parte dura del entrenamiento (las series de galope), hacía lo de siempre: riendas largas al paso y paseo de vuelta a la cuadra, lo cual suponía unos 30-40 minutos, y que le servían de enfriamiento. Ese día, como cada semana en la jornada correspondiente al cardio, había subido un poco el listón de exigencia con respecto a la semana anterior, para que el caballo siguiera mejorando su condición física. Su dueño lo necesitaba a tope en unas semanas, y si no lo llevaba a su punto de forma óptimo, el caballo lo pasaría mal porque estuviese como estuviese, le iban a exigir un rendimiento alto, así que lo mejor era garantizarme de que llegaba en la mejor forma posible.

Así que como digo, ya habíamos trabajado el galope en cuestas e íbamos de vuelta. El caballo, iba montado con riendas a la cabezada de cuadra, sin hierro ninguno en la boca, descalzo, y las riendas, al ir de vuelta, se las llevaba muy largas para que fuera cómodo, con el cuello estirado y con paso amplio y relajado.

Y en esas estábamos, yo feliz y contento por la progresión y las ganas que estaba notando en el caballo y por lo divertido que es una buena sesión de galope en el campo, cuando de repente, noto que el caballo empieza a animarse y antes de que pudiera darme cuenta, levanta la nunca, da un par de trancos de trote y se arranca a galopar de nuevo…
Como para este tipo de trabajo llevo los estribos muy cortos, me vuelvo a poner en suspensión y tomo contacto con las riendas sin saber muy bien que está pasando. No entendía nada, el caballo había galopado ya un buen rato y era imposible que estuviera con el típico exceso de fuerza. Pero de repente, veo que a mi izquierda, que había una cerca de madera que pertenece a una yeguada, vienen galopando un par de potros hacia nosotros.

En efecto, a veces, para volver a la hípica, pasaba por un camino que está rodeado por las vallas de madera que cierran los prados de una yeguada que hay en la zona cercana a la hípica, y se ve que aquellos dos potros, tenían ganas de juego y vinieron corriendo a curiosear al caballo que yo iba montando. Claro que éste, al sentir a los potros galopando de lejos, se animó y empezó a galopar también.

Así que a la izquierda iban los dos potros galopando pegados a la valla y nosotros por la pista corriendo en paralelo en una especia de carrera improvisada. Yo, viendo que mi caballo no tenía la menor intención de dejarse perder la carrera, me puse lo más parecido que pude a un jockey de carreras, totalmente en suspensión, sin estorbarle nada con las riendas y dejándole a él que decidiera la velocidad a la que quería correr, ni le apreté ni le frené. Así estuvimos durante varios maravillosos trancos en los que ni los potros ni el caballo que yo montaba, daban su brazo a torcer, hasta que los potros fueron doblando a su izquierda porque se iban aproximando al fin de la valla y mientras ellos seguían galopando mientras se alejaban de nosotros, soltaron algún relincho que mi caballo, ya cediendo velocidad, no dudó en replicar con voz autoritaria.

Cuando terminó aquella maravillosa experiencia, lo único que pude hacer fue abrazar desde arriba el cuello de mi buen amigo. No estaba emocionado por la situación en concreto, que fue maravillosa, sino por la intrahistoria de ese caballo. Primero, por ver cómo un caballo al que le dediqué muchas horas para salir de su lesión y que ni el vet ni el dueño tenían claro si le daban la oportunidad, me acababa de dar uno de los mejores regalos de mi vida.

Pero nuestra historia en común iba más allá. Dos años antes, cuando fui a sacarlo por encargo de su propietario de la cuadra en la que estaba, el “jinete” (me cuesta llamarlo así) que lo montaba me dijo literalmente: “ten cuidado que este te mata”. Su método para meterlo en el van golpeándolo con una goma de riego si que casi me mata cuando lo llevaba del ramal y casi me aplasta cuando el pobre entró en el remolque aterrorizado por la que los bestias estos le estaban dando desde atrás. Me ahorraré el resto de detalles para que no me hierva la sangre. Pero desde ese día, me propuse hacer de él un caballo fuerte, feliz y sano. No fue fácil al principio porque se había castrado muy tarde y llevaba encerrado en un box los últimos años de su vida. Pero unos meses después, era el caballo perfecto: noble y paciente para un niño, o valiente y fiel para quien quisiese saltar, galopar o hacer excursiones fuertes al campo, e incluso sirvió de modelo fotográfico, y se portó con una nobleza extrema. Y todo eso, descalzo y sin hierro alguno en la boca.


En la foto, aquel caballo que meses atrás sufrió una grave lesión que pudo haberlo dejado fuera de combate, posaba fuerte y orgulloso, y brindaba su total complicidad sin necesidad de hierro alguno en la boca. Los entrenamientos al galope, fueron fundamentales para lograr el buen estado de forma que presentó meses después.



