lunes, 1 de octubre de 2018

El caballo cabra vs el caballo de cristal, o el caballo fuerte y sano vs el que se lesiona continuamente

Te puede sonar gracioso, pero vamos a habar de algo muy serio, y que estropea no solo la carrera de muchos caballos sino su propia calidad de vida. ¿Tú qué eliges, un caballo de cristal y que se lesiona con frecuencia...o un caballo que cada vez se hace más fuerte?

Cuándo me preguntan cuál es mi objetivo al entrenar un caballo, siempre respondo con una frase en cierto tono de broma, pero que no es más que la pura verdad: "convertirlo en una cabra montesa". Pero una cabra equilibrada psicológicamente, sana y fuerte, sin lesiones ni vicios de cuadra y PERMANENTES GANAS DE COLABORAR en cualquier actividad que hagamos. El salto o la doma no son para mí objetivos finales, sino partes del entrenamiento de un caballo, que por supuesto, debe abarcar muchas más facetas: cardio, potencia, elasticidad, etc. Por otro lado, nos encontramos el que por desgracia es un tipo de caballo muy habitual: el caballo de cristal, es decir, un caballo al que no se le exige mucho pero cada dos por tres tiene lesiones tontas, y cuando se ha recuperado de una le aparece otra.  ¿Te animas a ver de qué va lo del caballo-cabra?

Se trata de combinar los principios básicos de Equitación con los elementos del deporte humano que ya sabemos sobradamente que funcionan. Los caballos tienen que estar mimados sí, pero rústicos, fuertes y sanos.



Caballo-cabra vs caballo de cristal

Quizás sea porque además de la Equitación, he practicado y practico otros deportes, tengo muy claro que mi prioridad es la del caballo-cabra, que aunque puede sonar un poco cómico, y sobre todo, alejado de la visión que especialmente, en el mundo de la doma clásica de hoy, se pueda tener de un caballo,  creo que puede interesar a una gran mayoría de propietarios de caballos, ni más ni menos que a todos los que quieren un caballo sano, fuerte y motivado por muchos años.

En las artes marciales, antes de ponernos a entrenar las técnicas propiamente del arte marcial en sí, nos podemos pasar, años (y toda la vida), preparando nuestro cuerpo a nivel de elasticidad, flexibilidad, soltura, potencia, o endureciendo articulaciones como nudillos, muñecas, codos o rodillas.

Entrenamiento clásico del Karate de Okinawa con Makiwara, para endurecer nudillos y articulaciones adyacentes. En hípica, el equivalente sería el trabajo al paso por desniveles, cuestas y lugares complicados.

Entrenamiento de fuerza para las manos con vasijas propio del karate tradicional. Este entrenamiento nos permite después ejercer con mucha más fuerza las técnicas de agarres.

Y resulta que el día que empezamos a practicar una determinada técnica, nuestro cuerpo responde mucho mejor, que si directamente, nos hubiésemos puesto a practicar la técnica en sí desde el primer día. En cambio, si nos vamos al campo hípico, encontramos una enorme mayoría de jinetes de Doma Clásica, que empiezan a pedir figuras y movimientos complicados directamente, sin haber preparado el físico de sus caballos previamente. Situaciones parecidas podemos encontrar en salto, donde muchos jinetes apenas se preocupan de hacer otra cosa con sus caballos que saltar, o igualmente en raid, donde a los caballos se les tiene solo haciendo kilómetros por el campo. Pero la falta de un entrenamiento genérico que fortalezca al caballo a nivel general, es lo que provoca después las lesiones recurrentes que terminan creando caballos de cristal. Por supuesto, si a estos entrenamientos monotemáticos unimos largos periodos de confinamiento en el box, y otras malas prácticas, estamos sin lugar a dudas creando un caballo de cristal en toda regla.

Por otra parte y volviendo al ejemplo humano de los practicantes de artes marciales, todo este entrenamiento previo, nos sirve de excelente base para prevenir lesiones y otorgarnos una forma física que no solo nos permite practicar nuestro deporte durante muchos años, sino que nos da un estado físico y mental que nos hace nuestra vida mucho más sana y llevadera. Pues esto mismo, es lo que yo persigo con un caballo desde el momento que cae en mis manos. Y una vez consigo que sea un caballo-cabra, su futuro, sea en el camino de la doma, el salto o cualquier otra especialidad hípica, será mucho más halagüeño, duradero, y sobre todo, asequible para el caballo, ya que si se ha entrenado durante el tiempo suficiente a través de circuitos de cuestas, obstáculos y otras dificultades, su cuerpo responderá mucho mejor a los ejercicios que se le puedan pedir en una impoluta pista plana de geotextil, y si se le sigue entrenando de un modo completo, su futuro en cualquier disciplina será largo y prometedor, al menos en cuanto a su buen estado de forma y salud.


Una vez consigo que sea un caballo-cabra, su futuro, sea en el camino de la doma, el salto o cualquier otra especialidad hípica, será mucho más halagüeño, duradero, y sobre todo, asequible para el caballo


Una buena alimentación es fundamental para que el caballo fortalezca su cuerpo tras el entrenamiento. St Hippolyt te ofrece la más completa gama de piensos del mercado con una contrastada experiencia que te ayudará en tu camino de hacer a tu caballo más fuerte y sano. Más info en: https://www.st-hippolyt.es/


La dificultad de este proceso, viene dada por el hecho de que esta operación de fortalecer a todos los niveles (ojo, pues no solo es cuestión muscular, sino tendinosa, ligamentosa, articular…), se la hacemos a un animal de más de 500 kilos, por lo que además de ponerlo fuerte, ágil y elástico, hemos de educarlo, lo cual se hace a través de ciertos conceptos básicos y sólidos de Equitación. Aquí radica la clave, en saber combinar todas estas técnicas, y de un modo continuado y progresivo.

¿Qué es entonces un caballo-cabra?

Un caballo de ocio o deporte, ágil, sano, fuerte, elástico y equilibrado, y que además de estar motivado con su entrenamiento, ha sido preparado durante el tiempo necesario para que su cuerpo se desenvuelva con soltura y sin lesiones practicando su disciplina hípica por muchos años.


El entrenamiento en pista es importante, pero el verdadero modo de crear un caballo fuerte, sano y libre de lesiones, es fuera de la pista, trabajando sobre cuestas, distintas superficies, etc.


¿Suena bien? Supongo que sí, pues a todos nos gustaría conseguir esto mismo con nuestros caballos. En cambio, resulta que por desgracia, hay muchos caballos que son justo lo contrario, y he aquí que nos encontramos con el caballo de cristal.

¿Cuál es el perfil del caballo de cristal?


Sobreprotegido, siempre en box, vendado a tope...este el caso prototípico de caballo de cristal. Ilustración de Emily Cole

Es el caballo que se lesiona con facilidad y con frecuencia. Por lo general, en su modo de vida está la causa de dichas lesiones, ya que vive únicamente en box y sale de este muy pocas horas, y cuyo dueño o dueña siempre tiene sobreprotegido con vendas, en una cama profunda de paja o viruta, etc.
Es también el caballo que de potro no se crió en el campo, sino en corraleta o un box, y que tiene por lo tanto muchas más papeletas de ser un caballo de cristal
El caballo al que se le hace el mismo trabajo de pista machacón de siempre.
Caballo que no es calentado ni enfriado como se debe
Caballo que no recibe un entrenamiento completo
Caballo que o bien recibe alimentación insuficiente, o en exceso, inadecuada en definitiva.
Y así podríamos seguir, pero en resumen, el caballo de cristal es precisamente el que tiene lesiones tontas continuamente, que nunca llega a estar rebosante de salud, que un día sale a pista con sobredosis de energía y otro no puede con su alma, etc.