Pero retomando la experiencia de aquel día con el caballo y los potros, estoy en situación de afirmar de que a los caballos no solo es que les guste galopar, sino que les pone en una inmejorable condición física y les da una gran fuerza mental. Aquel caballo que yo montaba, no era ni un Pura Sangre ni un centroeuropeo, era un PRE, y os puedo garantizar que en excursiones que hice con otros caballos a priori de mejor condición física, estaba muy por encima del resto en capacidad de aguante y velocidad, y eso que su físico natural, tirando a obeso, no era precisamente el de un caballo velocista.

El hecho de que aquel día, el caballo rompiera a galopar por propia iniciativa, y habiendo ya trabajado fuerte con anterioridad, demuestra que por un lado, el galope es algo totalmente natural, y que bien entrenado, no tiene por qué ser ninguna crueldad, sino todo lo contrario y que puede partir de ellos por propia voluntad.

Os podría contar algunas experiencias más, relativas a la facilidad con la que la mayoría de caballos que trabajo se ponen al galope sin que les obligue, simplemente animándoles un poco, y casi siempre, tengo que pararles porque suelo ser bastante estricto con el control de los tiempos y como tampoco son caballos de carreras ni de raid, no me gusta tampoco abusar de los entrenamientos al galope. En la foto principal de este artículo, estoy galopando con una de mis yeguas, a la que apenas tengo que indicar levemente con la boca un sonido, para que galope, y nunca le he dado un espolazo o un fustazo, y eso que además vive en libertad y no come ningún pienso que contenga almidón. Quiere decirse, que ni está sobrada de energías debido a vivir en cautividad ni a que coma cereales o piensos energéticos, ni está forzada en ningún momento, o sea, galopa porque quiere, está en forma y no le supone ningún esfuerzo adicional, y es más, tengo que ir suavizándola porque empieza  a apretar y sube y sube de intensidad si la dejo.

También os puedo contar como muchas veces, cuando estoy en el campo, veo a mis yeguas que se alegran de buenas a primeras y se dan sus galopadas, jugando, botándose y saltando ellas solas. O también recuerdo cuando me trajeron un caballo castrado para unas semanas, y lo solté con mis yeguas, la que se formó. Al pobre caballo, mis yeguas le hicieron galopar campo arriba y abajo durante toda la mañana. Mis yeguas, en un estado de forma impecable y viviendo en libertad y descalzas, eran auténticas cabras montesas con la velocidad de un felino, y jugaron con el pobre caballo a su antojo, hasta que ya decidí meterme en medio y llevarme al caballo a un corral, porque no le daban tregua. La facilidad con la que mis yeguas adelantaban y acorralaban a aquel caballo (que no era ningún penco, hijo de caballo Pura Raza Árabe y madre Aá), saltando - o quizás deba decir volando -  además por zanjas, riscos y todo lo que se encontraran por el camino, me hizo darme cuenta del enorme poder que tiene la combinación de un buen entrenamiento sumado a una vida en libertad en una finca de sierra y sin hierro en los pies. Y he de añadir, que mis yeguas llegaron a mis manos desnutridas, sin músculo, y en un estado mental de total autismo y de falta de voluntad para cualquier cosa. Si simplemente las hubiera dejado vivir en libertad y no las hubiera entrenado, habrían mejorado, por supuesto, pero no habían podrido mejorar tanto su físico. El deporte, igual que ha mejorado la vida de millones de personas, puede mejorar también la vida física y mental de los caballos. Y el galope, es un aliado fundamental en ese entrenamiento que podemos darle a los caballos.

Y en definitiva, os podría contar muchas más anécdotas sobre galopes, tanto montado como en libertad, pero creo que basta para hacernos una idea. Mi experiencia sacando caballos adelante que venían de situaciones complicadas, me dicen que es un ejercicio magnifico y que les pone la cabeza muy bien amueblada, sobre todo, les da ánimos y se van sintiendo fuertes. De hecho, los caballos que nunca galopan amplio, están frustrados (cuantas veces he tenido esta discusión con domeros o jinetes que se niegan a galopar fuerte y amplio a sus caballos).

Es cierto que un caballo, cuando vive en libertad (entendiendo por libertad una finca de muchas hectáreas y en la que no interviene el ser humano) no decide por sí mismo ponerse a galopar durante una serie de minutos al día para estar en forma. Al igual que los niños de hoy en día tampoco deciden correr, hacer ejercicio, y encima están todo el día comiendo cosas con azúcar…por lo que tenemos que apuntarlos a actividades deportivas y fomentar que se muevan al máximo en su día a día y que no estén todo el día sentados viendo tele o jugando a la Play Station. Parece que hay mucha gente que no es consciente de que el 90% o más de la población equina vive en cuadras, o en minipaddocks, y si no les damos a esos caballos el ejercicio adecuado, no solo tendrán mala calidad de vida, sino que cada vez que se les pida algo, sus cuerpos no estarán preparados y será un sufrimiento para ellos, tanto físico como mental.