La sobreprotección con vendas es un clasico en los caballos de cristal, pero que lejos de favorecerle, le predispone más aun a ciertas lesiones, especialmente, en nuestro país, ya que nuestras temperaturas no son las de los países centroeuropeos, aparte de que aquí, más que un uso, se hace un abuso de las vendas.


Más ventajas para todos con el caballo cabra

Resulta además que los entrenamientos tipo cabra son mucho más divertidos tanto para los caballos como para los jinetes. Sinceramente, me fascina y me asombra la cantidad de gente que se pasan horas y horas en la pista trabajando los mismos ejercicios de siempre. Los ves con cara de concentración, enfurruñados y que como el perro de presa que se obsesiona con su pieza, ellos se obsesionan con conseguir el apoyo, el círculo, y espalda adentro y creyendo, que por intentarlo una y otra vez, lo terminarán consiguiendo. ¿Pero y el disfrutar para cuándo lo dejan? ¿Y el caballo qué tal lleva esta dinámica de repetir lo mismo una y otra vez? ¡El día que estos jinetes y sus caballos salgan de la pista y prueben algo más, seguro que viven una experiencia mística!.

Como digo anteriormente, es muy común que muchos jinetes de todas las disciplinas, se encierren en entrenamientos de ejercicios exclusivos de las mismas, pero la palma se la llevan una gran mayoría de jinetes de Doma Clásica, que solo entrenan en pista. Pero esto no siempre fue así, y grandes maestros de la Doma Clásica, eran partidarios y precursores de lo que hoy ya llamamos entrenamiento cruzado, y que si bien en su época no se llamaba de este modo, estos grandes jinetes tenían claro que lo que mejor sentaba a un caballo para tenerlo sano física y mentalmente, era trabajarlo de modos muy distintos y fuera de la pista, haciendo paseos por el campo, saltando, galopando, etc. Te dejo con  ejemplos muy claros y que están fuera de toda duda de que sean jinetes "extravagantes":

Alois Podhjasky, montando a Norman, y que gustaba de entrenar a sus caballos de Alta Escuela por toda clase de condiciones fuera de pista:



Reiner Klimke, en las Olimpiadas de Roma con Winzerin, cuando aun concursaba en completo:


Y el ejemplo más reciente, el Coronel Christian Carde, corriendo carreras de Angloárabes, y  haciendo completo, disciplina que practicó varios años.





En palabras del propio Coronel:  "Los jinetes de doma de hoy, suelen empezar directamente como jinetes de doma, mientras que los jinetes de antes éramos más versátiles". Este enfoque, indudablemente, afecta a la salud de los caballos, ya que el perfil del clásico jinete de doma de hoy día, rara vez hace más trayecto que del box a la pista y viceversa, con lo cual, ni los músculos, ni los tejidos duros del caballo, se ponen en forma, sino todo lo contrario. Además de estos ejemplos, aquellos que leéis mi web y seguís mis redes, sabéis que suelo poner ejemplos de la amazona americana Catherine Haddad como entrenadora de Doma Clásica que hace un entrenamiento coherente con sus caballos, y en España, Beatriz Ferrer-Salat, como ya he mencionado en ocasiones anteriores, saca diariamente sus caballos al prado, los trabaja por el campo, en un aquatreadmil y hasta cuenta con una pista de galope en sus instalaciones, algo inaudito para la gran mayoría de jinetes de Doma Clásica del resto de nuestro país. ¿Tendrá eso algo que ver en que Beatriz y sus caballos sean los binomios españoles que mejor clasifican a nivel internacional...? Otro ejemplo muy interesante y de referencia para mí, es la alemana Uta Graf, quien igualmente suelta sus caballos en el campo, los trabaja fuera de pista, etc.

Nada más directo para crear un caballo de cristal que tener un caballo en el box días y días. Si nunca has echado la cuenta de lo que eso supone, me permito traer de nuevo a colación este cuadrante que te puede dar una pista. Veamos la vida media de un caballo de los que solo salen del box para trabajar cinco veces por semana (este tipo de caballo que solo sale 5 veces por semana de su cuadra es por desgracia muy frecuente, a nivel ocio y profesional)

La semana tiene 168 horas, de las cuales, ese caballo solo sale 5
Un mes tiene 720 horas, de las cuales ese caballo sale del box 20 h
Un año tiene 8760 horas, de las cuales el caballo sale del box 240 horas, es decir, en todo el año ese caballo ha pasado fuera del box el equivalente a 10 días….


¿Y así pretendemos que un caballo ejecute una disciplina hípica de un modo medianamente correcto?, y sobre todo,  ¿QUE LO HAGA SANO? ¿Y por CUÁNTO TIEMPO?

Sumemos a este despropósito de manejo, un entrenamiento que solo se hace en pista llana, y que se basa siempre en los mismos ejercicios básicos… ¿Qué futuro es el que espera a ese caballo con 12 años? Pues claramente, uno, en el que las lesiones, estarán muy presentes.

Hablando con veterinarios de estas cuestiones, la mayoría coinciden en que las lesiones en caballos de Doma Clásica sobrepasan con mucho a las de caballos de otras disciplinas a priori más duras para el caballo. Es normal, si tenemos en cuenta que muchos de los caballos de doma son los que menos salen de sus boxes y a los que menos en forma se les pone, y no solo es que siempre hagan los mismos ejercicios en pista y en plano, sino que además al gozar por lo general de un cierto sobrepeso, su cuerpo se ve sometido a una sobrecarga que empeora su predisposición a las lesiones. Pero mucho ojo, que como digo más arriba, en todas las disciplinas cuecen habas, y tanto en ciertos niveles de competición como a nivel amateur, hay caballos cuyos jinetes y preparadores hacen un manejo y un entrenamiento que predispone a estos caballos a ser claros candidatos a ser caballos de cristal. Recalco: en TODAS LAS DISCIPLINAS.

Estoy seguro que todos los que tratamos con caballos de un modo u otro, conocemos casos de caballos que viven en este régimen de box con cinco salidas semanales, o incluso menos de cinco. Yo sé de muchos, que salen menos de 5 horas a la semana de su box. Encima, muchos de esos boxes no llegan a ser de 3x3 ni de lejos (medida que ya en sí es bastante reducida, sobre todo para caballos de cierto tamaño), la cama no es limpiada cuándo y cómo debería, etc., etc.
Justo en el lado contrario, está el caballo-cabra, es decir, el que pasa mucho tiempo fuera, y sobre todo, su entrenamiento, va mucho más allá del que pueda hacerse en una pista plana.






¿Y cómo hacemos la conversión a caballo cabra?

En los últimos años, me he dedicado en cuerpo y alma a que caballos que venían con lesiones de todo tipo, así como resabios varios, se convirtieran en caballos-cabra, es decir, en caballos fuertes y que mentalmente, no están ni mucho menos como una cabra, sino todo lo contrario, ya que el hacerlos más fuertes y darles un modo de vida más acorde a sus necesidades, es lo que mejor les sienta mentalmente. Así que si queremos conseguir que un extraordinario animal como es el caballo, se convierta en un estatua de porcelana, frágil y falto de forma, hay que hacer justo lo opuesto a lo que es necesario para conseguir un caballo cabra, es decir, recluirlo en un box desde una edad bien temprana, y hacer que se pase el resto de su vida en un espacio que es más reducido que el de la habitación de un adolescente. 

Primeros pasos del caballo-cabra

Si nuestro caballo se encuentra en unas instalaciones hípicas en las que hay campo alrededor o cercano, lo tendremos mucho más fácil que si estamos en una hípica de entorno muy urbano y en la que todo es plano a nuestro alrededor. En ese caso, si queremos tener un caballo cabra, no hay que desesperar y con algo de imaginación y escaso presupuesto, podremos elaborar una serie de elementos conlos que trabajar y que harán que nuestro caballo esté cada vez más fuerte, ágil y equilibrado.

En cualquier caso, no hay que ser bruscos, y lo que no debemos hacer es de repente empezar a hacer todos estos ejercicios de un modo brusco con caballos que lleven mucho tiempo viviendo en boxes, que hayan recién salido de una lesión, etc., sino ser muy progresivos.


El trabajo pie a tierra y por distintas superficies y pendientes, es fundamental en la creación de un caballo fuerte y sano. 



Ideal para caballos jóvenes

La nueva hornada de propietarios de caballos, preocupados por la salud de sus caballos - más que por su rendimiento deportivo -  me pregunta habitualmente por la edad adecuada para empezar a trabajar un caballo joven. Son muchos los estudios que ya hablan de madurez esquelética a partir de los 7 años (siempre y cuando, hablemos de caballos que han estado en entornos abiertos y haciendo ejercicio), y que dicha madurez no se da plenamente, como mínimo, hasta los 9. 

Ahora bien, ¿eso significa que no se puede entrenar un caballo hasta que cumpla los 7 o los 9 años? En absoluto. En otros artículos he hablado de lo perjudicial que es el método clásico de empezar a montar un potro con 30 meses (que es una edad de 2 años y medio). ¿Cómo lo haría yo si quiero que un potro se convierta en uncaballo adulto sano y fuerte?
Con unas pautas muy diferentes a las habituales, en las que por supuesto, el trabajo montado, no entraría en los planes hasta un mínimo de los 4 años, y siempre con montas muy lentas, progresivas y espaciadas en el tiempo. Si se tratase de caballos para la competición, lo haría previniendo tiempos de descanso en la monta y de fortalecimiento de dorso y de sistema musculo-esquelético en general entre concurso y concurso, buscando que estos, sean pocos en el año, de poca exigencia física y muy distanciados entre sí.


Hasta aquí una primera aproximación al concepto del CABALLO-CABRA. Si quieres saber más sobre cómo evitar que los caballos se lesionen, en estos artículos de mi web tienes mucha más información:
¿Por qué se lesionan tantos caballos 1ªparte?
¿Por qué se lesionan tantos caballos 2ªparte?
El mejor modo de tener un caballo sano por muchos años


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jueves, 13 de septiembre de 2018

NOVEDADES ATÓMICAS


Ya he comenzado con la primera fase del trabajo montado de Atómico, y lo primero que me gustaría destacar, es que este pequeño caballo, tiene un corazón que no le cabe en el cuerpo. Las semanas de descanso, el empezar después poco a poco con trabajo pie a tierra, la quiropraxia, los estiramientos…todos y cada uno de los detalles de estos cuatro meses han sin duda colaborado para que aquel caballo que antes de venir atacaba cuando le intentaban cepillar o cinchar, ahora esté deseando agradar en cuanto se le monta.



Las sesiones de monta están siendo muy breves, al paso y sin hierro, y mi principal intención ahora mismo es que entienda que la Equitación también va de él, que puede resultarle divertida y beneficiarle físicamente. Esa es ahora mismo la primera premisa, ya que al haber sido caballo de clases, quiere responder a todo como un autómata, por lo que me estoy centrando en hacerle ver que no se trata de ser una máquina que responda de un modo sistemático a las peticiones del jinete, sino que esto va de pasarlo bien los dos, de hacernos fuertes el uno al otro y crecer juntos, y la  verdad que en lo poco que lo he montado, lo va pillando rápido.

Añado que antes de montarlo lo caliento a la cuerda y sin montura durante 15 minutos, que va descalzo pero con botas en las manos, y como digo arriba, sin hierro. El trabajo montado está siendo de otros 15 minutos aproximadamente, y que iremos subiendo progresivamente en los próximos días, si bien lo montaré un par de veces en semana,  y el resto de días, seguirá trabajando pie a tierra para seguir mejorando ese dorso.

La foto es de ayer justo después del trabajo, dándose una merecida merienda de forraje verde y fresco en el nuevo prado que les llevo preparando todo el verano para que tengan un remanso de pasto verde y fresco para cuando terminan de trabajar y para las horas de más calor.

miércoles, 12 de septiembre de 2018

Caballos más fuertes, felices y sanos


                

Mucha gente me pregunta en qué consiste exactamente lo que hago. Este vídeo lo resume muy brevemente: busco caballos que vienen de vivir lo peor del ser humano para convertirlos en caballos fuertes, felices y sanos, trabajando diariamente para que confíen en la misma especie que un día les traicionó, intentando que el deporte les ayude como a mí me ha ayudado.

miércoles, 5 de septiembre de 2018

Cuando asumimos lo ANORMAL como normal

Es doloroso cuando hablo con otros jinetes y propietarios de caballos que ya tienen asumido lo anormal como algo totalmente normal. Personas para los que es algo totalmente lógico que un caballo con 6 o 7 años ya esté infiltrado varias veces, que los caballos que van trabajando estén cojos periódicamenteasumen la lesión, en lugar de algo extraño, como algo normal y propio al caballo: “otra vez lesionado, pero bueno, ya sabes… lo de siempre”, dicen con tono de resignación, como si fuera algo que sucediera como la lluvia o el amanecer, es decir, algo que ocurre de modo natural y contra lo que no podemos hacer nada. Claro, no saben que de casualidad no tiene nada, sino que son ellos los responsables directos de todas esas lesiones.
Como tampoco son normales las ranillas podridas, y que tantos jinetes asumen como usuales. Ni los patas hinchadas, ni los dorsos hundidos…tantos y tantos problemas que se tienen como algo inherente al caballo, pero que ni mucho menos, han de ser así.
También están los criadores que ven como algo usual que los potros se corten y se hieran con las alambradas o el pastor eléctrico. Asumen también que con los destetes, a los potros les den cólicos con diarreas por el estrés, y otras cosas que suceden cuando los destetes son bruscos y mal hechos. Todos estos incidentes en cambio, pueden minimizarse al máximo si hacemos los destetes de un modo coherente y adecuamos las instalaciones a un manejo equino lógico.
Por otro lado están los propietarios que no ven nada raro en que sus profesores de Equitación les obliguen a colocar rendajes y amarres para que sus caballos supuestamente vayan redondos, así como tampoco ven nada extraño en todas las artimañas que hacen estos profesores a sus caballos, y que de Equitación, nada tienen. “No, si sabe mucho, lleva toda la vida haciéndolo”, es lo que me dicen estos propietarios, cuando les pregunto si creen que es lógico obligar a un caballo a través de amarres o de cualquier treta a hacer lo que sea.
En el que momento que asumimos que lo ANORMAL es lo normal, la ineptitud campa a sus anchas. Ahora os pongo un ejemplo no hípico y que nos permitirá ver las cosas de otro modo. Cuando hablo con profesores de enseñanza pública de centros en los que hay un elevado porcentaje de absentismo y de fracaso escolar, y les pregunto que cuál creen es el problema, todos dicen lo mismo:
- “el problema es que desde pequeños asumen que no van a ser capaces de terminar unos estudios mínimos. En su casa es lo normal que nadie tenga estudios y ellos han asumido que no van a poder acceder no digamos a un título universitario, sino ni siquiera a acabar la secundaria”
Desgraciadamente, esta es la realidad de algunos lugares de España y de otros países. Familias y barrios que asumen la creencia de que su vida, hagan lo que hagan, está condicionada por una especie de imposición que les impide hacer nada por cambiarlo. El efecto desgraciado e inmediato, es que asumen su falta de preparación como lo normal, lo propio, y por lo tanto, no van a hacer nada por mejorar.
Este es uno de los grandes problemas del ser humano: LAS CREENCIAS. Ortega y Gasset lo decía y es aplicable perfectamente a la hípica: “las ideas las tenemos, en las creencias estamos”. Un país que contiene partes de población que no son capaces de terminar unos estudios mínimos, está fracasando. Igual ocurre en el terreno de la hípica: si buena parte de jinetes y propietarios asumen las lesiones y la mala praxis en definitiva como lo normal, nunca llegaremos a alcanzar nuestro potencial. Pero por desgracia, nos encontramos con este perfil abundantísimo de personas que aunque evidentemente no les gusta nada la idea de que su caballo se le lesione periódicamente, han asumido la creencia de que es normal que los caballos se lesionen, ya que ha sucedido de toda la vida y no se puede hacer nada por evitarlo.
Pero sí que PODEMOS HACER MUCHO POR CAMBIAR TODO ESO
_Los caballos no tienen por qué lesionarse si se entrenan correctamente
_Los potros no tienen por qué herirse o echarse a perder si se colocan vallados y perímetros con lógica y coherencia equina
_Y no es necesario forzar al caballo mediante amarres ni nada coercitivo si se estudia un mínimo de biomecánica y de etología
¿Tan difícil es asumir que las cosas se pueden hacer bien y que en nuestra mano está el cambiar todo aquello que parece imposible de cambiar?