Por otro lado, sabemos que el deporte produce en la mente de los humanos numerosos beneficios, liberando determinadas sustancias que nos hacen no solo más felices, sino que al ver que vamos progresando en nuestros ejercicios y deportes, aumenta la confianza en nosotros mismos. Esto mismo, sucede en los caballos. Ignoro – no he encontrado estudios serios al respecto – qué clase de sustancias libera el cerebro equino con el ejercicio, pero he notado cambios mentales y de actitud en caballos que venían de situaciones muy radicales o de hambre o de cautividad en boxes y de atrofias musculares o sobrepeso, con el entrenamiento, y sobre todo, con el trabajo al galope.

La cuestión es que hay que saber qué clase de entrenamiento dar, ya que tenemos dos grandes bandos, los que entrenan a sus caballos, sean salto, doma, etc, pero no tienen mucha idea de fisiología equina, y los machacan y los aburren obsesionándose con entrenamientos que solo se enfocan en ejercicios de su disciplina, y los que no hacen nada con su caballo porque creen que ejercitar a un caballo es maltratarlo. Ambos extremos caen en el mismo error a fin de cuentas: ignorar las necesidades mínimas o concretas de ejercicio de un caballo. Hay que valorar qué edad tiene el caballo, qué condición física, etc y adaptarlo a la situación concreta. Y el galope será siempre un aliado magnífico en el entrenamiento de cualquier caballo. Físicamente, los beneficios son:

-          _Incremento de la potencia y la fuerza
-          _Mejora general de los músculos de casi todo el cuerpo
-          _Desarrollo específico de los músculos abdominales, pélvicos y dorsales (para que el dorso se suelte hay que galopar en suspensión, sin dar culadas y con una montura adecuada que no dañe ni estorbe al caballo, y una cincha amplia y elástica que no impida a los abdominales trabajar ni una respiración amplia para el caballo)
-          _Aumento de la capacidad cardiovascular
-         __ Mejora de la capacidad pulmonar
-         _ Elasticidad de las articulaciones vertebrales y de la cadera
-      _  Incremento de la capacidad de reacción/contracción muscular

Queda ya fuera de este artículo por su extensión el hablar sobre el modo de entrenar un galope fuerte o el galope de cuatro tiempos, y de lo cual hablaré más adelante, pero para quienes no lo hayan hecho nunca y quieran empezar a probar, aquí van unos consejos:

-        0 Tener confianza total en el caballo con el que se va a galopar y en el entorno para practicarlo (nunca jamás en el asfalto ni pisos empedrados, etc.)

-          _Hacerlo mejor las primeras veces en una pista conocida para el caballo y el jinete, y que dicha pista no tenga boquetes ni sea demasiado profunda o pesada, y a su vez que sea amplia.

-          _Que tengamos la pista para nosotros o con poca gente (esto más que nada es porque hay gente que tiene miedo de que su caballo se “alegre” al sentir a otro galopando amplio a su lado y se enfadan)

-          _Si no se tiene montura de salto, con la de doma, acortar un par de puntos las acciones y practicar el asiento en suspensión al paso y luego al trote hasta que nos mantengamos estables sin colgarnos de las riendas.

-         _ Hacer un buen calentamiento de paso activo (20-30 min) a ambas manos, un par de minutos de trote a cada mano y después ya pasar al galope, y poco a poco ir dejando que el caballo vaya ampliando a base de ir cediendo riendas pero sin perder el contacto. Hacer por ejemplo un par de vueltas a una mano y otras dos a la otra. Si es un caballo que vive en box y no sale a estirar en paddock estar prevenidos por si al galopar quiere dar algunos botes.

-          Nunca abusar de este ejercicio y ser siempre progresivos, y una vez estamos seguros, ya podemos hacerlo por el campo, una o dos veces por semana, y siempre dejando dos o tres días entre una sesión de galope y otra, pero ojo, nunca dejar al día siguiente de un trabajo de galope al caballo totalmente parado en un box, ya que las agujetas se cebarán con sus músculos. El mejor modo de limpiar el ácido láctico es dándole movimiento al caballo y no repetir los ejercicios que hayamos hecho el día anterior, así como enfriar con una buena sesión de paso tras el trabajo de galope.

*Nota extra: galopar en una pista grande o salir a galopar al campo es en mi opinión un ejercicio perfecto para hacerlo sin embocadura de ningún tipo y llevar al caballo bitless. Ya que pretendemos con este ejercicio que el caballo estire y amplíe su cabeza y su cuello todo lo que quiera y pueda, el no llevar nada dentro de la boca le permitirá soltarse con total libertad y sobre todo, que si en algún momento nos colgamos de las riendas, el no llevar nada en la boca no le causará daño alguno y no le impedirá seguir galopando con comodidad. Eso sí, debemos estar familiarizados con este sistema tanto nosotros como el caballo.

Como siempre, para la elaboración de este artículo, me he basado en mi propia experiencia pero además me he apoyado en bibliografía específica sobre entrenamiento equino, con libros y artículos de Hillary Clayton, Jec A. Ballou o Gillian Higgins. Recibiré con agrado cualquier sugerencia o comentario sobre este artículo, lo único que pido es que esté sustentado en bibligrafía y en experiencia sólida.





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