miércoles, 22 de agosto de 2018

La preciosa información que esconden las crines de tu caballo

Mucha gente cree que las crines obedecen a simples caprichos y se obcecan en peinar, en echar fijador, coger trenzas…Es cierto que hay casos en los que todo está bien y un simple peinado deja las crines bien alineadas, pero ¿y qué pasa en aquellos caballos que tienen todas las crines caídas a un lado pero hay un mechón que siempre cae del otro? ¿Se trata de un simple mechón rebelde o hay algo más?
Pues hay MUCHO MÁS…Las crines obedecen al estado de los músculos que se encuentran en el cuello, por lo que en casos de caballos que las crines caen a un lado y otro por más que peinemos, es probable que haya asimetrías importantes, y sí lo que ocurre es como el caso de la foto, que hay una zona de la crin que es imposible peinar, que siempre cae al lado contrario del resto, y que además, dicha zona de crin es una especie de cresta, lo que ocurre es que el caballo posee justo en esa zona una importante hipertrofia muscular, es decir, un desarrollo excesivo de musculo, lo cual, puede ser tan negativo o más como la atrofia o falta del mismo.



En la foto podéis ver a Atómico, el cual, por más que lo peine, al momento las crines se le ponen así. Y eso se produce justo por lo que os cuento, por el exceso de musculatura, gruesa y rígida que ha desarrollado ahí. ¿Y cómo se ha producido esa musculatura tan excesiva en esta zona? Muy sencillo: por montarlo con unas gomas ancladas al filete que le han obligado a forzar el cuello, provocando con el paso de los años, ese mal desarrollo de una musculatura, que debería en realidad ser un músculo fino y elástico. En cambio, él posee ahí una masa dura, rígida y carente de riego sanguíneo, que además le duele bastante si le tocas. Poco a poco, y gracias a que al estar en libertad se pasa el día con el cuello estirado, le va mejorando, gracias a ciertos estiramientos que vamos practicando, pero será algo que conseguiremos mejorar muy lentamente y no se hasta que punto eliminaremos del todo.
Por lo tanto, dos apuntes importantes me gustaría que te llevaras con respecto a las crines:
1_Si tu caballo, por más que lo peinas, presenta irregularidades en las crines, es probable que haya asimetrías o puntos rígidos en el cuello (lo cual a su vez es probable que evidencie otras asimetrías en el resto del cuerpo). Por lo tanto, consulta lo antes posible a tu veterinario experto en fisioterapia para que te de un diagnóstico de lo que puede estar provocando esas crines irregulares. ¡No desaproveches la información que te dan las crines de tu caballo!
2_Y segundo, ¡QUE NO TE ENGAÑEN!: Si tu profesor te dice que debes poner gomas al filete, riendas alemanas o cualquier otro rendaje o amarre para que el caballo arquee el cuello, que sepas que lo primero es que ese profesor ignora completamente las causas físicas que impiden a un caballo arquear el cuello de un modo natural, y que si el caballo no arquea el cuello, es PORQUE SIENTEN DOLOR, no por capricho. FORZAR A UN CABALLO A QUE ARQUEE EL CUELLO CON UN RENDAJE ES ENCAMINARLO A LAS LESIONES Y AL DOLOR. Los buenos profesionales saben pedir a los caballos las posturas más óptimas sin echar manos de amarres y además saben detectar cuándo puede estar doliéndoles algo.

lunes, 6 de agosto de 2018

Atómico, o todo lo que no hay que hacer con un caballo

Historias como las que hoy os cuento son por desgracia muy comunes: caballos con un futuro prometedor pero que debido a la ineptitud de los jinetes, profesores y entrenadores bajo cuya tutela y posaderas caen, terminan con la salud y la moral por los suelos.  El caballo del que hoy os hablo, lleva conmigo tres meses, en los cuales hemos podido mejorar bastantes cosas, y espero que sigamos mejorando más aun, pero habrá secuelas que nunca podremos paliar.

¿Pero cómo se llega a que un caballo parezca mucho mayor de lo que es y que le duela hasta el alma al moverse? Sencillo, no hay más que aplicar la receta que tantos y tantos jinetes aún siguen aplicando: entrenamientos inadecuados, dejar a los caballos encerrados en boxes diminutos horas y horas, mala alimentación, montarlos con rendajes que los someten, etc.

Sabemos del caballo que empezó a competir en raid y que llegó a clasificar hasta 90 km. Después vienen las lesiones, pero no se hizo una recuperación adecuada. Finalmente el caballo termina en un box sin que nadie le eche cuenta hasta que llama la atención de la que sería su propietaria. Pasado un tiempo la dueña se ve obligada a cederlo a la propia hípica, que lo usará como caballo de clases, y a partir de ahí su condición física no hará más que empeorar. Hace algo más de un año, me topo con el caballo en un curso, y lo que ocurre desde entonces hasta ahora, es lo que os cuento en este artículo, con la esperanza de que nos concienciemos de una vez, que hemos de empezar a cambiar paradigmas en todo lo referente a lo que hacemos con los caballos.

(Fotos: Carmen Manzano/Doma Ética)

Los primeros trabajos, ya descalzado, consistieron en simples paseos en duro

El día del encuentro

Hará cosa de algo más de un año, en un curso del que guardo gratísimo recuerdo y que impartimos entre mi querido Maestro, José Manuel Sales Pons “El Cura” y un servidor, organizado a la sazón por la Universidad de Sevilla y el profesor y criador de Angloárabes Antonio Franco, tuve la ocasión de conocer al protagonista de estas palabras que hoy comparto con vosotros. Al finalizar la parte teórica, ya casi de noche, una de las asistentes al curso, y quizás la más joven de los veintitantos participantes, se me acercó para consultarme una serie de dudas sobre su caballo. Me decía que éste se quejaba al cincharlo, que no lo veía motivado con su trabajo, etc. Cosas que por desgracia son bastante comunes en muchos caballos. La chica en cuestión tenía interés en traer su caballo a la jornada práctica, y conseguimos acoplar el caballo en una plaza libre en un remolque. Pero la mayor dificultad me decía, residía en  que por diferentes motivos había tenido que ceder a su caballo a la hípica en el que se encontraba, y no poseía el control total de lo que se hacía con él. Eso indudablemente complicaba las cosas, pero siendo sincero, he de deciros que en ese momento no pensaba ni mucho menos en todo lo que pasaría por mi cabeza cuando al día siguiente, tuviera frente a mí al caballo.

Foto de grupo en el curso en el que me cruzo con Atomico por vez primera

Aunque antes de entrar en detalle y para poneros en contexto, añado que son varias las decenas de caballos con los que me relaciono a lo largo del año, y si bien es indudable que absolutamente todos los caballos tienen algo, está claro que con algunos enganchamos en un segundo. En ese momento además, tenía la suerte de estar trabajando varios caballos de deporte de alto nivel, con lo que a priori, mi nivel de “exigencia” a la hora de fijarme en un caballo, era bastante alto.

Pero he aquí que llega la mañana del día siguiente y en un ambiente extraordinario, en las pistas de Hípica Espigares empezamos a recibir los caballos de aquellos participantes que decidieron traerlos, y por otro lado, los alumnos que no traían caballos contaron con los de la propia hípica. Nos repartimos el trabajo: trabajo montado para el maestro y trabajo pie a tierra para mí. Y en esas estaba, en el reparto de los grupos, cuando la chica que me preguntó el día anterior a última hora por las dudas de su caballo, apareció y me dijo que si podía ir a verlo para ver cómo reaccionaba ante la montura, etc. Me acerqué con ella y efectivamente, el caballo no mostraba precisamente alegría sobre todo a la hora de apretarle la cincha. Tal cosa tuvo fácil arreglo, fui al coche por una cincha mía (ergonómica, ancha y con elásticos a ambos lados), y la sustituimos por la cincha rígida, estrecha y sin elásticos que solía llevar. El jaleo alrededor era considerable, ya que algunos de los alumnos habían traído incluso dos caballos, y aquello era un trajín ecuestre tremendo. Aun así, una voz en mi interior, me dijo: “pues tiene algo el caballito…”

Largo sería el contar en que consistieron las distintas prácticas que hicimos con los alumnos y los caballos, tanto pie a tierra como montados, pero lo que sí os puedo decir, es que conforme más contacto iba teniendo con aquel caballito blanco, más me iba fijando en él. No hizo falta mucho más para darme cuenta de lo que pasaba con aquel caballo: había perdido la motivación por el trabajo, pero yo creía ver que aún tenía mucho que dar. ¿Problema? Nadie le estaba entendiendo.

Al cederlo a una hípica, estaba siendo usado como caballo de tanda. Había días que daba varias clases y otros que ni siquiera salía del box si no había alumnos para montar. Para colmo, se estaba usando una montura y una cincha que claramente le estaban dañando, y para empeorar el cuadro, le obligaban a llevar las dichosas “gomas” a la embocadura para que “fuera colocado redondo”. Esto fue por cierto lo primero que junto con la cincha, le quité al caballo en la clase práctica. Sigo sin entender como supuestos profesionales de la Equitación, usan las gomas anclándolas a la boca. “Es que si no lleva las gomas el caballo se invierte”, me decía la chica y en la hípica me obligan a ponerlo…”. A lo que yo le respondí:

-          Ajá… ¿Entonces, cómo el caballo muestra señales de dolor, se le ponen las gomas en el filete para obligarlo a que vaya encogido y cada día vaya peor aún…no?

La dueña del caballo, estaba desconcertada. Todo lo que sus profesores le decían se lo tiramos por tierra en menos de un día entre el Maestro y yo. Pero no quiero detenerme en detalles oscuros y prefiero contaros lo bonito de aquel día. El caballo se mostraba reacio a ejercicios que los otros caballos estaban haciendo con buena disposición, pues son ejercicios que motivan y alegran a los caballos, sobre todo a los que solo hacen el aburrido trabajo de pista. Aprovechando el pequeño cross de Espigares, nos pusimos a saltar troncos, banquetas, subir montículos, etc. Caballos y jinetes estaban disfrutando, pero aquel caballito blanco, no parecía disfrutar con aquello, e incluso se negaba a pasar por el más mínimo obstáculo.

El caballo se había pasado los últimos años siendo totalmente incapaz de apoyar los dos pies a la vez, siempre estaba aliviándose con uno u otro.

A final de tarde, le pedí el caballo en cuestión a la dueña para trabajarlo pie a tierra. Me aparté del grupo,  necesitaba encontrarme en cierta medida a solas con aquel caballo contraído física y mentalmente, tan encerrado en sí mismo. Era curioso, porque al caballo se le veía que por un lado estaba con energía y hasta con estrés, pero no parecía dispuesto a usar esa energía en nada de lo que le pidiéramos. Empecé con una especie de ritual muy básico cuando trabajo caballos que no conozco, en los que les pido simplemente que vayan al paso a una mano y a otra, avanzando junto a mí, ahora en recto, y ahora les pido que giren, etc. Algo raro estaba pasando allí: veía un caballo de físico claramente rígido y venido a menos, pero de indudable base atlética. No se veían cojeras aparentes, pero aquel caballo parecía estar oxidado y se mostraba poco dispuesto al más mínimo trabajo. Estaba claro que el hecho de que le obligasen a ser montado con las gomas no le había hecho ningún bien, pero ahora estaba frente a mí, desnudo, simplemente con mi cabezada y mi cuerda…aunque algo no marchaba. El caballo avanzaba pero lo hacía sin mostrar voluntad, de un modo robótico y carente de ánimo.

Estas actitudes, cuando las vemos en un caballo, duelen profundamente. ¿Qué sería de la Equitación sin la voluntad y las ganas de agradar que ponen los caballos cuando están sanos y contentos con su vida y su trabajo?  Porque es justo eso lo que la hace tan apasionante y tan diferente a cualquier otra cosa que podamos hacer en la vida. Y aunque aquel caballo no parecía dejarme la más mínima rendija abierta para mostrar algo de ánimo por el trabajo, no estaba dispuesto a dejarme vencer. Algo me decía que aquel caballo todavía tenía mucha vida que ofrecer, pero estaba claro que no iba a ofrecerla a cualquier precio.

No había duda: era el clásico caso de caballo que ha dado mucho, y se ha visto traicionado, y no estaba dispuesto a serlo de nuevo. Lo he visto por desgracia en demasiadas ocasiones: caballos que han dado mucho más de lo que se esperaba de ellos, y se les ha pagado con más exigencias aun, con rendajes que los obligan a adoptar posturas “supuestamente redondas”, con encierros eternos en boxes enanos, con alimentación deficiente, sin poder tocar y oler otros caballos…y al final, hartos, se encierran en sí mismos. Aprenden a dar de un modo rutinario y carente de vida lo que se espera de ellos, pero la inapetencia se apodera de su mente y es difícil sacarlos de ahí, y acababa de conocer a ese caballo pero tenía claro que se trataba de uno de esos casos.

Su lesión en los posteriores le impide estirar las patas con normalidad, por lo que manipularle los pies requiere de mucha paciencia

Pero no tiré la toalla. Le insistí y le hice ver como pude que la vida aun podía ofrecerle cosas interesantes, que no todo iba ser una tanda machacona tras otra, que si me dejaba, podíamos hacer algunas cosas divertidas y que servirían para al menos, durante aquella tarde,  para descontraer el cuerpo y desconectar la mente, y en un rato…¡¡lo conseguí!! De repente aquel caballo apagado se convirtió en una masa de energía blanca, que con la cola en trompa empezó a llenar con su presencia aquella pista. Él iba galopando y yo corriendo, y nos hicimos todos los obstáculos que por la mañana rehusó afrontar. ¡¡Hasta costó trabajo pararlo!! Y la verdad que yo tampoco quería dejar aquello. Aquel ha sido sin duda uno de los grandes momentos de toda mi experiencia hípica. 

Ni yo mismo me lo esperaba. En ese momento venía de estar trabajando con caballos centroeruopeos enormes musculados hasta las trancas, y aquel caballito blanco y medianito, me estaba permitiendo vivir unas sensaciones indescriptibles. Ahora además, puedo confesarlo: al ver su reacción se me saltaron las lágrimas. No pude contenerme. Aguanté el tirón como pude y como me había alejado del grupo para trabajar a la cuerda con toda la extensión posible, creo que nadie se dio cuenta. Supongo que lo que me emocionó, fue que al final, confiara en mí, y entregara la chispa que aun tenía por dentro.
Después, di por finalizada la sesión, acaricié al caballo, y de un modo telepático, si es que esto es posible, le dije: “gracias amigo, por haber confiado en mí…”.

Justo recién llegado. En lugar de mostrarse contento por llegar al campo, como suele suceder con todos los caballos, Atómico se muestra reservado y sin dar muestras de alegría.

Reflexiones y dudas: ¿habré hecho bien?

Si bien experimentar aquellas sensaciones con un caballo que parecía haber desconectado del mundo es maravilloso,  más tarde, pensé: “¿Y qué pasará cuando esta noche vuelva a su encierro en un box diminuto…? ¿Y mañana cuando le toque dar tandas con una cincha rígida y estrecha y con unos elásticos en la boca…?”  
Mi cabeza empezó a dar vueltas y a no saber muy bien cómo gestionar aquellos pensamientos.
Bien, pues el curso finalizó y yo me fui para mi casa, que por entonces, estaba en Cádiz, donde estuve hasta principios de verano. En la hora y pico que duró el trayecto, no dejaba de pensar en todas estas vivencias. El curso había estado muy bien, vino gente de toda España, conocí a personas interesantísimas y aprendí de todos ellos varias cosas. Pero en mi mente, seguía resonando el eco de aquel caballito blanco, en el cual yo no dejaba de pensar que a esas horas ya estaría en su box, más pequeño que la celda de un presidiario…

Los  meses de espera

Como digo, hallábame por aquellos días instalado en la maravillosa provincia de Cádiz, con bastante faena ecuestre, por lo que a pesar de seguir con aquel caballito blanco en mi mente – y por qué no decirlo, ocupando también un trocito de mi corazón – no podía hacer mucho más, excepto que mantener un sucinto contacto con su propietaria. Le escribía cada cierto tiempo preguntando por el caballo, y ella me decía que hacía cuanto podía por darle al caballo algunas de las pautas que le recomendé: sacarlo al campo, trabajarlo pie a tierra, etc.
Así transcurrió el tiempo, y a principios de verano, acabada mi tarea en Cádiz, mi familia animal y yo, volvimos para casa. Seguía manteniendo el contacto con la dueña del caballo, e igualmente le pedía algunas fotos para ir sabiendo de él.

Pasaron los meses y nos metimos en el 2018. Volví a escribirle a la chica, y le dije que me gustaría ir a echar un vistazo al caballo, y que si quería, podíamos trabajar un poco a la cuerda y repasar algo de lo que más necesitara el caballo. En realidad, yo ya iba concibiendo algún tipo de plan para proponerle que para tenerlo cedido en esas condiciones tan nefastas, que me lo cediera a mí, pero una voz amiga, me aconsejaba “no te metas en fregaos ajenos, que bastantes líos salen solos ya…”.  El consejo en realidad no era vacuo, ya que no han sido pocas las suspicacias que se han levantado en ciertas hípicas y entre ciertos jinetes tras llamarme algunos propietarios de caballos que querían consultarme sobre programas de entrenamiento,  y al sugerir yo ciertos cambios en alimentación, manejo y trabajo, que evidentemente, no sientan nada bien a estos jinetes e hípicas.
Por otra parte, había malas noticias: el caballo seguía cedido pero en otras instalaciones, cuyos boxes eran aun si cabe más pequeños. Lo siento, pero para mí, en el siglo XXI, es inadmisible que haya caballos viviendo en boxes de 2x2 o incluso menos, que no dispongan ni de un triste prado o zona de suelta, y que se pasen horas y horas encerrados en tan ínfimo espacio.


El reencuentro

Quedé con la dueña en un lugar cercano y fuimos a ver a aquel amigo equino del que guardaba tan buen recuerdo. Al llegar, lo vi claramente desmejorado. Un pellizco en el estómago fue lo que sentí como primera impresión. Su rostro, apagado y envejecido, y su cuerpo, si bien no es que estuviera muerto de hambre, pero estaba enflaquecido, y su pelo, tan carente de vida como su rostro. Mientras lo llevábamos a la zona de cepillado y preparación, recordé aquellos pensamientos que me inundaron cuando terminé mi sesión a la cuerda con el caballo meses atrás: efectivamente, a pesar de haber conseguido que aquel día me entregara su confianza, después volvió a su vida de confinamiento, a su rutina gris, más parecida a la de un esclavo que a la de un caballo, a la de un compañero de aventuras.

No obstante, dejé de lado aquellas cuestiones y me centré en el caballo, pues por fin volvía a estar junto a él. Al dejarlo atado, una de las cuestiones que me preocupaban del caballo se confirmaban: era incapaz de tener en el suelo los dos pies a la vez, o pisaba con uno o con el otro, siempre aliviando la carga de un posterior. Mal asunto. Otra cosa que no me gustó fue como estaba herrado de los pies.

En fin, que tampoco en ese momento decidí darle más importancia a aquello y nos llevamos el caballo a una pista, y lo movimos un poco al paso y al aire que él quiso. La idea era simplemente estar un rato con el caballo y aprovechar para que estuviera fuera del box y moviéndose el máximo tiempo posible. El “flechazo” que sentí la otra vez se confirmó y he de decir que en esta ocasión el caballo, a pesar de verlo más apagado, me gustó más aún que la vez anterior.
Físicamente es un tipo de caballo muy cercano a mi ideal, grupa fuerte y con los músculos marcados propios de PSI, de perfil cuesta abajo, si bien es talla media tirando a pequeñín, pecho fuerte pero no ancho, y un cuello proporcionado. El paso amplio, y aunque claramente se movía sin plenitud, con solo verlo caminar al paso frente a mí, yo disfrutaba.

Lo que más me costó fue que lo lleváramos de vuelta a su box, y dejarlo metido en aquel espacio en el que apenas podía moverse y ni entraba la luz del sol. Mi mente ya estaba maquinando algún plan para sacar a aquel caballo de un presidio inmerecido, pero prometí a mi fiel “consejera de asuntos ecuestres” que no movería ficha alguna sin comentar con ella lo que había visto y vivido con el caballo en el reencuentro.

Dar el paso… o no

Una vez estuve de vuelta, le conté a mi “asesora de asuntos hípicos” punto por punto lo que sentí junto al caballo, así como los tristes detalles de su existencia, pues seguían montándolo obligado con las gomas, alimentación a todas luces inadecuada, etc.

¿Qué hacer ante esta perspectiva? Tenía ganas de ayudar a ese caballo, pero ya me ha pasado otras veces, que en casos de caballos con los que he tenido algún vínculo, y he querido ayudarles porque no estaban viviendo una buena situación, los dueños lo han malinterpretado, o los dueños de las cuadras en las que estaban se lo han tomado a mal…la verdad que el intentar querer darle una vida mejor a un caballo que sabes positivamente lo está pasando mal, pero que haya personas involucradas y se lo tomen mal, es algo que me quema mucho.

Y me ha pasado varias veces, y al final, los caballos se quedaron peor de lo que estaban. Sería largo de contar, pero por ejemplo, me pasó algo así con un caballo que conocí en una hípica que apenas salía de su minibox. Era un caballo bastante grande y apenas podía moverse en su cuadra. Me interesé por él, y me dijeron que el dueño ya no iba por la hípica y que estaba decidido a venderlo por poco dinero. Pude probar el caballo y rápidamente me di cuenta de que lo acuciaban varios problemas,  y todos ellos, empeorarían si el caballo seguía encerrado día tras día en aquella cárcel.

Hablé con el propietario del caballo, el cual, al ver mi interés sin tapujos por el caballo de repente empezó a pedir cantidades muy superiores a las habladas en un principio, y se negaba a aceptar que el caballo tuviera problemas y la negociación fue haciéndose imposible. Y como era de esperar, el dueño del caballo y el de la hípica, acabaron mosqueados conmigo. Pensaron que yo lo que quería era argüir que el caballo tenía problemas para comprarlo a bajo precio para después revenderlo o para comprar “una ganga”. Yo les decía que mi interés principal era sacarlo de aquel box enano y soltarlo en el campo como primer paso, y meses después, ver hasta qué punto sus lesiones eran curables o no. ¿Pues sabéis que pasó? Lo primero por supuesto, que el dueño y el de la hípica pasaron de mi propuesta, dejaron el caballo encerrado semanas enteras en la cuadra, más tarde lo cedieron para competir a un jinete que lo machacó, y después, lo vendieron por cuatro perras. Pude seguirle la pista y me entere de que a dónde había ido, no lo estaban cuidando muy bien, e incluso estaba pasando hambre. En resumen, hubo gente que se enfadó conmigo, yo lo pasé mal por no poder sacar al caballo de aquella vida horrible y encima, el caballo, acabó peor de lo que ya estaba. Casos de estos, por desgracia, he vivido unos cuantos. El ego y la ignorancia imperan en muchos de estos casos de caballos. Por eso, con estas experiencias vividas, me costaba lanzar una propuesta  - la que fuera – a la dueña de este caballo que yo ansiaba ver pastando con los míos. Aquel caballo había confiado en mí unos meses antes, y su confianza, había sido traicionada de nuevo. Eso me quemaba por dentro, pero era consciente de que precisamente, esas ganas de querer mejorar la vida de algún caballo, rara vez era entendida por los propietarios de dichos caballos, por lo que no me decidía a mover ficha, y muy a mi pesar, aquel caballito blanco, seguía prisionero en su box.

Así, fueron pasando las semanas, y en una de estas, recibo una serie de mensajes de la dueña de este pequeño supercaballo. Me decía que era consciente de que su caballo estaba cada vez peor, y si podía ayudarla de algún modo, buscando a alguien que lo comprara que pudiera darle una vida mejor o si podía ayudarla a encontrar una solución.
Claramente, supe que al fin el destino me ponía en bandeja la ocasión perfecta para poder intervenir en la vida del caballo sin que mis intenciones fueran malinterpretadas. Así que unos días después, Atómico, entraba por la puerta de casa. Os podéis imaginar la cantidad de sensaciones los días previos a su llegada y todo lo que sentí cuando ya lo tuve aquí conmigo.

Foto realizada un par de días después de su llegada. Me encuentro con un caballo envejecido, inapetente por la vida, y que además de la evidente falta de músculo, es incapaz de poner sus dos pies en el suelo ni un segundo. Me doy cuenta de que nos queda mucho más trabajo del que pensaba...

Primeras impresiones

Pasada la alegría inicial de recibirlo en casa, vino la valoración del caballo. Desafortunadamente, esta primera valoración, no fue muy positiva. Exceptuando el hecho de que al fin se acabaron sus días de cautiverio, tanto a nivel físico como mental, había mucho trabajo por hacer. La impresión que por desgracia da el caballo en estos primeros días es la de un caballo envejecido, que aparenta ser mucho mayor de la edad que realmente tiene. No solo por su mirada apagada, sino por su manera de moverse…o más bien de no moverse. Hacía mucho que no veía un caballo tan rígido y tan acartonado. De hecho, pasarán varios días hasta que le vea dar una simple trotada y cuando lo hace, le ves con que dificultad se mueve. Mide cada paso que da, todo lo hace con suma lentitud, pisa lento y con un paso pequeño y con mucho cuidado.
En general, es un caballo apagado, pero no me sorprende, ha vivido varios años en un box sombrío y cuando lo han sacado de su cubículo ha sido para trabajarlo de mala manera. Quizás no haya llegado a un estado de indefensión aprendida, pero desde luego, poco le falta. La duda es: ¿podrá la vida en libertad en un entorno natural y junto a otros caballos devolverle la alegría? ¿Irá su cuerpo con el movimiento y el desherrado recuperando elasticidad y amplitud?... pronto lo sabremos.

Primeros días en libertad

 Los primeros días del caballo, desde luego, son poco prometedores. Una vez le deshierro (las pasé canutas, por un lado por cómo tenía puestas las herraduras y por otro, porque es incapaz de darte los pies estirando las patas por la lesión que tiene en los posteriores), el caballo avanza explorando la finca pero a paso de tortuga, lentamente y con paso corto.

Una vez ya lo pongo en compañía de mi yegua, quien lo acoge estupendamente, y se encarga de hacer de anfitriona y de ir guiándolo, y en su compañía, el caballo se anima a moverse más, para ir cerca de ella, aunque se ve que claramente le cuesta seguir su ritmo. Pero progresivamente, y he de reconocer que para mi sorpresa, sobre todo a partir de la segunda semana, el caballo empieza a parecer otro.  Psíquicamente, está mucho más despierto, y el celo de la yegua indudablemente tiene mucho que ver. No se separa de ella un segundo y están haciendo arrumacos continuamente. Según me dijo la dueña, llevaba años sin tocar ni oler otro caballo (ya sabemos lo importante que es esto para mantener la moral de un caballo), y es evidente que ahora quiere recuperar el tiempo perdido.

A nivel físico, a pesar de estar sensible de los cascos (ha estado herrado durante años, y aquí el terreno es duro, propio de sierra), se mueve cada vez con más confianza y amplitud. Lo veo manejar su cuerpo cada vez con más soltura, y aunque aún se le ve rígido y con mucho que mejorar, en apenas dos semanas, el cambio ha sido importante.


El primer gran cambio anímico se produce al estar con la yegua. Se pasa las horas haciéndole toda clase de arrumacos equinos. 

Sensaciones… y emociones

Más allá de lo que uno siente con el propio caballo, que ya os he contado bastante, al indagar en su genealogía, no puedo evitar sentir una emoción especial al tener frente a mí, a un descendiente de los más míticos caballos de la historia de los desiertos y también de los hipódromos. Al llegar el caballo aquí, me intereso por sus orígenes, y me llevo una grata sorpresa.
Como Angloárabe que es al 50%, por parte de padre (un PRá), tiene en sus ancestros, entre otros, al mítico Congo. Congo fue un caballo árabe muy importante e influyente, y como estudioso y amante del caballo árabe del desierto, poder tener conmigo a un caballo descendiente de dichas líneas, es  un auténtico privilegio.

Su madre en cambio, era (o es, que no se si sigue viva, si bien he intentado informarme, pero no he podido localizarla), pura sangre de carreras, de origen irlandés (las líneas irlandesas me suelen gustar más aún que las inglesas), y con antepasados de mucho renombre en la historia de los hipodrómos.
Para mí es un orgullo contemplar en mi casa a un caballo por cuyas venas corre la sangre de Native Dancer o Princequillo, purasangres legendarios. Cuando me siento en un risco a mirarlo (que suele ser muy a menudo), una mezcla de orgullo, y de responsabilidad, me inunda por dentro. Con un caballo por cuya sangre hay antepasados tan importantes, creo que lo PRIMERO QUE HAY QUE SENTIR ES UN ENORME RESPETO. No estamos hablando de cualquier cosa. Se trata de caballos que desde hace varias generaciones (siglos), han sido seleccionados para correr y ser los mejores en el durísimo mundo del hipódromo, y este caballito que se ha pasado varios años encerrado en un box enano y saliendo solo para dar clases de tanda con un elástico fastidiándole el cuerpo, resulta que desciende de algunos de los mejores caballos que ha dado la Historia. Y lo segundo que me dice mi sentido de la responsabilidad, es que hay que SABER HACER, ya que un caballo de estas características y sangre, a mí me pide que cuando empiece a trabajarlo, le haga las cosas lo mejor posible. Este tipo de caballos, te lo pueden dar todo, que es mucho, pero hay que ESTAR A SU ALTURA, que también es mucha.

Bajo la tutela de la yegua, va aprendiendo a conocer los rincones de la finca: los manantiales, las sombras, los sitios para sestear...

Lo primero es indudablemente devolverle la vitalidad, la energía, las ganas de vivir y como no, la confianza en el ser humano. Después, vendrá el poder pedirle su implicación en el ejercicio. Pero por encima de todo, disfruto, aunque sea simplemente con solo mirarlo, al ver pastando a un caballo con unos antepasados tan ilustres. Todos los caballos, merecen que se les cuide y se les mime, pero ante un caballo de tal linaje, CREO QUE DEBEMOS SER CONSCIENTES DE LO QUE TENEMOS ENTRE MANOS. 

PROBLEMAS  A SOLUCIONAR

Hay una serie de problemas que no me preocupan excesivamente, y otros que no se hasta qué punto podrán resolverse.
Problemas de índole física:

1_El principal y más evidente es que el caballo llega siendo totalmente incapaz de posar los dos posteriores a la vez. Siempre está aliviando uno u otro. A simple vista se ve que hay osificación en los menudillos y acumulación de líquido, cosa que compruebo con palpación.

2_Dolor de dorso, o lo que es peor, parece que lo tiene totalmente bloqueado.

3_Rigidez muscular extrema en toda la zona de los hombros, y base inferior del cuello. Está totalmente acartonado en dichas zonas, es un músculo rígido y seco.

4_Hipertrofia muscular en la línea superior del cuello. A un nivel que nunca he visto en ningún caballo, es algo increíble. Responde con dolor además a la mínima palpación de dicha zona. Este desastre está provocado indudablemente por obligarlo a ir con las gomas, cuya otra consecuencia es también la rigidez que comento en el punto anterior.

5_Cascos que claramente están “empequeñecidos”, con ranillas estrechas. Esto no me preocupa excesivamente, ya que con el desherrado, el movimiento y la buena alimentación, los cascos suelen responder muy positivamente.

6_Falta de masa muscular en general, por la zona de la grupa, etc.

La vida en libertad y la primera fase del trabajo van dando sus frutos, y el caballo, a pesar de la lesión, empieza a ser capaz de posar los dos pies a la vez.

Problemas de índole mental:

En este sentido, me encuentro con un caballo apagado, reservado, y que a nivel general, da la impresión de tener varios años más de los que tiene en realidad. Pero su actitud y carácter van a ir mejorando al estar en un entorno de libertad y en compañía de otros caballos, ya que estos problemas no son más que la clásica apatía por la vida de los caballos que llevan años en boxes enanos, sin tocar otros caballos, y con un trabajo de pista aburrido y rutinario. 

REGIMEN DE VIDA ACTUAL:

Libertad 24h/día. Siempre en compañía de otros caballos. Los primeros 45 días se los pasa totalmente de descanso, y solo me preocupo de dos cosas, que él mismo sea el que vaya moviéndose y ejercitándose a su aire, y por otro lado, a partir de la tercera semana, le empiezo a dar paseos cortos en duro y de la mano para que vaya endureciendo cascos y tejidos duros en general.

ALIMENTACIÓN:
Forrajes varios y heno de prado natural a libre disposición 24horas al día.
Pienso: Reform-Muesly de St Hippolyt (más info haciendo click aquí)
Complementos: suplemento de colágeno para articulaciones, ajos, y alfalfa.



PLAN DE EJERCICIOS:

Una vez pasan los primeros 45 días de descanso total, empiezo con un trabajo muy suave pie a tierra para por un lado evaluar qué tal se encuentra, y por otro, para ir fortaleciendo su dorso y mejorando su cuerpo en general. A día de hoy (y ya han pasado más de dos meses), no me he montado en el caballo y aun pasarán unos días hasta que lo haga.

El caballo se está trabajando unas tres veces por semana, y el plan es el siguiente:

-        Sesión de trabajo a la cuerda de 25 minutos
-        Ducha de extremidades con agua fría (muy muy fría, agua de manantial), especialmente en los posteriores para fomentar riego sanguíneo en sus menudillos. OJO: con agua fría solo ducho los miembros. Aunque sea verano, jamás ducho con agua fría otras partes del cuerpo como dorso, pecho o grupa, ya que no es bueno.
-          Sesión de estiramientos y relajación en la zona de los hombros y el cuello ( de las primeras sesiones  a las actuales ha habido una mejoría notable)
-          Lo llevo a un corral especial que llamo “el revolcadero”, donde les gusta revolcarse después del trabajo especialmente, y con esto culminamos sus estiramientos y su trabajo
-          En días alternos le coloco el pad de Equilibrium para seguir mejorando su dorso

Más adelante subiré un post en el que os contaré cómo ha ido respondiendo al caballo, aunque de momento os puedo adelantar que en la mayoría de aspectos, lo va haciendo muy positivamente. A partir de ahora, empezará la siguiente fase en la que empezaremos a combinar sesiones de trabajo pie a tierra con sus primeras montas, las cuales indudablemente van a ser muy cortas (20 minutos), y en unos tres meses, volveré a hacer una evaluación del caballo. ¿Podrá ser de nuevo un caballo de raid? ¿Hasta qué punto todos sus problemas podrán quedar atrás? En unos meses lo sabremos…


Cuando se trata de darle descanso a un caballo, hay que darle las condiciones para que él mismo se ejercite



Primeras lluvias en libertad, y con una evidente ganancia de peso


Su box era tan pequeño que no podía revolcarse, por lo que aquí no duda en revolcarse una y otra vez, algo que ya sabemos es sumamente importante para la salud de todos los caballos.

Su ganancia muscular se va haciendo evidente cada semana: 

PD: En breve iré subiendo vídeos en los que ver las evoluciones de Atómico